*

X

"Hay una crisis de la masculinidad porque se culpa a los hombres por el mero hecho de serlo": la entrevista viral de Jordan Peterson

Política

Por: pijamasurf - 02/17/2018

En un mundo donde todos se cuidan de decir lo políticamente correcto y no ofender, Peterson prefiere decir lo que cree que es verdad y ejercer su derecho a ofender

En el último mes el profesor de psicología de la Universidad de Toronto, Jordan Peterson, se ha convertido en el intelectual más popular de Internet.  El New York Times lo llamaba hace unas semanas "el intelectual más influyente del mundo occidental en este momento". Por otro lado, muchos intelectuales han atacado a Peterson diciendo que su filosofía es perfecta para las masas no letradas. La revista canadiense Maclean's lo llamó "el hombre inteligente de las personas estúpidas". Se habla de que está en contra de las minorías, de los transexuales, de las mujeres, de los liberales y demás. Es de notarse que la mayoría de estos ataques a la inteligencia de la audiencia de Peterson y a su pensamiento han sido realizados por personas que no tienen logros comparables a los del profesor -y que difícilmente podrían sostener una discusión con él-. Peterson, además de emerger como un gurú de autoayuda, es uno de los psicólogos clínicos más citados en su campo. Alguien que sí podría debatir con él, Slavoj Zizek, recientemente criticó las ideas de Peterson, lamentablemente sin antes haber estudiado realmente lo que dice el psicólogo y basándose en puros lugares comunes, como si sólo hubiera recibido un compendio de lo que dicen los tabloides de su pensamiento unos minutos antes de escribir su artículo. Probablemente existe envidia en la academia ante su éxito y literalmente una operación de contención y contraataque, ya que Peterson ha sido especialmente severo en sus pronunciamientos contra las instituciones académicas, a las cuales considera dominadas por un timorato pensamiento progresista posmoderno. Por otro lado, es lamentable que se utilicen fáciles parangones entre el nazismo y Peterson, cuando el profesor canadiense se ha dedicado extensamente a entender y criticar fenómenos como el nazismo y el stalinismo y en su primer libro, Maps of Meaning, hace un estudio profundo sobre qué es lo que se debe evitar para que estos fenómenos infernales vuelvan a ocurrir. Es bastante obvio que Peterson no es un radical de ultraderecha -lo cual es la crítica principal que se le hace-; el hecho de que critique a la izquierda no lo coloca por default en esta categoría. Él mismo se ubica cercano del centro, si acaso tiene una tendencia moderadamente conservadora. 

Los intelectuales se cuestionan por qué las personas lo encuentran tan convincente. La razón es evidente: Peterson habla con sinceridad, con pasión, y articula lo que muchos piensan. Peterson es un idealista que cree que el ser humano puede alcanzar, más que la felicidad, el bien y el significado espiritual, e intenta inspirar a las personas a conseguir esto. Eso es algo que la mayoría de los intelectuales no logran hacer, ya sea porque no conectan con el zeitgeist desde sus torres de marfil, porque no tienen el valor de decir lo que realmente piensan -sobre todo si ello les hace correr el riesgo de perder su plaza en la academia- o porque ellos mismos están desencantados, no creen que la vida tenga significado y carecen de fe en el potencial del espíritu humano. Una de las ideas centrales de Peterson, que toma de Nietzsche y de Jung, es que la "muerte de Dios" deja un vacío existencial en el ser humano, porque éste necesita sentido y propósito existencial para vivir. Nietzsche hizo el llamado a que el hombre ejerciera su voluntad y se proveyera a sí mismo de valores y sentido; Jung creía que el ser humano por sí mismo no podía crear estos valores, debía buscarlos en cosas trascendentes. Son pocos los "ubermensch" capaces de valerse y encontrar el por qué en sí mismos y, por otro lado, según Jung existen estructuras de orden que trascienden la existencia individual. De alguna manera Peterson se mueve en ese vacío y se dirige a individuos que sienten esa necesidad de encontrar sentido, porque el mundo actual no lo provee. Nietzsche predijo con acierto que de este vacío -de esta pérdida de un centro de referencia moral- se producirían fenómenos de control totalitario y enajenación de masas -el siglo XX es un testimonio de las atrocidades que pueden ocurrir cuando el individuo, por no tener sentido en su propia vida, lo busca en una identidad grupal que devora su individualidad-. Peterson mantiene que este es el peligro esencial que enfrenta el ser humano cuando no logra encontrar significado y propósito en su propia existencia. Sin embargo, el significado del individuo se encuentra no en hacer lo que se quiere, sino lo que se debe; no en buscar la felicidad sino en buscar la verdad; en introyectar un sentido moral de la existencia, en aspirar a lo bueno y verdadero, en asumir responsabilidades y en vivir en armonía con principios de orden y razón cósmica (lo que los griegos llamaban el Logos). En su primera entrevista en un medio español, El Mundo, Peterson explicó:

Mi mensaje a los jóvenes es sencillo. Espabilad. Dejad de pudriros en casa. Dejad de quejaros y de culpar a los demás. Sed honrados, rectos y disciplinados. Haced algo útil. Asumid vuestra responsabilidad. Buscad sentido a la vida. Haced como las langostas: caminad erguidos con los hombros hacia atrás.

La historia reciente de Peterson es una historia de polémicas. Primero cobró popularidad por oponerse a la ley C-16 en Canadá, que impone el uso de pronombres neutros para dirigirse a los transexuales:

En lugar de él, ella o ellos, palabras como ze, hir o zir. Yo dije, y repito, que no voy a usar esos términos. Primero, porque la imposición de palabras por ley es inaceptable y no tiene precedentes. Y, segundo, porque son neologismos creados por los neomarxistas para controlar el terreno semántico. Y no hay que ceder nunca el terreno semántico porque si lo haces, has perdido.

Confucio había dicho que quien controla el lenguaje controla a la sociedad. El fenómeno viral de Peterson, más allá de que su discurso responde a las principales inquietudes de los jóvenes, y es ininteligible sin la polémica y la polarización que genera. Por otro lado era imposible que no sucediera esto en la medida en que su mensaje se difundía, justamente porque crítica el statu quo ideológico de nuestra cultura que, cree él, se basa en la interrogación posmoderna de la estructura del poder, haciendo énfasis en los derechos y no en la responsabilidad individual. Peterson cree que la gran pérdida de sentido que vivimos a partir de la "muerte de Dios" vaticinada por Nietzsche se acentúa porque las personas, particularmente los hombres, viven en una sociedad liberal en la que no se asumen responsabilidades, sólo se ejercen derechos en busca del placer y se cuidan las apariencias.

La popularidad de Peterson acabó de explotar después de una entrevista con la periodista Cathy Newman de la BBC en el tour promocional de su libro 12 Rules for Life, el cual se ha convertido en el más vendido de Amazon. Newman asumió de entrada que Peterson era el vocero de la masculinidad tóxica y el poder patriarcal y se dirigió a él con estos prejuicios sin realmente tomar en cuenta lo que decía, poniendo palabras en su boca, hablando con un concepto ideológico, no con una persona. Peterson mantuvo una calma de ninja ante la agresividad de la entrevistadora y respondió con elocuencia inusitada. La entrevista no tiene desperdicio.

Es obvio que gran parte de la popularidad de Peterson se debe a que se ha atrevido a decir lo que cree, aunque esto genere incomodidad y ponga en entredicho algunos de los valores o seudovalores que permean nuestra cultura. Lo que lo distingue es que no parece tener miedo a ofender en el ejercicio de su libertad de expresión. En un mundo donde todo debe ser políticamente correcto, donde las personas hipócritamente suelen preferir no decir lo que piensan sino lo que será mejor aceptado por la ideología dominante -creyendo que así cuidan sus propios intereses como expertos políticos- y en el que incluso la verdad suele ser maquillada o suavizada para no agredir a los oprimidos, Peterson ha encontrado una audiencia ávida de ver expresadas las ideas que no se atreven a expresar, particularmente entre hombres jóvenes, quienes constituyen la mayoría de su público (con decenas de millones de views en YouTube). 

No hay derecho a pensar sin derecho a ofender. Porque nada de lo que yo pueda decir será universalmente aceptado y asumido. ¿Y quién decide qué es ofensivo? Tu interlocutor. ¿Y si hablas con mil personas? Como mínimo una de ellas se ofenderá. ¿Y entonces qué haces? Dejas de hablar. Te limitas a decir obviedades: "Este suelo parecería ser de color gris". Con un agravante: cuando acaba el debate empieza la bronca.

También es un aire fresco la defensa de la moralidad fuerte: Peterson, con Nietzsche, cree que quien no tiene voluntad y poder -el llamado nice guy-, una persona débil, no puede realmente ser una personal moral. Su ejemplo de esto es una persona que tiene una espada (un fuerte guerrero), pero decide no usarla. Igualmente refrescante es su énfasis a llevar una vida con significado y buscar la verdad, en la llamada era de la posverdad. La filosofía de Peterson está basada en el principio de "decir la verdad y apuntar hacia el máximo bien posible". A diferencia del relativismo moral posmoderno, Peterson cree que existen cosas que son buenas (que están alineadas con principios o valores universales) y cosas que son malas, que producen caos y destrucción. Es posible que se equivoque en algunas cosas, pero no se le puede acusar de no mostrar congruencia con lo que predica. Peterson es un científico social y enseña basándose en estudios científicos, pero a la vez da voz al pensamiento religioso, particularmente bajo la interpretación jungiana de la psicología profunda o arquetípica. Peterson creen que la ciencia describe cómo es el mundo, pero la religión describe cómo debemos actuar, y de esta manera provee metaverdades que son esenciales para evitar la pérdida del sentido y los abismos de los estados totalitarios, los cuales, basándose en el trabajo de Aleksandr Solzhenitsyn, considera que son producto de la falsedad, de la corrupción moral de los individuos. El infierno, señala, se produce cuando todos dicen mentiras. Por otro lado, cuando el ser humano dice la verdad y alinea su vida con lo verdadero, con los principios universales, genera cosmos sobre el caos, orden y bien que se imponen sobre el desorden, la destrucción, el mal.

Peterson es un acérrimo crítico del relativismo posmoderno y su noción de que la verdad no existe y es sólo una interpretación. Asimismo es crítico de la ideología neomarxista posmoderna que cree que permea las universidades y ha secuestrado el verdadero desarrollo intelectual con una guerra ideológica, una guerra de sexos o el llamado identity politics. Sus críticos lo encasillan como un intelectual de derecha, de la llamada alt-right, e incluso lo comparan con los supremacistas blancos. Sin embargo, Peterson no tiene posturas políticas en contra del movimiento LGBT, del aborto, a favor de las armas y demás; sin embargo, es especialmente crítico del feminismo radical y de la izquierda neomarxista. Hay que señalar que Peterson ha dicho en diversas entrevistas que cree que los logros del feminismo son importantes en materia de equidad y de justicia, que es lo que se debe buscar, no la radical igualdad. Su crítica está centrada en la radicalización del feminismo y en el discurso que coloca a los sexos en guerra. En cuanto a la desigualdad en general, Peterson ha señalado que la considera el problema central que la izquierda debe intentar abordar -ya que a la derecha no le interesa- y es algo letal para el mundo, esto es, que no exista un campo parejo para que las personas puedan desarrollarse y en el cual competir justamente. No obstante, hace énfasis en que la desigualdad no es culpa sólo del capitalismo; todas las sociedades han sido desiguales en cierta medida, si bien actualmente existe un grupo reducido de individuos que ha llevado esto a una escala inaudita.

Peterson cree que es importante crear igualdad de oportunidades para las mujeres y las minorías, pero no igualdad de resultados. Mantiene que no sólo la igualdad es irrealizable -porque la biología dicta diferencias-; es, también, indeseable. "Hemos pasado de intentar convertir a las mujeres en hombres a intentar convertir a los hombres en mujeres. Y eso no conviene a ninguno de los dos sexos", señala. Cita diversos casos en Escandinavia donde se ha tratado de reducir factores socioculturales para promover completa igualdad y aún así se han mantenido grandes diferencias, como el hecho de que los trabajos de ingenieros siguen siendo preferidos por los hombres y trabajos como el de enfermera son preferidos por las mujeres, lo cual confirma las conclusiones de varios estudios que sugieren que los hombres están más interesados en las cosas y las mujeres en las personas. "¿Y qué ha pasado? Exactamente lo contrario de lo previsto: ¡las diferencias de personalidad entre hombres y mujeres se han acentuado! Es un descubrimiento científico impresionante: si erradicas las diferencias culturales, maximizas las diferencias biológicas". Peterson sostiene que esto se debe a que el hombre no es una tabula rasa, sino que tiene una biología que en gran medida determina su personalidad e intereses. Contrario a la ideología posmoderna neomarxista que cree que las jerarquías deben ser eliminadas, Peterson mantiene que la jerarquía es algo que existe a lo largo y ancho la naturaleza, desde las langostas hasta los seres humanos, y juega un papel importante en la evolución que no tiene por qué ser eliminado:

La izquierda posmoderna y sus guerreras feministas han logrado imponer la idea de que la jerarquía es una construcción social del malvado y corrupto patriarcado occidental. Sepultan la biología bajo su ideología. Niegan la naturaleza para culpar al varón. Es absurdo. Sus ideas no tienen base fáctica alguna. La biología evolutiva y la neurociencia demuestran que las jerarquías son increíblemente antiguas. Más que los árboles.

Una de sus afirmaciones más polémicas, aunque sustentada en evidencia, es que la brecha salarial es multifactorial y no se debe solamente a la discriminación sexual, sino que obedece también a diferentes factores como la personalidad y los intereses que hacen diferentes a las mujeres -por ejemplo, los hombres son más competitivos y menos agradables (agreeable)-. Entre las varias causas:

La edad es una. La personalidad es otra, muy importante. Y la más importante son los intereses. Un dato contracorriente: las mujeres solteras de menos de 30 años cobran más que los hombres en esa misma franja de edad. La personalidad: las personas agradables cobran menos que las personas desagradables. Les cuesta más pedir un aumento de sueldo. Triste pero cierto. Y resulta que, en promedio, las mujeres son más agradables que los hombres. Dato científico, ¿eh? Esto produce un ligero sesgo a favor de los hombres, que no es fruto de ningún prejuicio machista; si acaso, es una injusticia con las personas amables del sexo que sean. Finalmente, los intereses: a los hombres les interesan más las cosas y a las mujeres, las personas. Y las profesiones relacionadas con las cosas están mejor pagadas que las profesiones relacionadas con las personas. Ingeniero y enfermera. Banquero y maestra. 

Peterson alerta que la guerra de los sexos que se está produciendo en la cultura no es buena para los hombres ni para las mujeres, y señala que en las sociedades occidentales existe una crisis de la masculinidad:

Hay una crisis de la masculinidad. La "tóxica masculinidad", dicen las feministas. Los chicos reciben de la sociedad moderna un mensaje devastador y paralizante. Primero, se les recrimina su agresividad, cuando es innata y esencial a su deseo de competir, de ganar, de ser activamente virtuosos. Luego se les dice que la sociedad es una tiranía falocéntrica corrupta de la que ellos, por supuesto, son culpables de origen por el mero hecho de ser hombres...

Lo peor que han hecho los posmodernos es propagar la confusión entre poder y competencia, aptitud, habilidad. Las jerarquías no son de dominación, sino de competencia. Lea la luminosa obra de Frans de Waal. Los chimpancés tiránicos acaban muy mal: destrozados a pedazos. Los chimpancés más exitosos -también sexualmente- son los que interactúan mejor. Los que hacen amigos y tratan bien a las hembras. La competencia es más eficaz que el poder puro y duro.

Sólo los hombres débiles intentan dominar a las mujeres. Otra lectura imprescindible: Machos demoníacos, de Richard Wrangham. Hay tres géneros de orangutanes: las hembras; los machos dominantes, que cautivan a todas las hembras; y los machos débiles, que morfológicamente parecen adolescentes y que, como no logran aparearse, recurren a la violación. ¡Violan! La lección es evidente: sólo los perdedores recurren al poder para obtener más sexo del que, necesitándolo, pueden alcanzar.

A diferencia de la idea del feminismo radical de despojarnos de todo poder masculino, Peterson sostiene una idea que es irrefutable desde la perspectiva biológica -ya que las mujeres ciertamente eligen a hombres en los estratos altos socioeconómicos más altos para reproducirse- pero que es sumamente polémica desde la perspectiva social actual: que las mujeres lo que quieren son hombres poderosos, y en esto hacen bien:

Hemos pasado de intentar convertir a las mujeres en hombres a intentar convertir a los hombres en mujeres. Y eso no conviene a ninguno de los dos sexos. Tampoco a las mujeres. Las mujeres tienen tanto interés como los hombres en acabar con la crisis de la masculinidad...

Una mujer sensata no quiere un párvulo como pareja. Quiere un hombre. Y si es lista y competente, quiere un hombre incluso más listo y más competente que ella...

Y es también un grave error estratégico. Porque cuando anulas a un hombre, aumentas su amargura y su resentimiento. Lo conviertes en un ser inepto, atormentado, carente de sentido. Y las vidas sin sentido son desdichadas. Y el hombre anulado se enfada. Y entonces sí se vuelve agresivo. El despotismo de los débiles es mucho más peligroso que el despotismo de los fuertes...

En otras palabras, Peterson sugiere que lo propiamente "masculino" en los hombres y lo "femenino" en las mujeres, así como también "lo femenino" en los hombres (el anima) y lo masculino en las mujeres (el animus), no deben suprimirse y neutralizarse sino explorarse y desarrollarse para bien de todos Por ejemplo, es bueno que los juegos de los niños tengan cierta agresividad, pero que aprendan a controlarla y saber cuáles son los límites; una de las reglas de Peterson es: "No intervengas cuando los niños están andando en patineta". La idea es que desarrollen su potencia, y esto incluye desarrollar su propio género en toda su fuerza e integrar el otro -para lo cual es necesario ir a los lugares agresivos de la personalidad, lidiar con nuestra propia monstruosidad-, lo que Jung llamaba individuarse, hacerse todo lo que son en todo su potencial. 

No hay algo intrínsecamente maligno en la masculinidad sino, por el contrario, los elementos tóxicos que generan abuso son resultado de la pérdida de la masculinidad y los valores integrales de una cultura moral. Más que un signo de fuerza, los abusos y demás son un signo de debilidad, y esa debilidad, esa cobardía debe combatirse no suprimiendo la masculinidad y la naturaleza competitiva del ser humano sino guiándolas y complementándolas a partir de la moralidad y el propósito. Lo más alto es la unión del poder y la bondad. Un ejemplo de la crisis de la masculinidad puede verse en el caso de las mujeres exitosas e inteligentes que no suelen encontrar pareja, justamente porque los hombres no se atreven a acercarse a ellas:

[Las mujeres quieren lo mismo que] los hombres si los hombres fuesen los que paren: desplegar todo su potencial y competencia, pero también tener bebés.

A los 19 años, las mujeres anteponen su carrera a la familia. A los 28, ya no tanto. Es una realidad de la que nadie habla. Salvo algunas mujeres de 37 a 40 años que han desaprovechado la ventana de oportunidad reproductiva y se sienten infelices.

Los hombres están peor configurados que las mujeres para el cuidado de niños de menos de 2 años. Esto es así. Podemos aleccionarlos. Pero, ojo: también hay mujeres -inteligentes, fuertes, formadas- que libremente deciden ser ellas las que cuidan de los niños. Lo hacen porque quieren, no porque nadie se los imponga. Y esa decisión les lleva a tomar otra, previa. Cada hijo exige unos 3 años de intensa dedicación. Es mucho tiempo. Y para una madre, una causa objetiva de vulnerabilidad. ¿Qué hacen entonces las mujeres? Practican la hipergamia: buscan pareja en el mismo o en un nivel superior competencial que ellas. Hablemos claro: de igual o más capacidad socioeconómica que ellas. Esto ocurre en todas las culturas. Es una de las revelaciones más notables de la biología y la psicología evolutivas. Y en el caso de las mujeres hipercompetentes, es un problema. Cuanto más alto el coeficiente intelectual de una mujer, más baja la probabilidad de que encuentre una pareja estable.

[Los hombres no se atreven] ni a invitarlas a salir. He trabajado durante décadas con abogadas altamente cualificadas. Me contrataban para mejorar su productividad laboral y sus relaciones afectivas. Sus vidas. Lo tenían durísimo para encontrar pareja. Fíjese en este dato del Pew Research Center. En los últimos 15 años, el interés de las mujeres por el matrimonio ha subido muchísimo. En cambio, el de los hombres se ha desplomado. Una pésima combinación.

[...] El 95% de los delitos son cometidos por el 5% de la población. La mayoría de esos criminales actúa una o dos veces. Pero existe un pequeño segmento que actúa de forma serial. Depredadores sexuales. Pederastas. Psicópatas que dejan un reguero de víctimas. A partir de ahí, cualquiera puede convertir a todos los hombres en depredadores al manipular la definición de "violencia sexual". Porque no hay un hombre en el planeta que no haya hecho alguna vez un avance sexual no correspondido. En parte por torpeza o falta de sofisticación. En parte porque no sabía cuál iba a ser la respuesta.

La izquierda posmoderna exige a la vez expresión sexual ilimitada, de cualquier gusto o color -ahí está el orgullo gay- y seguridad sexual absoluta. A ver cómo cuadran ese círculo. Su última ocurrencia es una maravilla: el consentimiento afirmativo. Cada paso y etapa de un encuentro amoroso o sexual debe quedar debidamente registrado para evitar equívocos. ¡Es tan orwelliano! Sólo un pobre ingenuo de 13 años puede considerar que esto es no ya positivo, sino viable. A veces da la impresión de que nuestra cultura ha sido tomada por gente con graves trastornos de personalidad. Lo digo seriamente. Clínicamente.

Es evidente que Peterson se enfoca en la perspectiva del hombre, siendo que obviamente tiene mejor conocimiento de este género y su particularidad. Y aunque habla desde su experiencia clínica y con datos precisos de estudios científicos es posible que en algunos aspectos sea demasiado duro, implacable y poco conciliador. Ciertamente podría hacer más énfasis en la importancia de distribuir mejor el poder entre los sexos, aunque esto no refleje el instinto competitivo o la noción de que cada puesto deba pertenecer a quien se lo gane -sin importar su sexo o raza-, sino que esté orientado a capitalizar algunas de las virtudes de la propia personalidad femenina -por ejemplo, existen estudios que han descubierto que las mujeres en puestos de poder son más honestas-. Podríamos crear un sociedad más equitativa a través de las diferencias, más que de lo igual, siendo capaz de dar valor a lo femenino y a lo masculino en aquello en lo que se destacan. 

Es importante aplicar también una conciencia crítica a lo que dice Peterson, pues se puede equivocar, y en estos momentos está alcanzando el estatus de gurú de millones de personas. La audiencia debe juzgar por su propia cuenta. Lo que es indudable es que el atractivo de Peterson es un fenómeno masivo genuino, que está encontrando tierra fértil en los escuchas por su gran elocuencia y autenticidad, y esperamos que no polarice más de lo inevitable, sino que encuentre lectores y oyentes maduros que puedan reflexionar sobre lo que dice sin ponerse una camisa ideológica y sentirse aludidos y ofendidos. Más que las ideologías, que se piensen las ideas, que se pueda estar en desacuerdo y a la vez aprender de aquello en lo que no coincidimos del todo. Lo que ciertamente se puede decir de Peterson es que está completamente abierto al debate y no tiene miedo de decir lo que piensa -esto es algo que podría parecer peligroso, pero es vital para la salud de nuestra cultura-. Peterson cree que el arquetipo del héroe es fundamental para la salud de la cultura en tanto que son los individuos auténticos, que asumen responsabilidades, que defienden lo que creen que es la verdad y que son capaces de afrontar lo desconocido, de luchar contra los dragones simbólicos de su propia psique y de la sociedad, los que sirven como contrapeso para los estados totalitarios y para el conformismo hedonista de la sociedad. 

En lo que Occidente ha  atinado, según he podido ver, es en esta vieja idea, mucho más vieja que Occidente. Y es que el individuo que pone atención y dice la verdad es quien sirve como la fuerza que revitaliza al Estado cuando éste se vuelve corrupto y arcaico. Así entonces, la razón por la cual el individuo debe ser considerado como soberano es que, sin el individuo soberano, el Estado se convierte en corrupto y estático. 

 

Lee también: Las 42 reglas del doctor Jordan Peterson para tener una vida llena de significado

Te podría interesar:

Cómo el temblor del 85 transformó positivamente a la sociedad mexicana (y el del 2017 podría por fin lograrlo)

Política

Por: pijamasurf - 02/17/2018

Temblores que despiertan: ¿Cómo podemos aprender de la reacción del 85, para que en el 2017, la energía solidaria logre cambios tangibles?

El temblor del 19 de septiembre de 1985 es recordado cómo el origen de la llamada sociedad civil y una especie de despertar ciudadano. La narrativa que ha pasado a la historia de este evento, que se considera también "un sismo político", sostiene que ante la parálisis del gobierno priista, se produjo una respuesta masiva en lo que en ese entonces era llamado "el pueblo", un concepto que se había afirmado en la lógica posrevolucionaria y que reeemergería como la sociedad civil en los meses posteriores al temblor del 85. Sumido en una especie de letargo impotente ante la largamente aceitada maquinaria política del PRI, que Vargas Llosa llamara la "dictadura perfecta", el pueblo no parecía creer en su poder y no contaba con organización, pero al movilizarse para salvar víctimas y exigir resarcir a los damnificados, descubrió una capacidad latente. Algunos historiadores y algunos actores políticos que se consolidaron a partir de este evento, señalan que de alguna manera la llamada transición democrática tuvo su epicentro en este sismo. En este artículo veremos algunos relatos de lo sucedido y de cómo esto detonó la conformación de la sociedad civil -y así una transformación en la conciencia social. Asimismo citaremos algunas voces que han señalado también las carencias y la insuficiencia de este movimiento, el cual, señalan, ha sido de alguna manera cooptado por el poder, sin lograr verdaderamente producir cambios tangibles. De esto último se podría tomar notas para buscar que la nueva movilización social sea la maduración de este llamado "despertar" del 85 -temblores que despiertan.

En 1995, el New York Time publicaba una nota de investigación astutamente titulada: "The Quake that Shook Mexico Awake". Así describe lo sucedido:

En las confusas semanas cuando el gobierno que había estado en el poder durante mucho tiempo probó ser incapaz de gobernar, las personas decidieron tomar control de sus propios destinos.  Amas de casa y escritores organizaron a vecinos para buscar víctimas y montar albergues. Luego esos mismos grupos exigieron al gobierno, confrontando a oficiales con demandas para los damnificados, o se opusieron a proyectos que dañaban el medio ambiente. De estos comienzos, un movimiento de oposición creció y casi gana la elección presidencial, mostrando que se podía vencer al PRI...

Habrá quien argumente que en realidad ese movimiento de oposición, que surgió en gran parte de disidentes del mismo PRI, en realidad sí ganó, pero el mismo sistema fue capaz de blindarse, entre otras cosas por la falta de organización de la sociedad civil ante un aparente fraude electoral (aunque eso es otra historia). El gran cronista mexicano Carlos Monsivais utiliza tempranamente en el 85 la palabra sociedad civil y esa otra palabra que también se inscribiría en la conciencia colectiva y cobraría gran repercusión (y uso político) incluso convirtiéndose luego en una secretaría, "solidaridad":

No ha sido únicamente, aunque por el momento todo se condense en esta palabra, un acto de solidaridad. La hazaña absolutamente consciente y decidida de un sector importante de la población que con su impulso desea restaurar armonía y principios vitales, es, moralmente, un hecho más vasto y significativo. La sociedad civil existe como gran necesidad latente en quienes desconocen incluso el término, y su primera y más insistente demanda es la redistribución de poderes.

El poeta Homero Arjidis le dijo al Times que durante la tragedia del 85, fue evidente que los ciudadanos debían de hacer las cosas por sí mismos, y la conciencia mayormente pasiva de la ciudadanía se tornó activa. Aunque poco a poco se fue menguando ese "activismo" aún así se lograron cosas tangibles, como evitar que se construyera un campo de Golf en Tepoztlán.

Marco Antonio Rascón, quien empezó su carrera política a partir de los eventos que siguieron al sismo, siendo uno de los que organizaron a las víctimas del terremoto (su cuñado murió en el sismo) e incluso creando el personaje de Superbarrio (emulando a un rescatista), dijo al Times: "Fue un temblor social que afectó todo. Legitimo la forma de movilización popular en México".

En el 95 Jorge Ramos ensalzó el momento en el Reforma:

Hay una serie de fechas en la historia moderna que dejan ver como los mexicanos le han ido perdiendo la confianza a su gobierno. Ahí está la masacre de más de 300 estudiantes, mujeres y niños en la plaza de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968, el masivo fraude electoral del 2 de julio de 1988, el alzamiento rebelde-indígena del EZLN el primero de enero del 94 (…) Pero a estos momentos clave de la descomposición del sistema y en la fractura del poder en México, hay que añadir ese 19 de septiembre de 1985, después del terremoto, cuando los habitantes de la capital se dieron cuenta de que no podían dejarle al gobierno el control de los asuntos más importantes de sus vidas.

Este mismo entusiasmo no fue compartido por Arturo Aguiar Zinser, quien escribió en 1995 que: "Cuando pasó la emergencia de 1985, así también el entusiasmo de la mayoría de las personas. "Hay que reconocer que en la igualmente catastrófica crisis económica de hoy, la sociedad mexicana no está ni cerca de ser tan combativa, tan dedicada ni tiene la misma solidaridad que la que manifestó días después del terremoto". Es evidente que la misma intensidad de la solidaridad no puede sostenerse por mucho tiempo, pero también debemos de reconocer esta tendencia a olvidar pronto, a reaccionar en el corto plazo pero no pensar en el mediano y largo plazo. La sociedad se conmueve emocional y visceralmente, reacciona ante escenas trágicas de alto impacto, pero no logra conmoverse de manera racional, sostenida, y, debido a esto, no logra consolidar cambios duraderos, que puedan incluso prevenir desastres en el futuro. Rafael Pérez Gay, irónicamente describe esto:

Somos maestros en paradojas. El movimiento civil del año de 1985 se integró o, si se quiere, se diluyó con el tiempo y al contacto con una red de organizaciones dedicada al coyotaje, al tráfico de la mentira. (…) Los polvos de aquellos lodos (no es metáfora sino alusión literaria) se han esparcido en la ardiente actualidad: en septiembre de 1985 surgió la Unión de Vecinos de la Colonia Centro, más tarde se llamó Unión Popular Nueva Tenochtitlán. Sus líderes fueron René Bejarano y Dolores Padierna. (…) Raíces y destinos similares compartieron la Coordinadora de Residentes de Tlatelolco, la Unión de Vecinos de la Colonia Doctores, Amanecer del Barrio de la Colonia Morelos, la Asamblea de Barrios de la Ciudad de México. Estas organizaciones han mostrado que todo camino es una desviación, y que todo origen puede ser borrado con la tinta indeleble de la trampa vendida como lucha social.

Alejandra Leal Martínez escribiendo para la Revista de Sociología, comenta sobre lo dicho por Pérez Gay: 

Los damnificados se han convertido veinte años después en un legado corporativo y clientelar del régimen priista. Dicho de otro modo, en las conmemoraciones de septiembre de 2005 se expresa un “sentido común” en el que las organizaciones populares han sido expulsadas de la sociedad civil a la que supuestamente dieron origen.

Así tenemos estos antecedentes, donde claramente vemos que el sismo del 85 -el cual fue bastante más fuerte que el actual- impulsó un movimiento de organización civil que ha sido importante en el proceso de democratización, que ha servido como una forma contrarrestar la hegemonía partidista, que ha logrado algunos triunfos, pero que con el tiempo fue menguando, fue siendo cooptada por el poder y cayó en algunos de los viejos vicios. Resulta particularmente relevante recordar hoy que estos movimientos tienden a desgastarse con el tiempo, a perder intensidad e interés, que nuestra memoria es corta y que vivimos hoy, incluso más que antes, en la era de la distracción, donde aunque todo alcanza una intensidad contagiosa que hemos llamado "viral", esto mismo es reemplazado rápidamente por una nueva noticia viral o incluso por un nuevo fenómeno de entretenimiento, de esta manera diluyendo nuestra atención y esfuerzo y en muchos casos haciendo que las promesas de cambio no fructifiquen. En los albores de lo que podría ser un nuevo "despertar" de la sociedad civil bajo la fuerza de la solidaridad -alimentada por la genuina empatía o en su defecto por la necesidad social de no quedarse fuera de la masa- hemos visto cómo existe un gran potencial de respuesta activa y afectiva, de tomar responsabilidad y organizarse entre ciudadanos. Incluso grupos que habían sido, quizás arbitrariamente designados como apáticos y desinteresados, como los millennials, han mostrado especial solidaridad, en algunos casos incluso proveyendo un esperanzador liderazgo. Ahora bien esto podría ser solamente el efecto de la magnificación del contagio mediático de existir en un ambiente dominado por las pantallas y sus plataformas digitales, es decir por estar "tan conectados". Y podría, tan fácil cómo se originó, caer en el olvido.  Este peligro ya ha sido identificado en la actualidad por el académico del Colmex Manuel Gil Antón:

Somos un país con una capacidad muy rápida para la acción y la protesta, pero nos cuesta mantenerla para que los procesos colectivos duren en el tiempo. 

Gil Antón considera que la gran respuesta que se ha presentado especialmente entre los jóvenes se debe a que estamos como generación en búsqueda de sentido; pasamos todo el tiempo involucrados con los medios digitales, pero no nos tomamos tiempo de reflexionar y sentir. Advierte: "No creo que esta vez sea diferente. Los jóvenes volverán a sus normalidad pasados unos días porque no hay estructuras organizativas. En todo caso, el deseo está siendo genuino". Sin embargo, existe la esperanza, de que al volcarse a las calles, al tener experiencias reales y no virtuales, y experiencias de profundo sufrimiento y compasión por el sufrimiento se pueda sembrar una motivación y una conciencia que supere los 15 minutos de fama de ayudar o de sentirse útiles y autogratificarse. El ser humano, más que en el ejercicio de sus derechos y en el libre albedrío, encuentra significado -una felicidad más verdadera- en tomar responsabilidades, en servir y saberse útil. El sufrimiento es el más efectivo de los agentes de cambio y crecimiento. Así las cosas, el reto evidentemente está en mantener una cierta energía, una compasión y una conciencia crítica -ya no el furor y la euforia y ni siquiera la indignación- cuando el temblor deje de ser noticia, cuando las cosas se enfríen y ayudar ya no parezca ser "de vida o muerte" (y es que siempre es de vida o muerte). Y transformar esto en liderazgo, dirección e imaginación, lo cual no sólo podría permitir resarcir de manera satisfactoria a los damnificados sino incluso transformar estructuralmente al país, que vive, ya desde antes de los últimos dos temblores, en un estado de desastre. Un ejemplo de esto, que puede volverse tangible, es la presión que se está montando para que los partidos políticos dirijan su presupuesto electoral a los damnificados.