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Giordano Bruno explica por qué el mago o amante (quien busca atraer y vincular) no debe eyacular

El filósofo Giordano Bruno creía que el amor era el vínculo de vínculos -vinculum quippe vinculorum amore est- que mantenía unido todo el universo y que podía usarse para atraer cualquier cosa. Como algunos filósofos platónicos, consideraba que Eros era el "daemon magnus” el espíritu supremo que magnetizaba el cosmos -y el primero entre las divinidades. En su libro Sobre los vínculos en general, Bruno escribe: "En todas las cosas hay una fuerza divina, esto es, el amor, el padre en sí mismo, la fuente, el océano divino de todo los vínculos". Es por este vínculo, añade Bruno, que las cosas inferiores se elevan hacia las superiores.

Ya Marsilicio Ficino había equiparado la magia con el amor: "la tarea de la magia es comparar las cosas", esto es, juntar, unir, vincular. Ficino también había sugerido que en el amor, el amante se ve poseído por el fantasma o espíritu de su amado -una especie de luminosidad psíquicamente cargada que invade la imaginación. Bruno es el continuador de esta tradición. La definición de la magia de Bruno, en palabras del historiador rumano Ioan P. Couliano, es "el proceso fantasmático que hace uso de la continuidad del pneuma individual y el pneuma universal". En la medicina de la antigua Grecia y en la filosofía de Aristóteles, el pneuma es el espíritu o aliento que se convierte en información que hace inteligible el mundo a través de la fantasía o imaginación. En otras palabras el pneuma se transforma en fantasmas (phantasmatos) o imágenes que permiten al alma percibir y entender el mundo; es el vínculo entre el alma y el cuerpo. Tanto el amor como la magia ocurren en esta sustancia universal que es el pneuma. El mago y el amante, ambos, tejen una red de vínculos pneumáticos (que se experimentan como fantasmas o imágenes en la psique) utilizando la simpatía y la resonancia entre esos vínculos y las características de la persona u objeto que quieren afectar (las cuales debe estudiar). Ambos lanzan su red, disponen sus carnadas y seducen para ganar control del mecanismo pneumático de su objeto deseado.

En cierta forma el amor que se forma en la mente o en el alma y las invade, ejerciendo un poder sobre ellas, es un fantasma conjurado, un espíritu, un tercero (la fantasía) que une o que incluso -en el caso del más alto amor que es el divino- puede devorar al amante para trasformar su propia subjetividad -anulándola- en el amado, en el objeto de su deseo. Esta es la fabulosa explicación que hace Bruno del mito de Acteón. El cazador Acteón se encuentra un día con la diosa Diana (Artemisa) bañándose desnuda en una fuente en el bosque. Acteón permanece embelesado contemplando a la diosa virgen desnuda en el agua con sus ninfas, algo que nadie había podido gozar y que consistía en una especie de violación del orden, el menos en la interpretación exotérica. Ningún humano puede ver a la divinidad sin morir (al menos simbólicamente). Diana entonces lo transforma en un venado y hace que sus propios sabuesos lo cacen y lo devoren. Bruno tiene una lectura más sutil y esotérica, y ve en esto la transformación del amante en su amada, el cazador en lo que caza, algo que requiere de la destrucción de su individualidad. Diana es la naturaleza, el universo material que refleja la inteligencia universal; es una diosa lunar que refleja la luz intelectual del Sol (de Apolo). El filósofo, que caza el conocimiento más alto, se transforma en su objeto de carecía, en la sabiduría, y alcanza a fusionarse con la naturaleza misma, de tal manera que "la contempla como una única cosa".

En Sobre los vínculos en general Bruno explica para que el mago o manipulador pueda ejercer su poder en el mundo -y entonces, también, por añadidura, el amante sobre su amado - debe de retener el semen, coitus reservatus. Como ha notado Ioan P. Couiliano, hay en el entendimiento mágico del amor de Bruno -y en su teoría de la retención de semen- similitudes con el tantra hindú y con el taoísmo. (Curiosamente la palabra "tantra" significa red, continuidad, tejido y podríamos decir también vínculo). La magia, para Bruno, está basada en la manipulación del pneuma, un término que, me parece, su mejor traducción es prana, el aliento vital o energía, que es central a todo el yoga y el tantra. Tanto en el tantrismo como en el taoísmo se busca cultivar y reconducir el prana o el qi para aumentar la vida -en tiempo y calidad- e incluso alcanzar la inmortalidad o la divinización.

En el texto mencionado -que  Couliano compara con El Príncipe de Maquiavelo, en tanto a una herramienta para la manipulación, en este caso no política sino psicológica y emocional- Bruno sugiere que el mago o manipulador debe cultivar este eros -que es su materia prima vinculatoria- y no dilapidarlo, porque al hacerlo pierde fuerza o magnetismo. "La eyaculación del semen libera los vínculos, mientras que su retención los estrecha. Aquel que busca encadenar debe de desarrollar las mismas emociones que aquel que debe ser encadenado", escribe Bruno. Al eyacular, se debilitan los vínculos, de alguna manera, porque el fuego de la atracción erótica que cultiva el mago-amante pierde fuerza al emanar el semen, que es a fin de cuentas, pneuma (según Aristóteles, la misma sustancia que las estrellas). (El semen es la forma visible del espíritu). "Aquel que desea vincular [o atraer] debe de desarrollar las mismas emociones de aquel que quiere vincular", dice Bruno. Explica Couliano que el manipulador debe de ser "continente y a las vez desear ardientemente a su sujeto".  Aquí yace el punto fino de la magia de Bruno, que debe realizar dos acciones contrarias. Por una parte debe de desear ardientemente, conjurar, por así decirlo, la energía erótica vinculante, y cuidadosamente debe controlarse a sí mismo para no desbordarse. No sólo no emitir el semen, sino no dejarse seducir por su objeto. Algo sumamente difícil, ya que él mismo debe de producir mecanismos fantásmicos pasionales, la misma voluptuosidad del amor y el deseo, pero hacerlo de manera desapegada, para que no se vea sujeto a la pasión. 

Evidentemente Bruno escribe desde la perspectiva del mago/manipulador, no desde de la de una persona que busca solamente seducir a su amada o mejorar su salud física. Hay que mencionar, sin embargo, que los fines de Bruno son más nobles de lo que podría parecer, ya que el mago/manipulador debe antes que nada estar libre del egoísmo o amor propio -es sólo cuando está libre de esto que pueda operar y manipular las fuerzas cósmicas.

De cualquier manera es evidente que Bruno era consciente de esta noción, más o menos generalizada en la magia y en el ocultismo, de que el semen tiene propiedades espirituales o energéticas que no deben malgastarse. Algo que fue expresado por el famoso médico Jan Baptista van Helmont (alumno de Paracelso) a principios del siglo XVII: "Si el semen no es emitido, se transforma en una fuerza espiritual, que preserva su capacidad de producir esperma y vigorizar el aliento y la palabra."

Twitter del autor: @alepholo

* Citas tomadas de Eros and Magic in the Renaissance, de Ioan P. Couliano

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El misticismo de San Agustín, aunque enclavado en el catolicismo, muestra una arista mucho más universal que bien podría encajar con cualquier religión. Y hallamos a un San Agustín que, al fin, consigue mirar con perspectiva la ciencia, las artes, la razón y la sabiduría: todo desde el justo medio que les da el ser parte de la unidad: Dios, y no la verdad o la promesa por sí mismas.

Los siguientes fragmentos de Confesiones nos hablan de un misticismo que envuelve a los misterios más prístinos de la existencia del ser humano: la unidad, la eternidad, el tiempo... Si el sentimiento trascendental en las palabras de San Agustín se trata de un placebo o no, nos queda la irrelevancia de la respuesta. El sentimiento está allí, y es uno que pareciera llenar desde la inspiración del sentido de todas las cosas.

 

 

Y me recojas de la dispersión en que anduve dividido en partes cuando, apartado de la unidad, que eres tú, me desvanecí en muchas cosas.

 

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Porque tú habías hecho el tiempo mismo; ni pudieron pasar los tiempos antes de que hicieses los tiempos.

Mas precedes a todos los pretéritos por la celsitud de tu eternidad, siempre presente; y superas todos los futuros, porque son futuros, y cuando vengan serán pretéritos. Tú, en cambio, eres el mismo, y tus años no mueren. Tus años ni van ni vienen, al contrario de estos nuestros, que van y vienen, para que todos sean. Tus años existen todos juntos, porque existen; ni son excluidos los que van por los que vienen, porque no pasan.

Tú hiciste todos los tiempos, y tú eres antes de todos ellos; ni hubo un tiempo en que no había tiempo.

 

Alabanzas

¡Oh eterna verdad, y verdadera caridad, y amada eternidad! Tú eres mi Dios; por ti suspiro día y noche, y cuando por vez primera te conocí, tú me tomaste para que viese que existía lo que había de ver y que aún no estaba en condiciones de ver.

Mas para mí el bien está en adherirme a Dios, porque, si no permanezco en él, tampoco podré permanecer en mí. Mas él, permaneciendo en sí mismo, renueva todas las cosas.

 

Twitter: @AnaPauladelaTD