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Los baños fríos, ¿son realmente tan buenos como dicen, o la causa de una muerte inmediata?

Buena Vida

Por: pijamasurf - 01/10/2018

Los científicos concluyen que los baños de agua fría tienen un amplio potencial para matar

A lo largo de los últimos años se ha popularizado la idea de que un baño frío cada día trae múltiples y muy variados beneficios al cuerpo, desde la pérdida de grasa hasta la mejora en el funcionamiento del metabolismo, el incremento en la salud tanto del cabello como de la piel, la estabilización de la circulación sanguínea, la reducción de las recaídas en el sistema inmunológico y la mejora del sueño. Pero, en realidad, esta práctica lleva realizándose en diferentes culturas desde siglos atrás. Por ejemplo, en el Reino Unido se tiene la costumbre de aventarse al agua casi congelada durante el Boxing Day o el día de Año Nuevo; en Japón, Alemania, Rusia y Escandinavia, se suele alternar la rutina entre saunas calientas y baños fríos. Inclusive, varios personajes a lo largo de la historia, tales como Hipócrates, Thomas Jefferson y James Currie, consideraban que nadar en las aguas frías del mar era un aliado de la buena salud, pues combatía numerosas enfermedades y promovía la fortaleza física. Tanto es así que, para finales del siglo XVIII, nadar durante el invierno en lagos, ríos y mar se volvió una actividad popular en varios pueblos del Reino Unido.

Con el paso de los años y las investigaciones se sabe que un baño de agua fría permite estimular al cuerpo gracias a la liberación de cortisol –permitiendo sentirse energético y eufórico–; además, el frío y la presión en el cuerpo por la inmersión acuática reducen la inflamación y ayudan a disminuir el dolor muscular causado por el ejercicio. Según la data recolectada, la adaptación al agua fría a través de la repetición de inmersiones puede teóricamente reducir la reacción inflamatoria del cuerpo, la cual a su vez puede mantener bajo control las respuestas depresivas. Y dado que se libera cierta cantidad de cortisol, el cuerpo se adapta, mejora su reacción ante el estrés en general y fortalece, así, su sistema inmunitario.

Sin embargo, al contemplar las respuestas fisiológicas a los baños fríos, los científicos han concluido que aquéllos pueden llegar a ser peligrosos al ser precursores de un ataque al corazón, pérdida en la capacidad de nadar, hipotermia y ahogo. Conforme se fue recolectando data estadística, experimental y anecdótica, se descubrió la reacción fisiológica conocida como el “shock frío”: un aumento desmedido en el flujo cardiorrespiratorio que provoca pérdida del control sobre la respiración y, a su vez, inhalación de agua. Como resultado, un pequeño volumen de agua dentro del cuerpo puede provocar que éste se inunde: la reacción del shock frío en el agua entre 10 y 15ºC, y el primero o segundo jadeos proucidos por la inmersión en agua fría, son usualmente más largos que una letal dosis de agua salada durante el ahogamiento. La reacción del shock frío explica por qué cerca del 60% de aquellos que mueren en agua fría lo hacen durante los primeros minutos, no en el período largo que requiere la hipotermia.

 

Si bien las investigaciones han demostrado que los nadadores de aguas frías en cuerpos acuáticos exteriores –mar, lagos, ríos– sufren menos infecciones que aquellos que no nadan, se sabe que sí padecen más dichas afecciones que aquellos nadadores de albercas y espacios interiores. Esto, explican los científicos, sucede porque los experimentos se realizan bajo ambientes controlados, pues en realidad existen factores que también ejercen un impacto en la salud, tales como la socialización, el ejercicio en la naturaleza, realizar grounding o earthing, una dieta saludable y equilibrada, etcétera.

Es decir, los científicos concluyen que los baños de agua fría tienen un amplio potencial para matar; sin embargo, bajo un proceso de repetición, adaptación y cuidado, pueden fungir como una herramienta útil para mantener una salud plena. Esto porque no es lo mismo aventarse al agua casi congelada habiéndose preparado físicamente mediante el ejercicio y la alimentación, así como emocionalmente mediante la meditación, que hacerlo sin los cuidados necesarios que procuren la supervivencia de una persona.

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Por: pijamasurf - 01/10/2018

Los secretos del deseo

La psicóloga belga Esther Perel es mundialmente famosa por sus libros y su trabajo como terapeuta de parejas. Su visión sobre los mecanismos que subyacen a la infidelidad y la oportunidad que representa este acto en una relación es sumamente socorrida entre hombres y mujeres de todo el mundo. Perel considera que muchas veces el adulterio es algo que puede revitalizar una relación si bien, obviamente, no puede recomendar que esto suceda. Y es que el ser humano en muchos sentidos tiene una tendencia biológica a la infidelidad y nunca ha habido una época en la que sea tan fácil tener una relación de infidelidad y también nunca ha sido tan fácil sorprender a una persona siendo infiel.

Estudiando a numerosos clientes, Perel ha notado que las personas que son infieles "anhelan y añoran una conexión emocional, novedad, libertad, autonomía, sexo intenso, y desean volver a capturar partes de su propia personalidad que se han perdido". Pero al final de cuentas, el verdadero motor y combustible de una relación adúltera o monógama es el deseo, más que el sexo. 

Contrario a lo que se piensa, los amores infieles son menos sobre sexo, y mucho más sobre el deseo: deseo de atención, deseo de sentirse especial, deseo de sentirse importante. Y la misma estructura de una relación de infidelidad, el hecho de que nunca puedes tener [totalmente] a tu amante, te deja deseando. Eso en sí mismo es una máquina del deseo, por la incompletud, la ambigüedad, te deja queriendo aquello que no puedes tener.  

El deseo es algo sumamente primitivo: el ser humano tiene la necesidad de ser visto, de ser reconocido y aceptado. Y esta misma mirada genera a la vez confianza -la mirada del otro confiere una sensación de existir y tener un soporte de existencia- y a la vez genera deseo de poseer a ese otro, o de recibir constantemente las sensaciones de placer que produce la mirada y el cuerpo del otro. Ya que vivimos en un mundo impermanente es imposible poseer del todo a alguien o sentir lo mismo, pero esto es, a la vez, lo que renueva el deseo.

Notablemente para los vedas, la literatura más vieja de la historia, el deseo fue lo que creó el mundo, un fuego que se encendió en las aguas. Ese deseo es lo que mantiene al mundo en marcha y lo que mantiene una relación. El deseo que se siente por la otra persona y el deseo de ser deseado, son los actos primarios, el fuego que consume todas las relaciones y la energía que las anima y sin la cual todo se vuelve un pálido sucedáneo de tiempos pasados. 

Así que si estás en una relación lo más importante que puedes hacer es hacer saber a la otra persona que es deseada y hacerla sentir ese fuego del deseo. Quizás todo lo demás pueda prescindirse; el deseo es la vida de una relación de pareja.