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El hombre con el cerebro más pequeño del mundo descubre el secreto de la conciencia

Ciencia

Por: pijamasurf - 01/08/2018

No se trata de la materia –como cantidad–, sino que la conexión entre materia y espíritu –o conciencia– es lo que permite el óptimo funcionamiento de un individuo...

Con más de 100 mil millones de neuronas que utilizan más de 30 mil genes que se enlazan entre sí para formar mil millones de conexiones por cada milímetro cúbico de corteza cerebral, el cerebro es considerado uno de los elementos más hipnóticos del cuerpo humano. De hecho, se afirma que su complejidad permite la supervivencia del cuerpo mismo, así como del funcionamiento adecuado de procesos cognitivos –lenguaje, imaginación, conciencia…– y emocionales. Sin embargo, desde el 2003 surgió un caso clínico que ha dejado boquiabierto al mundo médico.

Se trata de un hombre al que, quejándose de un dolor de pierna, se le hizo un escáner cerebral en el cual se descubrió que tenía un cerebro que ocupaba un poco menos del 10% de la cavidad craneal, es decir, un cráneo relleno de líquido y una muy pequeña región de masa cerebral. De acuerdo con su historia clínica, el personaje sufrió durante sus primeros años de vida de hidrocefalia –acumulación de líquidos dentro del cráneo– y tras años de tratamiento su cerebro fue “relegado a las paredes de la cavidad craneal”.

La sociedad médica había supuesto que las afectaciones en la vida general del pequeño serían graves; no obstante, conforme fue pasando el tiempo, fue capaz de llevar una vida completamente normal: trabaja como funcionario, se encuentra felizmente casado y es padre de dos hijos. En otras palabras, es una persona en plena conciencia de sí mismo y de su realidad. Según los investigadores, esto se debe a que la posible ubicación de la conciencia en el cerebro se encuentra en una región muy específica, sin haber recibido algún daño aparente por la situación.

Si bien para uno de los investigadores, Axel Cleeremans, psicólogo de la Universidad Libre de Bruselas en Bélgica, “la ubicación de la conciencia puede ser flexible y puede ser aprendida por diferentes regiones del cerebro”, esto aún es una hipótesis que falta investigar a profundidad. Por ahora, esta hipótesis se adecua a la señalada años atrás como neuroplasticidad, la capacidad del cerebro de adaptarse a los cambios y asumir nuevos roles en caso de alguna lesión. Gracias a ello, Cleeremans explica, no importa el tamaño del cerebro: “la materia gris de la que dispone es suficiente como para crear una imagen de sí mismo, lo que significa que el hombre sigue siendo consciente de sus acciones”.

De modo que se podría llegar a considerar que no se trata de la materia –como cantidad–, sino que la conexión entre materia y espíritu –o conciencia– es lo que permite el óptimo funcionamiento de un individuo; del perfecto equilibrio entre estos dos últimos elementos para liberar miedos, superar obstáculos y descubrir los misterios del cuerpo humano.

 

 

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Por: pijamasurf - 01/08/2018

Adquirir conocimiento puede seguir caminos que no solemos tomar en cuenta

Aprender puede parecer una tarea complicada pero sólo porque los sistemas en los que solemos hacerlo nos lo presentan así, como una obligación difícil de llevar a cabo.

Pero no tiene por qué ser así. De hecho, es posible que si cambiáramos nuestras consideraciones respecto del aprendizaje, también cambiaría el entusiasmo con el que nos aproximamos al conocimiento, no importa cuál sea la naturaleza de éste.

A continuación compartimos tres técnicas sintetizadas a partir de la peculiar manera en que el científico Richard Feynman, premio Nobel de física en 1965, aprendía y desarrollaba nuevos conocimientos. Las referencias bibliográficas de esta síntesis pueden encontrarse en este post de Medium, donde se explica la llamada “técnica Feynman” con mayor detalle.

Imagina que explicas a una niña o un niño lo que has aprendido

Se ha dicho que conseguir la sencillez es una de las tareas más complicadas del mundo y esto es válido en casi cualquier campo. El conocimiento no es la excepción. Y no se trata de pensar sencillamente sólo porque sí, sino más bien por qué, inesperadamente, la sencillez puede llegar a ser estimulante y, en el mismo sentido, la complicación innecesaria no hace más que enturbiar nuestros pensamientos, confundirnos y enredarnos. 

En este sentido, explicar lo que sabemos a un niño puede ser profundamente esclarecedor para nosotros mismos, pues nos obliga a pensar y expresarnos en términos sencillos, no porque los niños no entiendan (de hecho, suelen ser más inteligentes que muchos de nosotros, o su razonamiento sigue otras vías), sino sólo por un asunto de lenguaje: conocen menos palabras, su mundo de experiencias es un tanto más reducido y, en general, su visión del mundo es diferente.

 

Revisa

Al explicar, al escribir, al leer o al escuchar es muy sencillo adquirir el hábito de quedarse en la primera impresión recibida. Sin embargo, en lo que toca al conocimiento, siempre puede resultar mucho más fructífero revisar todo lo que se lee, lo que se dice, lo que se escucha, no sólo para repasar lo que sabemos sino, sobre todo, para reconocer lo que no sabemos, esto es, darnos cuenta de los límites de nuestro conocimiento.

 

Organiza y simplifica

El proceso de aprendizaje suele ser progresivo y ocurre por etapas que se suceden y en las cuales no todo lo que aprendemos permanece una vez que adquirimos nuevos conocimientos. En ese sentido, es recomendable hacer cada cierto tiempo checkpoints para re-organizar y simplificar lo que hemos aprendido e intentar distinguir entre aquello útil y aquello de lo cual podemos prescindir.

 

BONUS: Transmite lo que sabes

Enseñar es el punto fino con el que se completa el ciclo del aprendizaje. Como decíamos antes permite, a quien lo hace, dar orden y claridad a sus ideas. Pero no sólo eso pues, en la medida en que la elaboración del conocimiento es siempre una tarea compartida que se hace con otros, nos permite construir en compañía de otros nuevos saberes, entender las cosas de una manera distinta y, en suma, tender puentes hacia otros campos del conocimiento. Al enseñar descubrimos que el conocimiento es de suyo dialéctico pues, transmitirlo a otros, puede mirarse como un punto final pero no conclusivo.

 

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