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La iglesia luterana de Suecia dejará de referirse a Dios como “Él” o “Señor”

Sociedad

Por: pijamasurf - 11/29/2017

¿El lenguaje inclusivo llega a la iglesia luterana de Suecia?

En estos tiempos en que la noción de género y el dominio histórico del hombre sobre la mujer parecen haber entrado de lleno en las discusiones públicas, la iglesia luterana de Suecia tomó la decisión de abandonar el uso del pronombre masculino para referirse a Dios, una medida que además de las resonancias contemporáneas que puede tener con otros fenómenos, se inscribe en un proceso de reforma que la institución eclesiástica puso en marcha desde hace 31 años.

La confesión luterana es la más popular del país escandinavo, con poco más de 6 millones de personas bautizadas en su fe, de los 10 millones que lo habitan. Además, actualmente es dirigido por una mujer, la arzobispo (¿arzobispa?) Antje Jackelén, característica que quizá sea inédita en la historia no sólo de la iglesia luterana sino en general de todas las religiones, que prácticamente desde la Antigüedad y salvo por ciertos cultos, han estado encabezadas por hombres.

En medio del uso cada vez más frecuente del llamado “lenguaje inclusivo” –que, como su nombre indica, busca llevar al nivel del habla cotidiana la equidad de los géneros–, la medida se justificó también en un marco teológico, pues según declaró Jackelén al diario inglés The Guardian, “Dios está más allá de las determinaciones de género”.

Sea como fuere, la decisión también nos recuerda que las religiones, como las sociedades, fueron durante muchos años matriarcales –de ahí la existencia de deidades femeninas y cultos a la fertilidad– y que, por ello mismo, no es cierto que el mundo como lo conocemos sea o haya sido el único posible. Hasta la idea de Dios es susceptible de modificación.

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Sociedad

Por: pijamasurf - 11/29/2017

¿A la derecha, al centro o a la izquierda? Tus preferencias en política también hablan de lo que haces o quisieras hacer con tu sexualidad

En Internet circula una frase que aunque usualmente se atribuye a Oscar Wilde, es notablemente rudimentaria como para que haya sido acuñada por él. Dice, a la letra, que “en el mundo todo se trata de sexo, excepto el sexo, que trata del poder”.

Más allá de la discusión sobre su autoría, la frase posee un eco de verdad respecto de ese fenómeno que también Sigmund Freud advirtió en torno a la sexualidad del ser humano, la única especie en el planeta en la que el impulso natural hacia la reproducción se convirtió en placer, lo cual a su vez derivó en una doble vertiente cultural: la posibilidad de satisfacerlo y la necesidad impuesta de reprimirlo (por razones varias). En esa contradicción nace la sublimación, que se expresa, por ejemplo, en las prácticas de seducción de cada cultura, en la poesía, en la música, en los comportamientos en los que incurrimos para agradarle a alguien que nos gusta, etc. En ese sentido, la cita apócrifa de Wilde es precisa sólo en su primera parte. En efecto, todo en la vida se trata del sexo.

Bajo esta perspectiva podríamos examinar un estudio realizado recientemente en el Reino Unido a propósito del vínculo entre gustos sexuales y preferencias políticas. 

De entrada estos dos campos pueden parecer lejanos entre sí, pero si pensamos incluso con una mínima suspicacia comenzaremos a notar que, sea en nuestro presente o en otros momentos de la historia, las personas que suelen tener posiciones más ortodoxas y conservadoras también tienen una relación muy peculiar con su sexualidad (que va desde la represión excesiva hasta las perversiones más inimaginables); o, en otro sentido, que en ciertas personas parece haber una correspondencia entre la liberalidad de la posición política y la posición que adoptan respecto a su sexualidad.

El estudio que reseñamos fue realizado por Joe Twyman, director de la unidad de investigación política y social de YouGov, empresa dedicada al análisis de datos e investigación de mercados con sede en el Reino Unido. 

A partir de una encuesta realizada entre 6 mil adultos británicos, Twyman encontró algunas correlaciones interesantes entre las fantasías sexuales de las personas y su elección dentro del espectro político del Reino Unido. 

- Las personas que apoyan al Partido Conservador –actualmente en el poder y que se considera de centroderecha– tienen la fantasía de tener sexo con un o una deportista célebre.

- Las personas que apoyan a los Liberales Demócratas –Lib Dem, un partido liberal como su nombre lo indica, que defiende ideas como la despenalización de las drogas– tienen fantasías de tener sexo con alguien de origen étnico distinto al suyo, de mirar a otra persona masturbándose, de ser atados o atadas (bondage), de filmarse teniendo sexo y de tener relaciones sexuales con una persona transgénero.

- Las personas que apoyan al Partido de la Independencia del Reino Unido –UKIP, por sus siglas en inglés, considerado de derecha y populista– tienen la fantasía de usar un vibrador o un dildo.

- En cuanto a los simpatizantes del Partido Laboral –de centroizquierda– sus fantasías son variadas: tener sexo al aire libre, sexo con alguien desconocido(a), sexo con una celebridad de la televisión, sexo con la pareja de alguien más, dar o recibir sexo oral, dar o recibir besos apasionados, el juego de roles, nalguear o ser nalgueado(a) y usar ropa sexy

Cabe notar, ya de inicio, el contraste entre la riqueza de imaginación con respecto a la sexualidad de las personas que, dentro del espectro político, han adoptado una posición liberal y, por otro lado, el páramo que se observa entre los conservadores. Para Twyman, esto podría dar sustento al cliché que en ocasiones se imputa a las personas que defienden ideas de derecha, ortodoxas o francamente anquilosadas y a quienes, ya desde el sentido común, solemos asociar con cierta rigidez sexual, una escasa o nula inclinación al riesgo y, por supuesto, una dificultad evidente no sólo para probar cosas nuevas, sino incluso para sólo disfrutar de sexo.

¿Qué te parece? ¿Tus propias fantasías sexuales tienen una relación con tus ideas políticas?

 

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