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Hay un sentimiento que llena y parece corresponder únicamente a la sensación de lo trascendental

Uno abre Confesiones de San Agustín y se halla con un pensador, uno inquietísimo, pero sobre todo, un inspirado envidiable. Hay algo en sus palabras que nos transmite un espíritu lleno, que desborda una alegría trascendental, le llamo yo. Tan está ahí que San Agustín consigue hacérnosla sentir, y en este libro se guarda una verdad que todos buscamos: ese sentimiento, que llena.

Hallamos en Confesiones una Roma (354-430 d. C.) que aún no está dibujada del todo por el cristianismo, que venera a sus dioses antiguos y está inmersa en sus costumbres arraigadas, como la lucha entre gladiadores. Hallamos también a un San Agustín ávido de sentido: "Confesiones no es más que un relato autobiográfico de la búsqueda de éste".

El misticismo de San Agustín, aunque enclavado en el catolicismo, muestra una arista mucho más universal que bien podría encajar con cualquier religión. Y hallamos a un San Agustín que, al fin, consigue mirar con perspectiva la ciencia, las artes, la razón y la sabiduría: todo desde el justo medio que les da el ser parte de la unidad: Dios, y no la verdad o la promesa por sí mismas.

Los siguientes fragmentos de Confesiones nos hablan de un misticismo que envuelve a los misterios más prístinos de la existencia del ser humano: la unidad, la eternidad, el tiempo... Si el sentimiento trascendental en las palabras de San Agustín se trata de un placebo o no, nos queda la irrelevancia de la respuesta. El sentimiento está allí, y es uno que pareciera llenar desde la inspiración del sentido de todas las cosas.

 

 

Y me recojas de la dispersión en que anduve dividido en partes cuando, apartado de la unidad, que eres tú, me desvanecí en muchas cosas.

 

Sobre la eternidad

Porque tú habías hecho el tiempo mismo; ni pudieron pasar los tiempos antes de que hicieses los tiempos.

Mas precedes a todos los pretéritos por la celsitud de tu eternidad, siempre presente; y superas todos los futuros, porque son futuros, y cuando vengan serán pretéritos. Tú, en cambio, eres el mismo, y tus años no mueren. Tus años ni van ni vienen, al contrario de estos nuestros, que van y vienen, para que todos sean. Tus años existen todos juntos, porque existen; ni son excluidos los que van por los que vienen, porque no pasan.

Tú hiciste todos los tiempos, y tú eres antes de todos ellos; ni hubo un tiempo en que no había tiempo.

 

Alabanzas

¡Oh eterna verdad, y verdadera caridad, y amada eternidad! Tú eres mi Dios; por ti suspiro día y noche, y cuando por vez primera te conocí, tú me tomaste para que viese que existía lo que había de ver y que aún no estaba en condiciones de ver.

Mas para mí el bien está en adherirme a Dios, porque, si no permanezco en él, tampoco podré permanecer en mí. Mas él, permaneciendo en sí mismo, renueva todas las cosas.

 

Twitter: @AnaPauladelaTD

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Moore sobre el hechizo (consciente) de la naturaleza

A partir de la publicación de su reciente y monumental novela Jerusalem, el mago de las historietas Alan Moore se encuentra muy activo en la red. Sin duda, la más interesante de sus recientes entrevistas es la que ha generado el sitio Daily Grail. Vale la pena visitar este link para leer la entrevista completa en inglés. Aquí hemos traducido un fragmento que consideramos relevante:

Vivimos en un mundo que está mayormente predicado en una visión racional y científica del mundo, lo cual efectivamente significa que cualquier fenómeno más allá de lo físicamente medible es automáticamente tenido por no existente, incluyendo las almas, los dioses, los fantasmas y la conciencia humana. Aunque estoy de acuerdo en que necesitamos recuperar la conexión psicológica que una vez existió entre nosotros y nuestro entorno --porque no hacerlo es convertirnos en autómatas sin sentido en un mundo material que, por su propia admisión, no tiene dirección o propósito-- creo que el problema estaría definido con mayor precisión si hacemos a un lado términos confusos como "alma" o "espíritu" y optamos por el menos vago aunque científicamente problemático "significado". Si al llegar a conocer más de los aspectos históricos y mitológicos de los lugares los hacemos más significativos, al menos para nosotros, sugiero que esto nos llevará a experimentarnos como personas con más significado dentro de un nuevo contexto iluminado.

La diferencia entre "significado" y "espíritu" es que en el caso del significado tenemos que hacer todo el trabajo necesario para investir el lugar, la persona o el objeto con el significado, mientras que los espíritus, ¿acaso no simplemente se manifiestan? Creo que nuestro mundo está gloriosamente encantado con significado; y somos nosotros los que hacemos el encantamiento y deberíamos hacer más de esto, o hacerlo de manera más exhaustiva.

Quizá habría que agregar que este llenar de significado el mundo, encantándolo o hechizándolo, debería ocurrir con más conciencia y presencia del encanto, proyecciones mágicas que se vuelven aspectos consciente de conocimiento y extensión de la experiencia: la naturaleza un lienzo de sueños lúcidos. Moore agrega que este estrato del significado/espíritu (en el cual nos vemos reflejados de manera exaltada o misteriosa) muestra que la realidad materialista convencional no es más sólida que la mitología y los sueños. Para vivir esta existencia significativa, llena de poesía y magia, "deberíamos tratar con mayor ahínco de revestir nuestro medio ambiente con el significado que de manera tan beligerante el materialismo le ha extraído".