*

X

Hermoso video muestra la caminata ritual de 7 años en busca de la iluminación de monjes budistas

Arte

Por: pijamsurf - 07/17/2017

La práctica de Kaihōgyō es una de las más extremas dentro de las varias sectas del budismo: los monjes deben caminar durante mil noches a lo largo de 7 años, para prepararse para pasar 9 días sin comer, beber ni dormir en los que, al acercarse a la muerte, también se acercan al despertar

El Kaihōgyō (literalmente, "circular la montaña") es una práctica ascética extrema realizada por monjes de la secta budista tendai, la cual involucra caminar cerca del monte Hiei donde yace su templo, a la vez que reflexionan, dejen ofrendas y rezan. La práctica suele hacerse en las noches, ya que en los días los monjes realizan sus labores normales. Durante la misma, los monjes practican anular su ego e identificarse con el buda Fudo Myoo. Generalmente se lleva a cabo a lo largo de 7 años, llegando a correr en el séptimo año 84km por día durante 100 días, seguidos de 40km por día otros 100 días. En total, los monjes recorren una distancia similar a la circunferencia total de la Tierra.

Durante estos mil maratones en mil noches por los bosques, los monjes se entrenan y purifican para alcanzar la iluminación. Al final deberán entrar en una habitación oscura, donde deberán mantenerse despiertos durante 9 días sin alimento ni agua. Esta experiencia busca emular la muerte de la manera más cercana. En 130 años, sólo 46 hombres lo han logrado; aunque existe secrecía en este sentido, se dice que los que no lo consiguen deben matarse. Los que lo logran son considerados santos vivientes de la más alta práctica, Daigyoman Ajari. Antes, estos monjes eran los únicos que podían utilizar zapatos en presencia del emperador.

En una hermosa película titulada The Seven Year Pilgrimage to Enlightenment, Ivan Olita ha filmado parte de los rituales y la experiencia que viven los monjes que intentan el Kaihōgyō. El material es algo muy poco común, ya que es muy raro que se dé acceso a este ritual, pese a que es muy famoso en Japón.

 

Te podría interesar:

‘El hombre que vio demasiado’: mirón de mirones

Arte

Por: Lalo Ortega - 07/17/2017

Este documental de Trisha Ziff explora la obra fotográfica de Enrique Metinides y su singular mirada sobre la fatalidad cotidiana de la vida

Creo que se puede interpretar a un país con sus noticias y su acercamiento a la noticia.

Dan Gilroy

Éste, uno de varios en El hombre que vio demasiado, es un testimonio extranjero sobre las fotografías de nota roja en México, aquellas que de forma cotidiana vemos colgadas en incontables puestos de periódicos a nuestro paso por las calles, y con las que tenemos una peculiar forma de relacionarnos: las esquivamos conscientemente con la mirada, o las miramos como hipnotizados. O quizá, a medio camino entre lo uno y lo otro, nos ingeniamos la manera de ver a escondidas. El punto es que nos encanta mirar.

Mirones, también, los que aparecen por cientos en las fotografías que Enrique Metinides ha tomado por décadas, en una carrera que comenzó a los 9 años. Mirones, por cuenta doble, los que nos metemos a la sala de cine para ver un documental sobre él, y sus fotos de accidentes, crímenes y desastres. El hombre que vio demasiado (Trisha Ziff, 2015), con testimonios del propio Metinides, curadores y fotógrafos, no sólo es una colección de anécdotas (todas ellas fascinantes, dicho sea de paso); también es una exploración de nuestra relación con la realidad mediante las imágenes y, más importante, de cómo el ojo del mirón que nos atañe fue moldeado por sus experiencias de vida.

Sin duda, imágenes como las suyas cuentan con un poder de shock magnético, pero las fotografías, por su naturaleza, tienen un impacto unitario. Trisha Ziff, directora del documental y curadora fotográfica, las compila en el libro 101 Tragedies of Enrique Metinides, pero el carácter “horizontal” del cine, como ella lo llama, permite ir más allá de la imagen en sí. El montaje permite yuxtaponer a la fotografía con la anécdota, pasado con presente, accidentes con testigos, familias con trabajos, para lograr metáforas de una ciudad que imprime titulares con fotografías de muertos, al mismo ritmo que fabrica cajas donde ponerlos. Unos segundos iniciales de cinematografía mordaz sobre la prensa sensacionalista, pero igual de consciente de la necesidad incontenible de mirar.

Pero por qué miramos es quizá el tema más trascendental de El hombre que vio demasiado. Más allá de la técnica y la composición de sus fotos (dominadas por intuición de oficio), y de los riesgos para obtenerlas en primer lugar, hay en ellas una brutalidad y una belleza simultáneas.

Retratos de personas que se tomaron el café matutino, salieron de casa y nunca volvieron, víctimas del catastrófico azar. ¿Será la nuestra una fascinación honesta por la fragilidad de la vida, expuesta por una casualidad letal?

Y todo vuelve a Metinides y su destino como el máximo voyeur, que también parece dictado por la casualidad: la de una infancia junto al Ministerio Público y la de un padre que, cualquier día, le puso una cámara en las manos

 

El hombre que vio demasiado ganó el Premio Ariel al Mejor Largometraje Documental en el 2016. Se proyecta en el Cine Tonalá de la Ciudad de México como parte del ciclo #MásCineMexicano, iniciativa para impulsar la distribución de producciones nacionales independientes. Estará en la cartelera durante julio; puedes consultar las fechas y horarios de su proyección en este enlace.