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Introvertidos y extrovertidos: las diferencias entre Oriente y Occidente

AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/04/2017

¿Por qué se dice que Oriente es introspectivo y Occidente extrovertido?

¿Cuáles son los rasgos distintivos que caracterizan al pensamiento occidental y al oriental? Ciertamente hay muchas diferencias y otras similitudes, pero probablemente la forma más clara de diferenciar a estas culturas --que, por cierto, no son monolíticas ni existen de manera independiente-- es una preferencia y una tendencia cognitiva a la extroversión en el caso de Occidente y una introversión o introspección en el caso de Oriente (especialmente en las civilizaciones que nacen de la gran diseminación de las religiones del valle Indo). Occidente mira y va hacia fuera; Oriente mira y va hacia dentro. Occidente busca la exploración y la conquista del mundo externo; Oriente busca la exploración y conquista de la propia mente.

Esta distinción ha sido hecha por numerosos teóricos, maestros espirituales, sociólogos, filósofos y demás, y es explicada con bastante claridad en la conferencia que impartió Marco Antonio Karam en la Universidad Nacional Mexicana, para el primer coloquio de estudios asiáticos:

Occidente es extrovertido porque parte de la noción de que nuestra experiencia es determinada por los estímulos sensoriales, los estímulos a los que nos vemos expuestos

Oriente es introspectivo porque contempla que es la percepción que tenemos del mundo la que determina la experiencia que en el mundo tenemos y no es el mundo en sí mismo el que determina esa experiencia.

Marco Antonio Karam, quien es director de la Casa Tíbet en México, agrega que el hecho de que en Oriente se dé primacía a lo interno no quiere decir que no se acepte "que el mundo influencia nuestra experiencia, sino sólo que no la determina... lo que ulteriormente la determina no está afuera sino adentro", lo que determina nuestra experiencia son "los modelos cognitivos con los que nos relacionamos y vinculamos con el mundo de la experiencia". Aquí debemos mencionar que Oriente y Occidente finalmente parecen encontrarse, particularmente en las coincidencias entre la física cuántica y las tradiciones contemplativas de India. En la física cuántica se ha puesto en duda la existencia de una realidad objetiva independiente de nuestra observación de la misma, algo que ha sido entendido por el budismo y el hinduismo, entre otras tradiciones, donde la observación es igual a la designación conceptual de la realidad. Werner Heisenberg dijo que no observamos la naturaleza tal cual es, sino observamos la naturaleza expuesta a nuestros métodos de interrogación; Marco Antonio Karam explica que en Oriente se sostiene que no observamos las cosas como son sino como somos nosotros. 

Karam utiliza un ejemplo que ilustra el problema de creer que el mundo externo tiene una realidad intrínseca, independiente y permanente. Karam pone el ejemplo de un sueño en el que vemos una mujer en bikini. Cuando tenemos la experiencia de desear a una mujer en bikini que aparece en nuestros sueños, creemos que esa experiencia de deseo está determinada por la apariencia en sí misma, y olvidamos que la mujer en bikini no tiene una existencia objetiva sino que ha sido producida por nuestra mente, que es sólo un sueño. Sin embargo, en el estado de vigilia, una mujer en bikini tampoco determina por sí misma la experiencia que tenemos; el deseo no es intrínseco a la mujer en bikini, algo que podemos ver en el hecho de que esta misma apariencia --la mujer en bikini-- no produce deseo en todos los animales, ni en todas las personas, y ni siquiera en una misma persona en diferentes momentos. Otro ejemplo similar es puesto por Elías Capriles: un hombre es acariciado por una decena de mujeres, que en principio considera sumamente hermosas, con una pluma de ganso. Esto parece ser altamente placentero, pero ahora imaginemos que es acariciado así por 49 días de manera ininterrumpida; entonces, ese enorme placer deviene en tortura. En realidad el placer es sólo sensación aceptada y el dolor sensación rechazada, dice Capriles. Hay una interpretación en juego, los estímulos no son agradables o desagradables en sí mismos y, por lo tanto, el placer y el dolor no provienen del mundo externo. Como ha dicho otro maestro budista (que es también físico), Alan Wallace, no existen átomos azules o verdes, o melodiosos o apestosos, es la interpretación de nuestra mente la que permite que emerjan estas cualidades sensoriales que no existen de manera independiente. 

Lo anterior es importante pues pensar que el placer y el bienestar provienen del mundo externo es una causa fundamental del sufrimiento. Al atribuirle permanencia a algo que es impermanente o inmutabilidad a algo que es esencialmente mutable nos aseguramos de perpetuar la insatisfacción y el sufrimiento. Lo único que podemos saber de la realidad sin lugar a dudas es que todos los estímulos, el mundo material mismo, son siempre impermanentes. Lo único que no cambia es el cambio. De esta noción, en gran medida, surgen todas las técnicas contemplativas del dharma como métodos para entrenar a la mente para no reaccionar con apego o avidez ante los fenómenos y sus estímulos, de los cuales no se tiene control y los cuales son impermanentes y en cierta forma ilusorios, ya que no tienen una existencia intrínseca independiente de nuestra propia cognición de los mismos. 

Esta particularidad, el poder del mundo externo de Occidente y el poder de lo interno de Oriente, puede observarse en el hecho de que la tecnología y la ciencia occidental se han esparcido por todo el mundo, mientras que en las últimas décadas estamos presenciando una expansión del yoga, la meditación y demás ciencias contemplativas orientales en Occidente. 

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En la mayoría de las tradiciones espirituales la austeridad ocupa un rol central, pero es probablemente en las religiones que se han formado en la India en las que con mayor claridad y énfasis se ha desarrollado la austeridad, una virtud que parece estar en completa discordancia con el estado actual de la civilización basada en el consumismo, en el entretenimiento y en el hedonismo. 

Tanto en el jainismo como en el hinduismo y en el budismo se practican austeridades. En el budismo existen ciertas escuelas que no las practican como base de su dharma o sendero espiritual, particularmente el mahayana y el budismo tántrico, que más bien integran todos los aspectos de la existencia y en algunos casos buscan el placer para interrogar la naturaleza de la mente (igualmente en el hinduismo tántrico). Se suele decir que el Buda predicó el camino medio, uno no basado en las austeridades, habiendo practicado austeridades o mortificaciones por más de 5 años después de que renunció a su reino y descubierto que no eran suficientes para encontrar lo que buscaba --el cese completo del sufrimiento y el estado más allá de la muerte-- y finalmente logrando la iluminación después de interrumpir su ayuno (la leyenda cuenta que una niña le dio ambrosía). Sin embargo, no se puede separar lo que aprendió practicando austeridades, sometiendo a su mente a rigurosas pruebas en el entrenamiento del samadhi, de su resultado final, si bien es evidente que no fueron éstas expresamente las que le permitieron reconocer finalmente el estado de libertad incondicionada. Y es por esto que en los monasterios budistas y en diferentes escuelas budistas se viven vidas simples o austeras, se toman votos de castidad y renuncia, se realizan retiros, ayunos y demás prácticas que en el grueso de la población actual laica son percibidas como sumamente severas. Es una austeridad ciertamente no tan radical como la que practican algunos sadhus jainistas e hinduistas en la India, pero sin duda califica como austeridad.

En sánscrito la palabra para austeridad es tapas, un término de vasto campo semántico que ha sido traducido tradicionalmente como "austeridad", "mortificación", "ascetismo" o "severidad", haciendo referencia principalmente a las condiciones a las que se someten los yoguis en búsqueda de la iluminación, desidentificándose del cuerpo, así como también buscando la suspensión de las actividades, es decir, la no producción de karma. El mismo Buda en el Dukkha Kkhandha Sutta habla sobre estas prácticas, las cuales atribuye a los jainistas, y de las que se dice que conducen a la liberación.

Esta traducción de tapas es una versión tardía de lo que el término significaba originalmente --y, en cierta forma, sigue haciéndolo también. Tapas significa fundamentalmente "calor", específicamente el calor de la concentración, disciplina o meditación. Es el resultado o el estado en el que reside el asceta que practica con un cierto ardor (como ha traducido Roberto Calasso tapas). Esto nos lleva a entender de manera más amplia la riqueza de lo que significa practicar austeridades. La austeridad no es sólo la renuncia al mundo materialista, frívolo e ilusorio en el que generalmente se mueve la sociedad; es también una ardiente pasión por encontrar un estado más allá de lo impermanente, más allá del sufrimiento. El asceta, el que practica tapas, reconoce que la búsqueda del placer, el huir del dolor y las posesiones materiales suelen estorbar en la búsqueda genuina de lo incondicionado; por lo tanto elimina todo esto, todo lo que es inesencial, y se dedica completamente a la práctica, concentra toda su atención en un punto. La austeridad, en este sentido, es parte de la purificación necesaria de la mente y del cuerpo para que se puedan realizar ciertas prácticas yóguicas. 

La definición de austeridad de Nisargadatta Maharaj, uno de los grandes maestros espirituales del siglo XX en la India dentro de las tradiciones no duales, es altamente útil para nuestros tiempos:

Tanto la indulgencia como la austeridad tienen el mismo propósito: hacerte feliz. La indulgencia es la forma estúpida, la austeridad es la forma sabia.

Una vez que has pasado cierta experiencia, no volver a atravesarla es austeridad. Eliminar lo innecesario es austeridad. No anticipar el placer o el dolor es austeridad. Tener las cosas en control en todo momento es austeridad. El deseo en sí mismo no es malo, es la vida misma, la urgencia de crecer y experimentar y saber. Son las elecciones que haces las que están equivocadas. Imaginar que algo limitado --la comida, el dinero, el sexo, la fama-- te hará feliz es engañarte a ti mismo. Sólo algo tan vasto y profundo como tu sí mismo verdadero te puede hacer genuina y duraderamente feliz.*

Entendemos aquí lo que venimos diciendo con el tapas: la austeridad verdadera es un estado de conciencia, no un mero abandono de lo material. No es un estado mental de renuncia de la abundancia del pensamiento o la experiencia, sino un silenciamiento de todo el ruido y de todo el hacinamiento para dejar que se manifieste la profundidad de lo que somos, más allá de la identidad personal con ego. Una especie de minimalismo espiritual.

 

* Cita tomada de I Am That, p. 186