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Menos Valium, Xanax y Ativan: enfrentando la ansiedad con métodos alternativos

AlterCultura

Por: pijamasurf - 05/24/2017

La muerte de Chris Cornell ha abierto la discusión sobre los peligros de las benzodiazepinas, los ansiolíticos más recetados del mundo, que conllevan una serie de peligrosos efectos secundarios

En 1948 el poeta W. H. Auden escribió un libro titulado The Age of Anxiety, el cual ha servido como una de esas frases emblemáticas que describen nuestro tiempo. Aunque Auden escribía en la estela del genocidio y la destrucción de la segunda guerra mundial, ése era apenas el comienzo de la Era de la Ansiedad. Marshall McLuhan, profeta de la globalización, en su libro Understanding Media: The Extensions of Man, escribió que "esta es la era de la ansiedad... Si el siglo XIX fue la era de la silla editorial, la nuestra es la era del sofá del psiquiatra". Son los artistas los que alcanzan a ver antes lo que está sucediendo en la sociedad; los siguen los mercadólogos y las grandes corporaciones que se benefician de la detección de tendencias. En este caso las farmacéuticas no tardaron en entender este complejo fenómeno, que, según McLuhan tiene que ver con la constante estimulación de los medios electrónicos, que obligan a las personas a participar, opinar y padecer los acontecimientos globales como si fueran parte de una mente colectiva. Doble ansiedad: la ansiedad de estar expuestos a los simples estímulos eléctricos que hoy en día llevamos en nuestros bolsillos a todos lados (la ansiedad del medio) y la ansiedad también de estar siguiendo la narrativa global del terror, de la necesidad de ser felices, de tener un cuerpo perfecto, de ser ricos y famosos, etcétera (la ansiedad del mensaje).

En Estados Unidos se calcula que actualmente el 18.1% de la población sufre un trastorno de ansiedad (unos 40 millones), lo cual representa un costo de 22.84 mil millones en tratamientos. Un estudio de Medco Health Solutions Inc mostró que en el 2010 el 20% de los adultos tomaron al menos un fármaco para tratar una condición psiquiátrica, un incremento del 25% en comparación con el 2001. Entre adultos con déficit de atención, el uso de medicamentos para la ansiedad como Xanax, Valium o Ativan se incrementó en un 30%. El doctor Jack Twenge, autor del libro Generation Me: Why Today’s Young Americans Are More Confident, Assertive, Entitled—and More Miserable Than Ever Before, ha documentado un preocupante incremento en Estados Unidos, de 1935 a 1995, de personas que reportan estar deprimidas o ansiosas. Twenge señala:

Obviamente existen numerosas cosas positivas por el progreso social y tecnológico, y en muchos sentidos nuestras vidas son más fáciles que las de nuestros abuelos y bisabuelos. Pero la paradoja es que con tanto aparente bienestar y relativa prosperidad económica, en comparación con otros siglos, existe una insatisfacción, una infelicidad, un incremento en estos temas de salud mental en términos de depresión y ansiedad... la vida moderna no nos da oportunidades para pasar el tiempo con las personas y conectar con ellas.

Este tema ha vuelto a la discusión en los medios después de la muerte de Chris Cornell, quien aparentemente se suicidó. Según su esposa, eso no hubiera ocurrido si el vocalista de Soundgarden no hubiera tomado demasiado ansiolíticos, específicamente Ativan, el nombre comercial de un fármaco que pertenece al grupo de las benzodiazepinas, los medicamentos psicotrópicos más usados para la ansiedad en todo el mundo. Las benzodiazepinas (conocidas popularmente como benzos) tratan diferentes condiciones, desde la ansiedad y el insomnio hasta las convulsiones y la epilepsia, entre otras. Son depresoras del sistema nervioso, que actúan a través de los receptores del neurotransmisor GABA (conocido como el neurotransmisor de la relajación). Muchos consideran que estos medicamentos les han salvado la vida especialmente a adictos y personas que sufren epilepsia.

Hay que mencionar que las benzodiazepinas son de las sustancias más exitosas a nivel comercial en la historia de la farmacéutica. Habiendo reemplazado a los barbitúricos por considerarse más seguros, tan sólo en 1977 ya se consumían 880 toneladas en Estados Unidos y eran consideradas por Fortune “el mayor éxito comercial en la historia de las drogas de prescripción”. Actualmente las benzodiazepinas son, por mucho, las sustancias psicotrópicas más vendidas en Estados Unidos. Hay que mencionar que debido a que existen numerosas presentaciones, con diversas moléculas, ninguna aparece entre los fármacos más vendidos del mundo, pero si sumamos el grupo entero, ocuparían indudablemente uno de los primeros lugares. Nombres comerciales con los que estas sustancias pueden encontrarse son: Valium, Xanax, Rivotril, Ativan, Lexotan y Klonopin, entre muchos otros.

La esposa de Chris Cornell ha culpado en cierta forma a estos medicamentos por su muerte, señalando que Cornell jamás se hubiera suicidado si no hubiera tomado uno o varios Ativanes de más. Cornell era un adicto en recuperación, por lo que alguien podría argumentar que estos mismos ansiolíticos le habían salvado la vida antes --quizás habría acabado muerto por una sobredosis de heroína. Esto es imposible de saber. Lo que sí podemos saber es que las sustancias de prescripción contribuyen a más muertes por sobredosis que las drogas ilegales, según el Center for Disease Control; 30% de estas muertes se deben a las benzos. Mientras que existe una creciente alerta sobre las prescripciones de los opioides y sus peligros, no es así con las benzodiazepinas. En Estados Unidos, en los últimos años se ha incrementado el número de personas que reciben una receta para estos medicamentos, del 4.1% en 1996 al 5.6% en 2013. El 56% de estos individuos que toman benzos lo hacen por ansiedad. De 1999 al 2011 se cuadruplicó el promedio de muertes por sobredosis. Según dijo el doctor Bachhuber en declaraciones a CNN, esto parece deberse a que las personas están tomando dosis más altas del medicamento y las están combinando con otros. Los cocteles de benzos con alcohol u opioides pueden ser mortales. Esto es un problema, ya que mucha gente toma benzos no con una receta y un tratamiento médico, sino consiguiéndolas fácilmente en el mercado negro (lo cual hace que algunas de estas cifras sean conservadoras).

Al problema de la sobredosis debe añadirse el problema de los suicidios relacionados al consumo de benzodiazepinas. Se sabe que uno de sus efectos secundarios son los pensamientos suicidas. Un estudio publicado en el British Journal of General Practice muestra que el síndrome de abstinencia de estas sustancias está asociado al suicidio y a lesiones autoinfligidas. Dejar estos medicamentos es algo bastante peligroso y debe hacerse con cuidado; se recomienda consultar con un médico antes de hacerlo de golpe. No debería ser necesario decir que son sumamente adictivos, algo bastante conveniente para las farmacéuticas que, como ha señalado el Premio Nobel Richard J. Roberts, no buscan medicamentos que curen sino que supriman los síntomas y prolonguen la condición de manera crónica. 

Según reporta el periodista Christopher Byron en el sitio The Fix, especializado en abuso de sustancias, las benzodiazepinas son las sustancias de las que más se abusa en Estados Unidos entre estrellas de cine y ejecutivos de Wall Street. Stevie Nicks, del grupo Fleetwood Mac, culpa al Klonopin, otra benzo, de haberle robado 8 años de vida. En 1996, la actriz Margaux Hemingway cometió suicidio también bajo la influencia de una benzo, combinada con barbitúricos. El productor Don Simpson murió ese mismo año por una sobredosis no intencional de Klonopin. Se encontraron benzos entre las drogas que llevaron a la muerte a la modelo Anna Nicole Smith. Y tenemos también el caso del escritor David Foster Wallace, quien sufriendo una profunda depresión, luego de que un doctor le recetara Klonopin se suicidó colgándose con un cinturón. Estos son sólo algunos casos célebres. En el 2008 se dieron a conocer casos de soldados con estrés postraumático que al regresar de Irak murieron mientras dormían, luego de haber tomado un coctel de Klonopin, Paxil y Seroquel.

Ahora bien, la ansiedad es una condición real que puede ser sumamente debilitante y llevar a una vida miserable e incluso, en caso extremos, cuando se combina con otros factores, llevar a la muerte. Estas sustancias, en algunos casos de emergencia, logran salvar la vida de algunos individuos. Dicho eso, pensar que son el único o el mejor tratamiento que existe es sumamente reduccionista y corto de perspectiva. Además, muchos casos en los que estas sustancias se recetan no son para nada graves: personas que tienen a veces problemas para dormir, que se sienten inseguras cuando están con otros, o que no se pueden concentrar bien, prueban con estas sustancias y después se dan cuentan de que han pasado varios años, décadas incluso y han vivido sedados, eso sí, sin sufrir demasiado --pero el sufrimiento que se han evitado sólo ha podido ser postergado, y eventualmente los alcanza con redoblada intensidad.

El tema de fondo en este caso es el problema de la sobremedicación en la que vivimos, de creer que la solución más fácil (una pastilla, ir con un doctor para que nos cure) es la mejor. En la mayoría de los casos, la ansiedad no tiene su causa original en un problema neuroquímico --e incluso cuando se manifiesta así, puede ser tratada por medios más suaves que estas pastillas, las cuales deberían de ser solamente utilizadas en casos de emergencia.

En este artículo se pueden consultar diferentes alternativas herbales y minerales, entre ellas  magnesio, taurina, picamilon, ashwagandha, Rhodiola, gotu kola, inositol, kava (muchas de estas son plantas que actúan por medio del sistema GABA y son conocidas como adaptógenos, lo cual significa que tienen menos efectos secundarios). Evidentemente el tema es delicado y debe consultarse a profesionales, pero en caso menores de ansiedad deberían intentarse siempre métodos naturales acompañados de terapia; esto puede ir desde psicoterapia hasta meditación, ejercicio o yoga, al igual que sustancias psicodélicas (un estudio muestra que los hongos son muy efectivos en tratar la depresión y la ansiedad asociada con la muerte) y demás alternativas. Pero más allá de esto, la persona ansiosa debe examinarse a sí mismo y descubrir cuál es la fuente de su ansiedad, cuál es la condición subyacente de la cual su ansiedad es generalmente sólo un síntoma. Debe ser honesto y enfrentar su miedo. A fin de cuentas ninguna medicina será tan poderosa y tendrá la capacidad de una sanación tan profunda como enfrentar la ansiedad de la manera más visceral, idealmente con la ayuda de seres queridos y maestros calificados. Puede sonar muy fuerte, pero llegará un punto en el que el individuo ansioso se dará cuenta de que su ansiedad estaba causada por la ignorancia, por la confusión, por creer que algo que no es realmente importante sí lo era. Como explica el doctor David Kessler (antes comisionado de la FDA ) las enfermedades mentales tienen un proceso neurológico en común, al cual llama "captura" y define como una atención selectiva que se enfoca --muchas veces obsesivamente-- en uno o en una serie de estímulos y no en otros (en los millones de estímulos que nos bombardean a cada instante). Es decir, algo nos captura y esto echa andar un circuito de respuestas neurales que con el tiempo se convierten en una enfermedad. Esto sugiere que una enfermedad mental es sobre todo una forma de ver el mundo, una perspectiva que al reforzarse, al fijarse obsesivamente y recibir el peso de una atención psíquica constante, nos encasilla y encierra en un estado determinado (y por el peso y la presión nerviosa, se desgasta la estructura cerebral).

Kessler cita el caso de David Foster Wallace, quien tuvo un proceso de captura que lo llevó finalmente al suicidio, después de tomar durante décadas medicamentos psicotrópicos. "Una espiral autoperpetuante lo llevó al suicidio", dice Kessler. "No importa cuál era su éxito, personal o profesional, David filtraba todo lo que lo hacía parecer bueno y asimilaba todo lo que podía construirse como malo. Este tipo de filtrado sólo puede llevar a una devastadora inseguridad". El doctor Steve Bunney, citado por Kessler, señala que:

En realidad las enfermedades mentales casi siempre tienen que ver con la interrelación entre la predisposición y las cosas que pasan afuera en el mundo. Es casi siempre la interacción entre el cerebro físico y las experiencias de vida con las que la mente está intentando lidiar --eso es a lo que tenemos que estar atentos... necesitas saber de dónde vienen estas cosas, para encontrar un mejor tratamiento.  

Kessler apunta que existen mayormente tres formas para tratar estas condiciones: "lo que las drogas hacen es que disminuyen mi reactividad y siento menos, la psicoterapia hace que vea la vida de forma distinta para que algo distinto capture mi atención, la espiritualidad hace que me desapegue de los estímulos". Nótese la diferencia: los fármacos hacen que las personas dejen de sentir, son como anestesia de efecto retardado y prolongado, más que una cura. Y añade: "los remedios farmacológicos... nos separan de nuestros sentimientos y no hacen nada para profundizar nuestro entendimiento sobre por qué hacemos las cosas que hacemos".

Con esto concluimos, con la intención de generar una discusión madura en torno al uso de estas sustancias, advirtiendo que lo mejor que se puede hacer es prevenir condiciones de ansiedad más graves y evitar tener que tomar estos peligrosos medicamentos. Una mentalidad que sea capaz de no huir del primer dolor con una pastilla sino examinar sus propias condiciones mentales, cultivar su atención y hacerse responsable de su propia salud, es clave.

 

*Citas tomadas del libro Capture, de David Kessler

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El signo zodiacal de Acuario está al centro de un malentendido

El signo zodiacal de Acuario está al centro de un malentendido. No me refiero a que las personas nacidas con el Sol transitando en dicho segmento del zodiaco sean incomprendidas por los demás; me refiero a que los significados y correspondencias asociadas con el signo han sido distorsionados como producto de los cambios sociales que hemos ido sufriendo hace bastantes décadas. En particular, llama la atención aquella asociación de Acuario con una utópica e idealizada libertad individual. Aunque siempre es posible acomodar un poco las cosas para que encajen mejor en el contexto cultural e histórico que nos toca vivir, no es prudente sobrepasar los límites que la propia elasticidad hermenéutica del símbolo establece. Se corre el riesgo de traicionar su naturaleza intrínseca en favor de una exagerada polisemia. Al hacerlo, la astrología deja de reflejar los ciclos cósmicos y naturales para dar cuenta de las modas culturales y tendencias políticas de una época en particular. Volveremos a esto en seguida. Primero es necesario contar una curiosa historia que puede resultar sintomática.

Acuario arranca con una polémica que se inicia en 1781, con el descubrimiento de Urano por parte del astrónomo William Herschel. Pocos saben que en un comienzo Urano no se llamaba así. El nombre original con el que fue bautizado por su descubridor fue Georgium Sidus, sencillamente “planeta Jorge”. Esta extraña denominación fue la manera con que Herschel pretendió honrar al entonces rey de Inglaterra, su majestad Jorge III. Urano siguió denominándose planeta Jorge hasta bien avanzado el siglo XIX, para consternación de Johann Bode, colega que insistía en observar la vieja costumbre, exigiendo un nombre más mitológico. Fue él quién propuso llamarle Urano. El cambio de denominación no se hizo oficial sino hasta después de 1850. La proximidad de su descubrimiento con la sangrienta revolución francesa, ocurrida en 1789, y los cambios políticos y sociales acaecidos en el mundo a partir de ese momento, le dieron a Urano la fama de astro libertario y revolucionario.

Pero la cuestión no quedó allí. 1 siglo después de su descubrimiento se oían algunas voces que pretendían destronar a Saturno como regente tradicional de Acuario, proponiendo en su lugar a Urano. Hacia la primera mitad del siglo XIX empezaron a aparecer los primeros innovadores. Aunque no está muy claro quién fue el de la idea original, hay cierta evidencia de que un tal Raphael, conocido charlatán y ocultista de la época, habría sido el primero en promover el cambio en sus publicaciones. Otros señalan que fue John Varley, astrólogo de la época y amigo del poeta y artista William Blake. Lo cierto es que esta usurpación del trono acuariano no fue bien recibida por todos. Los más progresistas la defendían a rajatabla como una señal de los nuevos tiempos, con su masiva industrialización enmarcada en el contexto del estado liberal y democrático. Del otro lado estaban los conservadores, quienes sostenían que no se podía permitir que Urano entrara a destruir el equilibrio y la armonía existente en la asignación tradicional de regencias astrológicas. Y razón tenían, pues las regencias por domicilio habían sido perfectamente simétricas a ambos lados del grado cero de Cáncer, punto del solsticio de verano boreal. La estructura simbólica había sido así desde la fundación de la astrología occidental, unos 2 mil años antes de Urano. Adulterar la armonía de las esferas con una nota disonante no era algo para tomarse a la ligera.

El expolio celeste tomó bastante tiempo en asentarse. A comienzos del siglo XX todavía no estaba claro si Urano debía o no ser destinado en Acuario. Eventualmente logró acomodarse allí y destronar a Saturno. Lo mismo hizo Neptuno en Piscis, planeta descubierto en 1846 y que desplazó a Júpiter; luego fue el turno de Plutón en Escorpio, descubierto en 1930, que desplazó a Marte. Sin embargo, la parte más sabrosa de la historia es de reciente data. En los últimos años la lista de planetas enanos del sistema solar, equivalentes en tamaño a Plutón, ha ido creciendo de manera preocupante. Por nombrar sólo a los cuatro más relevantes, tenemos en el catálogo a los planetas Haumea y Sedna, descubiertos en el 2003, y a los planetas Eris y Makemake, descubiertos en el 2005. La pregunta es obvia: ¿a qué signo piensan asignarle la regencia de estos nuevos miembros del Sistema Solar, considerando que asemejan en volumen a Plutón? Es más, con estos cuatro nuevos miembros ya tendríamos 14 significadores planetarios... ¡pero sólo hay 12 signos zodiacales! El problema se agrava cuando nos enteramos de que existen alrededor de 200 planetas enanos como éstos en el cinturón de Kuiper, ubicado más allá de Neptuno. Lo tragicómico de la situación da como para una obra de Lope de Vega. Es evidente que algo no encaja, y todo comenzó con el azulado “planeta Jorge” en medio de Acuario.

Ciertamente Urano fue un descubrimiento que trajo consigo una alta dosis de caos al cosmos. Quizás no hemos entendido que el sistema tradicional de regencias, estructurado en orbes geocéntricos, es un mapa del universo espiritual y no del espacio exterior de la NASA. En él se preserva un orden arquetípico que obedece a una serie de reglas y principios simbólicos, matemáticos y filosóficos. La minuciosa descripción física del universo no es lo propio de la astrología. Su vocación es de orden metafísico, no científico. La totalidad de la comunidad científica estará de acuerdo conmigo en esto, pero probablemente muchos astrólogos modernos, que aspiran a ser reconocidos por la ciencia materialista, estarán en franco desacuerdo. Siendo transparentes, es bien obvio que la ciencia, su método y su paradigma, no son compatibles con la mirada hermenéutica y espiritual del firmamento que defiende la astrología. Pero volvamos con el primer intruso de todos: Urano en Acuario.

La revolución francesa le otorgó al nuevo planeta el aura de rebelde, revolucionario y libertario. La posterior revolución industrial le agregó el aire de científico, tecnológico y progresista. De forma coherente, estos atributos le fueron trasladados a su nuevo domicilio, el signo del aguador. Resultaba lógico que si Urano representaba todo aquello, su signo también reflejara dichas características. Sin embargo Acuario, en el orden mitológico, no es realmente un inventor, ni un revolucionario, ni un redentor; es Ganimedes, el copero y amante de Zeus que distribuía el agua de la inmortalidad a los dioses. De todos modos, no hay mejor forma de entender su figura que remitiéndonos a los atributos originales presentes en la astrología de los primeros siglos. Es así que resulta sumamente interesante recordar los significados que los astrólogos de la antigüedad grecorromana, padres indiscutidos de la astrología horoscópica que utilizamos hasta nuestros días, le otorgaban al signo de Acuario. En particular, el astrólogo romano Vettius Valens (120-175 d. C.) nos regala una de las descripciones clásicas más precisas sobre el escanciador. En su famosa obra Antología, libro I, dice lo siguiente:

Acuario es un signo celestial masculino, sólido, antropomórfico, algo húmedo e individual. Es mudo, bastante frío, libre, de tendencia ascendente, feminizante, inmutable, básico, con poca descendencia; es causa de problemas surgidos del entrenamiento atlético, lleva cargas o trabaja con materiales duros, un artesano, alguien público. Los hombres nacidos bajo este signo son maliciosos, enemigos de sus propias familias, incorregibles, voluntariosos, engañosos, tramposos, ocultan todo, son misántropos, ateos, acusadores, traidores de la reputación y la verdad, envidiosos, mezquinos, ocasionalmente generosos por el flujo de agua del signo, e incontrolables.

Lo primero que puede sorprender al lector es la gran cantidad de atributos negativos asociados al signo. Esto se debe a que en la astrología tradicional su regente clásico es Saturno, el gran maléfico. Cabe aclarar de inmediato que por maléfico se entiende aquello que es contrario a la naturaleza de la vida. Siendo la esencia de Saturno muy fría y seca, los seres no prosperan bajo las condiciones que propicia este planeta. Por el contrario, la combinación de lo caliente y lo húmedo genera las condiciones idóneas para que prolifere la vida, como es el caso de Júpiter, el gran benéfico. Al respecto, el afamado Claudio Ptolomeo señala en su Tetrabiblos: “Saturno, por consiguiente, debido a que es frío y adverso al calor, moviéndose también en una órbita superior más remota de las luminarias, ocupa los signos opuestos a Cáncer y Leo: estos son Acuario y Capricornio; y son asignados a él en consideración a su naturaleza fría e invernal; y porque la configuración por oposición no coopera hacia la producción de bienestar”.

Las características tradicionales de Acuario tienen un tono pesimista por lo saturnino. Valens exagera al decir que los hombres nacidos bajo este signo serán maliciosos, incorregibles, etcétera. Su propósito es didáctico y en ningún caso debe ser tomado al pie de la letra, pues los astrólogos conocemos cientos de ejemplos en donde un ascendente acuariano o un Sol en Acuario no produce personas detestables, ya que cualquier juicio astrológico depende de la evaluación de un montón de complejos factores celestes y matemáticos en interacción. Lo importante aquí es notar la gran diferencia que existe entre la concepción clásica y saturnina del signo zodiacal con respecto a sus melifluas representaciones modernas. Aunque es razonable que la comprensión de un símbolo sufra cierto grado de adaptación con el paso del tiempo, su completa inversión no implica adecuación sino subversión, cosa totalmente distinta. Veamos, por contraste con Valens, lo que nos dice Linda Goodman en su popular libro Los signos del zodiaco:

A mucha gente le gusta el arcoíris. Al verlo, los niños formulan un deseo; los artistas lo pintan, los soñadores van en pos de él, pero Acuario les gana a todos: él vive allí. Lo que es mas, lo ha desarmado y examinado parte por parte, color por color, y sigue creyendo en él. No es fácil creer en algo cuando uno ya sabe como es en realidad, pero Acuario es esencialmente realista, aunque su dirección sea mañana, por señas estrafalario– melancólico–lejano.

Otra cita de interés, y que contrasta notoriamente con lo señalado por Vettius Valens, es la descripción del signo que realiza Liz Greene en “Primeros pasos en Astrología”. Allí señala que:

El hombre que lleva el cántaro de agua comparte libremente su agua con todos aquellos que estén sedientos. Los astrólogos piensan que este es un buen símbolo para las personas nacidas bajo el signo de Acuario, ya que son generosos para compartir sus talentos con otros. Los acuarianos son por lo general humanitarios. Esto significa que se encuentran interesados en la gente y que se preocuparán por la gente como un grupo. Éstos piensan que todos son sus amigos, sean blancos o negros, ricos o pobres, hermosos o feos. Acuario es un signo amigable.

Muchos acuarianos tienen mentes excelentes. Son muy listos para la ciencia y están especialmente interesados en cualquier cosa que pueda ayudar a las personas. A menudo se encuentran fascinados por los aparatos y las invenciones, y algunos acuarianos se vuelven grandes inventores. Otros apoyarán movimientos políticos referidos a cuestiones de libertad y justicia. Las personas de Acuario, no son muy emocionales por lo general, debido a que están mas interesados en compartir ideas y ayudar a otros.

Sí, las descripciones modernas son muy amables, o más bien dulzonas, hasta melindrosas. No parecen andar muy a tono con los jacobinos tiempos de Urano, cuando se cortaban cabezas de familias nobles, se incendiaban monasterios y se imponía el terror bajo los dictados de Robespierre, todo en nombre de la libertad. Es que finalmente aceptar los atributos de los llamados planetas transpersonales depende en gran medida de la evaluación que cada uno haga de la historia reciente. A diferencia del septenario tradicional, cuyas cualidades fueron desarrolladas tras una larga y paulatina observación de los ciclos de la naturaleza, los nuevos planetas son fruto de visiones políticas que surgieron como parte de los conflictos seculares que se iniciaron con la Ilustración, pasaron por la detonación de la bomba atómica en la segunda guerra mundial y llegaron hasta el movimiento hippie de los 60. Negarlo sería demasiado cegato. Y hay que entender que una cosa es derivar una hermenéutica a partir de la observación de los ciclos naturales y otra bien distinta es hacerla proceder de los conflictos ideológicos que han marcado la modernidad. Por ello no es descabellado afirmar que el trío de nuevos planetas tiene más de ideológico que de transpersonal.

Sería injusto no mencionar también el papel preponderante que tuvo la psicología junguiana en la conformación de dichos significados, pues la obra de Jung es de gran relevancia para entender la atribución de características a los nuevos miembros del sistema solar copernicano. No obstante, para ningún astrólogo contemporáneo es desconocido el hecho de que, por el entorno histórico de sus respectivos descubrimientos, Urano se tiñó con los valores de la Ilustración y de la revolución francesa, Neptuno con las ideas colectivizadoras de los primeros socialistas utópicos y el manifiesto comunista, mientras que Plutón se coloreó con la teoría psicoanalítica que por aquel entonces lograba posicionarse en la cultura popular. Ilustración, revolución francesa, comunismo y psicoanálisis son, qué duda cabe, hitos históricos y culturales que marcan la época contemporánea y le otorgan su peculiar identidad. Las consecuencias socio-políticas de dichos movimientos son enormes y abarcaron la configuración de la mentalidad que caracteriza a la astrología moderna. En este contexto cabe preguntarse si acaso la astrología debe reflejar la estructura cósmica, las leyes universales y los ciclos naturales, o debe estar sujeta a modificaciones en torno a los avatares de la política y de las diversas ideologías con las que el ser humano se combate a sí mismo una y otra vez. Acuario fue el pionero entre los damnificados por el oleaje del progreso ilustrado, de allí su importancia simbólica. Más todavía cuando es justamente el signo de la era astrológica que se avecina. Las citas de Goodman y Greene reflejan una dulcificación que emana de una mezcla entre el ideario new age y la idealización del progreso defendido por el iluminismo francés.

Veíamos que el Acuario clásico comparte las ásperas características de su regente tradicional, el frío y seco Saturno. Pero el gran maléfico también rige a los científicos, a los desarrolladores de tecnología, a los de mentalidad materialista, a los obreros, agricultores, mineros y gente pobre. Tanto los astrólogos tradicionales como los modernos estarán de acuerdo con esto. Todo signo recibe su naturaleza a partir de la esencia del planeta que lo rige, por lo que no debe extrañar a nadie que Acuario obtenga de Saturno el carácter de signo ligado al desarrollo científico y tecnológico, como también a las revueltas populares y a la rebelión de la clase trabajadora. Es visible a esta altura que Urano sólo ha seguido la misma línea saturnina. En su libro sobre las natividades, el astrólogo persa Albubather (siglo IX d. C.) dice que Acuario hace al nativo “...de gran espíritu y bondad, y generoso con los demás. Muy gastador, será incluso pródigo”. Ya se adivinan aquí ciertas semejanzas con el espíritu humanitario y filantrópico del signo moderno, aunque descrito hace más de 1 milenio. Todavía más temprano, en la obra Matheseos del astrólogo romano Firmicus Maternus (siglo IV d. C.) se asoma ese mismo tinte amigable, social, aunque mezclado con muchas otras características desagradables. Dice Firmicus que “si el Medio Cielo está en Acuario [el nativo] siempre tendrá lazos de amistad con hombres más poderosos que él, y llevará su vida en medio de actividades públicas”. Todo esto se describe mucho antes del descubrimiento de Herschel. Ya Vettius Valens nos decía que el signo es “libre” en tiempos en que todos le reconocían como domicilio de Saturno. Nada nuevo bajo el Sol, o deberíamos decir, bajo Urano.

Toca hacernos una pregunta clave: ¿qué entendemos por libertad? Si ser libres consiste en llevar a cabo todos nuestros deseos, debemos cuestionarnos de dónde han surgido dichos deseos. En una sociedad completamente dominada por la publicidad, en donde es posible fabricar el consenso, planificar la opinión pública, crear necesidades artificiales y manipular emocionalmente al telespectador con una astuta ingeniería de las imágenes, ¿quién puede jactarse de ser realmente libre? Acuario es en realidad liberalismo político, no auténtica libertad individual, porque a lo sumo el mercado puede garantizar una sensación de libertad, como la que tienen los visitantes a un centro comercial cuando experimentan eso que Noam Chomsky denomina humor de compra, surgido de la incapacidad para analizar en profundidad una situación ante el acoso publicitario, la reducción del tiempo y la agresiva propaganda cultural. Hermes Trismegisto nos advierte en su Corpus que el zodiaco es el carcelero del alma, y que para vencer a los 12 es preciso del número 10, la sagrada década de los pitagóricos. Esto implica que la libertad de Acuario es un espejismo zodiacal, uno más entre la enorme plasticidad que tiene el devenir para jugar con el mundo de los sentidos y el permanente cambio en la organización de la materia.

Para ser ecuánimes, tenemos que aceptar que Acuario, y por extensión su era astrológica, tienen mucho de utopía, idealismo y humanismo, como también de antropocentrismo, secularismo, cientificismo, liberalismo, y aunque nos pese, de materialismo desatado y control tecnológico de las masas. Nada más acuariano que las redes sociales, que de herramienta para el cambio social se han transformado en instrumento para la dominación de la muchedumbre en la era de la “posverdad”. Al menos así lo cree gente como el periodista iraní Hossein Derakhshan, al denunciar el abuso del lenguaje visual, comprimido y emotivo, estímulo perfecto para el conformismo de sofá. El recientemente fallecido sociólogo polaco Zygmunt Bauman iba más lejos todavía. Afirmaba que “hay mucho radical que no sale de su casa, computadora en ristre, en vez de estar peleando en la calle; que polemiza muchas veces de modo anónimo o con seudónimo, a través de las redes, a ver quién mea más largo, quién es más radical, más revoltoso o más compasivo, generando lo que se ha denominado shitstormes, tormentas de mierda”. Es que Acuario también tiene mucho de sofista retórico, de ideólogo maniatado y de revolucionario de escritorio, porque la tecnología y la informática, amparadas bajo el signo, propician ese tipo de interacción con el mundo. Todo el zodiaco tiene su lado oscuro, pero en medio de este clima rosado de positividad y negación hipomaníaca tendemos a negar que bajo la ley del tiempo y el destino también existe lo maligno. Acuario no es la excepción, porque en su cántaro no sólo hay agua dulce, también nos trae bastante hiel. Abramos los ojos.

 

Twitter del autor: @cubicado