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Este muro de solidaridad busca hacer frente al discurso de odio y división promovido por Donald Trump

En México el proceso electoral por la presidencia en Estados Unidos genera interés siempre que ocurre. La relación entre ambos países es importante por muchísimas razones, y así ha sido más o menos desde que ambas naciones lograron su independencia y su consolidación como Estado.

En esta ocasión, sin embargo, dicha relevancia se ha avivado por causa de Donald Trump, candidato del Partido Republicano, quien como se sabe, ha sostenido su campaña en un discurso de polarización, intransigencia e incluso odio franco.

Su postura respecto a la migración da cuenta de ese radicalismo basado más en ideología que en hechos. A pesar de que los migrantes son un elemento clave en la dinámica social estadounidense, Trump ha preferido despreciar toda esa labor, todos sus aportes, y en repetidas ocasiones ha manifestado su deseo de expulsarlos del país o imponerles severas sanciones.

¿Cuál es la mejor forma de responder frente a un discurso que fomenta la división? Con inteligencia, sin duda, pero sobre todo con solidaridad. En toda nuestra historia como especie, lo mejor que hemos logrado lo hemos hecho gracias a la unión de esfuerzos, y nunca en el aislamiento de la sinrazón.

Para contribuir en esta idea de que sólo juntos se puede conseguir el bien común, la iniciativa #TheWallForTrump puso en marcha la construcción de un “muro” digital que replica en Internet aquel que se extiende a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos, y cuyo detalle más ingenioso es que sus “ladrillos” son mensajes de orgullo, comunión, camaradería y apoyo mutuo. Todo esto en respuesta a los mensaje xenófobos de Donald Trump y, claro, con la intención de debilitar sus probabilidades de ganar la presidencia de Estados Unidos.

Si quieres recorrer el muro o, mejor aún, agregar tu propio ladrillo, puedes hacerlo en el sitio thewallfortrump.com.

Sin duda una iniciativa interesante para recuperar la fe en la solidaridad como proyecto político.

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El chatbot Tay de Microsoft es un buen ejemplo de lo que puede pasar cuando un bot es liberado en la selva digital

Microsoft, Facebook y otras compañías están apostando fuertemente por los chatbots, algoritmos que conversan y aprenden de sus conversaciones y los cuales podrían reemplazar a humanos para dar ciertos servicios, desde asistencia técnica, hasta terapia. Pese a ambiciosas proyecciones, estos bots siguen teniendo sus problemas en la vida real. 

Hace unos meses, Microsoft lanzó un chatbot que estaba programado para conversar como si fuera un millennial en Twitter, específicamente una chica adolescente. Pero poco después de empezar a interactuar en Twitter, el bot, llamado Tay, empezó a comportarse como neonazi y a publicar comentarios poco menos que desastrosos para la compañía de software. 

Tay debía de imitar a personas de 18 a 24 años, pero algunos usuarios del foro de hacktivistas y pranksters 4chan subvirtieron al chatbot y lo llevaron a lugares oscuros (que son parte también de la Red). En sólo 16 horas en línea Tay tuiteó frases como "Odio a las malditas feministas, ojalá se pudran en el infierno" o "Hitler no hizo nada malo". Entre otras cosas, el chatbot negó el holocausto, acusó a George W. Bush de los atentados del 11S e insultó a diversos usuarios. 

Según Jo Allison, de Canvas8, los chatbots o programas IA "tienen gran potencial pero siempre y cuando logren entender el lenguaje contextualmente. Y aprendan a no dejarse engañar y promover el genocidio". Más allá de que tenemos bots que empiezan a escribir poesía, a dar consejos de vida y demás, aún son demasiado inocentes o ingenuos en lo que concierne a decodificar las sutilezas y los dobles sentidos del lenguaje humano.