*

X

¿Es Donald Trump el nuevo Silvio Berlusconi? (Los paralelos son inquietantes)

Política

Por: Pijamasurf - 10/04/2016

¿Se repetirá la historia? Lo que ocurrió en Italia en 1994 guarda preocupantes paralelos

El ascenso político de Donald Trump resulta prácticamente increíble para una persona sensata en primera impresión. Sin embargo, no es inédito en la historia reciente. El caso de Silvio Berlusconi, el magnate italiano que fue primer ministro o líder de la oposición durante 20 años, después de alcanzar el poder contra todo pronóstico en 1994, tiene un parecido notable y quizás aterrador.

Berlusconi, como Trump, empezó también en los bienes raíces y amasó su propia fortuna, luego creó un imperio mediático y se hizo del A.C. Milan, un club que en los noventa fue el más exitoso del mundo. Con su inmenso ego, "Il Cavaliere", acaparó no sólo el poder sino también la opinión pública.

Al igual que Trump, Berlusconi se promovió como un hombre de negocios libre de los vicios de la política capaz de reformar al país y transformar el statu quo.  

Tanto Trump como Berslusconi han sido acusados de vivir en su propia realidad o de tergiversar la realidad conforme a sus prejuicios de manera radical. En los medios italianos, en la cúspide del escándalo, se hablaba de una "berlusconilandia", una especie de disneylandia del exceso y el delirio. 

Ambos han sido acusados por comentarios sexistas o misóginos y son famosamente machistas (Berlusconi incluso incurrió en una pifia sexista refiriéndose a Angela Merker como una mujer con la que nadie tendría sexo, aunque en una forma más vulgar). 

El periodista Alexander Stille explica que "ambos son deliberadamente transgresores, rompiendo con el tedio habitual de la política al utilizar lenguaje vulgar, insultar y gritar a sus oponentes, adoptando eslóganes pegajosos y utilizando bromas fuera de contexto y comentarios misóginos". 

En cuestiones de escándalos sexuales, Berlusconi ha ido más allá que Trump, evidentemente, con sus fiestas bunga bunga, en las que se le acusa de dar pie a una especie de mafia sexual, en las que participan prostitutas y las llamadas "velinas" de la TV, junto con sus amigos de alto calibre (entre ellos el dictador de Libia, Muammar Gaddafi). Berlusconi fue acusado incluso de tener sexo con una bailarina de 17 años en una de estas bacanales que se celebraban en su villa. Ambos estuvieron involucrados en concursos de belleza, Berlusconi transmitiéndolos en su compañía Mediaset y reclutando bellas jóvenes para llenar sus programas de TV, los cuales han sido criticados como los más claros ejemplos de la objetificación femenina en los medios.  

Los unen también comentarios en contra del Islam y los inmigrantes. Berlusconi en otro de sus gaffes felicitó a Obama por su bronceado, en algo que parece caricaturesco, pero que no desentona si lo comparamos con el nivel que maneja Trump.

De la misma manera que Trump ha aprovechado la política del miedo y se ha encumbrado en las encuestas polarizando al electorado, especialmente con el tema del terrorismo, Berlusconi logró propulsar su campaña al promoverse como el único capaz de salvar a Italia del comunismo, creando en ese caso su propio partido, Forza Italia, para responder a esta supuesta amenaza.

El escritor italoamericano Guido Mina di Sospira compara el lenguaje coloquial y hasta vulgar de Berlusconi con el de Trump, sugiriendo que ambos apelan a un público menos sofisticado. Algo con lo que se debe tener cuidado, si no se quiere que se repita la historia. Nota Mina di Sospira que en el caso de Berlusconi, los medios no se dieron cuenta de que entre más llamaban a Berlusconi "un payaso, un empresario corrupto, un amateur, etcétera, más personas se identificaban con él, y sentían que estaba siendo tratado injustamente o incluso odiosamente por una élite corrupta establecida en el poder. Los insultos ya no se limitaban a Berlusconi", sino que todos los que votaban "eran como él, ignorantes, racistas subhumanos. Como resultado de esta demonización, muchos acabaron votando por Berlusconi nunca aceptando que lo harían". Aquí hay una zona gris que, de activarse, sería realmente preocupante: la posibilidad de que muchas personas no acepten públicamente que votarían por Trump, pero por un vínculo emocional o visceral puedan acabar haciéndolo y dando al traste con las encuestas. 

Otro paralelo que encuentra Mina di Sospira es que en los debates Berlusconi parecía ser superado por su oponente, quien era un político con más experiencia, pero esto sucedía sólo en apariencia, ya que al final el electorado se identificaban con él.

Mina di Sospiro concluye: "existen tantas analogías con la escena política estadounidense actual, que si fuera una película sería criticada por poca imaginación en el guión. Sospecho que sería útil que los estadounidenses trasciendan los confines insulares del debate político nacional y se den cuenta de que algo similar ocurrió hace pocos años en una democracia occidental y en ese entonces fue un resultado tan impensable como lo sería en el 2016". 

Foto: Disinfo (photoshop)

Te podría interesar:
El estado nación fue una solución histórica a problemas concretos. Pero con el cambio del mundo, esta organización también debe transformarse

La historia de los grupos y sociedades humanas se remonta a los parentescos primigenios, a las familias, tribus, hordas y confederaciones, así como a la historia de lo que hacen ciertos grupos para diferenciarse de otros con el objetivo de mantener el poder. La creación de estados modernos fue una solución para unificar principados o feudos en pugna; para protegerse mejor de enemigos comunes, como un pacto de no agresión entre señores, quienes no necesariamente buscaban una mejor integración identitaria de sus súbditos (y probablemente no les importaba demasiado). 

A raíz del Brexit, muchos analistas pensaron que en lugar del camino hacia un estado plurinacional, el mundo daba un paso hacia atrás, hacia un neofeudalismo. Los mapas tienen la extraña particularidad de hacernos pensar que el mundo se divide en países, cuando las únicas divisiones y fronteras están en nuestras mentes. Las etnias, el multilingüismo, las identidades en pugna, todo eso ha estado presente siempre, mucho antes de la globalización. Se trata, según algunos investigadores del orden político, de cómo basamos la jerarquización.

Las últimas revoluciones industriales fueron posibles gracias al modelo de estado nación, a las economías nacionales y a las vías de apertura e intercambio entre bloques económicos, pero las actuales naciones en realidad son parodias de las tradiciones nacionales que las precedieron. Grupos de ricos aplastan a los pueblos pobres, se quedan con sus recursos y su cultura, la cual después reivindican como propia y defienden a ultranza.

Según Brian Slattery de la Universidad de York, en Toronto, Canadá, la existencia de los estados nación se basa en la creencia de que “el mundo está hecho naturalmente de grupos distintos, nacionalmente homogéneos o tribales, que ocupan porciones separadas del globo”. Pero la evidencia antropológica está en contra de este prejuicio: desde la Antigüedad, las culturas prosperan juntas y perecen más por defender sus particularidades que por nutrirse de sus diferencias. 

A decir del investigador, la existencia misma del Estado depende de una mentira básica: “La suposición de que la identidad y bienestar de una persona está atada de manera central al bienestar del grupo nacional es errónea simplemente como hecho histórico”. A pesar de que las naciones surgen para garantizar la paz al interior de un territorio, desde 1960 ha habido más de 180 guerras civiles a nivel mundial: esto es, guerras de una nación consigo misma, como la actual en México.

¿De qué más sirve la idea de lo nacional si no es para preservar la paz? En democracias débiles y con poco acceso a la educación, sirve para controlar mejor a la población. El sociólogo Siniša Maleševic del University College Dublin piensa que los remanentes de las lealtades antiguas que impulsaron la creación de mitologías nacionalistas sólo sobreviven como “nacionalismos banales”, como los deportes, los himnos, los programas de televisión e incluso los reality shows.

El modelo de socialización del futuro deberá tomar en cuenta las investigaciones no sobre las ventajas de la diversidad étnica, sino las de la inclusión oficial. Esto se traduce en que todos los grupos que forman parte de un país deben tener acceso al poder, no solamente a la representación electoral. Según Jennifer Neal de la Michigan State University, el algoritmo ganador para la paz y prosperidad de un país es permitir la formación de enclaves étnicos, pero no demasiado cerca unos de otros. Tomando como medida el ejemplo de países con gran diversidad étnica, racial y lingüística como Singapur, Suiza o la antigua Yugoslavia, la distancia entre enclaves debería ser de 56 km, así como garantizar una relativa autonomía de los estados y su participación en las decisiones del grupo. 

Con información de New Scientist.