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¿Así se verán las instalaciones de los Juegos Olímpicos de Río en algunos años? (FOTOS)

Política

Por: pijamasurf - 08/09/2016

Los gastos que implica crear la infraestructura de los Juegos Olímpicos son impresionantes e igualmente impactante es la desolación y el abandono de las instalaciones años después

Ser anfitrión de los Juegos Olímpicos es una tarea monumental que no sólo requiere de mano de obra, pues un presupuesto colosal también es necesario. Con frecuencia los gastos exceden las expectativas y esto puede recrudecer las condiciones de vida de los habitantes del país anfitrión. Brasil no ha sido la excepción en este sentido: de acuerdo con un estudio realizado en Oxford el costo de los  juegos de Río de Janeiro terminará ascendiendo a 4.6 mil millones de dólares. Esto significa que el presupuesto habrá sido rebasado en un 51% y el estado de Río es responsable por 1/4 de ese dinero. Al parecer el precio de ser escenario de los primeros Juegos Olímpicos de Sudamérica ha sido elevado, pero estos juegos no han sido tan caros como los de Londres, cuyo costo ascendió a 15 mil millones de dólares, que fueron rebasados por los 21.9 mil millones que se gastó Rusia en los Juegos de Invierno de Sochi. La cuestión es que los gastos astronómicos que implica la creación de la infraestructura de los Juegos Olímpicos sobre los que la mirada del mundo se posa por unos cuantos días no parecen del todo justificados, al menos no a la luz del abandono y deterioro que sufren después. 

Por un lado el espíritu de los Juegos Olímpicos parece estar en el intercambio y convivencia entre diversos países, pero por otro lado también son un reflejo de la situación internacional con la que conviven. La desigualdad que predomina en el mundo ha tomando un papel protagónico en los Juegos de Río, pues la prensa ha publicado los serios problemas de seguridad y bienestar social que enfrenta el país. La pobreza que azota a las favelas, la falta de pago a los cuerpos policíacos y otros servidores públicos y los problemas ambientales, especialmente reflejados en la cantidad de bacterias y otros desechos en las playas, pues muchos de los barrios más pobres no cuentan con sistemas de drenaje. El lado oscuro de la colosal producción que implican los Juegos Olímpicos es que ésta parece cobrar la cuota más alta a los sectores más desprotegidos de la población, es decir, los pobres. La devastación resulta evidente cuando miramos los escenarios de anteriores Juegos Olímpicos, que ahora se encuentran en ruinas, anegados, abandonados y vandalizados, como un escenario de desolación después del despilfarro de una fiesta gigante. 

 

Juegos Olímpicos de Sarajevo 1984

Las instalaciones de estas Olimpíadas fueron abandonas y dejadas en el olvido, de tal manera que ahora son apenas una sombra, especialmente tras los conflictos armados en la región que resultaron en la disolución de Yugoslavia. Esta es la pista de trineos.

 

 

Algunas de las rampas han sido severamente grafiteadas y actualmente son usadas por algunos cuantos adictos a la adrenalina sobre ruedas. 

 

Lo que alguna vez fue el complejo deportivo central de las Olimpíadas ahora es un cementerio. 

 

Juegos Olímpicos de Atenas, 2004

Esta es la alberca de entrenamiento para los atletas, hoy en día abandonada totalmente.

 

Puede ser difícil creerlo, pero anteriormente este fue el escenario de las competencias de remo.

 

La alberca principal de Atenas

 

Los postes donde alguna vez estuvieron las banderas de los países participantes 

 

Juegos Olímpicos de Berlín, 1936

Esta es la alberca de la villa olímpica de Elstal, al oeste de Berlín. La villa albergó a más de 4 mil atletas, en unos Juegos Olímpicos que se llevaron a cabo bajo el poder de los nazis. Poco después el lugar fue usado como barracas por el ejército alemán, de las cuales tomaron posesión los rusos luego de 1945, hasta la retirada del ejército ruso en 1992. 

 

Villa olímpica

 

Juegos Olímpicos de Beijing, 2008

Alguna vez aquí se llevaron a cabo los torneos de voleibol del playa, pero las instalaciones han estado abandonas desde 2012. 

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Para los griegos clásicos, nuestra actual "democracia" sería más bien una oligarquía (o un teatro)

Política

Por: pijamasurf - 08/09/2016

Nuestro concepto actual de democracia está muy alejado de la idea clásica, y se parece mucho más a un teatro de máscaras

Una de las pocas palabras en griego que casi cualquier persona cree poder traducir es "democracia": lo sabemos bien, proviene de demos (pueblo) y krátos (gobierno). El "gobierno del pueblo" suena muy bien, aunque la democracia a secas o sin adjetivos sea impensable en casi cualquier país que haya tratado de implementarla; recordemos simplemente que a la democracia se le ha cargado con adjetivos como liberal, directa, constitucional, social, participativa, socialista, consensual, deliberativa, inclusiva, nacional y muchos más. ¿Qué hubiera pensado, pues, un griego del siglo VI antes de nuestra era sobre lo que nosotros entendemos por "democracia"?

Probablemente Clístenes, uno de los primeros demócratas de la historia (si no es que formalmente el primero), hubiera pensado que nuestra democracia más bien parece una "oligarquía", que significa "el gobierno de los pocos", o de unos cuantos. Y es que de hecho, como lo rescata muy bien este artículo, la democracia ateniense ya era en sí un gobierno de pocos, pues leyendo la Política de Aristóteles uno se da cuenta de que quienes tenían el derecho a voz y voto en las cuestiones públicas no eran sino un puñado de hombres libres; esto es, "libres" de servir como esclavos a otros, y "libres" porque a su vez podían tener esclavos bajo su mando. Las mujeres y los esclavos, valga decirlo, no se consideraban seres libres, sino más bien pertenencias cuantificables dentro del dominio del hombre rico.

Los atenienses también se mofarían del hecho de que los ciudadanos actuales participen en elecciones "democráticas" una vez cada 4 o 6 años: la democracia en realidad era una suerte de asamblea permanente que se reunía más o menos cada semana para discutir problemas generales o locales, así como para compartir el ejercicio del poder. No se trataba de una "fiesta democrática", como a veces llaman los medios televisivos a las elecciones, ni de momentos excepcionales para discutir disensos o conciliar voluntades, sino que la democracia era una forma de vida permanente para los 6 mil hombres libres (más o menos) que poseían la riqueza material.

De hecho, la única forma de salir de la democracia, si se era un hombre libre, era mediante la institución del "ostracismo", una figura legal según la cual una persona podía ser nominada para irse al exilio durante 10 años, terminando así su carrera política. Tampoco existía algo similar al modelo de partidos, como el bipartidario de Estados Unidos o esta liguilla absurda del sistema político mexicano, sino que las lealtades y los desacuerdos eran discutidos en un pleno donde cada cual hablaba por sí mismo.

Otra figura extinta y muy interesante de la democracia ateniense era la isonomia, una suerte de sorteo para elegir dirigentes u oficiales como si fueran números de lotería --sólo que, en este caso, el premio era la responsabilidad del servicio público. Este sistema aún es usado en las modernas democracias para elegir jurados, por ejemplo, según una base de datos de personas sin antecedentes penales que representen la voluntad de la mayoría. 

En nuestros días, la democracia en realidad es un deporte de ricos que se disputan el control de los medios de producción y la administración burocrática de los Estados-nación. No sorprende que las elecciones actuales sean ganadas por quienes invierten más en campañas de publicidad, por quienes tienen el apoyo de los sectores más ricos de la iniciativa privada, y que los argumentos y las ideas tengan una función meramente retórica. Tampoco sorprende que estadísticamente la gente pase más tiempo de sus vidas siendo gobernada por partidos o dirigencias por las que no votó, contra las que se opone abiertamente o de las que simplemente no conoce nada (ni le importa demasiado).

Probablemente un griego de la época clásica pensaría más bien en un teatro al ver las campañas políticas actuales: mucha publicidad para que la gente acuda a una casilla una vez cada tantos años a poner una marca sobre una boleta o a oprimir un botón, mientras los "actores políticos" gesticulan un guión armado con anterioridad. La función del teatro griego (y aquí deberíamos revisar la Poética de Aristóteles), de la tragedia y la comedia, era promover la catarsis o liberación de las pasiones de forma pública, de modo que no enfermaran el alma del individuo. Las elecciones se parecen a esa catarsis griega, con sus puyas, sus apuestas, sus dramas, sus discursos, sus desfiles, sus disfraces, sus colores, sus antagonismos y protagonismos, y en fin, con sus escenarios donde lo que se pone en juego no son --solamente-- las pasiones humanas frente a lo inevitable sino el control de la vida y la riqueza de los muchos mediante el control de unos pocos, muy pocos.