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Para los griegos clásicos, nuestra actual "democracia" sería más bien una oligarquía (o un teatro)

Política

Por: pijamasurf - 06/22/2016

Nuestro concepto actual de democracia está muy alejado de la idea clásica, y se parece mucho más a un teatro de máscaras

Una de las pocas palabras en griego que casi cualquier persona cree poder traducir es "democracia": lo sabemos bien, proviene de demos (pueblo) y krátos (gobierno). El "gobierno del pueblo" suena muy bien, aunque la democracia a secas o sin adjetivos sea impensable en casi cualquier país que haya tratado de implementarla; recordemos simplemente que a la democracia se le ha cargado con adjetivos como liberal, directa, constitucional, social, participativa, socialista, consensual, deliberativa, inclusiva, nacional y muchos más. ¿Qué hubiera pensado, pues, un griego del siglo VI antes de nuestra era sobre lo que nosotros entendemos por "democracia"?

Probablemente Clístenes, uno de los primeros demócratas de la historia (si no es que formalmente el primero), hubiera pensado que nuestra democracia más bien parece una "oligarquía", que significa "el gobierno de los pocos", o de unos cuantos. Y es que de hecho, como lo rescata muy bien este artículo, la democracia ateniense ya era en sí un gobierno de pocos, pues leyendo la Política de Aristóteles uno se da cuenta de que quienes tenían el derecho a voz y voto en las cuestiones públicas no eran sino un puñado de hombres libres; esto es, "libres" de servir como esclavos a otros, y "libres" porque a su vez podían tener esclavos bajo su mando. Las mujeres y los esclavos, valga decirlo, no se consideraban seres libres, sino más bien pertenencias cuantificables dentro del dominio del hombre rico.

Los atenienses también se mofarían del hecho de que los ciudadanos actuales participen en elecciones "democráticas" una vez cada 4 o 6 años: la democracia en realidad era una suerte de asamblea permanente que se reunía más o menos cada semana para discutir problemas generales o locales, así como para compartir el ejercicio del poder. No se trataba de una "fiesta democrática", como a veces llaman los medios televisivos a las elecciones, ni de momentos excepcionales para discutir disensos o conciliar voluntades, sino que la democracia era una forma de vida permanente para los 6 mil hombres libres (más o menos) que poseían la riqueza material.

De hecho, la única forma de salir de la democracia, si se era un hombre libre, era mediante la institución del "ostracismo", una figura legal según la cual una persona podía ser nominada para irse al exilio durante 10 años, terminando así su carrera política. Tampoco existía algo similar al modelo de partidos, como el bipartidario de Estados Unidos o esta liguilla absurda del sistema político mexicano, sino que las lealtades y los desacuerdos eran discutidos en un pleno donde cada cual hablaba por sí mismo.

Otra figura extinta y muy interesante de la democracia ateniense era la isonomia, una suerte de sorteo para elegir dirigentes u oficiales como si fueran números de lotería --sólo que, en este caso, el premio era la responsabilidad del servicio público. Este sistema aún es usado en las modernas democracias para elegir jurados, por ejemplo, según una base de datos de personas sin antecedentes penales que representen la voluntad de la mayoría. 

En nuestros días, la democracia en realidad es un deporte de ricos que se disputan el control de los medios de producción y la administración burocrática de los Estados-nación. No sorprende que las elecciones actuales sean ganadas por quienes invierten más en campañas de publicidad, por quienes tienen el apoyo de los sectores más ricos de la iniciativa privada, y que los argumentos y las ideas tengan una función meramente retórica. Tampoco sorprende que estadísticamente la gente pase más tiempo de sus vidas siendo gobernada por partidos o dirigencias por las que no votó, contra las que se opone abiertamente o de las que simplemente no conoce nada (ni le importa demasiado).

Probablemente un griego de la época clásica pensaría más bien en un teatro al ver las campañas políticas actuales: mucha publicidad para que la gente acuda a una casilla una vez cada tantos años a poner una marca sobre una boleta o a oprimir un botón, mientras los "actores políticos" gesticulan un guión armado con anterioridad. La función del teatro griego (y aquí deberíamos revisar la Poética de Aristóteles), de la tragedia y la comedia, era promover la catarsis o liberación de las pasiones de forma pública, de modo que no enfermaran el alma del individuo. Las elecciones se parecen a esa catarsis griega, con sus puyas, sus apuestas, sus dramas, sus discursos, sus desfiles, sus disfraces, sus colores, sus antagonismos y protagonismos, y en fin, con sus escenarios donde lo que se pone en juego no son --solamente-- las pasiones humanas frente a lo inevitable sino el control de la vida y la riqueza de los muchos mediante el control de unos pocos, muy pocos.

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Edward Snowden ha creado un protector de iPhone que es también un protector de la privacidad, una poderosa herramienta para evitar el espionaje y la minería de datos

Hay que recordar la inmortal imaginación paranoica de Philip K. Dick, quien profetizó que en el futuro nuestros mismos teléfonos nos espiarían. Esto es algo que Edward Snowden, el más legendario de los "whistleblowers", sabe perfectamente, y cuando se reunió con periodistas para hacer la filtración de la NSA les pidió que dejaran sus teléfonos en la nevera para así bloquear las radioseñales que pueden activar micrófonos o cámaras de manera remota.

Siguiendo su labor de concientizar al planeta sobre la dimensión de la vigilancia global en la que vivimos ahora Snowden, junto con el hacker Andrew "Bunnie" Huang, ha creado una funda o carcasa para iPhone que se activa cuando una conexión de Wi-Fi o Bluetooth está siendo usada para transmitir o recibir datos. El nombre de esta funda antiespías es "motor de intromisión" (introspection engine) y tiene la función de proveer una bateria extra al iPhone, además de bloquear  el reverso de la cámara. La idea es es que pueda funcionar como un "killswitch" que desconecte al teléfono de su fuente de energía cuando detecte que una radio está transmitiendo data después de que su dueño lo ha intentado apagar. Este aparato sería mucho más seguro que el llamado "modo de avión", el cual es fácilmente "hackeable".

En su presentación en el MIT Lab, Snowden dijo a los miembros de la prensa: “Un buen periodista en el lugar correcto en el momento adecuado puede cambiar la historia. Esto los convierte en un objetivo, y cada vez existen más herramientas para utilizar en su contra”. Y advirtió:

Si tienes un teléfono en tu bolsa que está prendido, un registro perenne de tus movimientos se ha creado. Como resultado de la forma en la que operan las redes de telefonía celular tu aparato está constantemente transmitiendo ondas de radio que revelan una identidad única que te valida a la compañía de teléfonos. Y esta identidad única no sólo está siendo guardada por la telefónica, también está siendo monitoreada al viajar por el aire por compañías independientes y otros involucrados aún más peligrosos.

El "motor de intromisión" de Snowden no está listo todavía para producción masiva pero se espera que en los próximos meses pueda llegar al gran público, ya que es una valiosa herramienta para la protección de la privacidad.