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Las líridas en abril, una de las más espectaculares lluvias de estrellas de 2016

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 04/16/2016

Entre el 16 y el 25 de abril se podrá observar la lluvia de cometas de las líridas desde la mayoría de países alrededor del mundo

Entre las lluvias de estrellas que cada año nos regalan los cielos, las líridas destacan por ser una de las más espectaculares. Esto se debe a la cantidad de meteoros que suelen desfilar producto de que en abril la Tierra atraviesa la estela de polvo que deja el cometa Thatcher (C/186 G1), compuesta por una gran cantidad de centellas que terminan regalándonos una preciosa coreografía de luz. 

Fecha y clímax de la lluvia de estrellas de las líridas en 2016

Este año la lluvia de estrellas se registrará entre el 16 y el 25 de abril, siendo el clímax el día 22, poco antes del amanecer, fase durante la cual podrán verse hasta 100 cometas por hora (lo cual le vale el calificativo de una de las más espectaculares lluvias de estrellas). El resto de los días, comenzando desde hoy, podrán llegarse a apreciar alrededor de 20 comentas por hora.

Desde que países se observará y hacia dónde voltear

Todos los países del hemisferio norte, así como aquellos ubicados en el hemisferio sur cerca del ecuador, podrán acceder al espectáculo de las líridas. Desafortunadamente, este año el fenómeno se empalma con una fase lunar ya avanzada, sobre todo durante el clímax de la lluvia, el 22 de abril. Por eso te sugerimos que a partir de hoy, pasada la medianoche, mires hacia el este y, con un poco de suerte, captarás algunos meteoros –si bien la cantidad será mucho mayor hacia el clímax, la ventaja de observarlos ahora es que la Luna aún no será tan grande como para opacar a los cometas con su luz. 

Historia

Las líridas fueron registradas por primera vez hace más de 2 mil años, cuando se observaron en la antigua China alrededor del año 687 a. C. Desde entonces han acompañado a los cielos de abril, y cada año en esta época emergen para deleite de nuestro planeta. 

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Una contradictoria y lastimosa tendencia puede observarse en la migración a las ciudades

El ser humano avanza de manera acelerada hacia las ciudades, concentrándose en grandes manchas urbanas. Datos de 2014 mostraban que 54% de la población o 3.9 mil millones de personas vivía en una ciudad, tendencia que ha sido proyectada a 6.4 mil millones para 2050. Asimismo, cada vez son menos ciudades las que concentran a la gran mayoría de las personas: uno de cada cinco migrantes en todo el mundo vive en sólo 20 ciudades. Otro reporte reciente revela que para 2025, unas 40 megaciudades tendrán un rol similar o de mayor importancia que naciones enteras. 

Según investigadores de la Universidad de Exeter, una zona del cerebro vinculada con un estado de calma meditativa se activa cuando los individuos contemplan imágenes rurales. Las imágenes urbanas tienen un efecto retardado en el que una parte del cerebro involucrada en procesar la complejidad visual predomina en el aquél. 

"Al mirar un ambiente urbano el cerebro tiene que hacer mucho procesamiento, debido a que no sabe qué es este ambiente", dice el profesor Ian Frampton. "El cerebro no tiene una respuesta inmediata natural, por lo que se pone a trabajar. Parte del cerebro al lidiar con la complejidad visual se activa como diciendo '¿Qué es lo que estoy viendo?'. Incluso si has vivido en una ciudad toda la vida, parece que tu cerebro no sabe realmente qué hacer con esa información y tiene que procesarla". En otras palabras, los paisajes urbanos hacen que nuestro cerebro gaste energía y tenga que dirigir recursos que podrían utilizarse en otra cosas; las imágenes rurales "producen una respuesta mucho más quieta", dicen los investigadores. Ésta es una de las varias razones por las que el campo nos relaja y la ciudad nos estresa (seguramente podrían analizarse también los tipos de ruidos, los colores y los patrones simétricos de los distintos ambientes, los cuales deben de tener efectos importantes).

A la luz de las cifras sobre la migración urbana podemos preguntarnos: ¿es esto una especie de marcha contranatura o al menos contra la marea interna del bienestar? ¿Somos víctimas de la necesidad económica, de perseguir un trabajo en la urbe? Es por ello que vivir en el campo para algunos es una forma de estatus, algo que a veces se piensa que sólo los ricos pueden lograr, aunque en realidad también quienes no tienen interés por tener mucho dinero y adquirir muchas cosas pueden, de manera humilde, vivir bien en el campo. Al final, esa vida tranquila podría ser mucho más feliz, libre de las falsas necesidades del consumismo.