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No entiendo lo que hace la escuela con la redacción. No puedo creer cómo la mata y la trivializa y la pone al servicio de propósitos menores y muchas veces contraproducentes

Salvo que la redacción sea un arte menor, una herramienta específica y sobre todo limitada, y la escritura sea su referente amplio, superior y aspiracional; salvo que el modelo fuera así (y creo que no es así), no entiendo lo que hace la escuela con la redacción. No puedo creer cómo la mata y la trivializa y la pone al servicio de propósitos menores y muchas veces contraproducentes.

Lo peor es que la escuela se jacta del trabajo que hace con la redacción. La pondera y se pondera. Crea una plataforma conceptual nefasta sobre la que hace descansar sus prácticas, sus técnicas y sobre todo sus líneas de incidencia en los alumnos.

Vamos a ver algunos ejemplos. La prueba ENEM (…) en Brasil tiene un apartado muy importante dedicado a la redacción. La FOLHA DE SAO PAULO hizo una nota los otros días (20 de marzo de 2016) sobre aquellos alumnos que obtienen la nota máxima, la nota 1000, en redacción de ENEM. Avisa en su destacado que “información y creatividad destacan en los alumnos con la máxima puntuación” y adjunta una foto de la adolescente paulistana Ana Santana Moioli, previsiblemente sonriente y cargando en su brazo izquierdo una pila de seis libros, tras confesarse “voraz lectora”. Los estereotipos están a la orden del día. De ella el periódico transcribe su redacción para la última prueba ENEM, sobre el tema escogido: "La persistencia de la violencia contra la mujer en Brasil".

La pieza es vulgar y obvia hasta el escándalo. Y eso no lo justifica nada, ni mucho menos la juventud. Se explica por el sistema escolar, pero no es posible justificarlo. Informa con tono serio, como si eso le diera valor. “Figuras como Simone de Beauvoir, pensadora francesa, revolucionaron la discusión sobre…”. ¿Podríamos haber encontrado un comienzo más obvio y escolar que éste? Una cita previsible y una minibiografía superficial y discutible. Así empieza la redacción nota 1000 de una prueba que escogió un tema valiente como tema del año 2015. Así empieza y así termina, también. La forma es ordenada y aséptica, sin un giro que de ritmo o identidad; tampoco hay tropiezos. El ritmo es único, monótono como las mil clases a las que Ana asistió. Ella redacta para informarnos y darnos un panorama plano, zonzo y sin valor sobre el tema en cuestión. Ella se hace pasar por una mujer equilibradamente equitativa, desapasionadamente preocupada con el tema y documentada hasta con la ley. Denuncia como mala periodista y hace como que se compromete como hipócrita ciudadano de clase media. Posee datos (se preparó, ¡es alumna 10!), los vuelca informativamente pero de ahí en adelante no viene más nada. No hay ni conocimiento ni arte ni creatividad esencialmente porque en donde deberían aparecer las marcas del sujeto Ana, sobrevienen los estereotipos del alumno aplicado y del ciudadano mass media. La hemos perdido.

Para que mi lector no crea que exagero y que oculto las pruebas, regalo este otro párrafo de la redacción apenas como una evidencia más que anticipa todos los todo de los 104 estudiantes nota 1000 de los 5.6 millones de alumnos que hicieron la prueba en 2015:

Algo que contribuye con el enraizamiento de la noción de inferioridad de la mujer en la mente de los brasileros y, por lo tanto, para la persistencia de esa violencia es la representación femenina en los medios. Incluso en 2015, los comerciales de cerveza, por ejemplo, reducen la figura de las brasileras a objetos sexuales….

Y toda la perorata de siempre que ya te imaginarás. Incluso en la forma, el estereotipo se impone con los “por lo tanto” y los “por ejemplo”, debidamente entrecomados, que evidencian la corrección de la redacción de molde.

Nadie escribe así. Nadie aprende a escribir así. Nadie debe escribir así.

En el molde también está incluida la moderación ideológica, claro está. Es conveniente para la nota ser un 25% de osado y un 75% de centrado.

photo-originalLa redacción de Ana (similar a las de otros millones) recoge una plantilla estándar que formatea también la palabra de los profesores y define la “voz” de los libros de texto. No importa ahora, aquí, quién determina a quién; me interesa más destacar el carácter homogéneo del ecosistema educativo y su fuerte consistencia. Es una voz neutralizada para parecer objetiva y representar lo mejor posible el imaginario social de la verdad y la ponderación; es una voz deseosa de informar más allá del poco valor que esa información genere (ejemplo arquetípico de eso es el comienzo de la redacción de Ana, con ese giro que nos informa que Simone de Beauvoir es una “pensadora francesa”. Se trata de una información innecesaria, blanda, débil, estereotipada y descontextualizada, como casi todas las informaciones que circulan en los medios educativos); es una voz pasteurizada y ordenada –que es contenida-- que se parece mucho a la de los presos rehabilitados, los locos estabilizados con un buen cóctel de fármacos, los alumnos de la primera fila, los maestros de ceremonia de eventos escolares y muchas otras voces sociales más. Una voz con un toque patético. Hablar para que no se note quién habla.

La escuela, en suma, reduce la escritura a la redacción. Y otra vez parece no darse cuenta de que las destrezas que pregonan para eficientar la redacción, en rigor de verdad están matando el potencial creativo, estético, expresivo y comunicativo de la escritura en ciernes de cada uno de esos millones de adolescentes. A la redacción se le responde con la ejecución concienzuda de unas normas; a la escritura, con la iluminación, la cadencia, el ritmo y el peso, la intensidad y el sentido de lo que se está escribiendo. La escuela le quita todo lo que de complejo y profundo tiene la escritura (igual que a la palabra en general). El aparato educativo está asesinando la criticidad vital de sus alumnos en nombre de un estereotipo deleznable de crítico racional.

Y no se da cuenta.

 

EPÍGRAFE:

Sé que hay lectores que no necesitarán más ejemplos, sea para concordar o para discordar de mí; pero también sé que hay s otros que sí. Para ellos van estos otros extractos de redacciones ENEM en Brasil, ahora sobre el tema “La publicidad infantil puesta en cuestión en Brasil”:

En primer lugar, nótese que las propagandas volcadas al público joven pueden influir en los hábitos alimenticios, pudiendo alterar, en consecuencia, el desarrollo físico y la salud de los niños.

Además, (el gobierno) debe multar a las empresas publicitarias que no respeten sus determinaciones. Con ese tipo de actos, la publicidad infantil dejará de ser tan perjudicial y los niños brasileros podrán crecer y desarrollarse de manera más saludable.

¿Alguien reconoce en esta voz la voz de un adolescente? Son dos redacciones diferentes, que parecen la misma. ¿No percibes un contraste infernal entre la voz adolescente que se manifiesta aquí y allá y esta otra, estereotipada y servil? ¿No ves la mano adiestradora del sistema instruccional y sus modelos evaluadores?

Es todo mentira. Es mentira lo que se dice y es mentira que el que escribe piense lo que se dice. Pareciera que ni niño es o fue quien a los 17 años escribe sobre los niños brasileros, como si fueran los coreanos o los habitantes de marte. La disociación es total y el estereotipo, letal.

Además, las escuelas podrían proporcionar talleres de nombre “Consumidor Consciente” en donde se diferencie consumo de consumismo, resaltando la verdadera utilidad y la durabilidad de los productos…

“La planificación de la vida está en la forma como un país trata a sus niños”. La frase del sociólogo Gilberto Freyre deja clara la relación…

¿No sientes el tedio? Ese mismo tedio que sentimos cuando leemos un diccionario, oímos al profesor de geografía o repasamos con nuestros hijos en el libro los temas para la próxima prueba de biología. El adolescente pidiéndole a la escuela un taller de consumo consciente me parece el súmmum y la evidencia final. Dejo a tu criterio el juicio.

 

Twitter del autor: @dobertipablo

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Millennials admiten ser narcisistas --pero se enojan si se los recuerdan

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/01/2016

El narcisismo --la tendencia a centrarse casi patológicamente en uno mismo-- suele asociarse a los jóvenes millennials, ¿pero la etiqueta es apropiada y aplica en general o es más bien un constructo mediático y comercial?

Todavía nos es difícil ponernos de acuerdo de cuándo a cuándo abarca la generación Y o "millennial", pero la categoría es ya sujeto de estudio social y psicológico, en parte debido al discurso mediático que los construye como individualistas y narcisistas. Los millennials son, grosso modo, hombres y mujeres nacidos entre los años 1980 y 1994 del siglo XX, aunque según dónde investigues los años pueden cambiar, así como los argumentos. El contraste notorio se da en relación a las generaciones de sus padres y abuelos, de quienes se diferencian a través del acceso a la tecnología y al rol que ésta juega en sus vidas, así como a la problemática relación con la propia persona.

Joshua Grubbs es un candidato doctoral de psicología clínica en la Case Western Reserve University, y además de ser millennial él mismo, se ha dedicado a estudiar la percepción del narcisismo tanto dentro como fuera de los miembros de la generación: "Los millennials y las generaciones anteriores están de acuerdo en que los millennials son los más narcisistas. Sólo no se ponen de acuerdo en la medida del narcisismo".

Y es que como categoría social o de consumo, el millennial es representado como un individuo altamente centrado en sí mismo, en sus gustos, necesidades y aficiones, lo que ha llevado a una narrativa un tanto caricaturesca respecto a la infancia perenne en la que viven. Las investigaciones de Grubbs buscan, primero, saber si el constante bombardeo de etiquetas como "narcisista" o "vanidoso" tendrán implicaciones en la madurez, y por otra parte, determinar hasta qué punto el narcisismo es también un efecto de percepción intergeneracional.

En sus investigaciones, Grubbs ha comprobado que a los millennials no suele molestarles el calificativo de "narcisista", al cual asocian con el individualismo, un valor altamente apreciado por los jóvenes en cuanto diferenciador. Sin embargo, sí experimentan más enojo y frustración que otras generaciones, incluso tristeza, a causa del calificativo narcisista: "A pesar de que estén de acuerdo con él en alguna medida", dice Grubbs, "aún les molesta".

¿Por qué los millennials son más "narcisistas" que sus padres o abuelos? Pensemos en términos de representación y construcción de imagen personal: mientras nuestros abuelos probablemente se hicieron un par de decenas de fotos a lo largo de su vida, los nietos se hacen decenas de fotos cada día, además de fotografiar y compartir comida, cosas que ven, compran o desean. Se comunican mediante imágenes en aplicaciones a través de Internet, como Snapchat o Telegram, que no dejan rastro alguno; en lugar de querer "hacer historia" como las generaciones anteriores, parecen querer borrarse de ella y consumir lo más posible durante su tiempo.

Los millennials entrevistados por Grubbs debían calificarse a sí mismos en una escala de narcisismo de 0 a 100, así como a miembros de generaciones anteriores, como padres y abuelos. En general se veían a sí mismos como menos narcisistas que generaciones previas: millennials de 18 a 25 se ubicaban a sí mismos en promedio en 61.4, y calificaban a los adultos de 60+ años en 38 en la misma escala. En contraste, los adultos de dicha edad calificaron a los millennials en 65.3 en la mencionada escala, y a sí mismos en 26.5, una diferencia de casi 40 puntos. Una conclusión provisional es que cada generación se califica a sí misma como menos narcisista que las demás; una segunda conclusión, tal vez más interesante, es que la etiqueta de "narcisista" sólo le molestaba a los millennials que de hecho no tienen rasgos narcisistas

En otra investigación, Grubbs les hizo a una serie de millennials falsas pruebas de personalidad donde siempre iban a ser calificados como narcisistas. A los únicos que no les molestó fueron a los que de hecho sí tenían rasgos narcisistas, que además son una minoría. Otros estudios han demostrado que los narcisistas están conscientes de estar demasiado absortos en sí mismos pero creen tener derecho a ello, por lo que no lo viven como un problema. El mercado y la publicidad dirigida a los jóvenes están montados en el discurso del empoderamiento a través del consumo, de no pedir perdón por ser como eres ni por consumir lo que consumes, lo que finalmente beneficia al mercado y aliena más a la gente, sin importar su edad.

En última instancia, la investigación de Grubbs busca documentar el impacto de la etiqueta "narcisista" en cómo se sienten los millennials, así como la "salud mental y sus actitudes hacia sí mismos" a través del tiempo.