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Curadora del MoMA decide "matar" obra de arte antes de que se salga de control

Por: pijamasurf - 04/11/2016

Si bien el destino del arte para algunos es vivir para siempre, no se dan muchos casos en que una obra pueda "matarse", porque la vida del arte no suele ser biológica... hasta que te topas con una obra de bioarte fuera de control

El bioarte ha dado ejemplos interesantes --como los conejos fosforescentes de Eduardo Kac-- pero pocas veces representan una amenaza para otros o para sí mismos. Esta fue la situación con la que se topó Paola Antonelli, directora de arquitectura y diseño del MoMA de Nueva York hace unos años, cuando una pieza de bioarte estuvo a punto de salirse de control.

Se trataba de la exhibición de 2004 Design and the Elastic Mind de los artistas australianos Oron Catts e Ionat Zurr, donde un pequeño abrigo de piel hecho de células madre y tejido vivo era "incubado" dentro de una botella que le servía de contenedor (o cuerpo, si gustan). La obra se llamaba Victimless Leather y buscaba algo así como hacer una pieza de ropa de piel sin que ningún animal tuviera que morir en el proceso sino, en cambio, produciendo el abrigo primero en miniatura y permitiéndole crecer en condiciones controladas, como cualquier planta. 

La pequeña pieza de ropa que creció demasiado rápido. La pequeña pieza de ropa que creció demasiado rápido

 

El problema fue cuando el abrigo comenzó a crecer a un paso más rápido del esperado, y bloqueó su propio sistema de incubación apenas 5 semanas después de la inauguración. Catts y Zurr estaban de regreso en Autralia así que la curadora, Antonelli, tuvo que tomar la extraña decisión de desconectar el sistema de alimentación de la obra. En otras palabras, literalmente tuvo que "matar" una obra de arte.

Según Catts, la pieza buscaba preguntarse "cómo percibimos algo que desde el exterior parece vivo, pero que es algo que reconocemos como inanimado". Como buena obra de arte, sus significados rebasan las expectativas de sus creadores --y a menudo los ponen en aprietos.

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Las ciudades abandonadas en torno a la planta de Chernóbil se han convertido en hábitat de diversas especies

El 26 de abril de 1986 tuvo lugar el mayor accidente nuclear jamás registrado (de hecho, el mayor accidente provocado por humanos en la Historia), cuando una falla humana en la planta nuclear de Chernóbil, hoy Ucrania, produjo una filtración de material radioactivo. Al menos 5% del reactor nuclear fue volcado en la atmósfera y en el viento, y su impacto pudo sentirse hasta Irlanda.

La falta de cultura de seguridad y el aislamiento de la Unión Soviética durante la Guerra Fría suelen ser señalados como la causa del desastre, el cual cobró la vida de decenas de personas en las semanas posteriores al accidente y provocó cientos de casos de cáncer en trabajadores y personal de rescate. Más de 350 mil individuos fueron evacuados de la noche a la mañana y no volvieron a sus hogares. Unos 5 millones de personas siguen viviendo en áreas contaminadas por radiación nuclear sobreviviendo de rebaños y, aunque parezca improbable, también del turismo. Chernóbil fue declarada zona turística en 2011.

Y es que a pesar de que pasarán cientos de años para que la zona quede libre de radiación, algunos animales habitan muy cerca de la planta nuclear sin aparentes consecuencias. Las ciudades abandonadas en torno a la planta de Chernóbil (cuyo sarcófago debe ser cambiado próximamente para evitar una nueva filtración de material radiactivo, si es que los conflictos entre Ucrania y Rusia lo permiten) se han convertido en hábitat de lobos, zorros, gatos, águilas, garzas, alces y todo tipo de aves y roedores, mostrando que la vida se abre paso a pesar de todo.

 

(Vía El País)