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En el nuevo episodio de "Cadena Áurea de Filosofía" discutimos "La magia de Arbatel", un manual de magia del Renacimiento en el cual se expone un sistema de operación mágico basado en la ética, la virtud y la fe

En la nueva entrega de Cadena Áurea de Filosofía hablamos sobre La magia de Arbatel (Arbatel: De magia veterum), un manual de magia publicado en 1575 en Suiza por un autor desconocido pero enormemente influyente, el cual fue publicado junto con las obras del ocultista Heinrich Cornelius Agrippa. Este texto mágico religioso influyó enormenente en figuras como John Dee, Gerhard Dorn, Heinrich Khunrath, Jakob Böhme, Robert Fludd, una pléyade de ocultistas, alquimistas y reformadores. El Arbatel (o también Arbatel) nos muestra cómo la magia y todo poder mágico pasan primero por la ética, la moral y la congruencia entre los actos del individuo y las leyes del cosmos: los espíritus sirven a quien sirve a lo divino. El texto en su esencia es sumamente sencillo, enseña un código de conducta básico ligado a la fe y la virtud como camino insoslayable hacia el poder sobre los espíritus celestes. Sólo con el espíritu se conoce al espíritu, los espíritus sólo sirven al Espíritu: la magia entonces es una forma de veneración de Dios. Más allá de toda la aparatosidad y el complejo ritual que es parte de la magia ceremonial (el sistema de correspondencias entre lo celeste y lo terrestre, los nombres de los ángeles y la estructura de la jerarquía celeste), el Arbatel enseña la Magia del Bien. Por eso consideramos que más allá de la profusión de best sellers y de algunos otros libros esotéricos sumamente herméticos, este es un buen punto para iniciarse en el estudio de la magia. Aunque a algunos les parezca una definición poco atractiva, aprendemos aquí que la magia, en su sentido más puro y original, es sobre todo un código de ética,un sistema operativo de alinearse o conformarse con las leyes del universo a través de las cuales se manifiesta la voluntad divina. El mago es quien conoce y sigue las reglas. La alta magia no es más que la religión.

0-05:00 La magia de Arbatel recopilada por Heinrich Cornelius Agrippa/ Los nueve tomos de este texto misterioso/ Los aforismos de la magia/ Los mandamientos del mago/ La magia, la ética y la religión/ "La magia es la adoración de Dios"/ Servir a Dios para servir a los espíritus/ La relación entre la magia y la religión.

05:00-10:00 La magia necesita de la divinidad/ El origen de la magia/ Los magos son los sabios: el sabio es el que conoce a Dios/ La virtud es necesaria para la sabiduría/ Los textos mágicos y su conciencia del tiempo/ Religión vs. secularidad/ Una cosmología en los textos religiosos/ Comprender el cosmos es abrirse a transformarlo a través de la fe y la intención/ En todas las tradicioes es la virtud y la ética lo que lleva al poder sobre la naturaleza.

10:00-15:00 Ganarse el poder sobre los espíritus/ La mística del 7: los siete planetas, los siete Elohim, los siete gobernadores, los siete arcángeles/ Aforismos de Arbatel/ El silencio de Dios/ Tener a la divinidad presente en la mente/ Simetría del pensamiento mágico/ La correspondencia entre los planetas y los gobernadores/ Las horas y los planetas que los gobiernan/ Cómo se tiñen las horas según los espíritus/ Una hora de Mercurio.

15:00-20:00 Los tres preceptos esenciales de la magia/ La ética de controlar a los ángeles/ Conocerte a ti mismo es conocer a Dios/ Microcosmos y macrocosmos/ Revitalizar la religión/ Recuperar la magia y el misticismo de la religión/ Congruencia para tener resultados en la magia/ El camino individual de la espiritualidad sin mediación.

20:00-21:00 La magia del bien.

 

Versión en inglés y en latín

En español existe una versión de Julio Peradejordi, publicada por Obelisco.

 

CITAS DEL ARBATEL, LA MAGIA DE LOS ANTIGUOS

Aquel a quien llamamos Mago es quien por la gracia de Dios las esencias espirituales sirven para manifestar el conocimiento de todo el universo y los secretos de la Naturaleza ahí contenidos, visibles o invisibles. Esta es la descripción de una Mago y es universal.

Se requiere de aquel que sería un Mago la más grande justicia, que no cometa ningún acto impío, maligno o injusto, y que ni siquiera surja en su mente; para que así sea divinamente defendido del mal.

Aquel que actúa con fidelidad a su vocación, también tendrá a los espíritus como constantes compañeros de sus deseos, quienes proveerán en todo.

Es un canón, que cada individuo conozca a su Ángel, y que éste le obedezca conforme a la palabra de Dios. 

Existen siete diferentes gobiernos de los Espíritus del Olympus, a través de quienes Dios ordenó que se gobernara la estructura del universo: y sus estrellas visibles son ARATRON, BETHOR, PHALEG, OCH, HAGITH, OPHIEL, PHUL, según el lenguaje celeste. Cada uno de ellos a su vez con una poderosa milicia en el firmamento bajo su poder.

Mágicamente los Príncipes y los siete Gobernadores se llaman simplemente, en el tiempo, día y hora en el que rigen visible e invisible, por sus Nombres y Oficios dados por Dios; y al proponer su Carácter, que han dado o confirmado.

 

RESUMEN DE LOS PRIMEROS DOS SEPTENARIOS DE AFORISMOS DE MAGIA

1. Mantener la secrecía.

2. Tener ante todo en mente a Dios.

3. Vivir para el ser y las musas, evitar la multitud, ser hacendoso.

4. Evitar las cosas terrenales y ampararse en las divinas.

5. Ama a Dios y Dios proveerá.

6. Repite lo que has aprendido.

7. Llama a Dios en tu ignorancia y tribulación.

8. El poder de las estrellas reside en Dios.

9. La primera sabiduría es la de Dios, luego la de las criaturas espirituales, luego corpóreas, luego naturales.

10. Seguir las sagradas escrituras.

11. "El número 4 es pitagórico, y el primer cuadrante; entonces aquí coloquemos el fundamento de la sabiduría, según la sabiduría de Dios revelada por las escrituras y a través de las consideraciones propuestas en la Naturaleza".

12. Es  a través de la voz del Espíritu que Dios se revela. "Así de esta manera, por el habla, todas las disciplinas son reveladas, por los santos Ángeles de Dios, como apareció en los monumentos de los egipcios. Y estas cosas luego fueron viciadas y corrompidas con opiniones humanas; y por la instigación de espíritus malignos, que siembran taras entre los hijos de la desobediencia, como han dicho San Pablo y Hermes Trismegisto. No hay otra forma de restaurar las Artes, que a través de la doctrina de los Espíritus santos de Dios, porque la fe verdadera viene de escuchar".

13. "Todas las cosas viven en Dios y él es quien ha dado la vida... por su palabra, a través de su Hijo, ha producido las cosas... ha llamado a las estrellas y a la hueste celeste con sus nombres. Por ello conoce la verdadera fuerza y la naturaleza de las cosas, el orden y la ley de cada criatura visible e invisible".

14. "El alma vive para siempre, a través de Aquel que te ha creado: llama entonces a Dios, y a él sirve".

 

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El contundente argumento de Franz Kafka para reconocer los libros que vale la pena leer

Libros

Por: pijamasurf - 03/29/2016

Son tantos los libros y tan poca la vida que podemos destinar a leerlos; ¿por qué no discriminar entonces? ¿Pero cómo hacerlo? Un joven Franz Kafka nos legó este rasgo distintivo de los libros que se vuelven fundamentales para nuestra existencia

Comencemos con una verdad que no por obvia es menos frustrante: hay más libros que vida. Por más que nos dedicáramos enteramente a leer –y de verdad no hiciéramos más que eso– quedarían en el estante cientos y aun miles de libros pendientes, intactos, alejados ya por siempre de nuestras manos y nuestro entendimiento. Y aun en una vida normal, una vida común y corriente en la que además de leer trabajamos, vamos al cine o vemos la televisión, escuchamos música, pasamos tiempo con amigos y familiares, dormimos, jugamos con nuestra mascota, comemos, nos duchamos y un apretado etcétera que involucra otra decena de nimias actividades cotidianas en las que se incluye la lectura, ¿cuántos títulos hay en nuestra lista de los que quisiéramos leer pero no les hemos encontrado tiempo aún? ¿Cuántos y cuáles se quedarán en esa compilación de postergados?

Muchos, seguramente. pero eso no tendría por qué hacernos sentir mal, al menos por una razón poderosa: la lectura no es acumulación. A contracorriente del modelo económico en el que vivimos, la lectura no adquiere valor por un número o estadística que pueda cuantificarse sino más bien por las cualidades subjetivas que quedan depositadas ahí por el autor y que, en el momento de la experiencia literaria, en ese instante de comunión entre lector y escritor, vuelven a latir como algo vivo, capaz de tender un puente que enlaza al lector con su propia subjetividad y también con la subjetividad de su época. En una entrada reciente compartimos el testimonio del premio Nobel Orhan Pamuk al leer por vez primera a Dostoievski, justo en este sentido: “Era como si Dostoievski me susurrara al oído cosas privadas sobre la humanidad y la vida que nadie más sabía”.

En esta ocasión recuperamos un breve párrafo de Franz Kafka que bien podrá servirnos como brújula en ese mar de libros que llamamos cultura, un discriminador para saber elegir los libros que vale la pena leer –por más que esto suene ligeramente despectivo. ¿Pero podría ser de otro modo? Por un lado, leer es emplear tiempo en ello, ¿y no se dice que el tiempo perdido no puede recuperarse? ¿No tendríamos que saber cómo dar el mejor uso posible a ese recurso no renovable que llamamos tiempo de vida?

Kafka, con la lucidez que tuvo para la literatura, escribió a los 23 años una carta a su amigo Oskar Pollak en la que incluyó un argumento irrebatible para reconocer, en el acto mismo de la lectura, los libros que de verdad es necesario leer por el simple hecho de que se convertirán en momentos decisivos de nuestra propia biografía, tocarán nuestro ánimo y acaso los cimientos mismos de nuestra subjetividad hasta perturbarlos y conmoverlos. Los libros que debemos leer, nos dice Kafka, son aquellos capaces de transformar nuestra visión del mundo. Y quizá, si todos leyéramos un par de esos a lo largo de nuestra vida, sería más que suficiente.

A continuación el párrafo de Kafka.

Si el libro que leemos no nos despierta como un puño que nos golpeara en el cráneo, ¿para qué lo leemos? ¿Para que nos haga felices? Dios mío, también seríamos felices si no tuviéramos libros, y podríamos, si fuera necesario, escribir nosotros mismos los libros que nos hagan felices. Pero lo que debemos temer son esos libros que se precipitan sobre nosotros como la mala suerte y que nos perturban profundamente, como la muerte de alguien a quien amamos más que a nosotros mismos, como el suicidio. Un libro debe ser como un pico de hielo que rompa el mar congelado que tenemos dentro.

Franz Kafka a Oskar Pollak, 1904

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