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Un intento de hacer justicia poética al amor platónico y redimensionarlo en toda su magnitud filosófica: amor que es sed de inmortalidad, aquello que permite al ser humano elevarse a través de la belleza hacia lo divino

En la nueva entrega de Cadena Áurea de Filosofía intentamos dilucidar qué es el amor platónico apegándonos a la tradición. Argumentamos que la interpretación moderna del amor platónico no le hace justicia (poética y divina) a la forma en la que Platón entendió el amor. Si hablamos de amor platónico debemos saber que nos referimos a un amor espiritual, anagógico, que sirve como un intermediario entre los mundos superiores y el ser humano. El amor platónico no es un amor que no se concreta, casto o tímido, por el contrario es un amor sublime cuyo fin es completar el destino más alto del ser humano, sirviéndose de la belleza de los cuerpos como una puerta para acceder a la naturaleza del alma y hacerse inmortal. El amor platónico es de una riqueza vasta, moral y estética, que eleva a la contemplación de los ideales que en la materia son apenas sombras, pero ante cuya luz todas las riquezas del mundo palidecen. El amor es una fuerza cósmica de integración y generación, una energía alada y arquetípica que nos alza de lo terrenal a lo celeste, de lo individual a lo universal y transforma al amante en lo amado. Así podemos decir que el amor platónico es aquel que lleva a la iluminación, que eleva al alma a un estado superior, siguiendo el hilo de la belleza, y la une con su origen celeste. Si el mundo es una cuerda que se extiende desde la divinidad al mundo, el eros es lo que la hace vibrar. Esta es la versión con la que Diotima inicia a Sócrates y que los filósofos neoplatónicos elegirán como la más afín a la enseñanza y a la teúrgia de Platón y la que podemos postular como el auténtico amor platónico. 

0-5:00 Intro/ Algunas confusiones sobre lo que es el amor platónico/ ¿Cómo entendemos hoy en día el amor platónico?/ Sample Casablanca/ El banquete, el texto esencial sobre el amor en la tradición platónica/ Un banquete de ideas y alabanzas de Eros, desde el dios cosmogónico hasta el amor espiritual de Diotima/ El estilo literario dialéctico de Platón.

5:00-10:00 Los varios Eros/ Regresar a la idea del amor espiritual a la que nos introduce Platón/ No hay una versión única del amor en Platón/ El amor ocurre en diversos niveles en el cosmos/ Lectura del mito del andrógino, de Aristófanes/ Las tres especies: el hombre el hijo del Sol, la mujer la hija de la Tierra y la Luna el compuesto.

10:00-15:00 Sobre el mito del andrógino: los hombres somos parte de un ser superior, del cual carecemos/ El amor como búsqueda de compleción/ El modelo amoroso de la pareja que "nos completa", la pareja ideal/ La necesidad de realizarse en el otro/ Una carencia no sólo de una persona sino de una divinidad perdida/ El mito de Poros y Penia: el amor es hijo de la riqueza y la pobreza.

15:00-20:00 El amor, aquello que es carente y rico al mismo tiempo/ Diotima, la sacerdotisa del amor/ El día del nacimiento de Afrodita (Venus)/ El amor como daemon/ El amor necesita carencia para impulsarse de la tierra al cielo/ El hombre, como el amor, es un ser intermedio entre lo divino y lo material/ Identidad entre Eros y el Amor/ El mundo evoluciona de la carencia a la riqueza, de la falta a la compleción/ Eros como un gran mago, capaz de utilizar el ingenio para obtener su deseo/ Amor y daemon: la intercesión entre lo humano y lo divino/ La filosofía del amor de Platón es una teología.

20:00-25:00 El amor tiene la función de acercarnos a la belleza y lo divino/ El amor procrea no sólo en el cuerpo sino en el alma/ El amor físico es un aspecto menor del amor/ A través de la belleza de los cuerpos se llega a la belleza del alma/ El amor es deseo de inmortalidad, el deseo de lo bueno para siempre/ Un nacimiento del cuerpo y un nacimiento del alma/ La Venus Celeste y su microcosmos la Venus Terrestre/ El aspecto celeste de las cosas/ Sample Casablanca/ Lectura: el amor según Diotima/ El amor como iniciación/ La unidad de la belleza/ El amor lleva de lo individual a lo universal.

25:00-30:00 El amor como vía regia para acercarse a la divinidad/ La religiosidad del amor/ La belleza, el imán divino/ Las ideas existen inmaterialmente y lo inmaterial es superior a la materia: el amor ideal es superior al amor material/ La belleza y la búsqueda de la divinidad en el mundo/ Giordano Bruno y el furor amoroso/ La locura erótica que transforma al hombre: el hombre se transforma en el objeto que ama/ ¿Cuando uno se enamora de lo divino se transforma en la divinidad?/ El amor es lo que nos hace correr hacia el cielo/ Ficino y el rayo divino que se difunde por el cosmos/ "El verdadero amor no es otra cosa que un cierto esfuerzo de volar hacia la divina belleza"/ Ver en el cuerpo, el alma; ver en los ojos, la luz del cielo; en el amor a una persona, el amor a la divinidad.

30:00-33:00 El amor es lo que nos hace transitar de un plano a otro/ Ficino y Bruno: el amor es lo que hace transformar al uno en el otro/ En toda transfiguración, en toda búsqueda de perfección, el amor debe ser la guía/ "El amor es el deseo de ser bueno siempre"/ Una invitación a buscar el amor platónico: la puerta hacia el bien, hacia lo divino.

Dialógos: Ernesto Priani y Alejandro Martínez Gallardo. Producción: Ignacio Bazán.

 

CITAS Y MATERIAL ADICIONAL

Divine-Comedy

La locura de un hombre que, al ver la belleza aquí en la tierra, y al ser recordado de la belleza verdadera, se vuelve alado...

Sócrates en el Fedón

 

Porque es la generación la que perpetúa la familia de los seres animados, y le da la inmortalidad, que consiente la naturaleza mortal. Pues conforme a lo que ya hemos convenido, es necesario unir al deseo de lo bueno el deseo de la inmortalidad, puesto que el amor consiste en aspirar a que lo bueno nos pertenezca siempre. De aquí se sigue que la inmortalidad es igualmente el objeto del amor.

...He aquí, Sócrates, cómo todo lo que es mortal participa de la inmortalidad, y lo mismo el cuerpo que todo lo demás. En cuanto al ser inmortal sucede lo mismo por una razón diferente. No te sorprendas si todos los seres animados estiman tanto sus renuevos, porque la solicitud y el amor que les anima no tiene otro origen que esta sed de inmortalidad.

...Préstame ahora, Sócrates, toda la atención de que eres capaz. El que en los misterios del amor se haya elevado hasta el punto en que estamos, después de haber recorrido en orden conveniente todos los grados de lo bello y llegado, por último, al término de la iniciación, percibirá como un relámpago una belleza maravillosa, aquella ¡oh Sócrates!, que era objeto de todos sus trabajos anteriores; belleza eterna, increada e imperecible, exenta de aumento y de disminución.

Diotima en El banquete

 

Debemos subir del cuerpo al alma, del alma al ángel, y del ángel a Dios.

Marsilio Ficino, "Comentario a El banquete de Platón"

 

Y ese aspecto divino, o sea la belleza, en todas las cosas lo ha procreado el Amor, o sea el deseo de sí misma. Porque, si Dios atrae hacia sí al mundo, y el mundo es atraído por él, existe una cierta atracción continua entre Dios y el mundo, que de Dios comienza y se transmite al mundo, y finalmente termina en Dios, y como en círculo, retorna ahí de donde partió. Así que un solo círculo va desde Dios hacia el mundo y desde el mundo hacia Dios; y este círculo se llama de tres modos. En cuanto comienza en Dios y deleita, nómbrase belleza; en cuanto pasa al mundo y lo extasía, se llama Amor; y en cuanto, mientras vuelve a su Autor, a él enlaza su obra, se llama delectación.

Marsilio Ficino, "Comentario a El banquete de Platón"

 

Pero allí donde el amado responde en el Amor, el amante, apenas está en el amado, vive. Aquí acontece una cosa maravillosa, cuando dos se aman mutuamente: él en éste, y éste en aquél vive. Ellos se corresponden de manera recíproca, y cada uno se entrega al otro, para recibir al otro. Y de qué modo ellos se entregan, se ve porque de sí se olvidan: mas no está tan claro cómo reciben al otro. Porque quien no se tiene a sí mismo, mucho menos puede poseer al otro. Antes bien, tanto el uno como el otro se tienen a sí mismos y al mismo tiempo al otro, porque este último se tiene a sí mismo, pero en aquél; en tanto que aquél se posee a sí mismo, pero en éste. Ciertamente mientras que yo te amo a ti, que me amas a mí, yo en ti, que piensas en mí, me hallo a mí mismo; y yo, por mí mismo despreciado, en ti que me cuidas me recupero. Y tú haces otro tanto conmigo.

Marsilio Ficino, "Comentario a El banquete de Platón"

 

El amor no es más que una cierta virtud de conjugar y unir, la cual induce a las cosas superiores a proveer a las inferiores; y concilia a las cosas iguales en mutua comunión; y además despierta a las inferiores, para que se conviertan en las más nobles. 

Marsilio Ficino, "Comentario a El banquete de Platón"

Alejandro Martínez Gallardo comenta una frase de Marsilio Ficino sobre la forma en la que Dios atrae al mundo a sí mismo sirviéndose de la belleza:

Cuando Platón dice que el amor nació del encuentro de Penia y Poros en el jardín de Júpiter, durante la celebración del nacimiento de Venus, estando los dioses en su banquete, no se entiende otra cosa que desde entonces nació en la mente angélica el primer amor, esto es el deseo de belleza, ya que en él resplandeció, aunque muy imperfectamente, el esplendor de las ideas. 

Pico della Mirandola

 

Estos furores no son olvido, sino memoria, no son negligencia de uno mismo, sino amor y anhelo de lo bello y bueno, con los que se procura alcanzar la perfección, transformándose y asemejándose a lo perfecto. No son embeleso en los lazos de las afecciones ferrinas, bajo las leyes de una indigna fatalidad, sino un ímpetu racional que persigue la aprehensión intelectual de lo bello y bueno y que conoce y a lo cual querría complacer tratando de conformársele, de manera tal que se inflama de su nobleza y su luz y viene a revestirse de cualidad y condición que le hagan aparecer ilustre y digno. Por el contacto intelectual con ese objeto divino, se vuelve un dios; a nadie atiende que no sean las cosas divinas, mostrándose insensible e impasible ante esas cosas que por lo común son consideradas más principales y por las cuales otros tantos se atormentan; nada teme y desprecia por amor a la divinidad el resto de los placeres, sin tener cuidado alguno de la vida.

...la mariposa avanza hacia la llama, el ciervo hacia la flecha y el unicornio hacia el lazo que lo atrapa, pero para el amante esa llama es el ardiente deseo de cosas divinas, esa flecha es la impresión del rayo de la belleza

Giordano Bruno, De los heroicos furores

Ernesto Priani comenta una frase de Giordano Bruno sobre el amor espiritual:

Todos los amores --si son heroicos y no meramente animales-- tienen por objeto la divinidad, tienden a la divina belleza, la cual se comunica primeramente a las almas y resplandece en ellas; y a partir de las almas --o, mejor dicho, por ellas--, se comunica después a los cuerpos: de por ahí que el afecto bien ordenado ame los cuerpos o la belleza corporal, por lo que en ellos hay de indicio de la belleza espiritual. Más aún: lo que del cuerpo enamora es una cierta espiritualidad que en él vemos, que es denominada belleza y que no consiste en que las dimensiones sean mayores o menores, ni en colores o formas determinadas, sino en una cierta armonía y consonancia de miembros y colores. Muestra esta armonía cierta afinidad con el espíritu, que es perceptible a los más agudos y penetrantes sentidos; síguese de esto que quienes están dotados de tales sentidos se enamoran más fácil e intensamente y del mismo modo, más fácilmente se desenamoran.

Giordano Bruno, De los heroicos furores

 

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El budismo sugiere que vivimos en un estado de conciencia alterado y que la naturaleza de la mente es una paz luminosa, la cual se encuentra en un estado de identidad con los fenómenos que surgen. En su estado puro, la mente es como el cielo

Nuestra civilización asume que el estado actual de la mente, en el que nuestra conciencia es una especie de veleta de agitación, excitación, estrés, intranquilidad, descontrol, etc., es algo natural o, al menos, que la mente no tiene un estado natural y es siempre reactiva y su naturaleza es siempre el resultado de los aspectos culturales, sociales y ambientales en los que se vive y percibe. Por otra parte, queremos huir de, expandir o modificar este estado base (cuya característica es justamente su inestabilidad) y empleamos diferentes sustancias psicoactivas o técnicas para lo que se conoce como alterar la conciencia.

A esta mentalidad le puede ser provechoso cotejar la forma en la que el budismo entiende la mente. Nos dice el doctor Alan Wallace en su libro The Attention Revolution:

Mientras que muchas personas practican meditación para lograr "estados alterados de conciencia", desde una perspectiva budista, nuestros estados mentales habituales, en los que somos presas de la influencia de tales desbalances como la concupiscencia, la ansiedad, el estrés o la frustración, son ya estados alterados de conciencia.

Es decir, según esta perspectiva, la gran mayoría de nosotros y en realidad cualquiera que no haya de alguna manera hecho un profundo trabajo de meditación o entrenamiento de su mente vive en un estado alterado de conciencia. La mente, como una esponja, al no controlar con maestría su atención, se convierte en víctima del bombardeo de estímulos que capturan su atención y en general de los estados mentales poco armónicos entre los que se mueve. Pero es una esponja que se endurece y se cristaliza y reifica sus percepciones y forma hábitos que simulan ser su propia naturaleza. Alan Wallace explica:

El estado "natural" de la mente, según los budistas contemplativos, se caracteriza por tener tres cualidades: dicha, luminosidad y no-conceptualidad. Creo que este es uno de los descubrimientos más sobresalientes jamás hechos sobre la naturaleza de la conciencia y el cual merece la investigación colaborativa entre científicos cognitivos y practicantes contemplativos.

Wallace está hablando aquí de la noción de que la mente es lo mismo que el espacio o el cielo, según se explica en los textos del budismo tibetano. El budismo considera que el espacio es fundamentalmente conciencia de sí (rig pa en tibetano, que es mejor traducido al inglés como "self-awareness"), esto es una conciencia que no forma apegos, ataduras o conceptos, es nada más conciencia del presente en estado puro, de todo lo que sucede sin guardar nada, de la misma forma que un espejo no guarda las imágenes que refleja. La mente como el cielo se repite innumerables veces, "lo que sea que se mueva a través de él, el cielo no reacciona. No impide que algo se mueva a través de él ni se aferra a lo que se presenta", dice Wallace. Arcoíris, jet o mariposa, el cielo es sólo el espacio base de la existencia en el que surgen los fenómenos. Los budistas creen que esto es más que una metáfora y señalan que a esto debemos aspirar con nuestra práctica. Dentro de la técnica de meditación shamata, existe una instrucción para establecer la mente en su estado natural:

La práctica de establecer la mente en su estado natural está diseñada para liberarnos de estas perturbaciones de la conciencia, dejando que la mente gradualmente se mantenga en su estado base. 

El objetivo del "mindfulness" es la práctica de establecer la mente en su estado natural... esto es "el espacio de la mente" y cualquiera de los eventos que surgen. 

Para mejor comprender esta propuesta de la naturaleza de la mente pasemos a revisar algunos fragmentos de la obra de Longchen Rabjam, el gran santo budista autor de una extensa obra en la que se expresa con prístina claridad esta noción de una mente luminosa, no-dual, no-conceptual y dichosa --dichosa porque el estado de apertura consciente tiene como baseline, como estado esencial, el gozo de ser, contemplando los fenómenos que emergen y desaparecen como quien contempla un acto de magia perpetua e insustancial. En el texto On the Way of Abiding (uno de sus Siete Tesoros), Longchen Rabjam nos aconseja, para relajarnos a este estado natural de mente-cielo, que nos demos cuenta de que:

Sin tener que ser buscado, todo sucede de manera natural. Eso es "conciencia pura intemporal que ocurre naturalmente, espontáneamente presente". La espontáneamente presente, base de la miríada de fenómenos, es la mente iluminada, que siempre está espontáneamente presente, así los tres kayas [los tres cuerpos de Buda], sin buscarse, están innatamente presentes como cualidades naturales. Ya que el esfuerzo --que crea causas y efectos, ya sean positivos o negativos-- es innecesario, sumérgete en el ser genuino, descansando naturalmente sin que sea necesario hacer nada. El espacio de la presencia espontánea no conlleva un esfuerzo deliberado, sin aceptación o rechazo. Desde ahora no hagas esfuerzo, ya que los fenómenos ya son lo que son. Incluso la iluminación de todos los seres victoriosos está espontáneamente presente como un estado supremo de dicha y descanso natural...

De aquí notar que otra cualidad de una mente en su estado natural, en un estado de plenitud y alerta ("mindfulness") es la espontaneidad, la cual no sólo permite el gozo, es también lo que impide que nos encostremos en hábitos y cristalicemos conceptos que bloqueen la expresión y el flujo y el fulgor natural. Rabjam agrega: "corta de tajo todas las ocurrencias e involucramientos con esperanza y miedo de la mente ordinaria y obtén conocimiento en el espacio base, presencia espontánea que no necesita buscarse". La llave de la meditación es algo así como lo que los taoístas llaman "wu wei", el esfuerzo sin esfuerzo, el hacer sin hacer, una relajación alerta, una calma energética, un estado mental base desde el cual todo lo que ocurre es aceptado y dejado en paz. Así nos convertimos en contemplativos participantes del gran espectáculo cósmico de la manifestación incesante y la desaparición incesante de todos los fenómenos que no son más que luz que emerge de sí misma, consciente de sí misma. Concluyamos con esa maravillosa conjunción de la poesía y la sabiduría que nos ofrece Longchen Rabjam:

La conciencia pura es expansión abierta, como el cielo despejado, residiendo dentro del reino del espacio básico de los fenómenos, no uniéndose ni separándose de él. En el descubrimiento como-el-cielo de la naturaleza de los fenómenos, vacía mas lúcida, hay conciencia pura liberada --ininterrumpida y expansiva apertura-- ilimitada sin reificación, trascendiendo todo pensamiento y recolección. Todo es completa apertura, abarcada dentro del espacio singular del intento iluminado. Una mente dichosa se funde con el espacio base del ser --el reino de la mente iluminada, en el que lo externo y lo interno son un mismo sabor.

Un mismo sabor, y un mismo saber, porque todos los fenómenos se transforman en sabiduría en la conciencia de la mente que es como el cielo. No hay dualidad, el espacio en el cual surgen los fenómenos es lo mismo que los fenómenos: el vacío es radiante.

 

Twitter del autor: @alepholo