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5 cosas que podemos aprender de la Pasión de Cristo para el desarrollo espiritual

"Todas las religiones son verdad, pero ninguna literalmente", escribió Joseph Campbell. Bajo esta perspectiva interpretamos aquí algunos de los eventos y enseñanzas fundamentales de la vida de Jesucristo, extrayendo una esencia mística y delineando un proceso alquímico en la muerte y resurrección, la cual se celebra en estos días de pasión primaveral. Si queremos ver la vida de Cristo solamente desde una perspectiva científica, escéptica y comprobar fechas y eventos históricos o poner a prueba supuestos milagros dejaremos de ver el "corazón" de la historia de Cristo y dejaremos de apreciar los valores y las enseñanzas que puede transmitirnos. "La historia religiosa es aceptada, no históricamente, sino como un eterno fenómeno de la conciencia", dice Manly P. Hall. En otras palabras, como sugiere el psicólogo William James en su estudio de las experiencias religiosas, quien quiere determinar si la experiencia mística de Cristo es verdadera, debe mirar hacia dentro y hacer un experimento religioso --no científico, para lo cual necesita el recogimiento, el sosiego, la fe y en general la disposición de lo místico. Mirar hacia dentro y escudriñar la propia conciencia en silencio para investigar si habitan ahí los dioses y los héroes y sus grandes historias de muerte y renacimiento, ocurriendo perpetuamente en el abismo radiante de la mente.  

Por otro lado quiero reparar rápidamente en que actualmente el cristianismo como religión ha sido gravemente herido, a razón de los actos de numerosos sacerdotes que ciertamente no han vivido en carne el espíritu de la religión que profesan. Esto lamentablemente ha ocurrido por siglos, y la institución de la Iglesia está seriamente mancillada. Pero esto, sin embargo, no debería impedir a las personas obtener consuelo, guía e inspiración en las enseñanzas religiosas, por ello existe desde siempre el camino místico, independiente de las instituciones y sus dogmas, vivificado solamente por su capacidad no mediada de tener experiencias de valor religioso, de unión con lo divino y de hermandad con todos los seres vivos. El filósofo Manly P. Hall dijo:

Las corrupciones de la Iglesia no afectan la integridad del contenido espiritual de la religión... Rechazar la sustancia [de las enseñanzas] debido a que una organización humana fue inadecuada es estúpido... Todos los cuerpos finalmente se vuelven infirmes y perecen. Pero la verdad en sí misma no puede desaparecer en el polvo, sino que eternamente está esculpiendo formas más nobles a través de las cuales operar. 

Recalcar que es más fácil sentirnos atraídos por conceptos espirituales exóticos, muchas veces orientales --y aprender de estas tradiciones es enormemente benéfico-- pero que no debemos desestimar en Occidente la tradición mística cristiana que forma parte de la sangre y la memoria colectiva más íntima.  

 

1. La resurrección de Cristo simboliza el triunfo del espíritu sobre la materia

Hoy en día a esto lo llamamos "mente sobre materia", pero los antiguos creían que la vida era un espíritu y que la materia es sólo un vehículo para la evolución del espíritu. La resurrección, escribe Manly P. Hall en su libro The Mystical Christ, "testificó la completa victoria del espíritu sobre la materia. El místico acepta la resurrección como la evidencia de la victoria de la vida en su interior... Si las plantas crecen hacia la luz del Sol, ¿por qué no crecerán las almas hacia Dios, que es la fuente de su nutrición?". Podemos llevar este simbolismo de crecimiento más allá y ver toda la doctrina de Cristo como una enseñanza de crecimiento espiritual: "Fueron revelaciones del poder divino moviéndose de la fuente invisible del bien a través del alma humana y hacia el cuerpo mortal y el medio ambiente". El espíritu universal atravesando la materia, purificando y liberando.

 

2. El poder de la fe

Hoy sabemos, por ejemplo, que el placebo funciona incluso cuando una persona sabe que está tomando una pastilla que no tiene ningún ingrediente activo. Este "ritual" tiene un poder de transformar el cuerpo, al ayudar a la mente a concentrar su energía e intención. Esto es una forma de fe, que podemos utilizar en diversas formas. 

Los psicólogos explican la posesión demoníaca como una obsesión o una posesión de áreas neuróticas y psicóticas del cerebro. En términos más sencillos, lo que ocurre es que permitimos que ciertas actitudes se conviertan en hábitos fortalecidos por la repetición y la visualización, hasta que llegan a tomar control de las emociones y nos dominan. La fe exorciza 'demonios' al purificar nuestra conciencia de esos impulsos destructivos que refuerzan los patrones psicóticos. La dedicación a los trabajos de la luz remueve peligrosos hábitos en un proceso de revaluación.

Este proceso psicológico tiene su equivalente en los "milagros" de Jesús curando a los enfermos: "La luz es la que lleva a cabo todas las maravillas, y la luz no es más que la vida en su forma externa. Los milagros pueden ser interpretados místicamente". La luz, el espíritu o la divinidad que la Biblia nos dice operaba a través de Jesús debe estar también en nosotros. Es la fe la que nos permite reconocer y actuar desde esta divinidad interna: "Por un simple acto de fe, el hombre superó el intervalo entre sí mismo y Dios". Mientras que la mente analiza y define, el corazón acepta, y en esa aceptación revela un forma intuitiva de conocer que es unirse con lo que conoce. En los Evangelios se dice que aquel que tenga fe podrá mover montañas. 

 

3. La entrega al prójimo o el vaciamiento del yo individual conduce hacia la divinidad

Esto es una versión mística de la famosa ley de oro, común a todas las religiones. O una forma de alquimia del amor, en la que un proceso espiritual es detonado por el servicio desinteresado, sin otra motivación que la compasión.

En el misticismo cristiano existe una término griego que explica un proceso de éxtasis religioso en el cual el individuo se vacía para que lo divino lo ocupe. Esto se llama kénosis y evoca también el concepto oriental de vaciar la mente. En el caso cristiano es un perder la importancia personal para entregarse al otro. Dice Rudolf Steiner:

Cuando nos sumergimos amorosamente en otros seres, nuestras almas permanecen inalteradas; el hombre sigue siendo hombre incluso cuando va más allá de sí mismo y descubre a Cristo en su interior. Que Él pueda ser así encontrado fue hecho posible por el Misterio del Gólgota. El alma permanece dentro de la esfera humana cuando alcanza aquella experiencia expresada por San Pablo, “No yo, sino Cristo en mí”. Tenemos entonces la experiencia mística de sentir que una esencia humana superior vive en nosotros, una esencia que nos envuelve en el mismo elemento que lleva el alma de vida en vida, de encarnación en encarnación. Esta es la experiencia mística de Cristo, que sólo podemos tener a través de un entrenamiento en el amor. 

Manly P. Hall señala que el "No yo, sino Cristo en mí" y el "Cristo, en ti la gloria y la esperanza" de San Pablo "puede entenderse como el ejemplo perfecto de la unión entre sujeto y objeto". Una no-dualidad en el corazón místico. El estado crístico obtenido por Jesús, como afirmación de su divinidad, prefigura "la relación entre el ser humano y Dios" donde "Dios es el eterno sujeto y la humanidad el objeto natural", dice Hall. En el sentido más esotérico se sugiere que todos los hombres no son más que un solo Hombre Cósmico, que juega el juego de la multiplicidad encarnando en múltiples hombres pero que en el origen y en el fin no es más que un único Ser, el Purusa de los hindúes, el Anthropos del hermetismo, el Hombre de Luz del misticismo iraní, el Adam Kadmon de los cabalistas, el hombre primordial, el arquetipo... El paleontólogo jesuíta Pierre Teilhard de Chardin creía que toda la materia, como depositaria de la semilla del espíritu, evolucionaba hacia Cristo, el punto Omega.   

 

4. La experiencia mística está disponible para todos (pero cada quien debe efectuarla por su propio mérito)

El misticismo no entiende el ministerio de Jesucristo como un acto de salvación de las almas completamente pasivo y automático, sino que el alma individual debe reconocer ese mismo proceso en su propia alma y "reactuarlo". La salvación de las almas es el acto esencial del proceso humano, es decir, una realidad interna, onmipresente. La salvación del alma no ocurre en un futuro a través de una intercesión externa, sino en una identificación presente con la divinidad. Más que una acción proyectada en el tiempo, es una percepción o una realización de la naturaleza intrínseca. Jesuscristo muestra el camino de la experiencia mística inmanente. Pero aun así, sugiere el misticismo, esta experiencia debe realizarse individualmente, generalmente como resultado de la virtud, la caridad y la meditación. Para los alquimistas Cristo era el símbolo de la piedra filosofal o del alma perfeccionada, también simbolizada en un fénix, el ave que renace de sus propias cenizas. Los diferentes procesos de transformación de la materia para conseguir el oro son símbolos de un proceso de transformación de la sustancia material para la expresión y liberación del poder espiritual. 

Angelus Silesius escribe:

Hasta que Cristo no nazca dentro de ti, tu alma no estará entera,

aunque en Belén mil veces más naciera.

Miras en vano al misterio de la Cruz

hasta que en ti otra vez no se crucifique Jesús.

El místico Meister Eckhart:

Aquí en el tiempo celebramos porque el nacimiento eterno que sostuvo Dios Padre y que sostiene una y otra vez en la eternidad ahora se hace en el tiempo, en la naturaleza humana. San Agustín dice que este nacimiento siempre está ocurriendo. ¿Pero si no ocurre en mí, de qué me sirve? Lo que importa es que ocurra también en mí. Por eso intentamos hablar de este nacimiento como ocurriendo en nosotros, como siendo consumado en el alma virtuosa, ya que es en el alma perfeccionada que Dios pronuncia su palabra.

 

5. Para evolucionar espiritualmente debemos "morir"

Según San Juan (3:30), "hasta que el hombre no nazca otra vez, no podrá ver el reino de Dios". Para nacer otra vez hay que morir. San Pablo dice a los corintios: "lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes". Esta semilla muerta es rediviva, puesto que Dios da "a cada semilla su propio cuerpo" (Corintios 15:39). "Aquello que nace de la carne es de la carne; y aquello que nace del espíritu es del espíritu", dice San Juan. De aquí que este morir sea una purificación, una separación de lo impuro de lo puro (algo que para Sócrates era esencialmente la labor filosófica). "En Grecia y en Egipto, aquellos místicos que habían pasado el misterio del 'segundo nacimiento' eran llamados los 'dos veces nacidos' y eran considerados con especial veneración", dice Manly P. Hall. Podemos tomar esto como una muerte simbólica en vida, un cambiar de piel (como la serpiente), un descender al inframundo y hacer consciente lo inconsciente a través de procesos de purificación e iniciación o también como un entrenamiento para morir a través de la purificación para llegar a la muerte como quien cruza una frontera.

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Uno de los más grandes misterios esotéricos se centra en la glándula pineal, "el asiento del alma" según Descartes, el tercer ojo de las tradiciones orientales, la glándula que secreta DMT y la cual parece exhibir una extraña conexión con los procesos de muerte y reencarnación

La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es único, todo tu cuerpo estará lleno de luz.

Mateo 6:22

 

We are led to believe a lie, when we see not through the Eye.

William Blake

 

Los fuegos siempre están jugando alrededor de la glándula pineal pero cuando el kundalini los ilumina, por un breve momento el universo entero se hace visible.

Madam Blavatsky

Desde la antigüedad la glándula pineal ha sido objeto de la más alta especulación metafísica. Considerada como un tercer ojo o un misterioso ojo espiritual, es uno de los centros anatómicos principales a los que se dirigen el yoga tántrico y otras disciplinas místicas en el afán de abrir o activar una percepción sutil y, al provocar un estado de expansión de conciencia, unir al practicante con la divinidad o los principios universales. "En el  esoterismo la glándula pineal es el vínculo entre los estados objetivos y subjetivos de conciencia o, en términos exotéricos, entre los mundos visbles e invisibles de la naturaleza", dice Manly P. Hall (Man: Grand Symbol of the Mysteries).

Esta especulación (que en las tradiciones ocultas seguramente es acompañada de una serie de experimentos de anatomía teúrgica) ha sido revivida en la actualidad con el descubrimiento de que la glándula pineal secreta DMT (un poderoso enteógeno endógeno) y una misteriosa coincidencia encontrada por el doctor Rick Strassman: esta glándula se forma a partir de la séptima semana dentro del feto (el mismo momento en el que se identifica el sexo); son también exactamente 7 semanas o 49 días los que se dice que tarda un ser humano en reencarnar según el Libro tibetano de los muertos (Bardo Thödol), la gran autoridad en escatología que tiene el budismo. En este artículo intentaremos conectar la concepción antigua de la glándula pineal como una puerta espiritual y un órgano de percepción metafísica con los hallazgos y algunas de las hipótesis más radicales de Strassman. Para hacer esto primero sentaremos un contexto científico, histórico y simbólico de la glándula pineal.

Empotrada en el centro del cerebro, con forma de cono de pino, este pequeño órgano del sistema endócrino es responsable de producir melatonina a partir de la serotonina y dimetiltriptamina (DMT), una sustancia psicodélica endógena que está presente en pequeñas cantidades en buena parte de las especies del planeta (que tiene un precursor, como la serotonina, en el aminoácido triptofano), entre otras hormonas que emulan neurotransmisores. Su estructura, conformada por células muy similares a las de la retina, es considerada vestigio de un tercer ojo primitivo y en algunos reptiles este "ojo parietal" sigue funcionando como fotorreceptor. Estudios muestran que la glándula pineal es especialmente sensible a los campos magnéticos y su secreción de diferentes hormonas es mediada por la luz o la oscuridad a la cual es expuesta --la serotonina se incrementa con la luz y la melatonina necesita de la oscuridad (Strassman teoriza que el DMT podría ser generado naturalmente si se pasa mucho tiempo sin exponerse a la luz).

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Alrededor de 1630, René Descartes escribió su famosa hipótesis sobre la glándula pineal como el "asiento del alma". El padre del racionalismo explica: "este peculiar lugar de la residencia del alma es el Conarium, o Glandula Pinealis, un cierto núcleo que semeja un cono de pino, ubicado entre los ventrículos del cerebro", y dice que la razón por la cual este es el asiento del alma es "porque esta parte del cerebro es singular y sólo una". Añade el filósofo francés que los más inteligentes no son los que tienen una glándula pineal más grande sino una más móvil, en esto coincidiendo con la versión ocultista que sugiere que la glándula pineal se activa por el movimiento --una especie zumbido-- de la energía que es representada por la serpiente kundalini. Pese a que para algunos la idea de Descartes parece tener una extraña claridad intuitiva, en su época y posteriormente esta conjetura le ha ganado el escarnio de sus colegas.

Manly P. Hall en Man: Grand Symbol of the Mysteries nos dice que la glándula pineal corresponde a la sefirá de Kether, la corona, la unidad divina que contiene a todas las cosas, y es El Ojo que Todo lo Ve de los masones, el Ojo de la Providencia, el Ojo Único de las escrituras [Mateo 6:22] y también el Ojo de Horus y el Ojo del Cíclope (los titanes griegos que evocan un estado primigenio o de una humanidad previa, que supuestamente tenía acceso a una percepción directa del cosmos como realidad interna). 

Según el egiptólogo E. A. Wallis Budge, en algunos papiros se muestra a la persona fallecida con un cono de pino adherido a la corona de su cabeza al entrar a la sala del juicio de Osiris. En los misterios griegos a veces se llevaba un bastón simbólico con un cono de pino adherido --el tirso o báculo de Dionisio. Esta misma investidura ritual se mantiene aún entre algunos líderes de la Iglesia católica (¿el que lleva el báculo con el cono de pino es el que tiene el ojo interno abierto y por lo tanto puede guiar?) y en la plaza de San Pedro podemos ver una enorme escultura de una glándula pineal flanqueda por dos pavos reales (las plumas de los pavos reales están adornadas por patrones similares a ojos, llamados ocelli y simbolizan también la omnividencia). Manly P. Hall señala que en la iconografía china se pueden observar plumas de pavo real adheridas a la cabeza de ciertos personajes de la nobleza en la zona que corresponde a la glándula pineal... todo lo cual puede ser una coincidencia, o uno de los misteriosos pathosformel que detectó el historiador Aby Warburg y que se repiten transculturalmente como si hubiera un origen común a toda la simbología.  

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Acercándonos más en el tiempo a lo que nos concierne en este caso tenemos el intrigante trabajo del doctor Rick Strassman, autor del libro The Spirit Molecule, en el que registra los resultados de sus experimentos administrando DMT a voluntarios en la facultad de medicina de la Universidad de Nuevo Mexico y sus posteriores hipótesis y especulaciones sobre la función del DMT en el organismo. Una de las cosas que más ha fascinado a los lectores de este texto es la increíble coincidencia notada por Strassman entre los 49 días que tarda un individuo en tomar una siguiente vida, según el Libro tibetano de los muertos, y el momento en el que la estructura pineal se manifiesta en el feto humano, 49 días después de la concepción. El mismo Strassman explica:

Sugiero que la fuerza vital del individuo entra al cuerpo a través de la pineal 49 días después de la concepción y se libera a través de la glándula pineal en la muerte. Este período prenatal de 49 días corresponde a las primeras señales del tejido pineal fetal, la diferenciación de las gónadas en masculino y femenino y el intervalo de tiempo entre la muerte de un individuo y la reencarnación de su alma según el budismo tibetano. Sugiero un modelo metafísico en el que los impulsos biológicos, psicológicos y espirituales existen en una tensión dinámica con esta glándula espiritual. 

Desde la publicación de su libro Strassman había teorizado que la glándula pineal era responsable de producir DMT, la molécula psicodélica que había sido detectada en el organismo humano. Años después de la publicación se confirmó que, al menos en el caso de los ratones, la glándula pineal en efecto produce DMT. Strassman además cree que el DMT podría estar correlacionado con el componente visual de los sueños y con las visiones reportadas en las experiencias cercanas a la muerte. Con esto Strassman empieza a trazar una especie de doble umbral entre la vida y la muerte localizado en la glándula pineal: lo que de un lado es una urna acaba siendo una cuna en otro lugar y viceversa. En su libro The Spirit Molecule intenta interpretar esta misteriosa coincidencia, la cual lo lleva de la ciencia hacia la especulación metafísica:

Hay algo que nos 'vivifica' cuando se une al cuerpo. Cuando presente en la materia, se muestra como movimiento y calor. En el cerebro provee el poder de recibir y transformar en conciencia nuestros pensamientos, sensaciones y percepciones...

Lo que propongo es una "doctrina del tiempo pasado". Si los textos budistas y la embriología humana revelan que diferentes desarrollos requieren 49 días, los eventos pueden estar relacionados. 

"Al morir", nos dice Strassman, "parece haber una alteración profunda en la conciencia que se desliga de su identificación con el cuerpo. El DMT pineal hace disponibles esos contenidos particulares no corporalizados de la conciencia... es probable que la pineal sea el órgano más activo al momento de la muerte". Strassman especula que en los 49 días después de la muerte "las experiencias acumuladas, memorias, hábitos, tendencias, sensaciones" son procesados, eliminados o integrados y lo que queda es luego asimilado a la siguiente vida "por resonancia, o vibración simpática de campos similares" (esto es lo que en el budismo se conoce como los skandhas o agregados). El cuerpo está listo para recibir ese material psíquico una vez que es capaz de sintetizar DMT, cuando "la glándula pineal puede actuar como una antena o un pararrayos del alma". 

En el caso del budismo tibetano son 49 días también los que se suele mantener el luto, el cual consiste, entre otras cosas, en rezarle a los muertos oraciones y mantras del Libro tibetano de los muertos, bajo la creencia de que el compuesto psíquico de la persona fallecida vaga por el mundo intermedio (el bardo) en búsqueda de la liberación que encuentra su vehículo en la Luz Clara (ösel), una luz que es la conciencia misma. Se cree que las oraciones pueden servirle como una guía para unirse con esta luz que es la realidad más allá de la ilusión del samsara o el ciclo de muerte y renacimiento. Hay que mencionar (y precisarle a Strassman) que para el budismo lo que "reencarna" no es un alma como la conocemos en la teología cristiana, por ejemplo, sino un componente psíquico o un agregado de la mente, que existe solamente hasta que sus acciones o karmas hayan cumplido con su cadena de causas y efectos. René Guénon incluso sugiere que la idea de la reencarnación es una invención moderna y que lo que predican las religiones orientales es solamente la transmigración, es decir una continuidad de la mente (o del alma en el caso del hinduismo) pero en otros mundos y planos de existencia.

El viaje por el bardo consta de siete niveles, los cuales duran cada uno 7 días y en los cuales el individuo se ve enfrentado a diferentes estratos de visiones, algunas más terroríficas que otras (suelen aparecer las iracundas deidades tántricas en una región similar a lo que en otras tradiciones se conoce como el astral o el mundo del deseo). Se dice que si el individuo es capaz de distinguir estas visiones como meras proyecciones de su mente o reflejos de sus actos y pensamientos pasados, entonces ocurre una purificación y puede alcanzar la liberación. Si esto no se logra, entonces, el Bardo Thödol narra una inquietante secuencia en la que la atención del individuo, que vaga en un caliginoso mundo de espectros y deseos, es atrapada por una imagen irresistible y abominable: una pareja que tiene sexo. El individuo se identifica con esta cópula interdimensional y se echa a andar el proceso de renacimiento en el rayo de la inseminación (¿de los dos lados, en la muerte y en la vida, una luz avanza en un túnel?).

Los tibetanos no son los únicos que tienen este conocimiento tradicional, en Occidente encontramos una extraña mención de esta creencia. En un pequeño texto de la época del Renacimiento, incluido en la edición de Angela Voss de las obras astrológicas de Marsilio Ficino, el gran platonista florentino señala que uno de los momentos definitivos de la concentración psíquica de los individuos es aquel en el que "por primera vez el feto es imbuido con la vida. Dicen que esto sucede en el segundo mes, cuando Júpiter actúa poderosamente. No queda claro si la vida entra la primera mitad de este mes o en el día 49 después de la concepción; la naturaleza usualmente emplea procesos septenarios en los asuntos humanos". Esto es una creencia numerológica ligada a los siete aspectos del alma, según se explica en la astrología hermética, equivalente a los siete planetas del sistema astrológico antiguo y los 7 días de la Creación, así como varios otros septenarios que parecen ser reflejos de los siete poderes creativos y de una especie de código creativo que permea el cosmos. 

Siguiendo con la lista de ominosas coincidencias, en el taoísmo se explica que la menopausia llega a los 49 años. Se tiene también en esta religión la creencia de que la esencia vital --cuyo origen se cree que es divino-- se pierde a través del sangrado excesivo, por lo cual la mujer debe controlar su menstruación, si bien nunca erradicarla del todo, ya que en ella, como en el semen en el caso del hombre, está la sustancia esencial (Jing) que puede transformarse en espíritu (Shen). 

Tenemos también el caso de la religión judía en la que el 49 tiene un significado especial. La fiesta de Shavuot, una de las más importantes del calendario religioso judío, se celebra 49 días después de la fiesta de Pésaj (la celebración de la liberación de Egipto). "Shavuot" significa "semanas", esto es las 7 semanas que se debe hacer "la cuenta del Omer" (Omer es una unidad de medida de cebada y también la ofrenda que se llevaba al templo de Jerusalén). En esta fecha (Pentecostés en griego; 50 días) se celebra la entrega de la Torá de Dios a Moisés en el monte Sinaí. Esto es el momento que culmina la liberación de la esclavitud y el cumplimiento del destino, ya que se dice que el pueblo judío fue elegido para recibir la Ley.  

Los 49 días, según enseña el aspecto místico de la religión judía, son contados cada uno como una puerta o un escalón hacia el conocimiento; en cada uno de ellos se debe meditar y purificar la mente para en el día 50 entrar en el conocimiento de la deidad. Es en alusión a esto que Roberto Calasso tituló uno de sus libros de ensayo Los 49 escalones (un guiño probablemente a los estudios cabalísticos de Walter Benjamin). Esos 49 escalones o 49 días son el intervalo que debe recorrerse para la unión con la divinidad. Algo que se vuelve a revelar por el hecho de que entre las diferentes vías para subir el árbol de las sefirot se puede tomar un camino de 49 escalones por la columna central de Malkhut, Yesod y Tiferet, y así acceder en el cincuentavo escalón de Daat a las tres sefirot superiores. Las siete sefirot inferiores son equivalentes a los 7 días de la Creación y los tres superiores al conocimiento de la divinidad más allá del mundo manifiesto.  

Para aquellos interesados en la numerología y en la gematría, los referimos a un fascinante análisis computacional que ha encontrado un código en algunos pasajes de los cinco primeros libros de la Biblia. A intervalos de 49 letras después de la aparición de la primera letra hebrea del nombre "Torá" se encuentran letras que deletrean sucesivamente la palabra "Torá", el libro de la Ley, en lo que podemos ver una especie de fractal lingüístico, un guiño de un libro dentro de un libro. 

Podemos especular que de alguna manera estos 49 escalones son una multiplicación (7x7) de la escalera del sueño de Jacob (que aparece en capítulo 28 del Génesis), la cual une al cielo con la tierra, y la cual a veces es representada con siete escalones. Es probable que tengamos aquí una fórmula cabalística con el 7 que requiere de una elucidación esotérica más profunda. Por otro lado, la teosofía, en su esquema de la evolución, considera que hay siete razas raíz o siete humanidades y cada una de ellas se divide en siete épocas. Cotejando todo con esto con la investigación de Strassman, pareciera que existe una analogía entre el proceso creativo macrocósmico y el proceso embrionario microcósmico. Un poder del 7 que se repite en el espacio cósmico como en el espacio celular. El gran misterio del universo, según el físico John Archibald Wheeler, es cómo de un aparente caos azaroso emergieron leyes físicas tan perfectas, las cuales podemos conocer a través de las matemáticas. Podría ser que el 7 es de alguna manera parte esencial del desenvolvimiento de este patrón inmenso que llamamos universo.

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Claro que siempre cabe la posibilidad del error humano y el exceso de proyección de la mente hacia la naturaleza y tal vez Strassman y nosotros aquí estemos conectando demasiados puntos en el cielo con el cerebro, creando una nueva constelación de un animal espiritual donde no hay más que astros inconexos, cielo vacío y procesos químicos ciegos. 

En la siguiente parte de este ensayo exploraremos los aspectos más esotéricos relacionados con la glándula pineal, las visiones de los profetas bíblicos y algunas técnicas ocultistas para activar este centro de percepción espiritual. Como anticipo mencionaremos aquí brevemente el trabajo del "rabino psicodélico" Joel Bakst (y aquí es donde las cosas realmente se ponen esotéricas y quizás un tanto desaforadas). Bakst leyó el libro de Strassman y conectó sus hallazgos con su conocimiento de la cábala, avanzando la tesis de que la visión de Jacob, en la que sostiene haber visto "cara a cara a Dios" y la cual ocurre en un lugar llamado "Peniel" (lugar donde se construiría luego el Templo de Jerusalén), es en realidad una alusión a la activación de la glándula pineal, la cual sería la mítica Ciudad de Luz que aparece en la Biblia. Asimismo, Bakst sugiere que el DMT es el vehículo material del arcángel Metatrón, quien es el "sistema nervioso de Dios", esto bajo la concepción de que el cosmos es la anatomía misma de la deidad y que el cuerpo humano es un pequeño universo o una imagen de Dios. Lo anterior sugiere que algunos de los episodios crípticos que encontramos en los textos sagrados tienen correspondencias puntuales con procesos de yoga o alquimia dentro del cuerpo humano. En la siguiente entrega exploraremos más a fondo estas hipótesis que podrían sonar un tanto descabelladas en principio, pero que ciertamente tienen un aire poético; y se entiende la licencia bajo el deseo de aproximarse a esta región numinosa, ya que este caso que congrega a la glándula pineal, la activación del kundalini, el DMT y las puertas espirituales en el cuerpo humano es uno de los grandes misterios esotéricos de todos los tiempos.

 

 

Twitter del autor: @alepholo