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"Si viene de una planta cómelo, si fue hecho en una planta no lo comas"

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 02/09/2016

Una breve guía para sobrevivir en un supermercado, cortesía del superfoodie Michael Pollan

Michael Pollan se ha convertido en una de las voces más calificadas y divertidas en la literatura sobre comida y nutrición, un food critic que es realmente un filósofo. Ha escrito un par de libros que no sólo contienen excelente información, sino que son también una delicia para leer (por la prosa y también por la evocación que hace de la comida). Pollan es un exquisito, pero sintoniza la preocupación de nuestra era: un exquisito con conciencia ecológica y en el cual el placer no entra en conflicto con la salud.

Entre sus muchos escritos, como The Onmivore's Dilemma y sus artículos del New York Times, Pollan ha acuñado diversas frases que sintetizan en pocas palabras cierta esencia para navegar la industria alimentaria de nuestros días. Una de las más populares es la que lleva de título este artículo: Si viene de una planta cómelo, si fue hecho en una planta no lo comas. Los supermercados hoy en día son laberintos de innumerables ofertas que nos seducen con lustrosos alimentos que prometen hacernos felices, a la vez que nos llenan de culpa. Decidir qué comer y qué comida comprar es muy difícil o al menos requiere un gran esfuerzo, si uno se preocupa de la calidad de su alimentación. Dicho eso, Pollan lo reduce, en amor vegetal, a que simplemente comamos comida que viene de las plantas pero no aquella que ha sido procesada en una planta o fábrica.

Para algunos esto puede ser un reduccionismo, pero en una era extremadamente complicada y quizás exageradamente compleja, Pollan hace las cosas más sencillas y con gusto. Adicionalmente nos dice: "No comas nada que tu abuela no reconocería como comida", y es que la mayoría de los alimentos procesados que vemos en el supermercado oscilan en una tenue linea entre ser comida y ser otra cosa, una especie "frankenfood", híbridos de la naturaleza cuyos efectos secundarios son difíciles de medir. Para los despistados, advierte: "debes evitar productos que hagan afirmaciones sobre salud. ¿Por qué? Porque una afirmación sobre sus beneficios saludables en un alimento es un fuerte indicador de que no es realmente comida".

Consciente del importante factor de nuestra microbiota (el ecosistema de bacterias que viven mayormente en nuestro intestino), Pollan enfatiza la importancia de las fibras vegetales que alimentan a estos microorganismos. Reconoce también la gran cadena o madeja de interconexión biológica y dice: "eres lo que come lo que comes". Y con gran ironía critica a nuestra civilización que "ha conseguido un increíble logro: desarrollar la dieta que nos enferma a todos".

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El cianómetro: un instrumento de hace 225 años para medir los cielos más azules del mundo

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 02/09/2016

El cianómetro es uno de los instrumentos de medición más poéticos que se hayan inventado

¿Cuál es el cielo más azul que has visto en tu vida? Es una excelente pregunta aunque, como todo color, sujeta a los espejismos de la percepción. De cualquier manera, algunos naturalistas han intentado responderla.

En 1789 el físico y alpinista Horace-Bénédict de Saussure invento el cianómetro, utilizando un despliegue circular de 53 secciones tonales armado con papeles teñidos que abarcaban todo el espectro del azul, el cual fue probado en experimentos en las montañas de Suiza. Las secciones iban desde el blanco hasta el negro, con cada una teñida por variaciones de azul prusiano. Con este aparato lograron determinar que la "azulidad" del cielo es una medida de transparencia causada por la cantidad de vapor de agua en la atmósfera. Humboldt luego usó este instrumento en sus expediciones.

Saussure sabía que el azul del cielo era un efecto óptico y sostuvo que, ya que el color se desvanecía sutilmente en el blanco de las nubes, ello debía de ser un indicador de su contenido de humedad. 

El momento definitivo que había inspirado la conclusión de este aparato ocurrió en 1787, cuando Saussure subió al Mont Blanc y observó el que creía era el cielo más azul que había visto jamás y al cual midió en 39 grados de dicha tonalidad, lo que sea que eso signifique. 

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(Más info: Royal Society of Chemistry)