*

X

Investigación revela que Hitler sufría de malformaciones genitales

Por: pijamasurf - 02/23/2016

A pesar de llevar un matrimonio público y muy publicitado con Eva Braun, Hitler no habría gozado de una vida sexual satisfactoria debido a los complejos que le provocaban dos malformaciones de nacimiento en la zona genital

Uno no sale a invadir Polonia a menos que le haga falta algo: el rumor según el cual la campaña militar de Adolf Hitler obedece a una sobrecompensación por una vida sexual insatisfactoria parece hallar algo de crédito en una investigación de los historiadores Jonathan Mayo y Emma Craigie. Según ellos, el Führer tenía no sólo una sino dos malformaciones genitales: una de ellas era la hispospadias peniana, y la otra era un testículo no descendido.

Si no quieres buscarlo en Google, no te culpamos: consiste en tener un pene anormalmente pequeño que impide incluso orinar normalmente, por lo que quienes sufren de esta condición deben hacer sus necesidades por un agujero uretral ubicado en la base del pene, en lugar de en la punta.

Esto explicaría también los rumores de que Hitler no quisiera ser visto desnudo y tuviera aversión a las relaciones sexuales, por un supuesto miedo de contraer enfermedades venéreas (esto según la biografía escrita por Ian Kershaw).

Mayo y Craigie habrían indagado en archivos médicos recién descubiertos, como la prescripción de hormonas y anfetaminas expedida por el médico personal del Führer, Theodor Morell, en un intento por mejorar su deseo sexual. Una balada vulgar que se popularizó en 1939 tenía como tema la discusión de la "hombría" de los miembros más eminentes del Tercer Reich, y si lo que dicen Mayo y Craigie es cierto, podemos entender un poco mejor la infatigable furia de Hitler provocada por su inseguridad genital. La balada decía: 

Hitler Has Only Got One Ball

Hitler has only got one ball

The other is in the Albert Hall

His mother, the dirty b*****,

Cut it off when he was small

Hitler has only got one ball,

Göring has two but very small,

Himmler has something sim'lar,

But poor old Goebbels has no balls at all.

[Hitler sólo tiene una pelota/ La otra está en el Albert Hall/ Su madre, la sucia p****/ Se la cortó desde pequeño/ Hitler sólo tiene una pelota/ Göring tiene dos pero muy pequeñas/ Himmler tiene algo parecido/ Pero el pobre Goebbels no tiene ninguna]

 

(Vía The Telegraph)

Te podría interesar:

Sylvia Plath o la ouija como máquina de escritura

Por: Javier Raya - 02/23/2016

Utilizando un anillo de letras hechas a mano y un vaso de brandy bocabajo, Sylvia Plath y Ted Hughes tuvieron invitados sobrenaturales para la hora del té

Sylvia Plath y su esposo, el también poeta Ted Hughes, realizaron muchas incursiones en el territorio del ocultismo y la magia tanto para buscar material de escritura como para sortear dificultades en el mundo real. Además de la ocasional sesión de hipnotismo (dice la leyenda que Hughes la indujo a un trance durante el nacimiento de su primer hijo), Sylvia era especialmente afecta a una tabla oracular de producción industrial que se popularizó a mediados del siglo XX como instrumento de adivinación y como juego de mesa familiar, la ouija.

Sylvia encontró en la ouija un espíritu o álter ego llamado Pan, que remite al dios caprino y dionisíaco que acecha a las ninfas (una fuerza oculta, acechante y atenta, además de musical, por estar asociado a la flauta), quien se reveló también como lector: en una sesión les dijo que le gustaba "Pike" de Hughes y "Mussel-Hunter" de Plath. Este "espíritu guía" también los habría aconsejado sobre cómo nombrar a sus hijos, y sus poderes quedaron demostrados (al menos para Sylvia y Ted) cuando predijo acertadamente la editorial que habría de publicar el próximo libro de Sylvia (“Knopf”). Utilizando un vaso de brandy bocabajo y letras hechas por ella misma, dice Hughes, “ocasionalmente se entretenía” “haciéndole preguntas a los ‘espíritus’”. 

Es incierto que creyera que entidades demoníacas o espirituales movían el vaso que ella sostenía, o que fuera un mero "divertimento" como afirma Hughes, pero en una anotación de su diario de 1958 Sylvia escribió: “Incluso si nuestro propio inconsciente ardiente lo mueve (dice, cuando le preguntas, que es ‘como nosotros’), nos divertimos más que en el cine”. La poesía como labor mediúmnica, la magia como entretenimiento ilustrado, una tangente discursiva que propicia el estado de disponibilidad con los dedos sobre el vaso de vidrio en una sabia e infantil suspensión de la incredulidad. ¿Qué importa si soy yo quien mueve el vaso y no un espíritu? Letra a letra, la ouija compone su lento mensaje para fascinación de quienes se convierten, al invocarla, en sus lectores.

En el poema pánico “Ouija”, Sylvia traza un importante paralelismo entre su escritura poética y los mensajes de Pan:

También el viejo dios escribe poesía áurea.

En medidas sin lustre, deambulando entre los desperdicios,

cronista acertado de cada declinación errónea.

La edad y edades enteras de prosa, desenroscaron

su molino parlante, amainaron su talante excesivo

cuando las palabras, como una plaga, batieron por el aire ennegrecido

y dejaron las mazorcas agitadas, devoradas.

El “viejo dios” puede ser un epíteto de Pan, encerrado en la tabla oracular o convocado a ella como la Sibila de Propercio, aburrido de su propia inmortalidad. Puede tratarse de una caracterización de aquello que parece hablarle a Sylvia desde la tabla, pero también de una relación devastadora y destructora con las palabras: cuando nombrar el mundo deja de ser una labor de construcción y se vuelve una de erosión y desgaste.

Uno de los primeros editores y amigo de Sylvia, Al Alvarez, cree que de hecho el contacto con la "magia negra" "destruyó su matrimonio y también su vida". Aunque escandalosa, su conclusión está basada en hechos más o menos documentados, como que cuando Ted la dejó para irse con su amante, Sylvia tomó los manuscritos del esposo, pedazos de uña y caspa del escritorio, quemándolos de modo ritual. De entre las llamas salió un pedacito de papel con el nombre de la amante: Assia.

Alvarez adopta una posición en exceso supersticiosa al afirmar que el “pacto fáustico” de Sylvia con los espíritus dejó algunos de los mejores poemas de lengua inglesa pero a un coste excesivo: la vida y sanidad de su autora. Se trata de una conclusión morbosa, incluso indigna para una mujer que tuvo que buscar espacio y fuerza para escribir cada una de sus líneas. Sin embargo, Alvarez hace un promedio mucho más justo como lector de la poesía de Sylvia que como improbable amigo: según él, el arte genuino siempre tiene algo de arriesgado y peligroso, y es tarea del artista dotar de nueva vida a viejas formas; pero la novedad de Sylvia “no tenía casi nada que ver con experimentación técnica y casi todo que ver con explorar su propio mundo interno —con bajar a los sótanos y confrontarse con sus demonios”.

 

Twitter del autor: @javier_raya