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Esta es la característica principal de un narcisista, según experto

Salud

Por: pijamasurf - 01/25/2016

¿Eres parte del 5% de la población que califica como un narcisista extremo?

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Es posible que estemos viviendo en la era del yo, como creía el documentalista Adam Curtis y, así, en la búsqueda del beneficio personal cada vez existen más personas enamoradas de su propia imagen y alienadas del mundo.

Según el doctor Joseph Burgo, autor del libro The Narcisist You Know, no por ser muy activos en las redes sociales o tomarnos una selfie somos narcisistas consumados; sin embargo, sí se ha detectado un incremento en esta condición. 

Burgo considera, quizás un tanto obviamente, que la característica fundamental de un narcisista es no tener interés por los demás o simplemente no ser capaz de sentir por ellos. Algo así como una falta de empatía arropada en la propia glorificación, en el ensimismamiento solipsista. Peligrosamente, aquí hay una tenue línea que separa al narcisista del psicópata. 

Otras características son sentirse infravalorado, pensar que los demás no son tan inteligentes como tú y sentir una justificación para agredir a las demás personas.

Burgo cree que actualmente 5% de la población demuestra lo que llama "narcisismo extremo": personas que, por ejemplo, te cuentan sobre su vida durante 1 hora sin nunca preguntarte por la tuya.

El problema que enfrentan estas personas es que "estar interesados en la vida de los demás es la base de las relaciones humanas", dice Burgo.

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Salud

Por: pijamasurf - 01/25/2016

Cuerpo y mente están más relacionados de lo que a veces suponemos, y este estudio es otra prueba de ello

Corazón y cerebro podrían tener una relación más íntima que aquella que, más o menos desde siempre, se les ha atribuido coloquial y culturalmente. En efecto, desde este punto de vista, estamos habituados a conceder una especie de antagonismo entre ambos, como si el cerebro fuera asiento únicamente de nuestras cualidades racionales y el corazón de las pasionales. Curiosamente esta dicotomía, que mucho tiene de platónica, persiste incluso en nuestros días, a pesar de que sabemos bien que el corazón tiene pocas tareas más allá de bombear sangre, todas ellas fisiológicas. Pero entonces, podríamos preguntarnos, ¿por qué una tristeza muy fuerte o un episodio de felicidad también lo experimentamos como una alteración en los latidos de ese órgano?

La respuesta podría comenzar por una afirmación sencilla: a fin de cuentas, nuestro cuerpo es uno, una orquesta sinfónica que opera sincronizadamente para mantenernos con vida. Y aunque nuestros pensamientos, nuestras ideas, emociones, miedos y alegrías a veces parezca que no los vemos, parezca que sólo son mentales, en realidad no serían posibles sin el soporte físico del cuerpo, sin las hormonas, los neurotransmisores, el estómago que se contrae o las lágrimas que acuden a paliar el sufrimiento.

Prueba de esta conexión estrecha es un estudio publicado recientemente a propósito del efecto que el ritmo cardíaco podría tener en los procesos de razonamiento del cerebro.

La investigación estuvo a cargo de Igor Grossmann, profesor de psicología en la Universidad de Waterloo, quien en colaboración con otros académicos de la Universidad Católica Australiana analizó el ritmo cardíaco de un grupo de voluntarios en comparación con un grupo de control, esto al tiempo que se evaluaban sus cualidades de razonamiento y su capacidad para elaborar juicios, recordar y otras habilidades cognitivas afines.

Según lo observado, las personas en las que el ritmo cardíaco tiene variaciones constantes fueron también quienes mostraron un mejor desempeño en las pruebas de evaluación cognitiva. En especial cuando se trató de ofrecer una solución a un problema de tipo social visto desde una perspectiva externa a la de los involucrados (esto es, como un tercero que sólo opina), los individuos de ritmo cardíaco alterado fueron quienes ofrecieron alternativas que no estuvieron sesgadas por sus propios intereses o puntos de vista.

De acuerdo con el profesor Grossmann, esto no necesariamente indica que dichas personas sean “más sabias”, sin embargo, sí parece ser una ventaja con respecto a aquellas menor variación en sus pulsaciones.

Quizá ahora sólo queda responder por qué sucede esto y si tal vez, como podría sugerirse desde una perspectiva más psicológica, si acaso la diferencia estriba en que hay quienes pueden con mayor facilidad que otros dar libre curso a sus pensamientos, emociones y aun procesos fisiológicos, mientras que otros individuos los contienen, lo cual redunda en una mayor fluidez de personalidad que se transmite y ocurre en la vida social.

 

(Imagen: Alberto Montt)