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Cuando no entiendas, entenderás: Lacan y el deseo (del otro)

Por: pijamasurf - 01/12/2016

¿Sabemos realmente qué deseamos? ¿Por qué nos sentimos desdichados cuando nuestros deseos se cumplen? El pensamiento de Jacques Lacan puede darnos algunas pistas --y muchas más dudas provechosas
Jacques Lacan

Jacques Lacan

 

Jacques Lacan es uno de los pensadores más difíciles de interpretar: su arduo y árido sistema no siempre se atiene a la lógica del mundo ordinario. ¿Eso quiere decir que sólo quienes ingresen en alguna de esas caricaturescas logias lacanianas pueden comprender los secretos del maestro? En realidad Lacan es simple en cuanto a lo que trata de pensar y analizar, pero difícil en cuanto a muchas otras cosas. Un chiste de psicoanalistas encierra una gran especie de verdad mística: cuando crees que entiendes a Lacan, no lo entiendes en absoluto; si crees que no lo entiendes, vas por buen camino.

Si nos acercamos al pensamiento y el estudio de Lacan con el crédito otorgado a cualquier filósofo riguroso --uno que muestre y demuestre los conceptos que utiliza-- más que como un psicólogo esotérico y algo chiflado, incluso podríamos aprender un par de cosas sobre la naturaleza de nuestro deseo.

En principio, todos vivimos en el entendido de que somos seres racionales, más o menos lógicos, o en términos más formales, "sujetos del conocimiento". Para Lacan, sin embargo, somos "sujetos del deseo". Ahora bien, ¿a qué se refiere Lacan con deseo? ¿Se trata solamente del deseo sexual? En absoluto: uno de los maestros de Lacan fue un insigne estudioso de Hegel, Alexandre Kojève; a su seminario (que dedicó a comentar frase por frase la Fenomenología del espíritu de Hegel) asistieron también personalidades como Georges Bataille, André Breton, Maurice Merleau-Ponty y Raymond Queneau (cuenta la leyenda que Sartre llegó a tomar también ideas de este seminario). Para Kojève, estudioso de la filosofía oriental y a menudo llamado "marxista de derechas", la historia humana es la historia del deseo. Mejor dicho, la historia de los deseos conforma lo que conocemos como la Historia con mayúsculas. Existe una leyenda --contada en ocasiones en forma de chiste-- que dice que, a la muerte de Kojève, vieron salir a un jovencísimo Lacan del estudio de su maestro. Es una forma de describir, al menos, el impacto que la dialéctica kojèviana tuvo en Lacan y sobre cómo el futuro psicoanalista llegaría a explicar el deseo de forma dúctil y móvil --y ciertamente a menudo contradictoria-- como el deseo mismo.

Tomando lo mejor del pensamiento de su época (el psicoanálisis freudiano y la lingüística saussuriana), Lacan se propone leer la obra de Sigmund Freud con la misma paciencia y dedicación que el viejo Kojève tuvo por Hegel. A través de este cruce de caminos llegó a la proposición de que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Esto no quiere decir que el inconsciente de cada uno --con sus similitudes sociales y sus diferencias personalísimas-- funcione como la gramática de la lengua que habla ni que el inconsciente sea una función completamente autónoma, un huésped extraño de la conciencia: quiere decir que el inconsciente no deja de manifestarse, de "hablar" a través de nuestras palabras, nuestros actos y gestos, así como de participar en la lógica de nuestras aversiones y atracciones. El deseo no es un "objeto" del pensamiento ni una cosa que se pueda conocer, sino que es una expresión del ser mismo: el hecho de ser tú --quien quiera que seas-- te hace ser deseante.

¿Pero es posible conocer nuestro propio deseo? Para Lacan, en realidad, no hay forma de no vivir sujetos a los movimientos de nuestro deseo. ¿Y cómo conocerlo, cómo expresarlo? Otra respuesta rápida: nuestras palabras indican (a menudo a pesar de nosotros o de nuestras intenciones) la dirección de nuestro deseo. Los "actos fallidos", las homofonías, el creer oír una cosa cuando nos dicen otra, todos los gestos comunicativos son interpretables en términos de deseo; pero para darle un marco (un templum, en el sentido de un marco en el cual se da la interpretación de los designios celestes en las religiones paganas) a la interpretación es necesario un ámbito clínico donde un sujeto dé rienda suelta a su deseo en un territorio verbal: la "cura por la palabra" que revolucionó la psicología a principios del siglo XX y la descripción del inconsciente freudiano se nutrían del rigor --y también de algunos esquematismos-- estructuralista para desarrollar una forma de escucha clínica en la cual los analizados (no pacientes) pueden conocer y reconocer la dirección de su deseo. La experiencia analítica es la forma práctica y viva de algo que puede leerse en Lacan, pero que sólo se completa al vivenciarlo: que aquello que pensamos que es "real" en realidad nos aleja de nuestro deseo.

En una fórmula sucinta, podría decirse que el deseo es la causa y la solución de todos nuestros problemas: cuando deseamos algo --una persona, un trabajo, etc.--, a grandes rasgos estamos "extrayendo" un elemento muy particular del mundo y prestándole una gran cantidad de atención. El desear supone una falta, la cual el elemento (objeto del deseo), o su posesión, habrían de llenar. El problema es que apenas tenemos aquello que deseamos, no lo deseamos más --o deseamos algo que nunca se nos hubiera ocurrido desear. Sin entrar demasiado en la jerga lacaniana, esta falta constitutiva del deseo se llama "objeto pequeña a" (objet petit a), y es un significante que puede tomar cualquier forma en la ecuación del deseo. Por ejemplo, tal vez notemos que en nuestra vida amorosa hay algún patrón: nos gusta siempre una mujer criada por mujeres (sin influencias positivas paternas) o nos gustan los alcohólicos que se hacen daño y no nos prestan atención. Lo que indaga la clínica analítica no es sobre la moralidad de nuestro deseo, sino nuestra relación con él. ¿Por qué elegimos parejas dañinas? Tal vez porque tenemos interiorizada la consigna de ayudar a los inocentes, lo que puede hablar de un superyó sano, pero de una vida amorosa insatisfactoria. ¿Es que no podemos ser fieles a nuestros deseos? ¿Nuestro inconsciente rige, como si se tratara de la fuerza del destino, todas nuestras elecciones? No es eso, sino que la naturaleza misma del deseo es móvil y cambiante: es lo vivo de nuestra vida. 

Para Lacan, el problema es que la gente no sabe desear, sino que aprende a desear aquello que cree que los otros desean. Queremos ser deseables para el otro: queremos ser deseados y deseadas, pero en nuestras interacciones sociales es muy posible que estemos siguiendo el guión que la moral y el supuesto "sentido común" nos da sobre el deseo. Interpretamos papeles en una obra donde nadie sabe quién es el autor ni en qué consiste el argumento, pero todos actuamos en alguna medida. El asunto complicado es saber distinguir entre el deseo y la fantasía: tal vez nos criaron para ser padres ejemplares o amas de casa perfectas, pero nosotros no deseamos eso: se trata del deseo del otro deseando en lugar del nuestro. Y aquí la cosa se complica un poco más: Lacan postula la existencia de un Gran Otro, una entidad sin ente que no es Dios, pero que guarda no pocas semejanzas con uno --el único espectador a quien se dirigen con fidelidad nuestros actos de lenguaje, en una palabra, para quien representamos el papel de nosotros mismos. La libertad que muchas personas encuentran en el psicoanálisis es la de llegar a un acuerdo entre su deseo y esa demanda incesante y dolorosa que nos impone el Gran Otro.

¿Seríamos más felices si todas las personas dijeran exactamente lo que desean y, en el acto, se les cumpliera? Probablemente no, porque la satisfacción en ocasiones proviene no tanto de la realización del deseo sino de su fantasía, como en el perverso, o de su aplazamiento, como en algunas histerias. En el caso de problemas de pareja, ¿no sería más fácil que nuestra pareja nos dijera qué quiere de nosotros, y así poder dárselo? ¿Y qué hacer si no estamos en posición de cumplir con sus deseos? En términos analíticos, no podemos hacer realmente nada con el deseo del otro, pero podemos aprender a movernos como peces en el agua de nuestro propio deseo, lo que ya es un gran paso para aceptarnos a nosotros mismos y a los demás. Utilizando una metáfora comúnmente ligada a la iniciación homosexual, nuestro deseo vive en un clóset (o en más de uno), y sólo conocemos la libertad cuando le permitimos salir y tomar la forma que le es más adecuada --probablemente no la que hubiéramos querido, pero sí la que está pidiendo a gritos, o a través de patrones de conducta dañinos para nosotros y para los demás. 

La experiencia de análisis es aquella donde el sujeto (del deseo) se atreve a poner en juego o en entredicho lo que cree que constituye su deseo. Esto se realiza bajo la escucha privilegiada de un analista que funciona simplemente como un espejo: no es alguien que va a aconsejarnos qué hacer o no con nuestras vidas, sino alguien que tomará nuestras palabras al pie de la letra y nos confrontará con sus significados, tanto los manifiestos como los latentes, como si se tratara de interpretar un sueño. La función y la ética del analista también ha sido motivo de amplios debates; si el psicoanálisis parece una ciencia oculta es porque los modos cotidianos de emplear la palabra hablada son expuestos al rigor de una suerte de cábala, una encrucijada verbal en la que cada sujeto aprende a distinguir cómo construye su propia subjetividad, lo que le permite ulteriormente hacerse cargo de ella. No es lo mismo decir "Nadie me ama" a "Esta persona no me ama" a "No merezco ser amado": un sentimiento común de indefensión frente al amor puede expresarse verbalmente de muy diversas maneras. Son las maneras específicas que cada uno tenemos de relacionarnos con nuestro deseo lo que importa en la experiencia de análisis, y no una supuesta "cura" para las enfermedades del alma.

Es necesario dejar de tocar, en favor de la brevedad, algunos suculentos temas en torno al deseo en Lacan. ¿Por qué dice que las mujeres no existen, o que no existen en realidad las relaciones sexuales (puesto que cuando nos acostamos con alguien en realidad nos exponemos a vivir nuestra propia fantasía por intermedio del cuerpo del otro, etc.)? Lo cierto es que el deseo forma el hilo conductor de las diferentes etapas del pensamiento de Lacan: un saber vivo que se expresó de manera privilegiada en sus seminarios orales y en su práctica clínica. 

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Consejos para prevenir la violencia sexual durante ceremonias con sustancias psicoactivas

Por: pijamasurf - 01/12/2016

Ningún espacio está libre de la violencia física y psicológica: las ceremonias donde se toman sustancias psicoactivas, enteógenas, psicodélicas, etc., ha sido el desafortunado escenario de estos abusos. Aquí te damos algunas recomendaciones para protegerte a ti y a los demás
[caption id="attachment_105139" align="aligncenter" width="640"]Imagen: queaprendemoshoy.com Imagen: queaprendemoshoy.com[/caption]

 

Annie Oak es terapeuta y fundadora del Women's Visionary Congress (WVC), un importante encuentro sostenido en San Francisco desde 2007 que busca investigar e integrar experiencias de sanadores, activistas y artistas de todo tipo mediante procedimientos rituales, con un enfoque de género. A pesar de que el encuentro no se centra en el uso de psicodélicos, a menudo tienen lugar ceremonias rituales fuera del evento que pueden involucrar el uso de sustancias como la ayahuasca. 

Por desgracia, en ocasiones ha ocurrido que algunos participantes de dichos encuentros, especialmente mujeres, sufran acosos sexuales indeseados, e inclusive violaciones. El contexto de las agresiones es especialmente delicado, pues en muchas jurisdicciones la ingesta de sustancias psicoactivas es considerada ilegal, por lo que las afectadas y afectados temen que una denuncia a las autoridades pudiera meterlos en más problemas. El asunto se agrava cuando consideramos no sólo las consecuencias físicas y psicológicas, sino el descrédito que acompaña a prácticas rituales muy antiguas en el actual debate sobre la legalización de estas y otras sustancias.

Las siguientes recomendaciones, escritas originalmente por Oak, están dirigidas a orientar e informar a todos los participantes de este tipo de ceremonias acerca de situaciones de seguridad que deben tener en cuenta si deciden participar en uno de estos rituales. Hemos adaptado las sugerencias para ser consideradas no sólo bajo el marco de la investigación de conciencia sino, de una forma más general, en el de la protección a la integridad física y psicológica de los involucrados.

 

Conoce tu intención

El uso y experimentación con estas sustancias se ha extendido mucho durante los últimos años, por lo que a menudo escuchamos hablar de la asistencia a estas ceremonias como si se tratara de un evento social, como una fiesta o un concierto. Lo cierto es que la gente pierde poco a poco el respeto por las tradiciones milenarias, y esta ignorancia actúa en su contra cuando se topa con personas o grupos poco éticos que lucran con la curiosidad de los participantes, y que pueden atentar contra su integridad. Antes de asistir a un ritual, procura hacer un examen de conciencia donde clarifiques cuál es tu intención: ¿buscas los poderosos efectos físicos de los psicoactivos solamente para tacharlos de tu lista de drogas consumidas o te mueve una demanda genuina de aprendizaje, o simple curiosidad, deseos de trascendencia espiritual, terapia contra el estrés postraumático, etcétera?

 

Conoce la sustancia con la que vas a trabajar

Al participar en ceremonias donde se ingieren sustancias como peyote, ayahuasca (o yagé), psilocibina (hongos mágicos), LSD, éxtasis y cualquier otra sustancia psicoactiva, es necesario conocer de antemano todo lo posible respecto a la misma. ¿Cuál es la dosis recomendada? ¿Existe el peligro de sobredosis? ¿Qué esperas de la sustancia y de la experiencia misma a nivel personal? ¿Por qué eliges participar, digamos, en un ritual de ayahuasca y no de peyote? Tener claridad documental y conocer experiencias de otras personas te permitirá ampliar tu marco de reconocimiento y estar mejor preparado en cuanto a los efectos físicos (a veces indeseados) de su ingesta, los cuales podrían ponerte en situación de vulnerabilidad frente a un agresor.

[caption id="attachment_105140" align="aligncenter" width="720"]Imagen: Rubén Camacho Zumaquero Imagen: Rubén Camacho Zumaquero[/caption]

 

Conoce al chamán, terapeuta o grupo con el que acudes

Es recomendable conocer la reputación del grupo con el que vas a hacer la ingesta, ya sea por medio de información disponible en la red, o de preferencia por parte de personas confiables que hayan asistido previamente. A pesar de que las ceremonias pueden ser dramáticas e impresionantes, los encuentros sexuales durante las mismas no suelen formar parte de la agenda en los grupos serios. Es cierto que en todo grupo social es posible experimentar distintos niveles de tensión sexual que no son intimidatorios ni agresivos, pero es necesario dejar muy clara la diferencia entre el trabajo colectivo y las relaciones interpersonales. Oak recomienda esperar al menos 2 semanas después de un ritual para comenzar a salir con alguien que conozcamos en él, incluidos los propios terapeutas/chamanes. Este esquema de tiempo es el estándar fijado para muchas escuelas de psicología, y debe servir más como una orientación que como una prescripción.

 

Rodéate de amigos y gente en quien confiar

Además de una experiencia psíquica poderosa, las ceremonias de este tipo fomentan vínculos de amistad y diálogo entre gente de muy diversas procedencias, vinculada por el mismo interés en el desarrollo de la conciencia. Es fundamental tener personas cerca de ti (antes, durante o después del ritual) con quien te sientas capaz de compartir tu experiencia, pues las fases de preparación, la ceremonia misma y el relato posterior son mucho más valiosas cuando existe retroalimentación. Si decides viajar a otro país para participar en estos rituales, asegúrate de conocer las leyes en vigor respecto al uso de la sustancia que te interesa probar, además de tener una buena planeación con antelación acerca de tu alojamiento y sobre el acceso a servicios médicos de emergencia. Esto te dará la seguridad de poder entregarte plenamente a la ceremonia y fortalecer tu experiencia en ella. También es recomendable tener a alguien de tu confianza contigo durante el ritual, alguien que no tome la sustancia y pueda apoyarte en caso necesario. De no ser esto posible, al menos ten un monitor externo: una persona que sabe dónde estás y a qué vas, con la que te puedas reportar antes y después de la ceremonia.

 

No seas cómplice del abuso

El abuso físico en calidad de acoso o relaciones sexuales no consensuadas constituye un delito, no importa en qué jurisdicción, y no importa que te encuentres bajo un estado alterado de conciencia --esto no constituye un delito para quien recibe el abuso, sino un agravante para juzgar a quien lo aplica. Si sufres algún tipo de abuso, no temas dirigirte a las autoridades competentes ni buscar asesoría psicológica o legal. Igualmente, si durante el ritual observas comportamientos no apropiados dirigidos a ti o a otras personas, busca la manera de que la violencia sexual no se normalice ni pase desapercibida. Piensa que la seguridad durante este tipo de ceremonias depende también de la buena comunicación que se dé dentro del grupo. No dejes que nadie te amedrente con relatos iniciáticos acerca de los psicodélicos y el sexo (a menos que tú quieras), ni dejes que la superstición te haga cómplice de los abusadores.