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El hombre que expuso cómo la cocaína, el capitalismo y las corporaciones son lo mismo

Política

Por: pijamasurf - 12/28/2015

Roberto Saviano desmorona la fantasía de nuestra sociedad de que el narco, las corporaciones y las instituciones son cosas distintas

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Ningún periodista actualmente ha sido capaz de dimensionar en todas sus aristas el problema del narcotráfico como el italiano Roberto Saviano. Con una escritura mordaz e inclinada no sólo al periodismo sino a la gran literatura, Saviano ha emparentado de manera coherente, como una fórmula infalible del mercado, a la cocaína, el capitalismo, las mafias del narco, los bancos y las corporaciones. Decir esto le ha costado tener que vivir aislado, bajo protección y en constante sigilo (ya que vive amenazado por la mafia napolitana).

El periodista de The Guardian Ed Vulliamy ha escrito un perfil sobre Saviano luego de un enecuentro fallido en Perú, tomando declaraciones del italiano y algunas citas de su reciente Cero Cero Cero, exposé del inextricable binomio narco-capitalismo.

Saviano dice que Pablo Escobar fue el oscuro visionario, "el Copérnico del crimen organizado", que "entendió que no es el mundo de la cocaína el que debe orbitar alrededor de los mercados", revelando de tajo cómo el sistema financiero global se alimenta de la cocaína y del narcotráfico.

"Ningún negocio en el mundo es tan dinámico, tan incansablemente innovador, tan leal al espíritu del mercado libre como el negocio de la cocaína", dice el periodista en una extraña y llamativa mezcla de romantización del narco, hipérbole de sus habilidades y contundente lucidez. Los capos son los grandes emisarios secretos del capital. 

El grueso de sus aseveraciones y lo más inquietante es lo siguiente:

El capitalismo necesita a los sindicatos criminales y a los mercados criminales... esto es lo más difícil de hacer entender. Las personas --incluso aquellos observando el crimen organizado-- pasan de largo esto, insistiendo en una separación entre el mercado negro y el mercado legal. Es esta mentalidad la que hace que personas en Europa o Estados Unidos piensen en un mafioso como alguien que va a la cárcel como un gangster o un pandillero. Pero no, es un hombre de negocios, y su negocio, el mercado negro,  se ha convertido en el mercado más grande del mundo.

Saviano nos muestra una especie de visión no dual del crimen y de la economía: lo ilegal y lo legal son un mismo continuum; el capo y el CEO se entrelazan; el dinero y la sangre todo lo permean; esto es el terrible territorio de la economía global, cuya única (sombra de) ética es incrementar sus ganancias.  

En The Guardian Vulliamy llama esto una "sagaz herejía", que no queremos escuchar en Occidente porque queremos seguir con nuestro cuento de hadas para adultos, continuar con nuestro teatro moral y seguir apilando dinero, creyendo en las instituciones y en el esquema maniqueo de los malos contra los buenos, los policías contra los ladrones (¿cómo no ver que son los mismos?). La sociedad anglosajona, dice Saviano, quiere "seguir creyendo en la salud de la sociedad, pero esto es una fantasía"; de hecho, el distrito financiero de Londres es un centro de lavado de dinero mucho más grande que las Islas Caimanes. Los criminales están asimilados a la sociedad en sus más altas e invisibles esferas. Vulliamy lo sintetiza así: "corporación como cártel; cocaína como puro capitalismo, capitalismo como cocaína, conocida en su estado puro como cero-cero-cero --una ácida referencia al nombre del mejor grado de harina, ideal para la pasta".

A fin de cuentas el esquema en el que está incrustado el narcotráfico y por el cual es imprescindible para el capitalismo y el mercado libre, según Saviano, es el de  un sistema que perpetúa "la explotación de la mayoría para el enriquecimiento de los pocos".

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Espeluznantes cifras en Siria: 11.5% de la población ha muerto o ha sido herida

Política

Por: pijamasurf - 12/28/2015

La guerra civil más la intervención de potencias extranjeras han masacrado a Siria: en tan sólo 5 años la expectativa de vida ha caído 15 años y más de 470 mil personas han muerto

Las consecuencias de un conflicto armado que ha durado ya 5 años en Siria y en el que han participado también las grandes potencias mundiales son completamente devastadoras. Según un reciente estudio publicado por el Syrian Centre for Policy Research, el número de muertos asciende a 470 mil personas y el número de heridos a 1.9 millones de personas, lo que significa que 11.5% de la población de este país con una enorme y antiquísima cultura se encuentra seriamente afectado. Se estima que las pérdidas económicas llegan a los 255 mil millones de dólares y que la expectativa de vida se ha reducido de 70 años en 2010 a 55 en 2015. 

El conflicto intestino en Siria ha sido reforzado por la intervención de diferentes países como Rusia, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. Con el ataque de París la intervención se ha recrudecido, siendo que Siria es considerado el centro neurálgico de ISIS y desde hace unos años los poderes aliados han apoyado a los grupos opositores al gobierno de Assad. La cruzada por eliminar a los terroristas ha acabado con un importante porcentaje de la población, la mayoría de los cuales no tiene nada ver con los ataques que han recibido países occidentales. Recientemente la crítica ha sido dirigida a los ataques aéreos rusos, los cuales, según Estados Unidos, no discriminan entre la población y los grupos armados.

Actualmente se discute la posibilidad de hacer un cese al fuego (y, según la BBC, se habría llegado a un preacuerdo). Moscú habría enviado una carta a Washington proponiendo el 1 de marzo como la fecha. Mientras tanto, Siria está prácticamente destruida.

Resulta dramático ver cómo la reiteración de una política intervencionista rinde siempre resultados similares (antes Irak, y previamente Afganistán). Todo lo cual se agrava cuando se analiza la formación de los extremistas musulmanes, un proceso relativamente reciente, el cual es inexplicable sin el fondeo y el aliento propagandístico de los programas de inteligencia de Estados Unidos primero en Afganistán y luego en otros países. Un caso sumamente alarmante pero que no recibe casi nada de atención fue el programa de radicalización en las escuelas de Afganistán y Pakistán, donde por más de 1 década agencias estadounidenses colocaron textos editados por expertos de universidades de su  país en los que los alumnos aprendían a contar con tanques y bombas y fueron expuestos a una versión alterada del Corán para mostrarles un destino bélico y familiarizarlos con la violencia. Esto, entre otras cosas (incluyendo los constantes ataques que reciben sus países), ha criado una hueste de musulmanes extremistas. Por lo anterior es adecuado decir que el problema del terrorismo no es religioso, es político.