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Los sabios siempre han entendido que a todo declive le sigue un florecimiento. La vida surge de la muerte como la muerte surge de la vida

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En la trascendental relación entre los cielos, la tierra y el hombre, surge la permanente pregunta acerca de la naturaleza del tiempo vivido y los abruptos cambios, muchas veces dramáticos, que acontecen en el esquema de los sucesivos ciclos cósmicos. No hay pueblo sobre el planeta que no haya desarrollado alguna clase de observación sistemática del Sol, la Luna y las estrellas con el fin de medir el tiempo y a la vez determinar el porvenir. Nuestra tradición astrológica no es una excepción a esta regla. Sin embargo, las potentes fuerzas de disolución que configuran todo el desorden que se ha instalado en el mundo moderno no podían sino trastocar también a la astrología, tanto en su teoría como en su técnica. Es por ello que, a fin de exponer con claridad la doctrina tradicional de las eras astrológicas, es imprescindible retrogradar en el tiempo para retomar el punto de vista que los antiguos astrólogos tenían acerca de su noble oficio y de la enseñanza sobre el tiempo que de éste se deriva.

Advertimos al lector que los siguientes párrafos están muy lejos de alinearse con lo políticamente correcto y no pueden menos que frustrar o suscitar el rechazo de los adscritos a la tendencia modal que rige el presente statu quo. Hemos titubeado sobre escribir acerca del tema, pero finalmente hemos decidido hacerlo en honor a la verdad, por más incómoda que ésta pueda resultar. La astrología moderna es una distorsión y simplificación extrema del verdadero arte celeste. John Frawley lo señala con tal claridad en su obra La verdadera astrología, que sus palabras pueden resultar ofensivas para una gran cantidad de entusiastas. Dice Frawley que: “La astrología moderna es basura. Como astrólogo profesional en activo considero necesario dejar claro esto desde el principio. Lo que actualmente pasa por astrología no es sino un sucedáneo de la ciencia que se practicaba antiguamente”. Más adelante agrega:

Los esfuerzos por rehacer la astrología desde el punto de vista de la cultura occidental moderna la han distorsionado irremediablemente más allá de todo reconocimiento. En primer lugar fue reformulada en forma de teosofía, después con la forma del psicoanálisis junguiano, y después con la de la Nueva Era de la costa oeste americana.

El británico no desperdicia ni una coma en hacer concesiones diplomáticas, en un libro que debería ser texto obligado de todo aquel que se interese seriamente por el arte hermético de los astros. 

La astrología tradicional reconoce sólo cinco planetas y dos luminarias, dos nodos lunares, decenas de estrellas fijas y otras tantas decenas de partes arábigas que, en relación con los 12 signos zodiacales y las 12 casas astrológicas, configuran la perpetua y cambiante danza del tiempo cuyas infinitas combinaciones entre elementos generan la compleja riqueza del devenir. Sobre estos movimientos celestes el astrólogo tradicional realiza toda una serie de cálculos siguiendo algoritmos predefinidos, cuyo fin último es la delineación y predicción de los eventos futuros, tanto humanos como naturales. En este contexto, los grandes ciclos de tiempo cósmico que afectan a la humanidad como conjunto se insertan en el marco de la denominada astrología mundana, que trabaja con cartas astrales de grandes conjunciones, ingresos cardinales —también conocidos como revoluciones del mundo, eclipses y lunaciones, aparición de cometas, cartas fundacionales, etc. Todas estas figuras astrales conforman un enredado pero inteligible mapa del destino colectivo, permitiendo avizorar con mucha anticipación los accidentes y giros de la historia. De tal modo, la astrología mundana nos presenta una doctrina sobre los ciclos cósmicos y las cualidades del tiempo que, repartido en eras sucesivas, modela como un alfarero la arcilla de las culturas y civilizaciones.

Resulta de sobra conocida la división del tiempo cíclico en 4 eras consecutivas que se reiteran permanentemente. En Las metamorfosis, Ovidio nos narra la historia mítica de una humanidad que va degenerando progresivamente a medida que el tiempo se aleja del punto de origen, pasando por las edades de oro, plata y bronce hasta llegar a la presente Edad de Hierro, donde la impiedad y el egoísmo reinan por doquier. La noción moderna de progreso histórico es aquí una broma de mal gusto. Pero es en la doctrina hindú de los ciclos cósmicos donde se refleja mejor la noción de un tiempo circular, una idea que contradice la noción lineal y progresiva del tiempo histórico. Tanto en la visión mítica del mundo como en la perspectiva astrológica, la danza del tiempo es siempre cíclica, repitiéndose a sí misma en plazos tan vastos que exceden la capacidad de transmisión cultural entre distintas civilizaciones. Tales son los períodos contemplados en los grandes ciclos de tiempo.

En la India, el vedanta sitúa a la actual humanidad en pleno inicio del Kali Yuga, la más oscura y vil de las edades, en donde la verdad, la modestia y el honor han desaparecido casi por completo. Estas enseñanzas tradicionales no hacen otra cosa que confirmar el desvarío de una época que confunde el desarrollo tecnológico con la plenitud ontológica. Resulta groseramente incongruente comparar las nociones hindúes del Kali Yuga con el espíritu ingenuo y demasiado liviano con el que tantos adictos a la tendencia new age asumen el tiempo venidero. Algo está completamente mal en el enfoque y sostenemos que es por la obvia falta de rigurosidad de una moda que ha llegado a convertirse en un gran éxito comercial. Hay muy poco espacio para el rigor del conocimiento dentro de un fenómeno mercantil de superventas. Pero si de confusiones se trata, los extraños significados atribuidos a la era de Acuario son un ejemplo de referencia sobre la incomprensión, cuando no la subversión, a la que están sometidas todas las doctrinas tradicionales en el marco de la modernidad.

Se atribuye al gran astrólogo persa Abu Ma'shar al-Balkhi (787-886 d. C.) la primera definición de las edades astrológicas basadas en la precesión de los equinoccios. Sin embargo, la interpretación moderna en torno a la más reciente de dichas edades resulta totalmente errónea y antojadiza, a gusto de una modernidad que parece poco dispuesta a enterarse de la verdad. En su lugar aparece una versión lisonjera y edulcorada, mucho más comercializable. Abu Ma'shar, como cualquiera de sus colegas posteriores, reiría a carcajadas si oyera la dulzona falsificación con la que se pretende suplantar la auténtica doctrina astrológica. Desde una religiosa y mística era de Piscis, regida por el benéfico y generoso Júpiter, estamos entrando en los siguientes 2 mil 148 años de Acuario, una edad de laicismo y ciencia racional, regida por el maléfico y severo Saturno. No exageramos; benéfico y maléfico son adjetivos tradicionalmente utilizados en astrología para identificar los efectos de un cuerpo celeste dado. De este modo, Júpiter y Saturno son respectivamente el gran benéfico y el gran maléfico de la astrología tradicional. Y como es de esperar, existe una diferencia sustancial entre una edad astrológica regida por un benéfico y otra bajo el influjo de un maléfico. Hay también planetas neutros y ambivalentes como Mercurio, pero por los siguientes 4 milenios estaremos bajo la influencia de Saturno, ya que su sustancia reina tanto sobre Acuario como sobre Capricornio, la edad astrológica inmediatamente posterior a la del escanciador.

La era de Acuario está muy lejos de ser un bonito despertar colectivo lleno de luminosos arcoíris irradiando paz y amor sobre el mundo. La fase acuariana de la humanidad está en perfecta sintonía con el Kali Yuga descrito en el Mahabharata, mucho más que la precedente era de Piscis. Porque a medida que el tiempo discurre, se aleja paulatinamente del punto inicial que los mitos de todas las culturas ancestrales describen como una Edad Dorada. En otras palabras, el tiempo degenera y con él también la historia humana. Es así que a medida que nos acercamos al fin de ciclo, la percepción del tiempo se acelera, las costumbres se relajan y la cultura se degrada. Con una humanidad inconsciente de las poderosas fuerzas astrales que la dirigen hacia el colapso de la civilización occidental moderna, el surgimiento de una etapa totalmente distinta es ya un hecho en ciernes. Pero no conviene apresurarse. El cierre del círculo y el consiguiente retorno a la Edad de Oro están aún lejos de iniciar y la prueba está en el desordenado estado del mundo actual. Estamos al comienzo de los dolores del parto, cuyos tiempos son los de las estrellas, no los pequeños plazos que marcan el reloj humano. Por supuesto que tras el Kali Yuga tendremos un largo y saludable Satya Yuga, pero no es prudente comenzar la fiesta antes de que lleguen los invitados. Incluso los que practican la forma estertórea de la astrología psicológica saben que Urano, el planeta moderno al que atribuyen regencia sobre Acuario, no produce otra cosa que inestabilidad y revueltas. 

Los cambios de era suelen traer aparejados cataclismos naturales y grandes trastornos en el orden social, especialmente si en dicha edad reina un planeta maléfico. Quizás podamos entenderlo mejor si miramos al pasado, teniendo presente que el tiempo vuelve circularmente sobre sí mismo. La anterior era de Acuario ocurrió hace unos 25 mil años atrás y fue la época del desastroso diluvio universal narrado en la mitología de todas las culturas del planeta. Fue una época marcada por el abrupto inicio de los grandes deshielos tras la última glaciación. Los mares subieron dramáticamente de nivel, dejando extensas regiones bajo las aguas, mientras que las copiosas lluvias inundaron el resto de los terrenos. He aquí la razón por la cual Acuario es representado como un gigante que derrama un enorme cántaro de agua sobre la tierra. A nadie extrañe entonces que la era de Acuario se corresponda con una larga fase de desajustes climáticos. Algunos estudiosos identifican la figura de Acuario con Deucalión, el único hombre que se salvó del diluvio universal en la versión griega del conocido mito. Nos volvemos a encontrar la noción de una edad marcada por el desastre.

En lo social, la era de Acuario es un período caracterizado por el humanismo laicista, el materialismo científico, la estricta cuantificación como vía de conocimiento, la erosión de todas las estructuras jerárquicas, la desaparición de la familia en favor del individuo aislado, los grandes triunfos tecnológicos y un sentimiento generalizado de malestar social con la aparición de ideologías seculares que buscan subvertir todo el orden establecido bajo consignas libertarias. Se observan híbridos como el socialismo capitalista, el ecoanarquismo y el feminismo radical en reemplazo de la identificación con los conceptos de nación, familia, etnia y religión. Como el espíritu de los tiempos está instalado, hablar de identidad local y arraigo puede parecer avinagrado o demasiado conservador. La Edad Media y el Renacimiento pensaban así. Al hombre moderno le resulta incomprensible, ya que la globalización ha generado una situación de contagio cultural desde las naciones ricas hacia las más pobres, haciendo proliferar al hombre-masa de Ortega y Gasset. Otras características relevantes de la nueva era astrológica son el trío conformado por la superficialidad, el mercantilismo y la masificación. Por supuesto que también se observarán beneficios, como los notables avances de la medicina o la superación de muchos prejuicios y discriminaciones odiosas, pero en el balance final se trata de una edad llena de apegos materiales, vigilancia tecnológica y férreo control sobre las masas, características propias de Saturno, el planeta de la ciencia, la materia y las restricciones. 

La masificación acuariana genera una tendencia a fusionarlo todo, al punto de diluir las diferencias religiosas y filosóficas en un amasijo que carece de profundidad, pero que resulta del agrado de la muchedumbre. En su momento, las poderosas élites podrán servirse de él para mantener a las masas lejos de la intervención sobre sus intereses y negocios, como ya lo hizo la CIA fomentando el abuso de drogas psicodélicas para evitar que el movimiento hippie se transformara en un peligroso movimiento político. La versión liviana y distorsionada de la era de Acuario hunde sus raíces en una larga serie de confusiones y desarreglos que parten con los esfuerzos de gente como Alice Bailey o Benjamin Creme, quienes esparcieron por el globo las dislocadas ideas de la Sociedad Teosófica a las que añadieron las suyas propias. Luego la publicación y venta de libros de autores afines creció exponencialmente porque redituaba muy bien a las casas editoriales. La bola de nieve corría montaña abajo y fue cuestión de unas décadas para que el rico nicho cultural de California, sumamente amigable con las nuevas ideas, otorgara un suelo fértil para la proliferación de sus setas. Nace así una concepción invertida y polícroma de la venidera era de Acuario. Desde entonces el movimiento pasaría a ser conocido como “Nueva Era”. Naturalmente, todo este entuerto fue anunciado en el firmamento por la posición y movimiento de los planetas.

El 4 de febrero de 1962 ocurrió un fenómeno astrológico sumamente inusual, pero tremendamente significativo. Aquel día los siete astros errantes de la astrología tradicional —el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno— se juntaron muy apretados el uno contra el otro en el signo de Acuario, formando lo que los astrólogos conocemos como un stellium. En astrología el stellium es una conjunción de cuatro o más planetas dentro del mismo signo zodiacal. En este caso, la reunión de todos los astros de la carta astral en el mismo lugar es un acontecimiento extraordinario, aunque nada beneficioso. Cuando todo el peso se carga hacia un solo lado de la balanza, se produce un enorme desequilibrio. El cielo es una balanza cósmica. Si todos los planetas más el Sol y la Luna inclinan su fuerza sobre un solo signo, tenemos un grave problema. Una situación semejante anuncia tiempos complicados de gran inestabilidad y destemplanza. Aunque los astrólogos no se ponen de acuerdo sobre la fecha en que el punto vernal entrará en Acuario, dando inicio a la nueva edad, lo cierto es que este gran stellium de 1962 en el signo del aguador hizo entrar en el mundo una locura colectiva que seguiremos viviendo por bastantes años, puesto que no se producirá nada similar en siglos. Esta enorme conjunción dejó a todos los astros a disposición del que regía sobre el signo en el que se produjo: Saturno, el gran maligno. A falta de claridad sobre el inicio de la era de Acuario, este evento marca un precedente que bien podría ser considerado como proemio.

A fines de julio de ese mismo año un raro eclipse anular de sol atravesó cerca del ecuador de la Tierra, oscureciendo al astro rey en su propio domicilio de Leo, signo directamente opuesto al de Acuario, donde ya había sido afligido por exilio durante el stellium. Por otra parte, la gran conjunción de Júpiter y Saturno ocurrió en el signo de Capricornio casi 1 año antes. Allí Saturno es fuerte porque tiene domicilio, mientras que Júpiter está muy debilitado por encontrarse en caída. Nuevamente nada auspicioso para los tiempos que se avecinaban. Si lo que viene es realmente luminoso, habría que preguntarle a los new agers por qué los sabios de la India siguen apuntando a las grandes dificultades espirituales que se aproximan a medida que nos hundimos más y más en el Kali Yuga. El gran astrólogo védico Aryabhata (476-550 d. C.) intentó enlazar el ciclo mitológico hindú con la cuenta astrológica, datando el comienzo del Kali Yuga en el 3102 a. C. Según la mayoría de los pandits, la edad oscura ha de durar nada menos que 432 mil años. Por lo tanto, habrá que armarse de muchísima paciencia y evitar las celebraciones prematuras. 

Hubo un conde francés que se hizo famoso entre otras cosas por decir que todo pueblo tiene el gobierno que se merece. Se llamaba Joseph de Maistre (1753-1821), quien al ver la sangrienta avalancha de la Revolución Francesa escribió: “Hemos de estar preparados para un acontecimiento inmenso en el orden divino, hacia el cual marchamos a una velocidad acelerada que debe llamar la atención de todos los observadores. Terribles oráculos anuncian ya que los tiempos se han cumplido”. Hoy, plenamente insertos en el afluente acuariano y saturnino, hemos de saber a qué atenernos, porque no la tendremos fácil. Y no es que la era de Piscis haya sido todo un primor, pues la religión realmente llegó a convertirse en el opio del pueblo y surgieron monstruos como la inquisición, las cruzadas y la quema de brujas. Nadie podría negar que los numerosos abusos de la edad anterior son dialécticamente responsables de los excesos de la nueva edad que inicia. Así, el rígido conservadurismo, los abusos de poder y el moralismo autoritario en la era de Piscis son antecedente y causa del libertinaje, la fragmentación individualista y la anomia social en la era de Acuario. La historia humana es una concatenación de eventos inevitables y astrológicamente predestinados, siempre marcados por el exceso. 

Los sabios siempre han entendido que a todo declive le sigue un florecimiento. La vida surge de la muerte como la muerte surge de la vida. No queremos transmitir desazón ni desesperanza, pero el mundo actual debe perecer para que surja un hombre nuevo. En esa futura germinación debemos poner nuestras intenciones, no importa que aún esté distante. Allí habrá verdadera paz, justicia, bondad, respeto, prudencia, sabiduría y sobre todo comunión con la Divinidad. Pero por ahora nos toca aceptar que falta mucho tiempo para el retorno a la Edad Dorada, lo que no impide que cada uno de nosotros haga su propio trabajo interior a contracorriente. ¡Ánimo!

 

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Sirviéndose de vacíos legales, la ayahuasca empieza a ser comercializada a gran escala en el mundo: ¿es esta una práctica nefasta o un proceso lógico en el camino al acceso universal a la medicina?

Arte en Burning Man: paisajes psicobucólicos de la ayahuasca (Chakruna divina libélula) (FOTO Kenny Bell)

En los últimos años la ayahuasca se ha ganado una reputación de ser una de las sustancias psicodélicas más potentes del mundo, capaz de brindar experiencias de transformación y sanación --una reputación a todas luces merecida. La consistencia, efectividad y confiabilidad con la que este compuesto provee este tipo de experiencias ha hecho que diversos académicos consideren seriamente estudiar la ayahuasca --en el frente de un renacimiento de la medicina psicodélica--, al mismo tiempo que celebridades como Sting, Lindsay Lohan o la hermana del primer ministro de Francia (por citar algunas de las más llamativas) se deshacen en elogios a favor del yagé. No debe sorprender, entonces, que la popularidad de la ayahuasca se haya convertido también en una oportunidad de negocio. En nuestro mundo es difícil preservar algo verdaderamente valioso sin que la ambición busque cooptarlo y hacerlo servir a intereses personales; como una alquimia a lo inverso, los verdaderos tesoros son transformados en dinero, un pobre trasunto del oro inmaterial que puede significar una medicina como la ayahuasca.

Al Jazeera publica una nota sobre la reciente controversia que ha desatado un emprendedor argentino que se encuentra comercializando la ayahuasca, pese a que la comunidad cofán, en el sur de Colombia, lo ha denunciado por desacralizar y descontextualizar su práctica milenaria. Según Al Jazeera Alberto José Valera es el dueño de la organización Ayahuasca Internacional, una empresa constituida en España, la cual ofrece tours de 150 euros por día que suelen durar 1 semana en la Amazonia colombiana. Varela también organiza sesiones de ayahuasca en diferentes países del mundo, con una afluencia de 4 mil personas al año, según él mismo cuenta a este medio. Su empresa dice ser la red mundial más grande de "ayahuasqueros", cuenta con filiales en diferentes países y amenaza con convertirse en una red multinacional que mezcla indistintamente agresivas estrategias de mercado con mensajes teológicos, lo del César y lo de Dios. 

Varela sostiene tener permiso de una autoridad entre los indígenas cofán, mismos que lo acusan de falsificar los documentos que supuestamente lo demuestran. Autoridades de esta comunidad y numeroso académicos se han unido para redactar un comunicado en el que se denuncia la usurpación de Varela. Anteriormente, dice Al Jazeera, Varela tuvo que cumplir una condena de 14 meses por posesión de 40kg de una de las plantas que contienen DMT, que es usada en la preparación de la ayahuasca.

El caso ha generado una discusión airada entre la comunidad psicodélica, la mayoría de los involucrados ciertamente condenando la visión enteógeno-capitalista de Varela. El argentino argumenta que en su organización "no queremos crear chamanes, sólo queremos curarnos" y enfatiza que "la ayahuasca no les pertenece a ellos [a los cofán], es de toda la humanidad". Su discurso propone una visión reformista de la ayahuasca, en la que se secularice su administración y se haga accesible a todo el mundo. Esto, mientras que al mismo tiempo en sus sitios se habla de visiones místicas y de identidad con la divinidad a través de esta sustancia que es clasificada como un enteógeno (que genera a Dios al interior). La ayahuasca contiene DMT, una molécula que ha sido estudiada por el doctor Rick Strassman, quien la describió cómo la molécula del espíritu por inducir reiteradamente experiencias espirituales en sus usuarios. Strassman también ha teorizado que el DMT se secreta en la glándula pineal y lo ha asociado con el tercer ojo de la anatomía esotérica y con las teofanías de los profetas bíblicos.

[caption id="" align="alignleft" width="420"] http://www.artinmovimento.com/wp-content/uploads/2015/04/alberto-varela-01.jpg[/caption]

Varela afirma en su sitio que "uno de los aspectos más importantes no es quién o dónde se da esta medicina, sino la calidad de la medicina, su procedencia y el hecho de que no tenga ningún otro agregado", de esta manera desestimando la importancia del chamán o curandero que no sólo prepara la bebida combinando dos o más plantas (la liana banisteriopsis caapi, la chacruna u otra planta que contiene DMT, y a veces otras hierbas medicinales o visionarias) sino que oficia una ceremonia con el fin de proteger a los que ingieren la sustancia, entablando una relación armoniosa con el mundo invisible a través de cantos, purificaciones y demás elementos teúrgicos. 

Al Jazeera cita a Brian Anderson, médico de la Universidad de California en San Francisco, quien dice que "la ayahuasca no es peligrosa en términos de toxicidad" pero "debe ser tomada en una situación segura y regulada socialmente por personas que tienen experiencia". Charles Grob, un psiquiatra de UCLA, agrega: "Las personas neófitas al yagé necesitan supervisión. De otra forma son vulnerables a una descompensación psicológica".

Los cofanes dicen que ellos jamás negarían a nadie, blanco o indígena, la medicina, pero que enseñar a curar con la ayahuasca es un don divino que se mantiene en su comunidad y no es algo que puedan o deban externar, así oponiéndose en principio al "outsourcing" de la experiencia ayahuasquera.  

Como argumenta el equipo legal que está encabezando la acción en contra de Varela, el daño que la organización de este emprendedor argentino podría estar generando tiene que ver con que muchas personas están siendo introducidas a este milenario brebaje a través del sitio de Varela u otros similares, que tienen una presencia dominante en la red (Varela, por ejemplo, administra más de 50 páginas de Facebook sobre la ayahuasca). Esto significa que las personas están conociendo una versión particular de la ayahuasca, rebajada, ya que la experiencia psicodélica --como tempranamente detectó Leary con su set and setting-- no puede ser separada del contexto, la cultura, el ambiente y el conocimiento de las personas que la imparten. Igualmente es determinante la intención que se infunde a la experiencia, tanto de aquel que la prueba como de aquel que la otorga. Incluso es posible que muchas personas sean introducidas a este poderoso brebaje vía el comercio electrónico, sin ningún tipo de garantía y cuidado: circulan, ya no sólo en la deep web sino en redes sociales como Facebook, personas que envían a domicilio mezclas de ayahuasca (algunas de una procedencia que se antoja deplorable y a las cuales es mejor no hacer más publicidad).

La discusión más compleja que subyace en esta disputa tiene que ver con el derecho de acceso a la ayahuasca fuera de un contexto chamánico. Me parece que existen muchas más preguntas que respuestas claras o contundentes. En los últimos años se han apilado una serie de estudios que indican que la ayahuasca es una efectiva alternativa para tratar la depresión y las adicciones. ¿Le debemos exigir a un adicto a la heroína que viaje al Amazonas y busque un chamán tradicional para que pueda cortar su dependencia? Una exigencia así parece poco razonable, especialmente cuando uno considera los vicios de la medicina moderna que reemplaza una adicción con otra y poco toma en cuenta los efectos secundarios de los medicamentos y, sobre todo, que sólo ataca los síntomas y no llega a las causas. La ayahuasca en cambio parece ofrecer un tratamiento integral que lidia con las causas psicosomáticas de las enfermedades.  

Una cuestión de fondo me parece que tiene que ver con la comercialización de la salud, con la concepción moderna --y que parece ineludible actualmente-- de la salud como una industria y un negocio. A esto se opone totalmente la concepción de la salud como puede observarse en comunidades indígenas, pero incluso también como era concebida entre los griegos, los chinos y muchas otras culturas. En esas culturas el médico era alguien docto en conocimientos integrales, un sabio, generalmente ligado a la autoridad política o religiosa y era avalado por la comunidad. Se consideraba que su interés por la medicina tenía que estar ligado a la vocación y debía ser éticamente irreprochable. Por eso, generalmente, la comunidad suministraba al médico o al curandero con todo lo que necesitaba. En otras palabras, alguien que busca curar para ganar dinero necesariamente está trastornando los principios de esta noble disciplina. ¿Sería ridículo pedirle a nuestros médicos que aprendan del chamanismo?

Me parece muy probable que la experiencia de la ayahuasca comercial, de la ayahuasca con fines de lucro, debe de estar de alguna manera contaminada, lo cual es alarmante, ya que el gran poder que tiene la ayahuasca para sanar, mal canalizado, también puede reforzar o producir nuevos traumas o taras. Es evidente para cualquiera que haya tomado ayahuasca que el espacio, el grupo y el conocimiento que imbuye el facilitador (o chamán) es vital para que la experiencia sea sanadora y no genere una nueva fragmentación psíquica disfrazada de trascendentalismo mesiánico. Me parece también importante poner en la mesa de discusión la idea de que la calidad y sobre todo la verdad y la integración de las visiones y las experiencias no pueden estar desligadas del trabajo y el desarrollo que la persona que experimenta la planta trae consigo. Estas experiencias, que de alguna manera tienen su gran precursor en los rituales del soma y después en Eleusis, no pueden ser separadas de su origen como ritos y sacrificios --conjeturo que ahí yace su poder, en lo que se da para poder recibir. (La experiencia del inframundo o de la muerte simbólica está embebida arquetípicamente en la experiencia y parece ser indispensable para que opere un cambio profundo, pero igualmente puede ser aterradora y paralizante si no se sabe manejar). No me parece que la ayahuasca, ni ningún otro psicodélico, pueda operar mágicamente y despertar a alguien o incluso sanarlo si esa persona no lo amerita, es decir, si no ha obrado con congruencia: la experiencia espiritual o la sanación son consecuencias de sus actos y de su capacidad de percibir. Como dice Manly. P. Hall, la mayoría de las supuestas visiones místicas que cuentan las personas son solamente los testimonios de las cosas que deben arreglar dramatizadas y ornamentadas por el Maia de la mente. O, como dijera Eliphas Lévi, en el mundo de luz astral o mundo del deseo, cada flor que brilla tiene una serpiente enrollada. Es decir estas son muchas de las más bellas ilusiones que uno puede imaginar, de hecho están hechas a la medida para infatuar nuestra imaginación. Nos seducen hacia la luz, pero también nos engañan.

Sí, ciertamente la ayahuasca nos muestra la divinidad que es todas las cosas, pero sólo como una imagen, como un deseo, como una aspiración, no como una actualidad, no como algo con lo que podamos unirlos permanentemente sólo por tomar un par de vasos. Anuncia la posibilidad de la transformación, del crecimiento, hace ver la enfermedad y los errores pero no arregla todo esto en una contundente dosis de medicina universal automágica. El trabajo es lo importante, durante la sesión, pero sobre todo después de la misma; una experiencia así puede servir de una encantadora motivación, pero si no se tienen los fundamentos para darle continuidad, día a día, difícilmente probará ser más que un precioso espejismo o una buena anécdota para contar y subirnos el ego. Ir en búsqueda de la ayahuasca como quien busca la salvación, la intervención divina, el milagro o cualquier suceso extraordinario, me parece la actitud equivocada. Tomar ayahuasca en un contexto que no promueve la integración y que no respeta una tradición milenaria de armonización con los arquetipos de la psique y con el ecosistema de almas que resuenan con la planta me parece que incrementa las posibilidades de tener experiencias que a la larga fragmentan y extravían aunque en un principio, en el deslumbre de la belleza de los simulacros divinos del DMT o en el discurso mesiánico de algunos facilitadores pueda hacernos creer que nos une con la totalidad del universo en el salto radiante de nuestro kundalini (violentamente) despierto. Dicho eso, este tipo de experiencias pueden ocurrir tanto en la selva como en la ciudad, sólo que evidentemente la tradición, cuando se mantiene, tiene más recursos para lidiar con las mismas. 

Por último me parece importante darle el beneficio de la duda a las comunidades que llevan cientos de años viviendo en simbiosis con esta medicina, al menos porque han demostrado que saben cuidarla y han forjado una relación vital que genera resultados tangibles. Esto es algo de lo que el hombre occidental, con su ambición rapaz y su desconexión con los ritmos y las inteligencias de la naturaleza, difícilmente puede presumir. Así que al menos habría que proceder con cautela e involucrar a las comunidades amazónicas antes de inundar el mundo de ayahuasca y ofrecer la panacea.

 

Twitter del autor: @alepholo