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Nuestra percepción de la "verdad" puede explicarse como una interfaz informática de la realidad

Por: pijamasurf - 10/30/2015

Nuestra percepción sería análoga a la visión de una pantalla en la cual la realidad aparece representada como iconos o programas: no necesitamos saber exactamente cómo está programada la realidad tanto como necesitamos saber interactuar con ella, desde un punto de vista evolutivo

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¿Cómo saber que la realidad que se presenta a nuestros sentidos es la "verdadera" realidad? Según el científico cognitivo Donald Hoffman, la filosofía y la epistemología no son un problema desde el punto de vista evolutivo: con su teoría de la interfaz de la percepción (ITP por sus siglas en inglés), Hoffman explica que las especies evolucionan para adaptarse y sobrevivir a su medio y que nuestra percepción sensorial obedece a este fin, en suma, a construir un modelo de la realidad que asegure mejores probabilidades de vivir y reproducirse.

Se trata de una analogía que compara la percepción de un ser vivo al comportamiento de un usuario frente a una computadora: las cosas que vemos o percibimos en el mundo no son más que iconos con un propósito evolutivo --de lo contrario no aparecen en nuestra percepción, porque no son relevantes en términos de supervivencia. Por ejemplo, los humanos no necesitamos observar el espectro luminoso infrarrojo simplemente porque tenemos otras herramientas para movernos por el mundo, pero dicho espectro facilita la geolocalización y el cálculo espacial en otras especies.

Para nosotros, una botella de cerveza es sólo eso, pero para el macho de la cucaracha Julodimorpha bakewelli (cuyas hembras son grandes, brillantes y marrones) la misma botella se parece a una hembra a la cual montará, sin éxito, hasta perecer de cansancio o inanición. Según Hoffman, esta especie estuvo al borde de la extinción porque sus sentidos perceptuales no le permiten percibir la realidad (i. e., que se trata de una botella de cerveza y no de una hembra) sino solamente un objeto grande, brillante y marrón. 

Hoffman explica en su charla TED que su teoría se basa en investigación con simuladores evolutivos, donde los organismos digitales dotados de sistemas perceptuales hechos para percibir la "verdad" fueron sobrepasados por aquellos programados solamente con fines de supervivencia. Como afirma el periodista Michael Shermer, "la evolución diseñó nuestros sistemas sensoriales para comportarnos adaptativamente, no para la representación realista". En ese sentido, nuestra percepción es un constructo informático (hecho de información, sí, pero también uno que se comporta de manera análoga a las computadoras de escritorio) del que los seres vivos extraen información relevante para su supervivencia y descartan otra, apoyados por las herramientas de las que la evolución los ha dotado a través del tiempo.

Podríamos pensar que el pensamiento y nuestras supuestas aptitudes racionales conforman la ventaja evolutiva de los humanos en esta lucha por la adaptación y la supervivencia: podemos elaborar teorías e imágenes acerca del río, como Heráclito, o del fuego, pero en primera instancia nuestros cuerpos nos informan de que uno moja y el otro quema. Seguramente los peces perciben el "icono" del agua de una forma totalmente distinta a como lo perciben los seres que viven fuera de ella. En otras palabras, la realidad del pez y la del hombre no son mutuamente excluyentes, sino que se construyen --siguiendo el modelo de Hoffman-- dentro de la percepción como modelos adecuados para la supervivencia de nuestras respectivas especies, sin que ninguno de los dos modelos sea más "falso" o "verdadero" que el otro.

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Por: pijamasurf - 10/30/2015

La práctica del DIY no es nueva y tampoco excluye lo paranormal, como demuestra este ejemplo de principios del siglo XX en que una revista nos dice cómo construir nuestro propio canal de comunicación con el futuro

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En años recientes la práctica del “Hágalo usted mismo” revivió bajo la forma del DIY (Do It Yourself), ese acrónimo en inglés que tanto se ve en contenidos de Internet y que lo mismo se aplica a la fabricación de un mueble casero que a una conserva de alimentos o un tutorial de maquillaje.

Con todo, esta especie de autodidactismo práctico es bastante viejo y podría decirse que ha sido uno de los compañeros constantes de los medios de comunicación masiva, especialmente impresos, por los cuales se han difundido los más diversos manuales para hacer con recursos propios aquello que de otro modo tendríamos que comprar o pagar a manera de un servicio.

Y aunque pudiera pensarse que el DIY toca sólo a objetos cotidianos o usuales, en realidad también aquí hay lugar para la extravagancia. Prueba de ello son estas indicaciones para construir nuestra propia “bola de cristal” y tener así el artilugio que, según reconocemos por cierta iconografía de lo mágico y lo paranormal, sirve para prever el futuro.

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El esquema proviene de una revista llamada The Experimenter, en específico del número de noviembre de 1925, pero más allá de ser un instructivo detallado para montar un negocio propio de profecías y clarividencia, en realidad el propósito era mostrar que al final dicha parafernalia “mágica” se reduce a una serie de partes y mecanismos que, bien combinados, son capaces de generar la ilusión de la fantasía.

Entre otros componentes, para elaborar este canal de comunicación con el más allá son necesarios algunos frascos, bombillas como las de las series de Navidad, un par de válvulas, papeles dorados y plateados y un poco de cloruro de amonio para producir el humo.