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Podemos prescindir de los libros y los maestros: Henry Miller

Por: pijamasurf - 09/03/2015

El siempre iconoclasta Henry Miller habla de los libros y la lectura, y asegura que la vida es la mejor fuente de conocimiento y sabiduría

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En la historia de la literatura hay pocos personajes tan iconoclastas como Henry Miller. Si de por sí los escritores y artistas tienen fama de desobedecer la moralidad establecida de su época, Miller destaca por haberse impuesto la nunca sencilla tarea de derruir todos esos preceptos que sólo limitan el desarrollo auténticamente libre.

En este sentido, destaca en las obras publicadas de Miller una serie de anotaciones en torno al ejercicio de la lectura (sin duda uno de los vehículos más efectivos para encontrar la libertad). The Books in My Life (Los libros en mi vida, 1952) ofrece un interesante testimonio sobre esa especie de menage à trois que se teje entre el libro, el lector y la sociedad a la que ambos pertenecen, del cual derivan comportamientos y actitudes frente a la lectura y el conocimiento en general que, de alguna manera, revelan la naturaleza efectiva de cada uno.

Considero mucho mis encuentros con los libros como los encuentros con otros fenómenos de la vida o el pensamiento. Todos los encuentros son configurados, no aislados. En este sentido, y únicamente en este, los libros pertenecen tanto a la vida como los árboles, las estrellas o el excremento. No tengo ninguna reverencia per se hacia ellos. Tampoco pongo a los autores en alguna categoría privilegiada, especial. Ellos son como otros hombres, ni mejores ni peores. Ellos explotaron los poderes que se les dieron, justo como cualquier otro tipo de seres humanos. Si los defiendo ahora y entonces —como una clase— es porque creo que, al menos en nuestra sociedad, nunca alcanzaron el estatus y la consideración que merecían. En especial los grandes fueron casi siempre tratados como chivos expiatorios.

La dureza usual de Miller se revela en este fragmento en el que disecciona esa ambivalencia con que se juzga en la época moderna la lectura: una contradictoria oscilación entre la veneración y el desdén, el respeto y la marginación.

De ahí que el autor de Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio se niegue a reproducir la consabida conseja de que la sabiduría se encuentra en los libros:

El vasto cuerpo de la literatura, en todos los ámbitos, se compone de ideas de segunda mano. La cuestión nunca resuelta, ¡ay!, es en qué medida esta sería eficaz para reducir la provisión abrumadora de forraje barato. Una cosa es cierta hoy: los iletrados no son definitivamente los menos inteligentes entre nosotros. Si hay conocimiento o sabiduría que uno esté buscando, mejor ir directo a la fuente. Y la fuente no es el académico o el filósofo, ni el maestro, el santo o el profesor, sino la vida misma —la experiencia directa de la vida. Lo mismo es verdad para el arte. Aquí, también, podemos prescindir de ‘los maestros’.

Quizá, al final, los libros sean como muletas de las cuales tenemos que valernos al principio de nuestra vida pero, llegado el momento preciso, hay que tomar un camino propio, uno que paradójicamente también los libros pueden indicarnos.

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Duality: destruyendo un edificio con luz (VIDEO)

Por: pijamasurf - 09/03/2015

Los brujos del videomapping, Moment Factory, destruyen y reconstruyen un edificio en Atlantic City en un golpe de luz

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El videomapping parece ser la técnica del momento para deslumbrar al público en un espectáculo masivo en vivo, y el colectivo Moment Factory nos ayuda a entender por qué. Desde espectáculos más pop como el del medio tiempo del Super Bowl de 2012 hasta algunos más conceptuales como Duality, este ensamble de brujos electrónicos es experto en cautivar a la audiencia usando como materia prima la luz.

Atlantic City es una ciudad estadounidense acostumbrada al show business, pero pocas veces había sido objeto de algo tan monumental como lo que montó Moment Factory en el legendario edificio Boardwalk Hall. Una flamante deconstrucción del espacio que evoca los paisajes sonoros minimalstas de Matmos, con su subsecuente reconstrucción jovial dentro de la estética “arcade”. Oscilando entre la dulzura visual del arcoíris y la violencia de una demolición controlada, Duality es un viaje de 8 minutos de fotoestimulación y metanarrativa. La idea es contrastar el pasado y el presente de Atlantic City para fusionarlo en un instante explosivo (después de todo, su especialidad es construir momentos).

Para realizar este espectáculo Moment Factory primero generó dos modelos del Boardwalk Hall, uno en computadora en 3D similar al que se usa en los videojuegos y una maqueta de poco más de 50cm de alto. Luego se produjo la historia de manera digital y se probó sobre el edificio miniatura. Una vez aprobado el diseño, el equipo instaló 12 proyectores de 20 mil lúmenes con un servidor para cada uno. Además de esto se incluyeron cientos de LEDs como un zurcido invisible a la proyección. Incluyendo el audio, el costo de la producción fue más de 1 millón de dólares. Al parecer lo valió: el éxito fue rotundo y los aplausos efusivos sólo eran intercalados por algunos niños llorando porque pensaban que el edificio en realidad se había destruido.