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Sobre la identidad entre magia y voluntad, trazando el origen y las resonancias de una frase de Aleister Crowley

 

aleister-crowley-photo-u2Aleister Crowley es, merecida o inmerecidamente, la figura más influyente del ocultismo del siglo XX. El siglo XX fue el siglo de las celebridades y las estrellas pop y la personalidad desaforada de Crowley le permitió magnetizar la fama en sintonía con esta corriente en la que la imagen y la personalidad que se proyectan son más importante que la sustancia de una obra.  La máxima de la filosofía de Crowley  --actualmente ya un slogan, un meme y una etiqueta usada hasta por raperos-- es "haz lo que quieras será toda la ley" (do what thou wilt shall be the whole of the law). Esta frase ha sido interpretada de mil maneras. Algunos consideran que refleja la bestialidad egocéntrica de quien se autodenominara "la Gran Bestia 666". En ella, sin embargo, se refleja la genialidad provocativa y enigmática de Crowley, quien en realidad sólo hace una especie de remix y encubre de misterio una antigua noción de lo que es la magia quizás para mejor seducir a sus lectores y sus seguidores --algo que era enormemente importante para Crowley, quien, según han observado algunos de sus biógrafos (como Regardie o Lachman), tenía la energía y el genio necesarios para ser un extraordinario adepto, pero que en su vanidad encontró una invencible némesis. Mi intención en este ensayo es hacer un énfasis en que la definición de magia de Crowley, que es el centro de toda su filosofía de Thélema, no es original, sino que es esencialmente la misma que se encuentra en la tradición esotérica de los misterios egipcios y griegos, la filosofía hermética y platónica, la alquimia y la magia renacentista, pese a que Crowley haya querido diferenciarse, incluso cambiando la ortografía a "magick".

Crowley agrupó su filosofía alrededor del concepto de voluntad ("haz lo que quieras"...) y llamó sus enseñanzas Thélema, siguiendo el uso de la palabra Thélème (proveniente del griego: intención, deseo, voluntad) para designar una abadía en la novela Gargantua y Pantagruel de Rabelais. La única regla de esta abadía era "fay çe que vouldras” o “haz lo que tu quieras”. Asimismo, tenía en mente el Padre Nuestro: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”.

Haz lo que quieras será toda la ley es en realidad sinónimo de la definición de magia que da en Magick, Book 4: "[la magia] es la Ciencia y el Arte de causar Cambio en conformidad con la Voluntad" y también  en Magick in Theory and Practice: "La magia es la ciencia y el entendimiento de uno mismo y sus condiciones. Es el arte de aplicar este entendimiento a la acción". Quizás a primera vista estas tres frases puedan parecer muy distintas, pero veremos que son tres formas de decir lo mismo.

Crowley entendió la magia como una "reconciliación entre el destino y el libre albedrío" que ocurría una vez que uno lograba "más allá de cualquier duda, saber quién uno es, por qué uno es". Aquí podemos empezar a entender lo que quiere decir con que el actuar la propia voluntad es toda (y la única) ley. Crowley identifica al ser individual con el ser universal: el yo individual se disuelve con la divinidad. Así la voluntad no sólo es toda la ley, de hecho es la ley misma: la voluntad divina se expresa en el universo como ley; el ser universal, la unidad de la totalidad, se expresa como un individuo que desea. Cuando uno se conoce a sí mismo, descubre que el yo es sólo una manifestación o una especificación de la conciencia absoluta, lo que en los Upanishads se explica como "Atman es Brahman". Este es el axioma del oráculo de Delfos en su versión extendida: "Conócete a ti mi mismo y conocerás al universo y los dioses". Evidentemente Crowley estaba consciente de esto, especialmente luego de realizar lo que se considera una hazaña en la magia, la invocación de Abramelín o del Santo Ángel Guardián, que no es otro que el ser superior o espíritu del practicante. Crowley pudo haber dicho que la magia era hacer la voluntad de Dios, o incluso la servidumbre voluntaria de la creación, algo que nos acerca a la forma en la que Paracelso concebía la magia, pero esta definición no habría sido tan provocativa e incendiaria para el paladar de la Bestia, aunque en realidad significa lo mismo. Entre el cordero y la serpiente, siempre eligió a la serpiente.

Veamos cómo la idea de magia de Crowley pertenece a toda una tradición, es de hecho el nodo central de la filosofía esotérica. A continuación un comentario sobre la definición de la magia de Jakob Böhme, la cual parece un claro precursor de la idea de Crowley:

 

Jakob Böhme, un zapatero prácticamente iletrado que tuvo una especie de "momento Aleph" percibiendo la totalidad de la existencia en el reflejo de la luz del Sol en un plato de estaño, entiende la magia como el fiat lux. Escribe en Sex Puncta Mystica (Seis puntos místicos):

La magia es la madre de la eternidad, del ser de todos los seres; porque se crea a sí misma, y se entiende en deseo. Es en sí misma nada más que una voluntad y esta voluntad es el gran misterio de las maravillas y los secretos, porque se hace a sí misma a través de la imaginación de su deseo. Es el estado original de la naturaleza. Su deseo hace una imaginación, y esa imaginación o figuración es la sola voluntad del deseo. Pero el deseo hace en la voluntad un ser tal como la voluntad es en sí misma.

Vemos aquí que la esencia de la magia es voluntad, porque es la naturaleza de la divinidad que su ser es crear, por eso con sólo imaginar algo esto se convierte en realidad, es la potencia pura ilimitada que salva cualquier distancia entre el pensamiento y el acto. La distancia entre el pensamiento y el acto o entre el Ser y su manifestación como creación superabundante sólo existe en el ser humano que se ha desviado o no ha logrado abrazar su verdadera voluntad que es la voluntad divina. Crowley famosamente también dijo: "todo acto intencional es un acto mágico", sugiriendo que, en su participación divina, como imagen de Dios, el ser humano no puede más que transformar la naturaleza cuando así lo intenta. Existe una fecundidad innata en la intencionalidad. La esterilidad de la voluntad sólo podría explicarse entonces por la ignorancia de nuestra esencia: sólo quien no se conoce a sí mismo no actúa mágicamente, no porque haya perdido el poder sino porque no hace lo que quiere, al no conocer realmente lo que quiere. Si hiciera lo que quisiera, sus acciones serían mágicas e inmediatamente materializarían su deseo --puesto que de todas formas este deseo sería el deseo que corre, por así decirlo, naturalmente por los cauces universales, sería una expresión más, reforzamiento voluntario, de la ley misma en su inevitabilidad. Lo que realmente queremos de cualquier forma iba a pasar. Esta es la  suprema paradoja de la existencia individual y por la cual muchos de los grandes maestros concluyen que la única solución al predicamento de la existencia es la servidumbre (voluntaria y consciente) y la disolución del ego individual. 

Otra paradoja, Crowley, quien es recordado como uno de los grandes personajes inmorales de la historia, en su "haz lo que quieras..." introduce un concepto profundamente moral: aquel que hace lo que realmente quiere estará salvaguardando el bien universal, cumpliendo el plan, Su mantra tiene un gran parecido con la siguiente meditación de Marco Aurelio, el emperador romano: 

Continúa por tu camino recto, siguiendo tu propia naturaleza y la naturaleza universal, porque de hecho ambos caminos son uno.

Marco Aurelio, a diferencia de muchos otros emperadores romanos que son el epítome de la inmoralidad, fue un gran ejemplo de rectitud y claridad. Sus Meditaciones son una de las grandes obras en la historia del pensamiento moral. La coincidencia con la ideación mágica de Crowley, sin embargo, no debe sorprendernos. No sería muy difícil encontrar numerosas otras coincidencias en el pensamiento antiguo (recordemos que la mayoría de los filósofos en Grecia y Roma eran iniciados en Eleusis o en otros misterios altamente esotéricos). Y es que realmente existe una tradición, una línea de conocimiento de lo que es la vía regia de la filosofía: el autoconocimiento y la práctica o ejercicio de lo que se conoce, es decir, la conducta ética a través de la cual se muestra la transformación que efectúa la filosofía en un individuo y por lo cual puede llamarse verdaderamente un filósofo. En esto último muchos dudan de Crowley, quien parece haber tenido toda la teoría en orden, pero cuyas prácticas licenciosas pudieron haberlo llevado demasiado lejos, torciendo esa cadena dorada de unidad entre el proceso cósmico y el proceso individual. Preferimos en esto no juzgar y dejar que el lector forme su propia opinión sobre si la vida de Crowley invalida u oscurece la magia y la luz de su pensamiento.

 

Twitter del autor: @alepholo

 

 

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Las 5 cosas que aprendió un hombre que asistió gratis a las mejores universidades de EE.UU

AlterCultura

Por: Samuel Zarazua - 08/09/2015

Este individuo asistió durante 4 años a los colegios más caros sin pagar colegiatura; descubrió qué sí y qué no te ofrece un grado universitario
[caption id="attachment_98883" align="aligncenter" width="260"]guillaume-dumas-image Images: Shutterstock, Dumas: Olivier Lalande[/caption]

Stanford, Yale, Brown, McGill, y Berkeley en California, son algunas de las mejores universidades en Estados Unidos, así como la Universidad de Columbia Británica de Canadá, y también aquellas a las que ha asistido el originario de Quebec Guillaume Dumas, quien cuenta cómo ha sido su experiencia en el ámbito exigente, caro y aplastante de los colegios de élite más demandados de EE.UU.

Entre lecturas, seminarios y debates con profesores, también tenía que trabajar para vivir, muchas veces mesereando o haciendo tareas a sus compañeros. Algunas veces compartía gastos de un lugar donde quedarse con alguno; otras, como cuando asistió a Brown, llevaba su bolsa de dormir para quedarse en el suelo o donde alguien le diera posada. Al final de todo, nunca recibió un grado.

Muchos, como Dumas, están enojados con el sistema educativo que excluye a los que no pueden costearlo. Es una cuestión de estatus. ¿No es gratis la idea de compartir conocimiento y grandes ideas?

Observando los motivos de exclusión de estas universidades frente a la calidad o logros de sus egresados fue que a Dumas se le ocurrió la pregunta sobre ¿qué es exactamente lo que ofrece un título universitario? No hay que olvidar que más que otra cosa las universidades también son redes de amistades, contactos y relaciones que van más allá del salón de clases.

Convertido en un crítico de la educación superior en su país, decidió recorrer Estados Unidos porque le pareció interesante y divertido. De cualquier forma, si por sus padres fuera, no hubiera estudiado más allá de la preparatoria. Su mamá quería que fuera carnicero y su papá leñador en Quebec.

Después de empezar en LaSalle College en Montreal, al igual que muchos chicos de 18 años iguales que él, no sabía muy bien qué hacer de su vida, mucho menos como para escoger una carrera. Se sentía igualmente atraído por la psicología que por la filosofía o la física, aunque numerosas veces decisiones como esta cuestan, al final de todo, mucho dinero.

Dejó LaSalle, pues su indecisión le estaba costando caro y comenzó a asistir de ‘oyente’ a la Universidad McGill, y pensó: “¿por qué no lo podría hacer en otras escuelas?".

Ahorró para viajar por ambas costas de EE.UU. y pasó por Yale y Brown, después Berkeley y Stanford. No sólo se interesó por lo que pasaba en el aula sino lo que ocurre más allá, en la vida social del campus. Como era amigable y le gustaba socializar, pasaba de incógnito en las fiestas, conociendo personas.

Además, Dumas estaba fascinado por Frank Abagnale Jr., un gran falsificador, estafador y 'camaleón' que pasó por varias identidades: cirujano, abogado, piloto y agente federal. (Leonardo DiCaprio interpretó a este personaje en Catch Me if You Can (Atrápame si puedes), la cual fue estrenada 2 años antes de que Dumas comenzara la universidad).

Estos son las cinco cosas que Dumas aprendió asistiendo 4 años a las mejores universidades de Estados Unidos:

1. Algunas carreras necesitan grado, otras no.

Hay muchas empresas que piden como requisito un título; asimismo, muchos oficios como abogado o médico requieren un grado comprobable de estudios. Sin embargo, en muchas sociedades está sobrevaluado el título, y cada vez hay más jóvenes con título universitario o posgrado que están sobrecalificados para ciertos empleos. Hay muchas industrias en las que lo que importa es la producción. Hay muchos emprendedores, freelancers o técnicos que demuestran de qué son capaces más allá de si tienen título o no. Hay muchos 'desertores' de las escuelas en el mundo de la tecnología, como Steve Jobs, Bill Gates o Mark Zuckerberg. 

2. Para autoemplearse o ser empresario no hay necesidad de tener un grado. Las empresas transnacionales y grandes corporaciones necesitan gente con títulos, ¿por qué?, sólo ellos lo saben.

La economía prosigue tengas título o no. Es por ello también que la fuerza de trabajo debe adaptarse a las necesidades de la sociedad actual. Hay muchas personas que llevan sus propios negocios sin necesidad de educación superior. Actualmente, en Estados Unidos 34% de la fuerza de trabajo está autoempleada, y se estima que para 2020 el número crecerá a 40%. La universidad es muy cara, pero más caro se paga no conseguir empleo después de graduarse. (Por ejemplo, Dumas se percató de que las colegiaturas y cuotas para los colegios aumentaron 1,120% desde 1978, lo que va cuatro veces más rápido que la inflación). El costo al año para asistir a una universidad llegará a 334 mil dólares para 2018. En 2008, cerca de 35% de los graduados se encontraba desempleado, para 2013 el número se incrementó a 44%.

3. Nunca pagues por entrar a una red de contactos: la amistad es gratis.

Otra de las cosas por la que mucha gente quiere entrar a las universidades más caras e importantes de Estados Unidos es porque también con ello se puede tener acceso muchas veces a una red social de intereses, a contactos con los cuales se pueden hacer grandes cosas después de graduarse. Dumas insiste que para tener toda esta red de contactos no es necesario inscribirse o pagar la cuota en las universidades, sino sólo relacionarse bien con quien se tiene interés. Para ello hay que relacionarse con gente también fuera del campus, asistir a coloquios, pláticas, conferencias, lecturas, tomándose el tiempo para conocer nuevas personas.

4. La estimulación intelectual está en todas partes.

Muchos estudiantes aman hacer ensayos, entregar reportes, opinar en clase, debatir con maestros, ayudar a investigadores. "No hay nada como la cultura universitaria", dijo Dumas, "ya que uno puede percatarse de los diferentes puntos de vista y perspectivas de nuevas ideas, lo cual es muy valioso". No obstante, esa misma estimulación que se halla en las universidades está abierta a todo público, no sólo a los inscritos que pagan la colegiatura.

5. El conocimiento es gratis y, para ser emprendedor o el genio 'innovador' de la tecnología, las artes o las empresas no es necesario un grado.

Aunque el conocimiento lo ha manejado siempre la élite y aunque ciertos grupos intenten detentar siempre el poder, mucha gente cree que para acceder al conocimiento o a la red de intereses y personas hay que endeudarse para pagar los estudios, lo cual es falso. Todos podemos contribuir en pláticas, conferencias y mesas redondas a los debates más importantes de nuestro tiempo.

Con personas que coinciden en pensamiento con Dumas comenzó una idea llamada Logomachy, quienes enfrentan los problemas de la contemporaneidad desde diferente perspectivas.

Actualmente hay infinidad de cursos en línea que llevan la experiencia del conocimiento más allá del salón de clases.

Y tú, ¿qué pasos piensas seguir ?

Al final de todo, Dumas no se ha hecho más pobre ni más rico por tener un grado, pero tampoco se ha endeudado, como muchos recién graduados. Es ahora un empresario con una empresa web llamada Datective, mediante la cual ayuda a sus clientes a conseguir pareja, creándoles un perfil en línea.

Para crear un negocio no se necesita más que suspicacia, una buena inversión, inteligencia, contactos y un poco de suerte. A ninguno de los clientes les importa si tienes un título o no para comprar tu producto, sólo buscan que lo que vendas esté bien y sea de su agrado.