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Los sueños pueden usarse para resolver problemas, revela estudio

Por: Samuel Zarazua - 08/04/2015

¿A quién le iría mejor en un examen? ¿A un alumno que estudió toda la noche, o al que durmió 8 horas y se despertó temprano para revisar sus apuntes? El sueño, de pasivo, no tiene nada

Poder del Sueño

Una misma tarea, sea cual sea, puede ser muy fácil de resolver en horas matutinas, pero puede llegar a ser complicada en horas tardías de nuestras jornadas, con el cansancio del día sobre los hombros, pero, ¿por qué?

Tendemos a concebir el sueño como un estado de pasividad, como un período de recuperación del cuerpo, caracterizado por un estado de conciencia alterado, relajación muscular y una baja en la actividad metabólica que reduce nuestra temperatura corporal (por eso usamos cobijas). Sin embargo, investigaciones recientes afirman que el sueño, lejos de ser un simple letargo en el que el cuerpo no tiene actividad alguna, es un proceso altamente activo.

Increíble que desde el 360 a. C, en “De somno et vigilia” ("Acerca del sueño y la vigilia"), Aristóteles ya vislumbraba el sueño como un proceso altamente activo que promueve la instauración del sentido común. El sueño y la vigilia se complementan, no hay uno sin otro, uno no es mejor que otro, ni uno más activo o más pasivo que el otro.

Resulta lógico pensar que el sueño debe servir para algo más que un simple descanso, por eso se ha conservado a lo largo de la evolución y existe en mamíferos, aves, reptiles, anfibios, peces e insectos.

Sueño

El descanso tiene numerosas consecuencias en el desempeño del ser humano en su vida activa: reafirma los recuerdos, la memoria a corto y largo plazo y juega un papel en la asimilación de la información nueva. Recuerda tal vez el proceso de la desfragmentación en las PCs, en el cual la computadora reordena toda la información y la clasifica de manera que el acceso a ella sea más rápido y eficaz, liberando también espacio en el disco duro. Sí, el sueño sería entonces la tecnología más avanzada que poseemos para organizar nuestras mentes.

Si el sueño nos ayuda a reordenar la información nueva incorporándola a la ya existente eso implica que tendremos más claridad, mejor toma de decisiones y mejor juicio.

De hecho, desde el punto de vista biológico, el sueño se caracteriza por un estado de anabolismo en el cual el sistema construye nuevas moléculas, repara daños a nivel de nervios, esqueleto y músculos. Así que el sueño, de pasivo, no tiene nada.

Científicos de la Universidad de Lancaster (Reino Unido) encontraron que las personas que tienen un buen descanso nocturno pueden resolver problemas con alto grado de dificultad a la mañana siguiente con mucha más facilidad que las personas que tratan de resolver dichos acertijos por la noche, sin haberse beneficiado de un buen descanso.

Los científicos describieron que existe un número finito de maneras de resolver problemas o acertijos, o cualquier situación en la vida, y que el sueño puede ayudarnos a encontrar esas maneras conservadas para afrontar una situación. Es decir, podemos resolver problemas actuales empleando soluciones previamente ya utilizadas para otros problemas. Una suma, sea cual sea, siempre se resolverá añadiendo el valor de los números en cuestión. No hay otra forma de hacerlo. Aunque los números sean distintos, el procedimiento siempre es el mismo.

El sueño ayuda al humano a reformular el problema, traduciéndolo a otro lenguaje tal vez más entendible, como cuando nos explicaban sumas con manzanas o con los dedos de las manos. Es, por así decirlo, una fuente de útiles metáforas para despertar nuestra comprensión en diferentes niveles de la conciencia.

Sueño y mente

Así que, ante un problema de cualquier índole, no es descabellado “consultarlo con la almohada”.

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La manipulación de los colores en el cine y la publicidad para inducir emociones (explicada por un experto)

Por: pijamasurf - 08/04/2015

Con el fin de propiciar emociones e ideas específicas, los coloristas del cine y la publicidad utilizan matices específicos que naturalmente asociamos con ciertas ideas y estados de ánimo
[caption id="attachment_98423" align="aligncenter" width="491"]4054197574_281462c754_b Imagen: "Richie Tenenbaum, self-portrait" (hyphenmatt, flickr)[/caption]

La realidad no es lo que parece. Paradójicamente, como nos parece la realidad es la única forma que tenemos de aprehenderla y comprenderla. Este es un problema viejo de la epistemología que paulatinamente ha transitado a casi cualquier disciplina que en algún punto de su desarrollo se ha enfrentado al llamado “problema de la realidad”. ¿En dónde reside esta? ¿En su dimensión objetiva, o en la representación que nos hacemos de ella?

Un ejemplo en donde esto es palpable (aunque no siempre evidente) es el cine. Aunque a veces pareciera que el cine refleja puntualmente la realidad filmada, la edición que conlleva toda cinta implica un trabajo que a su vez busca reflejar cierta manera de ver el mundo. Podría decirse que parte del valor artístico del cine reside precisamente ahí: en la posibilidad de plasmar y compartir una cosmovisión, una subjetividad, por medio de recursos audiovisuales.

En este sentido, la manipulación del color se convierte en un elemento imprescindible de dicha narrativa. Como sabemos bien, los colores poseen cualidades que por distintas razones asociamos a emociones específicas, estados de ánimo, circunstancias y demás aristas de la realidad que encuentran vehículo y significación en ciertas tonalidades. Los cineastas saben bien esto (y no sólo ellos) y lo aprovechan para situar a su audiencia en determinado êtat d’âme. Las películas de Wes Anderson, por ejemplo, es difícil concebirlas en una paleta distinta a sus habituales tonos pastel, e incluso puede decirse que el director encontró una comunión precisa entre las historias narradas, los detalles en los que recalan dichas historias, el tono en que están contadas y, finalmente, los colores con que se nos presentan. La combinatoria es de algún modo inexplicable porque Anderson ha sabido atar cada uno de los cabos para transmitir esa visión de mundo decididamente emotiva.

Hace unos días, en el sitio Co.Design, el colorista Dave Markun enlistó algunas estrategias mínimas que se utilizan en el medio cuando se busca manipular la percepción para obtener un resultado específico

En un anuncio político, el candidato y su familia pueden aparecer en tonalidades sutilmente amarillas (amistosas), mientras que su oponente se mostrará en tonos azul oscuro (negativos y distantes).

Rojo implica emociones fuertes –ira, pasión, amor– y, además, se utiliza para que hacer que la audiencia concentre su atención en un punto en específico. “Los primos del rojo –magenta y púrpura– son los unicornios del cine. Se tiende a aplicarlos a algo inusual”, dice Markun.

Lo siniestro o desagradable se pinta en verde fluorescente, un color perturbador que hace lucir algo anormal o francamente feo. Sin embargo, cuando el verde se encuentra en donde debe, entonces inspira salud y felicidad. Por eso, cuando se le resta a una situación “real”, entonces esta parece seca y enferma (por ejemplo, en The Matrix, en la célebre secuencia del asalto al edificio de seguridad donde retienen a Morpheus).

 

Los colores, por otro lado, también pueden utilizarse para recrear una realidad inexistente: flashbacks, sueños, distopías y más. En este caso la imaginación es quien muestra el camino, pero no menos cierto es que también existen ciertas reglas no escritas al respecto: a veces los recuerdos están teñidos de una pátina dorada,

 

 en otros casos el futuro es oscuro y sombrío,

 

y los sueños se desvanecen en matices y transparencias.

 

Si se trata de generar lugares físicos y no sólo mentales, entonces, nos dice Markun, el turquesa y el naranja se encuentran entre los preferidos de los coloristas, con ciertas variaciones hacia el negro y las sombras (como en el caso de la película Transformers).

 

¿Qué es la realidad? Definitivamente, no la que el cine nos muestra. Con todo, estas manipulaciones también son útiles para acercarnos a una respuesta o al menos a una reflexión al respecto: si la realidad es tan fácil de intervenir, acaso no es sólo que esta no admita una definición única, sino que quizá en su naturaleza está aceptar esas mismas intervenciones, hasta llegar a la versión que buscamos.