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¿La NSA ignoró información que pudo haber evitado los ataques del 9/11?

Por: pijamasurf - 08/21/2015

Filtraciones de la era Snowden permiten establecer que la NSA vigilaba a los perpetradores de los ataques del 9/11 y aunque tuvieron información suficiente para realizar una investigación de cerca, prefirieron no hacerlo

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La lógica de los eventos históricos escapa a la simple lógica cotidiana: es precisamente una brecha que se abre entre las certezas sobre las que basamos la vida social y una determinación que escapa a nuestra percepción de todos los días --sin embargo, su presencia es constante y, aun a pesar suyo, a veces deja rastros.

Según un artículo del periodista James Bamford publicado en Foreign Policy, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) habría tenido enfrente todos los elementos para investigar a los pilotos responsables de los ataques del 9/11,  pero por ineptitud no lograron armar el rompecabezas. La alternativa a la teoría del (conveniente) error humano --y aquí entramos al terreno de la conspiración-- es que la NSA pudo haber impedido los ataques, pero decidieron no hacerlo.

James Bamford investigó la información aportada por los informantes y ex NSA Thomas Drake y Kirk Wiebe, donde se determina que la NSA tenía conocimiento de la localización de un número telefónico ubicado en Yemen, una base de operaciones clandestinas de Osama bin Laden, durante marzo de 2000, a la que los pilotos llamaban asiduamente.

UncleSamListensInEl ex director de la Agencia, Michael Hayden, ha dicho en numerosas entrevistas que "dificutades técnicas" les impidieron dar con la localización exacta, lo que ha sido desmentido por Wiebe, quien fungía como analista de información  de la NSA.

El argumento de Wiebe es que la NSA podría haber sabido la localización geográfica de la base en Yemen puesto que conocían el número telefónico, y las compañías telefónicas siempre conservan metadatos como este con fines de cobro. Ni siquiera se trata de un argumento político, sino meramente técnico: algo que se puede hacer pidiendo una orden a la Corte para entrar a la base de datos de la compañía y vigilar el domicilio que corresponde al número de teléfono.

Pero en lugar de esto, la NSA ignoró las llamadas que Nawaf al-Hazmi y Khalid al-Mihdhar hacían desde San Diego a Yemen.

Si la información se perdió en la intricada burocracia de la NSA, como cuestiona Bamford, no es solamente muestra de una disfunción e incompetencia total en una de las más poderosas agencias de inteligencia del mundo, sino que lleva a la suposición de que hubiera sido deliberadamente ignorada.

Lo cierto es que la negligencia bienintencionada o la negligencia de teoría de conspiración arrojan un escenario para nuestro presente al estilo de Minority Report. Desde los días del 9/11, la NSA y el proyecto PRISM han sido descritos por otras filtraciones de documentación secreta, lo que nos hace vivir con la suposición bien fundada de que todas nuestras interacciones vía Internet (e incluso fuera de la Red) dejan rastros sobre nosotros; la adjudicación de crímenes futuros sería, paradójicamente, una violación más a los derechos humanos, a pesar de que las agencias de inteligencia tienen todos los rastros de nuestra cotidianidad digital a su alcance.

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Escucha la radio natural que transmite la Tierra: ondas de muy baja frecuencia (VLF)

Por: pijamasurf - 08/21/2015

La sinfonía secreta de la Tierra: el mundo sonoro de la energía electromagnética (VLF)

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Los sonidos que escucharás aquí son, de alguna forma, parte de la programación de la estación Gaia, lo que el ingeniero Buckminster Fuller llamaba "la nave espacial Tierra". 

Desde los inicios de la radio, aficionados y oficiales militares han sentido cierta mistificación por una serie de sonidos que en su momento parecían inexplicables --y eso fue suficiente para que se conjuraran numerosas teorías de conspiración que siguen en pie. Soldados en la Primera Guerra Mundial empezaron a detectar sonidos en sus teléfonos de campo los cuales, con cierta lógica paranoica, confundieron con granadas cercanas o ataques invisibles (la presencia fantasma del enemigo).

Como bien explica la revista Nautilus, hoy se sabe que estos sonidos son producidos por ondas de muy baja frecuencia (conocidas como VLF por sus siglas en inglés). Esto es, ondas  de radio de una longitud de onda de 10 a 100km o de 3 a 30kHz. Estas frecuencias son poco usadas en la actualidad, salvo por ciertos sistemas de comunicación militar, especialmente ligadas a submarinos, ya que estas frecuencias penetran hasta a 40m de profundidad marina. Por cierto, la DARPA ha usado sus vilipendiadas antenas en Alaska para emplear la ionosfera --que alimenta las auroras boreales-- para rebotar ondas de radio y comunicarse con submarinos nucleares del otro lado del mundo. Estas son las arpas secretas del ejército.

Los sonidos que cazan algunos aficionados y que han maravillado a más de uno son producidos por fenómenos naturales como tormentas eléctricas, volcanes, tornados y otros fenómenos que interfieren con la atmósfera y emiten ondas electromagnéticas. Alex Tesar, en Nautilus, los llama "la sinfonía secreta de la Tierra", pues resulta que hay cierta música en este ruido, en estos sonidos que rasgan el velo del planeta con rayos sutiles.

 

A muchas personas les produce placer escuchar estas tormentas casi etéreas, estos rasguños áuricos, estática natural, drones de viento, los sendos aplausos del relámpago... Existe ya una subcultura de cazadores de estas frecuencias que viajan grandes distancias para captar las mejores VLFs (los mejores lugares son espacios aislados como la tundra canadiense o el desierto Alvord en Oregon). Más allá de esta delectación sonora, las ondas de muy baja frecuencia sirven para estudiar el comportamiento electromagnético de las diferentes capas de la Tierra. Hay un silbido distintivo, identificado en uno de los audios, que es el sonido de la energía viajando por la magnetósfera: la radiación producida por un rayo viaja a lo largo de líneas en el campo magnético, siguiendo una trayectoria curva y luego se dispersa; las frecuencias más altas regresan a la atmósfera primero y las más bajas dejan una cadencia al descender después.

Así tenemos una muestra de la radio natural de nuestro planeta, sonidos más informativos que armónicos, pero con cierto sentido poético en el que, acaso por su frecuencia subrosa, no podemos dejar de pensar en la música de las esferas que Pitágoras decía escuchar. ¿Una música que es, a fin de cuentas, el sonido de la energía moviéndose en el cosmos? El oído más fino, como el ojo más fino, es aquel que percibe la energía sutil y no sólo la densidad material.