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Conoce de cerca el entramado simbólico de la estatua satanista de Baphometh en Detroit

Por: pijamasurf - 08/10/2015

"¿Entonces quién era el Demonio? ¿Aquel que no te dejaría vivir o aquel que te haría vivir para siempre, en la gracia y poder del conocimiento?" (Lord Byron)
satanictemple

vía Satanic Temple

Hace unas semanas, el siempre controversial Templo Satánico (Satanic Temple) develó una estatua de Baphomet en la ciudad de Detroit; con un costo de 100 mil dólares, la estatua se convirtió en una atracción turística inmediata y, como suele ocurrir con las acciones del Templo (a medio camino entre el performance artístico y la provocación política), las críticas no se han hecho esperar. Lucien Greaves, uno de los cofundadores del Templo, habló con la BBC para dar a conocer el sentido que tiene para su organización dicha estatua.

"Nuestra estatua servirá como un señuelo para llamar a la compasión y la empatía entre todas las criaturas", afirma Greaves, en un sentido filosófico; en el aspecto político, servirá para "complementar y contrastar" el monumento a los Diez Mandamientos que se encuentra a casi 1,500km de distancia en el edificio del Capitolio, amparándose en las "prohibiciones inconstitucionales contra la libertad de expresión y el libre ejercicio de la religión".

Y es que Baphometh no sólo parece un Abraham Lincoln del inframundo, sino que sus entusiastas esperan que la gente "se siente en su regazo para inspirarse y contemplar", sin distinción de edades y procedencias: "La gente viajará grandes distancias para verlo", sentencia Greaves.

Es posible, sin embargo, que el escándalo de la estatua esté más relacionado a prejuicios culturales e ideológicos que a algo inherente a la figura en sí:

¿Quién es Baphometh?

El nombre aparece durante las Cruzadas, cuando la Santa Inquisición torturó a los Caballeros Templarios (presuntamente para apoderarse de sus cuantiosos botines en Tierra Santa), quienes confesaron cometer toda clase de sacrilegios, entre ellos, la adoración del ídolo Baphometh.

Se ha especulado que "Baphometh" puede ser una forma diferente de pronunciar "Mahomet", en referencia al profeta Mahoma (Muhammad o Mohammed), aunque la representación moderna proviene del Arcano XV del Tarot Raider-Waite, así como de los dibujos del ocultista Eliphas Levi de 1856, incluidos en su clásico Dogma y ritual de la alta magia. Las ilustraciones de Levi fueron la base para la estatua del Templo Satánico.

Baphomet de Eliphas Levi

Baphomet de Eliphas Levi

El colapso (o la integración) de los opuestos

Para el ocultismo, las distintas encarnaciones y representaciones del Demonio ("satanas", el Enemigo) nos recuerdan el antiguo principio iniciático, presente en todas las culturas, de que "lo que es arriba es abajo". El macrocosmos y el microcosmos de los alquimistas, al igual que la fórmula mágica solve et coagula hablan de un reencuentro de lo negado, de lo censurado y lo desconocido. Los dos dedos de la mano derecha apuntando al cielo se corresponden con el gesto de la izquierda, que apunta a la tierra.

El caduceo en el vientre de Baphometh pertenece al dios griego Hermes, encargado de la comunicación, los viajes, los negocios, y que guarda por igual entre mensajeros y ladrones. Para Greaves simboliza "la reconciliación de los opuestos --tal como tener un monumento satanista en oposición a uno cristiano". 

La cruz invertida y el pentagrama son algunos símbolos fácilmente reconocibles desde la cultura popular en asociación con el satanismo; representan simplemente la inversión de un punto de vista por otro. Aún faltan dos inscripciones para terminar la estatua; una en el frente dirá: "El espíritu de la compasión, la sabiduría y la justicia siempre debe prevalecer por sobre la palabra escrita o hablada", uno de los preceptos más importantes de los satanistas; en la espalda llevará una cita del poeta romántico Lord Byron, proveniente de la obra Caín, que reza: "¿Entonces quién era el Demonio? ¿Aquel que no te dejaría vivir o aquel que te haría vivir para siempre, en la gracia y poder del conocimiento?".

El tercer "cuerno" en la cabeza de Baphometh representa la antorcha del conocimiento, según la describió Levi. En otras representaciones del demonio puede llevar dicha antorcha en una de las manos. El rostro de macho cabrío también puede ser el de una bella mujer, una máscara u otro animal.

Superstición infantilizante

Los niños que flanquean la estatua pueden parecer siniestros (o incluso cómicos), pero Greaves y los satanistas esperan "que los niños vean solamente esto como una hermosa obra de arte --no hay nada de qué asustarse. Eso es lo que simbolizan los niños". Y es que para ellos, el miedo al Demonio y lo oculto forma parte de la propaganda cristiana.

Tarot de Marsella

Tarot de Marsella

 

Tarot Raider-Waite

Tarot Raider-Waite

"No creo que los niños que se acerquen al monumento sin haber sido absorbidos previamente por la propaganda encuentren nada horrible en él", comenta Greaves, aunque admite que "no nos interesa adoctrinar a los niños", pues "en su mayor parte, los niños son forzados a entrar en las religiones. Eso es algo que definitivamente no nos interesa hacer".

Para el tarot, los seres encadenados al Demonio pueden representar las fuerzas egóticas sometidas a la voluntad del deseo (que adopta todos los nombres, formas y disfraces), así como también los lastres de los puntos de vista infantilizantes en la vida adulta, como la superstición y el narcisismo. En la versión del Tarot de Marsella, el Diablo muestra senos femeninos y un falo masculino, pues representa al hermafrodita fundamental; estos elementos fueron retirados de la estatua de Detroit, pues el Templo no deseaba verse envuelto en discusiones de género (lo cual apunta veladamente a una estrategia más bien conservadora de su parte: los satanistas no están yendo suficientemente lejos).

Sin embargo, desde una perspectiva dialógica (según el filósofo ruso Mijaíl Bajtín), este juego de oposiciones serviría para reforzar el poder del cristianismo pues, finalmente, el Baphometh de Detroit busca desestabilizar o "balancear" un monumento cristiano; llevar el juego más lejos debería incluir deidades paganas de muchas otras procedencias. Aunque parezca un juego provocativo, la estatua del Templo Satánico finamente está reforzando la dualidad cristiana, de la misma forma en que los partidos políticos estadounidenses, el demócrata y el republicano, no representan en realidad dos fuerzas políticas opuestas, sino simplemente estrategias paralelas de conservación del poder por parte de las élites. Pero eso sería materia de otro artículo.

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Cuando NO es NO: políticas del consenso sexual en la era de las apps

Por: pijamasurf - 08/10/2015

"El consenso real es mutuo y seguro. No sugerido, frágil, dudoso o temeroso. Nunca es incierto, asumido o silencioso." (More Than Yes)

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Imagina la escena: estás en medio de una apasionante sesión de besos con la persona que más deseas, la ropa está cayendo a su alrededor, la respiración de ambos se acelera... De pronto, el o ella hace una pausa abrupta. "Espera", te dice. Y saca su smartphone. Justo cuando creías que ibas a ser la estrella de un video porno amateur, él o ella toma un pequeño video de sí mismo: dice su nombre, el tuyo, y unas palabras con las cuales acepta consensualmente tener relaciones sexuales contigo; claro, no dice exactamente cómo ni cuántas veces, ni siquiera dice que le gustes demasiado (probablemente serás sólo un acostón de una noche y mejor superarlo rápido), pero el sentido es claro: tu pareja de esta noche tiene instalada una de las apps que graban el permiso explícito de una persona para tener sexo con otra. Luego te pedirá que hagas lo mismo.

Un escenario así puede parecer risible, pero es justo lo que apps como We Consent o Good2Go están haciendo para marcar sin lugar a dudas la delgada frontera entre el consentimiento sexual y las atribuciones unilaterales que transforman a un amante en un violador, según quién cuente la historia. Cada parte da su aceptación o negación (produce o niega el consentimiento), y sólo la aceptación de las dos partes produce la palabra mágica: consenso.

Tomemos un caso muy sonado en nuestros días, el del actor de televisión Bill Cosby; a pesar de que durante años mantuvo una imagen pública de padre ejemplar y encarnación de los buenos valores monógamos, Cosby fue acusado de abuso sexual hace 10 años. Las declaraciones del actor fueron mantenidas en secreto hasta que el New York Times las hizo públicas. En un interrogatorio de 4 días, el actor aceptó ser un seductor nato, que ocasionalmente (i. e. casi siempre) utilizaba su fama, influencia, la mentira pura y dura y también fuertes sedantes para llevarse a la cama a jóvenes aspirantes al mundo del estrellato.

A pesar de que no se considera un violador, Cosby puso en palabras lo que seguramente muchos violadores pensaron sobre sus técnicas de seducción antes de ser denunciados por la policía: "Creo que puedo leer a la gente y sus emociones bastante bien en este asunto romántico y sexual, como sea que quieran llamarlo"-

Otro caso fue el del activista y fundador de WikiLeaks, Julian Assange, que fue acusado de violación en una corte sueca, aunque él asegura que todo ocurrió de manera consensuada. 

Pero si creen que una app donde cada participante exprese su consentimiento es demasiado excesivo, antisexy y contrario al más básico sentido común, vale la pena recordar una estadística del Reino Unido (que ha lanzado también una campaña nacional de educación sobre el consenso y las relaciones sexuales, especialmente en estudiantes), la cual indica que una de cada tres estudiantes universitarias ha sido violentada o acosada sexualmente.

La situación en México es alarmantemente peor. Se estima que en el país ocurren unas 112 mil violaciones al año, de las cuales apenas 14 mil son denunciadas, y menos de 3 mil derivan en condenas para los perpetradores. Según datos de Amnistía Internacional, esto indica que sólo uno de cada 21 casos de violación tiene consecuencias legales, aunque entre siete y 26 de cada 100 violaciones terminen en embarazos no deseados.

[caption id="attachment_98719" align="aligncenter" width="614"]Slevogt_Faun_and_a_Girl Max Slevogt, "Faun and girl"[/caption]

Políticas del consenso sexual

Se dice que alguien de 17 años puede tener sexo consensual, pero ni siquiera un anciano como Bill Cosby puede explicar claramente qué es o en qué consiste dicho consenso. El consenso puede entenderse como un contrato verbal o no donde dos (o más) personas acuerden tener relaciones sexuales entre ellas. Proponer el uso de apps puede parecer radical, pero universidades como Oxford y Cambridge ya aplican cursos obligatorios sobre consenso sexual para los estudiantes de primer ingreso, y leyes como el Affirmative Consent Project en Estados Unidos pretenden llevar la iniciativa al terreno legislativo.

Una campaña canadiense llamada 'More Than Yes' coloca el consenso en estos términos: "El consenso real es mutuo y seguro. No sugerido, frágil, dudoso o temeroso. Nunca es incierto, asumido o silencioso". En otras palabras, no hay manera correcta o incorrecta de "leer a las personas", ni de interpretar inciertas señales de su parte. El consenso incluso puede dar lugar a dudas: si alguno de los participantes decide retirar su consenso, esto también entra en la órbita del consenso; aunque lo percibamos como un contrato, el consenso sexual no obliga forzosamente a una persona a llegar al final de una relación sexual. Dicho de otra manera, podríamos decir que el consenso es aquello que siempre se está decidiendo, y que permite un rango de acción mientras la otra persona no lo retire expresamente.

¿Por qué es tan difícil, entonces, ponerse de acuerdo en que sí es sí no es no? Sabemos que las relaciones sexuales deben darse entre adultos (aunque cada legislación es diferente y algunas consideran sujetos de consenso a los chicos de 16 o 17 años, de otro modo estaríamos hablando de pedofilia), dentro de un contexto de comunicación interpersonal (todos los idiomas tienen maneras de expresar sí no), y si la persona no puede comunicarse y afirmar su consenso, también estamos hablando de abuso y violación.

El blog Philosophical Disquisitions publicó una interesante semblanza del consenso en uno de sus aspectos más prácticos y más discutibles: el consenso bajo intoxicación --alcohólica, por ejemplo. Digamos, si una persona que ha ingerido alcohol, drogas o medicamentos que interfieran con su juicio y percepción de su entorno acepta tener relaciones sexuales con otra, ¿está realmente consintiendo? El caso es interesante porque mucha gente se arrepiente a la mañana siguiente de haber dado su consenso la noche previa --pero no todos los casos terminan en una demanda por violación.

Stephen J. Schulhofer, uno de los impulsores de leyes contra la violación, insiste en que una ley que incite a declarar el consenso sexual sin lugar a dudas podría reducir drásticamente las incidencias de delitos sexuales, como ocurre con las leyes de tránsito: "Aunque millones de personas conduzcan a más de 65 millas por hora a pesar del límite establecido de 55, la ley sigue salvando vidas. En tanto la gente sepa cuáles son las reglas de tránsito, la gran mayoría va a respetarlas".

Existen muchas más vertientes en este asunto de las que podríamos abordar en un breve post. Sin embargo, mientras las leyes se ponen de acuerdo acerca de su mejor aplicación, es responsabilidad de cada uno de nosotros (hombre o mujer, hetero, homo o polisexual) dejar perfectamente claro que queremos tener relaciones con otros, y aún más claro cuando no lo deseamos. Un 'sí' debe ser tan firme como un 'no'. No importan los motivos (el investigador Alfred Kinsey llegó a diferenciar casi 300 razones por las que la gente tiene sexo consensual, el aburrimiento es uno de ellos), sino que la aceptación y el rechazo sean establecidos claramente.