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El sentido original de la filosofía: un ejercicio espiritual y un entrenamiento para la muerte

AlterCultura

Por: pijamasurf - 07/06/2015

En la segunda entrega de Cadena Áurea de Filosofía nos preguntamos sobre el sentido original de la filosofía que concibieron los filósofos griegos, especialmente la tradición platónica: un arte de vida, un entrenamiento para la muerte y una herramienta de evolución espiritual

 

En el segundo episodio del podcast de filosofía Cadena Áurea, el Dr.Ernesto Priani y Alejandro Martínez Gallardo conversan sobre el significado original de la filosofía y contemplan la importancia de rescatar el espíritu que encarnaron los antiguos filósofos helénicos y retomar una tradición filosófica que no se contentaba con el razonamiento discursivo y la abstracción, separación y clasificación de la realidad en sistemas lógicos, sino que era un camino teórico y práctico para la transformación y el crecimiento espiritual del ser humano. 

 

0-1:20: Intro -- Track: "How To Operate Your Brain" --Tim Leary sobre Sócrates y las ideas de "conócete a ti mismo" y "cuestiona a la autoridad".

1:20-5:00: La filosofía cómo un arte de vida y un medio de transformación: ¿hemos perdido el espíritu original de la filosofía?, ¿sabiduría y filosofía se han separado?

5:00-9:00: La tradición platónica y el significado original de la filosofía; Platón y la filosofía como entrenamiento para la muerte y como el arte de hacerse como dios; la importancia de la iniciación y los misterios; ¿la filosofía es el yoga de Occidente?

9:00-13:00: ¿La modernidad está regida por la superficialidad?, ¿nuestra vida es poco profunda?; nuestra época ha exiliado al alma, pero no se puede hablar sobre filosofía sin hablar del alma; "la filosofía como purificación del alma"; el alma como concepto integrador, la aglutinación de inteligencia y cuerpo; trinidad vs dualidad; Heinrich Zimmer y la filosofía de la transformación de la India.

13:00-17:00: La filosofía debe ser practicada; una herramienta en contra de la enajenación del capitalismo y el consumismo; la tradición filosófica de la imaginación; la imaginación como el órgano de percepción que aprehende  el mundo espiritual; la filosofía contra el materialismo; Sócrates y la reflexión sobre la muerte.

17:00-21:00: Los beneficios de meditar sobre la muerte; los procesos de la naturaleza; el hombre como espejo del cosmos; (18:30) Track: "Comply-Emergency Broadcast System"; la filosofía en la vida cotidiana; ejercicios prácticos de filosofía; la filosofía para comprender la fantasía y defendernos de la programación mental de los medios masivos y la publicidad.

21:00-25:00: La magia de las imágenes; la realidad como una guerra de fantasmas; un tip para navegar la cotidianidad, cortesía del emperador Marco Aurelio; la importancia de reflexionar sobre la vida y observar el mundo y el ser; ¿tomar las cosas con filosofía nos puede curar?; una reflexión sobre la frase: "el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional"; las enfermedades como movimientos o comunicaciones del alma

25:00-27:39: La importancia de una vida con significado (la vida con filosofía es más rica); la eudaimonia, o el buen daimon; la conexión entre el hombre y el cosmos; seguir los ritmos de la naturaleza para llevar una vida más sana y significativa.

 

Axis conceptual

-Una filosofía cuyo centro es el alma y cuyo objetivo es la transformación.

-Transformación porque el filósofo al tener la experiencia del conocimiento se convierte en aquello que conoce (una gnosis propiamente) y también porque, para conocer lo que yace más allá de las apariencias, el filósofo debe agudizar su percepción y trabajar su propio instrumento de conocimiento: su ser. Dice la tradición platónica que solo podemos conocer aquello a lo que nos parecemos, el verdadero conocimiento es un vínculo de simpatía: un reconocimiento de la unidad.

-No hay verdadero entendimiento intelectual sin la energía que permita sostener la experiencia.

-La filosofía puede ser (y ha sido antiguamente) usada como un antídoto contra el materialismo.

-La filosofía platónica y neoplatónica, no debemos olvidar, es un cuerpo de conocimientos teóricos y prácticos que permiten al hombre comprender el mundo, comprenderse a sí mismo y posteriormente alcanzar un estado de conciencia en el que la muerte es percibida como la oportunidad de poner a prueba la labor de conocimiento y emprender el vuelo del alma de regreso a la unidad divina. O, como dijera Plotino: "el vuelo del solo al Solo".

-Entrenarse para morir es el ejercicio espiritual por antonomasia, el filósofo así se declara a favor de su alma y se opone al pesado sueño de la existencia material.

-Observar los ritmos y patrones del cosmos es parte del ejercicio de autoconocimiento, puesto que el hombre es un pequeño cosmos.

 

 

Material adicional- Como complemento o también para profundizar un poco más sobre estos temas, compartimos una serie de citas

 

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EL ORIGEN DE LA FILOSOFÍA EN LA TRADICIÓN PLATÓNICA 

El filósofo lituano Algis Uzdavinys escribe, en su introducción a la antología The Golden Chain:

En la definición de Platón de la filosofía como un entrenamiento para la muerte (Fedón, 67cd) se hizo una implícita distinción entre la filosofía y el discurso filosófico. La filosofía moderna occidental (una criatura un tanto monstruosa y corrompida, inicialmente modelada por la teología cristiana y por la lógica postcartesiana) ha sido sistemáticamente reducida al discurso filosófico dogmático de un solo a través de la unilateralidad fatal de su mentalidad humanista secular y una crucial incomprensión de su sabiduría tradicional. La tarea de los filósofos antiguos de hecho era contemplar el orden cósmico y su belleza; vivir en armonía con él y trascender las limitaciones impuestas por la experiencia sensorial y el razonamiento discursivo.

Uzdavinys rastrea el origen de la filosofía a la iniciación en una tradición espiritual (lo que Marsilio Ficino llamaría prisca theologia):

En el sentido órfico-pitagórico, filosofía significaba sabiduría (sophia) y amor (eros) combinados en una purificación moral e intelectual con el fin de lograr una "semejanza a Dios" (homoiosis theo, Platón, Teeteto, 176b). Esta semejanza debía ser lograda a través de la gnosis, conocimiento... La filosofía platónica (y sobre todo el neoplatonismo) es una vía contemplativa y espiritual basada en la intelección o la visión noética (noesis), que trasciende el reino de la percepción sensorial y el razonamiento discursivo. A través de una aprehensión inmediata de primeras causas, la inteligencia no-discursiva lleva a la (henosis) con las Formas divinas. "El conocimiento de los dioses", dice Jámblico, "es virtud y sabiduría y felicidad perfecta y nos hace como los dioses".

Manly P. Hall escribe, en su introducción a The Secret Teachings of All Ages:

Platón consideraba la filosofía como el bien más grande otorgado por la divinidad al hombre. En el siglo XX, sin embargo, se ha convertido en una complicada y onerosa estructura de nociones arbitrarias irreconciliables --cada una, no obstante, sostenida por una lógica casi incontestable. Los altivos teoremas de la vieja Academia que Jámblico comparó con el néctar y la ambrosía de los dioses se han adulterado tanto por la opinión --que Heráclito declaró ser una demoledora enfermedad de la mente-- que el hidromiel celestial sería irreconocible para este gran neoplatónico. Evidencia convincente de la creciente superficialidad del pensamiento científico y filosófico moderno puede verse en su constante deriva hacia el materialismo. 

[...] En esta era en la que la palabra "filosofía" tiene poco significado si no está acompañada de algún otro término calificativo. El cuerpo de la filosofía ha sido segmentado en innumerables ismos, más o menos antagónicos, los cuales se han esforzado tanto por refutar las falacias de uno o del otro que las cuestiones más sublimes del orden divino y el destino humano han sufrido un deplorable descuido.

En Words to the Wise, el filósofo canadiense señala:

Los misterios instituidos de la antigüedad poseían una tradición metafísica intacta que descendía de una larga línea de hierofantes desde los oscuros principios del tiempo. El merito de estos sistemas puede ser inferido por el alto orden de hombres que dejaron testimonio de lo sublime de sus enseñanzas. Pitágoras, Platón, Aristóteles, Plutarco, Proclo, Cicerón, Hipatia, Fidias, Hipócrates y una hueste más de pensadores reconocieron la supremacía de los misterios instituidos de los griegos y los romanos. Mentes de esta calidad difícilmente son engañadas por la superficialidad.   

 

LA FILOSOFÍA COMO ARTE DE VIDA Y PRAXIS DE TRANSFORMACIÓN

El emperador romano y filósofo estoico Marco Aurelio, en sus Meditaciones:

1. Al despuntar la aurora, hazte estas consideraciones previas: me encontraré con un indiscreto, un ingrato, un insolente, un mentiroso, un envidioso, un insociable. Todo eso les acontece por ignorancia de los bienes y de los males. Pero yo, que he observado que la naturaleza del bien es lo bello, y que la del mal es lo vergonzoso, y que la naturaleza del pecador mismo es pariente de la mía, porque participa, no de la misma sangre o de la misma semilla, sino de la inteligencia y de una porción de la divinidad, no puedo recibir daño de ninguno de ellos, pues ninguno me cubrirá de vergüenza; ni puedo enfadarme con mi pariente ni odiarle. Pues hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza. Y es actuar como adversario el hecho de manifestar indignación y repulsa.

Heinrich Zimmer, en Filosofía de la India:

Pero la principal preocupación --en notable contraste con los intereses modernos de los filósofos occidentales-- ha sido siempre no la información sino la transformación: un cambio radical de la naturaleza humana y, con el, una revelación de su manera de entender tanto el mundo exterior como su propia existencia: transformación tan completa como es posible, y que, si tiene éxito, equivaldrá a una total conversión o renacimiento, será un renacimiento. 

El filósofo francés Pierre Hadot explica por qué decidió titular a su libro Ejercicios espirituales y filosofía antigua:

De hecho, estos ejercicios --tal como podemos advertir en el texto de G. Friedmann-- corresponden a un cambio de visión del mundo y a una metamorfosis de la personalidad. La palabra «espiritual» permite comprender con mayor facilidad que unos ejercicios como estos son producto no solo del pensamiento, sino de una totalidad psíquica del individuo que, en especial, revela el auténtico alcance de tales prácticas: gracias a ellas el individuo accede al círculo del espíritu objetivo, lo que significa que vuelve a situarse en la perspectiva del todo ("Eternizarnos al tiempo que nos dejamos atrás").

[...] La práctica de la filosofía no consistía en producir la teoría de la lógica, eso es la teoría de hablar bien y pensar bien, tampoco en producir la teoría de la física, eso es del cosmos, ni en producir  la teoría de actuar bien --sino que se ocupaba de hablar bien, de pensar bien, de actuar bien y de estar verdaderamente consciente del lugar que uno ocupa en el cosmos.

Manly P. Hall, en Words to the Wise:

Antes de la sabiduría debe llegar la capacidad de la sabiduría. El entendimiento es solo posible para un organismo que se ha entrenado para entender; y uno no se entrena solamente deseando, suspirando, escuchando. Como un atleta debe entrenarse para tener un alto rendimiento corporal, así también el estudiante de filosofía debe poner sus pensamientos, emociones y acciones bajo una disciplina especializada si es que quiere lograr fuerza filosófica.

Henry Corbin en Cuerpo Espiritual y Tierra Celeste:

No hay una verdadera filosofía que no desemboque en metafísica del éxtasis, ni experiencia mística que no requiera una preparación filosófica seria. 

 

FILOSOFÍA DEL MICROCOSMOS 

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Christos Evangeliou, en The Hellenic Philosophy: Between Europe Asia and Africa:

Podemos aprender del Sócrates platónico y de la genuina filosofía platónica una lección de cómo vivir en armonía con la naturaleza y la Madre Tierra, que merece nuestro amoroso cuidado mientras va envejeciendo y es cada vez más contaminada por nosotros, sus hijos desobedientes, tal vez su más grande pena, pero potencialmente su más grande gloria, mientras que el Padre Cronos nos hace más sabios a través del sufrimiento; y ver al Cosmos como nuestro hermano mayor con un cuerpo mucho más grande que el nuestro, pero hecho de los mismos elementos y con una "Hermana Alma" mucho más sabia que nuestras almas, que ocasionalmente detendrían el ritmo frenético, voltearían hacia adentro, e intentarían descubrir quiénes son, de dónde vienen, a dónde van y de qué se trata esta vida.

El médico y alquimista Paracelso (Selected Writings):

Así que la filosofía no es más que el conocimiento y el descubrimiento de aquello que tiene su reflejo en el espejo [...].

El cielo es el hombre y el hombre es el cielo, y todos los hombres juntos son el único cielo, y el cielo no es más que un solo hombre. 

Todo lo que la teoría astronómica ha sondeado profundamente estudiando los planetas y las estrellas y sus relaciones... puede ser aplicado al firmamento del cuerpo [humano].

Y el Sol y la Luna y los planetas, así como las estrellas y el caos, están en el hombre... el cuerpo atrae el cielo [...].

Ningún cerebro puede abarcar completamente toda la estructura del cuerpo del hombre y la extensión de sus virtudes; puede entenderse solo como una imagen del macrocosmos, la Gran Criatura. Solo así se manifiesta lo que yace dentro de él. Lo exterior y lo interior son una sola cosa, una constelación, una influencia, una concordancia, una duración... una fruta.

  

UNA MEDITACIÓN SOBRE LA MUERTE

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Rainer Maria Rilke, en Las Elegías de Duino:

Morir es trabajo duro y está lleno de recogimiento antes de que uno pueda gradualmente sentir un trazo de la eternidad.  

Pierre Hadot, en Ejercicios espirituales y filosofía antigua:

Sócrates se expuso a la muerte por la virtud. Prefirió morir antes que renunciar a las exigencias de su conciencia; prefirió por tanto el Bien al ser, y la conciencia y el pensamiento a la existencia corporal. Semejante elección constituye precisamente la elección filosófica fundamental, pudiéndose decir por tanto que la filosofía implica el ejercicio y el aprendizaje de la muerte, si es cierto que somete el deseo de existencia propio del cuerpo a las exigencias superiores del pensamiento. Como indica el Sócrates del Fedón: «Así pues, es cierto que quienes, en el sentido exacto de la expresión, se tienen por filósofos se ejercitan para morir, y que la idea de estar muertos no resulta para ellos, o en todo caso menos que para cualquier otro en el mundo, motivo de espanto. 

Platón, en el Gorgias:

"¿Quién sabe --como dice Eurípides-- si esta vida no es la muerte, y la muerte la vida?". Existen filósofos que mantienen que aún en vida estamos muertos, y que el cuerpo (soma) es la tumba (sema) del alma.

 

UNA FILOSOFÍA CON ALMA E IMAGINACIÓN VS EL MATERIALISMO

Jean Gebser, en su libro Origen y presente:

Una nueva realidad espiritual es sin duda la única seguridad de que se puede conjurar la destrucción material que nos amenaza, y tan solo su realización parece garantizar una subsistencia de la humanidad contra los poderes de la técnica, de la "ratio" y el caótico estado de ánimo. 

Si nuestra conciencia, y me refiero a la concienciación, vigilancia y claridad del individuo, no logra ayudar a que irrumpa una nueva realidad y a que ejerza sus efectos, entonces tendrán razón los profetas de la decadencia. Todo lo demás es ilusión. Con esto se plantean grandes exigencias a cada uno de nosotros, y cada uno de nosotros está cargado de responsabilidad.

Henry Corbin, en Cuerpo espiritual, tierra celeste:

Esto es sin ninguna duda lo que hemos olvidado en Occidente, desde que se perdió la "batalla a favor del Alma del mundo". Una vez perdida esta batalla, la imagen es presa de todas las degradaciones, de todas las desvergüenzas de una imaginación que ha perdido su eje orientador y, con ello, su función cognitiva. Ya no se conocen más que las imágenes derivadas de lo sensible o que son perceptibles a través de los sentidos (la llamada civilización de la imagen, la pantalla de cine). A partir de ahí, ya no hay imágenes metafísicas, ni metafísica de la imagen y de la imaginación, ya que el principio de esta es que, mediante el órgano del alma, por su función imaginadora, es el propio universo del Ser el que se revela en las Formas imaginales del mundus imaginalis, que revelan eo ipso al alma misma su propia imagen, su álter ego, al mundo del Malakūt.

 

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Antes del olvido y la caída en los brazos del sueño hay una posibilidad de percibir de otra forma, acaso sin las constricciones de la mente racional, y penetrar en una dimensión más sutil de la conciencia, cuya topología imaginal ha sido celebrada por ilustres exploradores

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We are such stuff as dreams are made on; and our little life is rounded with a sleep. 

Shakespeare

 

Todos hemos escuchado sobre --y ojalá experimentado-- las virtudes creativas y espirituales del sueño. Al internarnos en el espacio onírico, nuestra mente consciente abandona el control y se activan zonas más profundas que suelen ser profusos surtidores de imágenes, historias y en ocasiones revelaciones, descubrimientos e incluso teofanías. Pero más fértil todavía que el sueño --tomando en cuenta su producción en proporción a su duración-- es esa fase en la que merodeamos en el umbral del sueño y, mientras somos llamados por Morfeo y las ninfas del Leteo, mantenemos una ligera conciencia, un ágil aplomo y nítida recolección. Estamos, por así decirlo, entre mundos, en la encrucijada --la zona favorita de Hermes, en un espacio liminal desde el cual podemos experimentar la extraña dinámica de mundos contiguos que se encuentran en un vórtice de corrientes psíquicas. El centro de nuestra percepción parece haberse movido y nuestro proceso de pensamiento se hace transparente e ingrávido, somos observadores, relativamente desapegados, de la mente que se autosimboliza... y se desvanece. Por segundos estamos en algo que podría describirse como un sueño lúcido, solo que aún no hemos entrado propiamente en el territorio del sueño, en el inframundo, y se nos permite también mirar hacia la luz de la vigilia y enlazar mundos y estados de conciencia. 

Este estado previo al sueño es llamado "estado hipnagógico" (que lleva o eleva al sueño) e históricamente ha sido usado por científicos, artistas y místicos para de alguna manera minar su propia conciencia --o la del universo mismo que se interpenetra-- y obtener joyas que parecen estar incrustadas en las puertas de la percepción de los intermundos. La lista de personalidades que se han servido de este estado y que incluso han aprendido a extenderlo y refinarlo es vasta y merece revisarse a manera de aliciente para la propia psiconáutica. Sin embargo, en una primera parte, quiero concentrarme en la  descripción del estado hipnagógico que hace R. A. Schwaller de Lubicz en su shwallerbiografía novelada, escrita por André VandenBroeck, Al-Kemi. Schwaller de Lubicz es probablemente el maestro detrás de "Fulcanelli", el adepto que habría conseguido atrapar el espíritu en los vitrales, como ocurrió antes en los "rojos y azules de Chartres". El libro de VandenBroeck cuenta la breve etapa en la que el autor fue instruido por De Lubicz (el alquimista Aor) en la ciencia hermética. A diferencia de algunos libros de este tipo --de iniciación esotérica, maestro y discípulo, como los de Carlos Castaneda, sabemos por lo menos que Schwaller de Lubicz existió y podemos de alguna manera evaluar su "doctrina", leyendo sus libros, especialmente The Temple of Man, una obra monumental sobre la ciencia sacra del Egipto faraónico, que tal vez sea una de las últimas grandes obras esotéricas. De Lubicz explica:

El segundo antes de caer en el sueño es el momento más valioso del día, cuando el córtex cerebral se apaga y tú sigues en una conciencia despierta. Realmente es el estado meditativo perfecto, y las asociaciones hechas en ese estado no obedecen reglas lógicas; pueden traer consigo verdaderas revelaciones al liberarse de la rutina de los significados racionales. Como la mente ha abandonado el control, pero no la conciencia, deja el campo abierto al complejo emocional que usualmente yace suprimido y atado por la mente. Date cuenta que la presencia última de la más alta función intelectiva, aunque en un estado completamente pasivo, es esencial porque sin esa presencia simplemente estás dormido y soñando, y nadie nunca ha logrado nada en un estado de sueño profundo... Algunos estados de conciencia pueden compararse con sueños, pero si han de servir a la conciencia, deben ser una agudización, no una obnubilación.

En este estado se sumerge André VandenBroeck después de meditar sobre una "esfera espiral" y escuchar hipnóticamente la frase "Le verre de Chartres est teint dan sa masse par l'espirit volatile des mètaux" ("el vidrio de Chartres está teñido en su masa por el espíritu volátil de los metales"). No es poca cosa dentro de su instrucción, porque para De Lubicz la alquimia es fundamentalmente un trabajo de percepción, de ver la operación hermética ocurriendo perpetuamente en las cosas más ordinarias. "Estoy enseñando una conciencia funcional que necesita un corte momentáneo, une coupure, una eliminación del córtex cerebral tan bien lograda que no solo las maquinaciones del cerebro desaparezcan sino también toda representación formal". "Entre menos esté presente la cabeza, más se inscribirá por la vibración emotiva... Es importante el rol de los estados emotivos en la inscripción". La inscripción, según De Lubicz, es el cultivo y almacenaje de la conciencia que trasciende la existencia temporal de un individuo. Momentos de percepción depurada, como se nos abre la posibilidad antes de dormir, podrían convertirse una especie de impresión eterna, de ver la eternidad pero sobre todo de inscribir la eternidad en el organismo (conocer es convertirse en lo conocido). En diversos momentos De Lubicz esboza una teoría de la percepción, el gesto alquímico:

Hay una visión pertinente a cada momento cósmico particular... el momento presente, tal como lo defino en mi libro, es de hecho la eternidad.

Sabemos que todo se está creando cada momento, y todo también se pierde [cada momento]... La Obra [alquímica] no es el descubrimiento de una técnica... es la percepción de un proceso existente. Es la percepción la que es objeto de estudio y oración. 

[caption id="attachment_97553" align="alignleft" width="365"]Unknown_painter_-_The_Dormition_of_the_Mother_of_God_-_WGA23493 "La dormición de la Madre de Dios"[/caption]

VandenBroeck así entiende lo que le presenta De Lubicz: "En este silencio total las palabras formarían significados de la manera más natural, sin nuestra interferencia. Ahí el universo hablaría, no el córtex cerebral. Este es el acto, el estado de conocimiento". Este dejarse para que el universo entre o hacerse a un lado para ser atravesado por la inteligencia cósmica parece ser un motivo común a la hipnagogia entre místicos de todas las eras. Gary Lachman cuenta que el filósofo neoplatónico Jámblico, entre sus múltiples prácticas teúrgicas, utilizaba la hipnagogia, "una condición entre la vigilia y el sueño" en la que venían 'voces' y 'luces' brillantes y tranquilas" aparentemente enviadas por la deidad. Swedenborg, el gran místico sueco, dice Lachman, "desarrolló un método para inducir y explorar estados hipnagógicos, en los que viajaba al cielo, al infierno y a otros planetas". Famosamente el químico August Kekulé descubrió la estructura del anular de la molécula de benceno vislumbrando un uróboros (una serpiente que se muerde la cola) durante un sueño hipnagógico.

Tradicionalmente la imaginación es el órgano de la percepción de los mundos sutiles por excelencia. La imaginación que tal vez se activa en esos momentos de duermevela (de veleo y de vuelo), justamente cuando el cerebro se retrae y quita las manos del volante, puesto que como creen los místicos sufíes, la imaginación y la intuición no son dependientes de la mente, sino que se ubican más en el corazón, "el órgano que produce conocimiento verdadero, intuición comprensiva, gnosis (ma'rifa) de Dios y de los misterios divinos", dice  el islamólogo Henry Corbin. Quizás antes de dormir manteniendo la calma en ese momento vertiginoso podemos alcanzar a ver con el corazón por algunos instantes y, con el ojo abierto del corazón, espiar la eternidad o percibir el translumbramiento del paraíso.

Existe una aristocracia de exploradores hipnagógicos, Gary Lachman enlista algunos: William Blake, Samuel Taylor Coleridge, Thomas De Quincey, Edgar Allan Poe, Gérard de Nerval, Havelock Ellis, C. G. Jung, Jean-Paul Sartre, Ernst Jünger... Espero que esta introducción a las delicias misteriosas de la hipnagogia y particularmente al abrevadero del momento justo antes de dormir --en el filo del cielo-abismo-- sean un buen aliciente para que quien lee esto intente observar su propio proceso de entrada al sueño: esa conciencia particular de atravesar una puerta. Se me ocurre que una forma de hacerlo es practicando la famosa meditación pitagórica de revisar antes de dormir los acontecimientos del día --así, que la película del día corra hasta disolverse en la pantalla del umbral como podría ocurrir también con la muerte o ese instante final en el que, según cuentan, se puede ver toda una vida de alguna manera contenida en un momento y desdoblándose justamente en esa percepción de la luz que se libera de la estrecha limitación del cerebro. El momento antes de dormir es el momento más importante del día y el momento antes de morir es el momento más importante de la vida: ambos, uno intuye, son en realidad el mismo momento. Tal vez el estado de hipnagogia sea un escenario virtual para entrenarnos para la muerte y no perder lo que hemos logrado en conciencia, en términos de Schwaller de Lubicz, lo que hemos inscrito en nuestro ser, inefablemente hasta los huesos. 

 

Twitter del autor: @alepholo