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Presentamos a uno de los grandes maestros del tatuaje de Japón (FOTOS)

Por: pijamasurf - 06/24/2015

Horiyoshi III lleva más de 40 años tatuando y es parte de una tradición que lucha por sobrevivir en Japón
Horiyoshi III (the 3rd), expert Japanese tattooist, in his studio in Yokohama, Japan, on Saturday 10th September 2011.

Luego de más de 1 década en la que la moda del tatuaje se masificó, hoy existen millones de personas que han impreso con tinta su cuerpo. Celebraciones de eventos importantes, inicios o culminaciones amorosas, llamados místicos, caprichos estéticos, borracheras que literalmente quedaron en la memoria corpórea... los motivos son casi incontables. Sin embargo, el arte del tatuaje data de hace varios siglos, en algunos casos milenios, y en muchas culturas representa una práctica rigurosa que ostenta un rico bagaje simbólico e histórico.

Historia 

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Dentro de la historia gráfica de Japón, los tatuajes tienen indudablemente un lugar especial. Los primeros registros apuntan a la era paleolítica, mientras que en el período Edo (1603-1868) se desarrolló una técnica conocida como irezumi, la cual se caracteriza por cubrir por completo el tórax, un brazo o una pierna. Originalmente estas marcas se utilizaban como un castigo penitenciario y luego, durante el siglo XVIII, los tatuajes comenzaron a popularizarse en los distritos rojos cuando prostitutas, criminales y seres nocturnos imprimían su piel con motivos que aludían a textos históricos, ya fuesen místicos o filosóficos. Eventualmente esta práctica sería adoptada por la célebre mafia japonesa, los yakuza, quienes daban a los tatuajes un gran valor simbólico y distintivo.

Por sus distintos antecedentes los tatuajes en Japón fueron, y hasta cierto punto son, asociados al crimen o la mala vida. Incluso a comienzos del período Meiji (1868-1912) fueron prohibidos, con el afán de segregar a los tatuados del resto de la población. Al respecto, el tatuador tradicional Alex “Horikitsune” Reinke advierte en una entrevista para la BBC:

Mostrar tus tatuajes en Japón es una ofensa para los demás. Por ejemplo, no puedes mostrarlos en los onsen (baños públicos) porque la gente se va a sentir amenazada y ofendida porque durante mucho tiempo los tatuajes tradicionales japoneses eran utilizados exclusivamente por los yakuza.   

El maestro Horiyoshi III

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Este personaje ha dedicado su vida a tratar de mantener viva la tradición del tatuaje dentro de la cultura japonesa –una empresa difícil si consideramos los antecedentes culturales asociados a esta práctica–. Tras hacerse su primer tatuaje a los 12 años, a los 21 conocería a sus maestros Horiyoshi I y Horiyoshi II, quienes lo iniciarían en el arte del irezumi, le darían su propio "traje" de tinta y le permitirían utilizar su nombre para continuar con el linaje. Actualmente quedan menos de 100 maestros irezumi en Japón.  

Todo lo que dibujas debe proceder de los textos de historia. Este tipo de tatuaje es parte de una "cultura superhistórica", es un tipo especial de arte japonés histórico. Hoy la cultura japonesa está rota, la gente quiere tatuajes para verse peligrosos o cool pero carecen de sentido. Yo sigo haciendo esto para mantener viva la historia japonesa.  

El maestro Horiyoshi III sabe que tatuar es algo mucho más trascendental y relevante que una moda o una práctica estética. Está plenamente consciente que se trata de un arte con un gran peso histórico y que responde a una tradición ancestral, por lo tanto, preservarla es responsabilidad de los pocos maestros restantes. En este sentido, actualmente tiene dos aprendices activos, uno de ellos es extranjero (Alex Heinke). Y más allá de legar la privilegiada técnica que posee, Horiyoshi III busca transmitir la mística y la filosofía detrás de este arte. Ahí radica, en realidad, el entrenamiento.

En el caso de Reinke, que conoció a su hoy maestro en una convención de tatuadores en Boloña y quien lleva más de 16 años de entrenamiento, tatuar tiene implicaciones mucho más allá del cuerpo físico:

Cuando entrenamos aprendemos a separar el ego de la creatividad. Así, cuando trabajas no dibujas una ola o algo más, en realidad te estás transformando en esa ola. Todo el trabajo de Horiyoshi está basado en el zen; en una filosofía de la humildad.  

 

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6 tipos de viajes con los que te topas tarde o temprano fumando cannabis

Por: pijamasurf - 06/24/2015

En el proceso de decidir cómo integramos a la sociedad el conocimiento alternativo y los usos recreativos asociados al consumo de marihuana, es necesario estar informados sobre los escenarios con que podemos enfrentarnos al usarla

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Ante la falta de regulación en cuanto al consumo de cannabis en sus tipos de cepa y diferencias de consumo, y dado que cada cuerpo y mente reaccionan distinto a los diversos tipos de plantas, es difícil reducir a un número los muchos tipos de experiencias (“viajes”) con que puedes encontrarte al usarla fumada o ingerirla. Sin embargo, nos dimos a la nada penosa tarea de sintetizarlos en seis tipos básicos de experiencias polarizadas según un grado (altamente subjetivo, vale considerar) de placer y malestar con respecto al consumo de marihuana.

Los mejores tipos de viajes

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1. Eufórico

Para muchos fumadores la cannabis es una contraseña para un estado de alegría sencilla y abierta, de tranquilidad y sociabilidad, lo que permite experimentar un lado muy divertido y alegre de la vida. Probablemente es uno de los efectos más buscados por los fumadores recreativos y ocasionales, debido a que cuando pasan los efectos eufóricos se puede experimentar un poco de hambre, sueño o el punto 2 de esta lista.

2. Relajación

Muchos atletas (los practicantes de yoga, por ejemplo) son aficionados ocasionales a la cannabis porque permite observar con claridad la conexión entre el estado de nuestra mente y el de nuestro cuerpo. Luego de un día agitado de trabajo/entrenamiento, la cannabis puede relajar los músculos del cuerpo acompañándola con un masaje. Un gran plan para cualquier noche, en realidad.

3. Creatividad

Para los del tipo “artístico” y creativo en cualquier campo, la cannabis es un excelente desinhibidor de la creatividad gracias a sus efectos sobre la percepción. De pronto los alrededores parecen cobrar vida, o simplemente recuerdas cosas bajo una perspectiva nueva y sorprendente. Todo parece más vívido y más sencillo, como un Red Bull para el alma.

Sin embargo, como toda sustancia cuya administración altere el funcionamiento del cuerpo, la cannabis puede presentar efectos secundarios incómodos, “malviajes”, así como sensaciones difíciles de describir a menos que se hayan experimentado en uno mismo. Lo que nos lleva a:

Los peores tipos de viajes

1. Paranoia

La percepción aumentada de los sentidos y la viveza con que se experimentan algunos recuerdos puede provocar ansiedad y pensamientos paranoicos esporádicos. Pueden dispararse a causa de falta de información acerca de la concentración de THC de la planta (lo que en los mercados ilegales simplemente no está disponible), lo cual determina la potencia del viaje, además de que cualquier cosa que sientes se presenta de manera hostil a la conciencia.

2. Pereza

Hay una pequeña diferencia entre estar “baked” y estar al borde del letargo. Esa pequeña diferencia pueden ser un par de caladas extra al porro, o no haber comido bien antes de fumar. El caso es que te has convertido en un adorno más de tu sala de estar, en un mueble, en un electrodoméstico sin energía para estirarse un poco y pedir una pizza por teléfono.

3. Insomnio

Probablemente el peligro más grave que se puede correr al consumir cannabis de manera recreativa es la aparición de períodos insomnes e inesperados. No importa qué tan cansado estés, no puedes dormir. Algunos tratan de noquearse fumando un poco más, agudizando el problema. Por lo general los síntomas desaparecen pocos días después de dejar de fumar cannabis.

Por otro lado, no está de más considerar el hecho de que los efectos secundarios negativos pueden prevenirse con un poco de información y responsabilidad por parte de los consumidores, y las incomodidades asociadas a la cannabis desaparecen totalmente pocos días después de interrumpir el consumo. En otras palabras, es técnicamente imposible volverse adicto a la cannabis, aunque se puede desarrollar una fuerte dependencia psicológica, como al café y otros estimulantes. Naturalmente, ese sería tema de otro artículo.

¿Has experimentado estos u otros tipos de high? ¿Cuál disfrutas más, cuál es más incómodo?