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Así era el año 2000 que ilustradores franceses imaginaron en 1900

Por: pijamasurf - 06/14/2015

Un ejercicio de futurismo con un siglo de distancia: así fue como artistas franceses pensaron que sería el mundo en el año 2000.

¿El ser humano siempre ha especulado sobre su futuro? Posiblemente sí. Quizá se trata de un comportamiento propio de nuestra naturaleza intentar adivinar qué nos deparan los días que aún no existen pero creemos que llegarán. Sin embargo, también puede decirse que esto no se ha hecho siempre de la misma manera, que, culturalmente, ciertas circunstancias han provocado que dicho ejercicio tome formas distintas.

En este sentido, podríamos ubicar momentos en que la tecnología da un salto en su desarrollo y, de manera paralela, la imaginación colectiva comienza a generar escenarios en donde dicha intervención tecnológica sobre el presente se despliega exponencialmente.

Dicha hipótesis nos sirve para pensar las varias expresiones futuristas que surgieron como efecto de la Revolución Industrial y la irrupción de las máquinas en la vida cotidiana del hombre. Como quizá no había sucedido antes en la historia, desde finales del siglo XVIII la vida común comenzó a poblarse de mecanismos que realizaban acciones que antes solo correspondían al ser humano, lo cual detonó un intenso fantaseo en torno a la comunión entre el hombre y la máquina.

A esa época pertenece, por ejemplo, la fascinación por los autómatas, esa especie de antecesor del robot en donde se condensó el sueño de fabricar seres inertes idénticos a los humanos para que ejecutaran tareas simples. Además de la historia de los autómatas, sorprendente por sí misma, al respecto también pueden consultarse el ensayo de Edgar Allan Poe sobre el famoso turco jugador de ajedrez o el cuento “El hombre de arena”, de E. T. A. Hoffmann.

Otras expresiones igualmente fantásticas son las postales que ahora compartimos, obras de artistas franceses realizadas entre 1899 y 1910 para adornar cajas de cigarros y puros, en parte por causa de la Exposición Universal que tuvo lugar en París en 1900. El motivo fue el año 2000, que entonces estaba a un siglo de distancia. ¿Cómo sería el mundo entonces? Jean-Marc Côté y otros artistas respondieron a esa pregunta desde las condiciones de su presente. Curiosamente, las imágenes pasaron desapercibidas y cabría decir que quizá incluso ignoradas hasta que el gran Isaac Asimov las recopiló en el libro Futuredays: A Nineteenth Century Vision of the Year 2000, publicado en 1986.

Las predicciones son sin duda extravagantes y, como tantas otras que se hicieron antes de arribar a dicha época, distan mucho de lo que sucedió en realidad. Una prueba, quizá, de que nuestra imaginación vuela ahí donde nuestras posibilidades solo caminan.

También en Pijama Surf: Predicciones de Isaac Asimov para el año 2014 (escritas en 1964)

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Nuestro modelo de la vida en el universo está basado en el carbono. Sin embargo, este elemento no parece haberse formado en el Big Bang, el cual puede verse como una explosión de un mar atómico de hidrógeno y helio. Elementos más pesados, como los que tenemos actualmente, y sobre los cuales se basa la vida, no pudieron haberse formado en el origen del universo debido a las condiciones iniciales y a la composición de estos elementos ligeros.

En los instantes posteriores al Big Bang existe tal densidad y calor que cualquier dos núcleos pueden hacer colisión. Sin embargo, un átomo de carbón tiene una masa de 12, así que para hacer un átomo de carbón a partir de un mar de hidrógeno, de masa 1, y helio, de masa 4, se necesitaría que tres átomos de helio hicieran colisión en el mismo momento, ya que no existe un átomo estable con una masa de 8. El berilio 8 es sumamente inestable, existe solo 10^-17, lo que hace que esto sea implausible.

El físico Fred Hoyle, autor de la teoría de la nucleosíntesis estelar, notando esto, entendió que el carbono que existe debió de haberse producido en las estrellas a partir solamente de helio e hidrógeno. Uno pensaría que debido a la alta inestabilidad del berilio el universo debió de haber terminado con las estrellas extinguiéndose al dispersar su energía en interminables átomos de berilio desintegrándose. Pero esto no es así, por lo que Hoyle consideró que debía de ser posible que antes de que el berilio se desintegrara pudiera atrapar un núcleo de helio para llegar al carbono -12. Hoyle hizo el cálculo de la energía que se necesitaría para que esto fuera posible. Más tarde un colega suyo encontró la energía exacta para que se produjera esta colisión que Hoyle había llamado proceso triple alfa o resonancia del carbón y la cual calculó en 7.6 MeV. Por esto William Fowler ganó el premio Nobel, y de alguna manera explicó la síntesis original de lo que evolutivamente sería más tarde la vida que conocemos. La predicción de Hoyle puede verse como una predicción antrópica que pudo ser comprobada. El físico Steven Weinberg describe cómo ocurre este proceso:

Dos núcleos de helio se combinan para formar un núcleo inestable de berilio 8, el cual antes de desintegrarse, ocasionalmente, atrapa otro núcleo de helio, el cual forma un núcleo de carbón radioactivo que decae al estado normal de carbón. El estado de  energía del núcleo de berilio 8 y el núcleo de helio quieto es 7.4 MeV más que el núcleo de carbón en su estado normal, así que si la energía del carbón en su estado radioactivo fuera más que 7.7 MeV solo podría haberse formado en una colisión entre el núcleo de helio y berilio 8 si su energía cinética fuera de menos de 0.4 MeV, una energía extremadamente improbable a las temperaturas estelares.

panspermiaAlgunas personas utilizan esto como argumento de un principio antrópico o la idea de que el universo está especialmente equipado para la formación de la vida, cual parecería una señal de un diseñador. Sin embargo, Weinberg considera que si vivimos en un multiverso, el nuestro es simplemente un universo más entre un infinito de posibilidades, por lo que no se necesita recurrir a un diseñador, se puede entender como un proceso aleatorio: entre una vasta cantidad de universos, algunos deben de tener las condiciones necesarias para la formación de vida. De cualquier forma, coincidencia o no, es maravilloso el nivel de detalle sobre el que la vida del universo se sostiene, con una increíble precisión matemática. No es, en este sentido nada extraño, que tantos de los grandes físicos hayan visto en el cosmos una prueba de la mente de Dios operando (Kepler, Newton, Copérnico, por ejemplo). Quizás podemos sumar Hoyle a esta lista; el físico británico que acuñó despectivamente el término Big Bang creía que la vida fue sembrada por una inteligencia extraterrestre:

La vida en la Tierra se deriva de lo que parece ser un sistema viviente ubicuo en la galaxia. La vida terrestre tiene sus orígenes en el gas y las nubes de polvo del espacio, que más tarde se incorporaron y amplificaron dentro de cometas. La vida se derivó de fuentes exteriores a la Tierra y sigue haciéndolo. 

En realidad Hoyle veía esta inteligencia como una forma consciente de otro universo que entró al nuestro desde el principio para alterar las condiciones y propiciar la vida. Esto hizo que al final de su carrera científica fuera ostracizado en la academia. Su visión no es tan distinta de la idea de la panspermia dirigida de Francis Crick y, aunque para los científicos actuales merece el ridículo y el escarnio, quizás no debamos desestimar esta teoría que resuena con las fibras más profundas de la imaginación humana, como podemos ver en películas como 2001: Odisea en el espacio.

 

Twitter del autor: @alepholo