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Las personas en la búsqueda de esta complicidad se permiten reconocer, a través del espejeo del otro, sus propias necesidades como seres sexuales interdependientes

Hablar acerca de la prostitución nunca es menester sencillo, ya que requiere de la valoración adecuada de un enfoque cosmogónico acerca del erotismo, los vínculos afectivos, el género e inclusive la reproducción. Y es que es un tema que necesita no sólo rigor, pues es también un proceso que determina creencias, actitudes, sentimientos y conductas asociadas a nuestra respectiva sexualidad. 

Basta con echar un vistazo a la diversidad sexual que existe en este mercado para comprender la importancia de esta reflexión: los proveedores de tan exquisito placer pueden variar entre mujeres y hombres heterosexuales, homosexuales, transgénero, transexual, practicantes de BDSM y acompañantes no sexuales, entre otros (y más). Prácticamente es un coctel de gustos que satisfacen las necesidades más básicas del ser humano, tanto físicas como psíquicas. Por lo tanto, al indagar un poco en el tema, nos sorprendemos con el descubrimiento de mitos internos que terminan influyendo en nuestra percepción como seres sexuales interdependientes. 

Esto probablemente cambie en relación con lo que realmente significa la compañía de un conocedor en temas del amor erótico, en la volatilidad del deseo sexual expresado a través de las fantasías según el sexo (hombre o mujer), etc., y que puede definirse como el genuino deseo de una compañía más allá de la interacción sexual, de un espejo psíquico como seres que comparten el continuum del gregarismo y afectividad, de una intimidad vulnerable entre dos miradas que reflejan necesidades en común. 

Por lo tanto, las personas en la búsqueda de esta complicidad se permiten reconocer, a través del espejeo del otro, sus propias necesidades como seres sexuales interdependientes. En especial si forman parte de minorías ignoradas con sus propios deseos de afecto, tales como las personas de la tercera edad. ¿Por qué no, tras tantos años de vivir en compañía, de gozar (o no) de una sexualidad latente y permitida (o a veces), aceptar que continúen experimentándola con una mayor sabiduría de su cuerpo y emociones? 

De ese modo nace el romance tourism, el turismo establecido en Mombasa, Kenia, donde las mujeres mayores pagan por la compañía de un joven habitante de la ciudad. A diferencia de la sexualidad completamente erótica entre un cliente hombre heterosexual y una chica, además de una mera erotización del cuerpo masculino y una emotización en la psique femenina, en la relación del turismo “romántico” lo principal es el descubrimiento de los deseos de la clienta en búsqueda de su propio bienestar. O al menos eso transmiten las fotografías de Sofie Amalie Klougart.