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La cronobiología o la importancia de vivir en sincronía con los ciclos naturales

AlterCultura

Por: pijamasurf - 03/09/2015

Vivimos entrecruzados por innumerables ciclos, externos e internos, sin ser conscientes de cómo nos afectan; observarlos y sincronizar nuestro cuerpo con el tiempo de la Tierra y del cosmos, parece ser una de las formas más sabias para procurar la salud

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Mientras los hombres más se liberan de la sumisión a los ciclos externos de la naturaleza, recayendo en ciclos sociales variables creados por ellos mismos, más aumentan el riesgo de sufrir trastornos internos.

Kevin Lycn, What Time is this Place?

El hombre moderno se conduce como un ser en un estado de casi permanente urgencia, siempre buscando capitalizar el tiempo, para quizás algún día poder desacelerar y empezar a disfrutar del mismo. Colectivamente hemos interiorizado al tiempo como equivalente al dinero --lo mismo que decimos del dinero lo decimos del tiempo: lo invertimos, lo ahorramos, lo gastamos o nos hace falta, etc. Esto condiciona la “riqueza”, la profundidad y las posibilidades de nuestras experiencias, actividades y relaciones.

Douglas Rushkoff, en su libro Present Shock, advierte que, ligados a un tiempo digital, asincrónico, construido artificialmente por el mercado y la tecnología, nos hemos alejado del tiempo orgánico de la naturaleza, del Sol y de la Luna. Los griegos, nos dice Rushkoff, distinguieron entre el tiempo de Cronos y el tiempo de Kairos. Cronos es el tiempo cuantitativo del reloj, hecho de fragmentos, de pulsos absolutos. Kairos es el tiempo cualitativo, oleaginoso, de la sincronicidad, entendido “como una ventana de oportunidad creada por las circunstancias, Dios, el destino. Es el tiempo ideal para atacar, proponer matrimonio o tomar una cierta acción”.

La mayoría de nosotros vivimos en el tiempo de Cronos, el inflexible dios que hace las reglas y cobra intereses. “Vivimos en una sociedad que fue reconfigurada hace 500 años para impedir que las personas se involucren de manera significativa y poderosa con el mundo”, dice Rushkoff. Hemos programado el tiempo, al igual que el dinero, para hacer más eficiente nuestra producción y alimentar la economía del crecimiento perpetuo. Pero, lastimosamente, esta forma de concebir el tiempo nos ha cobrado factura, programándonos sociobiológicamente a su imagen y semejanza. Y es que nuestra identidad no se puede separar fácilmente del tiempo, si alteramos la forma en la que vemos y experimentamos el tiempo alteramos esencialmente lo que es ser humanos en el mundo.

El tiempo es salud, ritmo, coherencia

Hoy vivimos en un tiempo dictado fundamentalmente por la economía; antes el tiempo era dictado por la ecología. El tiempo era algo que nos vinculaba con la naturaleza y a través del cual podíamos tomar conciencia de la relación entre lo que sucede en nuestro cuerpo y lo que sucede en la naturaleza o en el cosmos. Todavía medimos el tiempo en relación con ciertos ciclos naturales, pero nuestra vida transita mayormente desfasada de estos ciclos, sin prestar atención a los diferentes tiempos que confluyen en cada tiempo y sin distinguir  la cualidad intrínseca –y el potencial-- de los diferentes momentos.

sunflowerLa naturaleza puede ser vista como un concierto de ciclos, más o menos afinados y sincronizados, corriendo en paralelo. Imagina un río en el que se arrojan varias piedras, cada una de ellas genera ondas sobre la superficie, muchas de las cuales se entrecruzan, además de estar también embebidas en el propio flujo del río. Así, toda la vida y la materia misma se mueven en ciclos: “ondas ondeando dentro de ondas”, como notara el médico Irving Dardik. Vivimos inmersos en ciclos galácticos, solares, planetarios que tienen su microcosmos en ciclos bioquímicos, glandulares, hormonales, celulares. El cuerpo humano está basado en cientos de ciclos simultáneos que oscilan y forman bucles de retroalimentación entre sí y con los ciclos del medio ambiente. Ciclar es la forma en la que un organismo se autorregula y se renueva; es lo que permite que ahorre energía y catalice esfuerzos. "Retornar es la característica principal del Tao", dice el Tao Te Ching.

El funcionamiento de nuestro cuerpo está vinculado a estos ciclos, que pueden dividirse en circadianos (un día), ultradianos (menos de un día) e infradianos (más de un día). Por más que podamos adaptarnos a los horarios de oficina, a los requerimientos de nuestro jefe de trabajo o a vivir siempre conectados a través de nuestros gadgets, es muy probable que nuestro cuerpo funcione mejor cuando escucha sus propias necesidades y se mueve en sintonía con las estaciones y con los ciclos naturales con los que ha evolucionado simbióticamente. Después de todo, la vida lleva trabajando unos 4 mil millones de años bajo estos ciclos y estos ritmos. Desfasarnos y nadar en contra de las olas nos hace gastar energía y puede acabar enfermándonos, algo que ha empezado a descubrir la cronobiología.

El doctor Larry Dossey, en su libro Space, Time and Medicine, concluye que “muchas enfermedades, tal vez la mayoría, podrían ser causadas por percepciones incorrectas del tiempo”. Algo similar señalan Philip Zimbardo y John Boyd en su libro The Time Paradox: “ Una serie de problemas fisiológicos y psicológicos pueden sobrevenir cuando uno no vive en armonía con el tiempo”.

La forma en la que el tiempo y los diferentes ciclos afectan los procesos biológicos humanos es innumerable. Una de las formas más conocidas es la relación entre el ritmo circadiano y la producción de melatonina, la cual se incrementa en la noche y se ve afectada por la exposición a la luz eléctrica. Alterar nuestra producción de melatonina puede afectar seriamente nuestra calidad de sueño, lo cual a su vez tiene un efecto directo en el funcionamiento de nuestro sistema inmune. Pero el tema es mucho más complejo e interrelacionado, sabemos, por ejemplo, que perturbaciones geomagnéticas afectan la secreción de melatonina. Una tormenta solar puede afectar cómo duermes o incluso lo que sueñas esta noche (tormentas solares que a su vez siguen un patrón relacionado con los ciclos de las manchas solares, el llamado ciclo de los 11 años). Además de la melatonina, el cortisol, la prolactina y otras hormonas también oscilan durante el día y se ven afectadas por ciclos ambientales.

La Luna, el antiguo reloj interno

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Nuestra desconexión de los ciclos naturales hace que nos sorprendamos cuando descubrimos la miríada formas en las que estamos ligados a nuestro entorno y cómo este nos afecta sutilmente de manera tan diversa. Pero al menos hay uno de estos ciclos que casi todos conocemos que nos recuerda nuestro vínculo cósmico: la relación entre el ciclo menstrual de las mujeres y el ciclo lunar. La Luna no sólo afecta los flujos menstruales femeninos, afecta todo tipo de flujos en todo tipo de organismos. Estudios sugieren que el ciclo lunar afecta la ovulación, la retención de orina, y se correlaciona con episodios de diarrea y problemas cardiovasculares.

El doctor Mark Filippi, un asesor conductual neoyorkino, incluso ha elaborado un sistema que relaciona la producción dominante de ciertos neurotransmisores con las fases lunares. Basándose en el trabajo de diversos científicos e investigadores como Irving Dardik, Joel Robertson y David Goodman, Filippi ha desarrollado un calendario en el que sincroniza el ciclo lunar con cuatro dominios fundamentales del cuerpo humano, los cuales identifica en relación con la acetilcolina, la serotonina, la dopamina y la norepinefrina. Cada semana de la Luna uno de estos neurotransmisores entra en apogeo, dándole al tiempo una cualidad especial que favorece cierto tipo de actividades y de actitudes. Según Douglas Rushkoff,  seguir el método de Filippi le permitió escribir su libro Present Shock en menos tiempo y con mejor productividad. Resulta que hay mejores momentos que otros para escribir; algunos son mejores para editar; otros para buscar nuevas ideas, etc. Estar conectados a la Luna puede ser más útil que tener conexiones en la bolsa de valores.

Filippi, quien trabaja en Nueva York con todo tipo de pacientes, desde empresarios a atletas, me contó sobre su sistema, al que llama Somatic Method, en una entrevista telefónica. Mark concibe su sistema como una “orientación”, una forma de navegar el mundo de manera coordinada entre el mundo interno y el mundo externo. Para empezar, la clave parece ser simplificar nuestros procesos de atención cronobiológica –-notar lo que le pasa al cuerpo en un momento específico. Mark llama a esto “SIMPLES”: hacer algo que tiene asociado una etiqueta de tiempo. “Simplemente poner atención a tu respiración es una forma de autorregular tus ciclos”. La idea es notar que “es mejor hacer ciertas cosas durante ciertos momentos del día que otros o durante ciertas partes del ciclo lunar”. El solo hecho de detenernos a observar nuestra relación con el tiempo ya es un paso enorme. Esto nos lleva a darnos cuenta de que “no todos los jueves son iguales”, aunque socialmente estemos programados a hacer las mismas cosas y esperar los mismos resultados. Si tomamos conciencia de los ritmos y de la diferencia entre los momentos, de la tendencia que tiene su onda o su particular frecuencia, poco a poco podemos ir incrementando nuestra coordinación mente-cuerpo y cosechar estados de mayor coherencia biológica.

Distinguir la cualidad específica del tiempo y navegar de manera coordinada los diferentes ciclos no sólo aumenta nuestra creatividad, dándonos la posibilidad de subirnos a las olas cósmicas; es una forma de inteligencia preventiva, de cuidado a la salud. “Necesitamos entrenarnos para la recuperación, estamos socialmente predispuestos a operar de manera exhaustiva, así que básicamente sobretrabajamos y subestimamos la importancia de apoyar la recuperación. Al final acabamos con residuos que nos van mermando y nuestros cuerpos no se pueden recuperar, sobreestimulamos nuestro sistema inmune. Trabajamos 'todo o nada' y luego las personas se quiebran… Nadie sabe cómo digerir o dormir involucrando el sistema parasimpático", dice Mark.

"Necesitamos distinguir y coordinar diferentes ritmos dentro de nuestra experiencia cotidiana del tiempo cronológico y girar hacia un sentido más creativo del timing, como hacen los músicos de jazz. Esta sola habilidad es una forma de aplicar nuestra capacidad innata para asegurar un bienestar a largo plazo. Nos hace hablar el lenguaje de la naturaleza... Sin esta habilidad operando, vivimos en un frágil estado de "huir o pelear" que puede consumir nuestros recursos y nos coloca en el camino del envejecimiento acelerado y de los trastornos crónicos (cronológicos) décadas más tarde", agrega Filippi, invitándonos a un jamming biológico.

Una forma de asegurarnos de que nuestro cuerpo recibe el descanso adecuado es ver los ciclos de manera fractal, permeando todos los aspectos de nuestra experiencia. De la misma manera que durante 1 año existen cuatro estaciones y tenemos cuatro fases lunares en 1 mes, el día puede dividirse en cuatro y así 1 hora e incluso 1 minuto tienen sus diferentes aspectos. El día tiene su propio invierno y hay momentos en los que seguir trabajando significa gastar una gran cantidad de energía que puede quemar nuestras naves para las siguientes jornadas. En este espíritu y para no desgastar demasiado nuestra atención y poder asimilar la información --darle su tiempo-- aquí concluiremos esta introducción a la cronobiología. En la siguiente parte de esta serie entraremos más a fondo en el sistema de Filippi y exploraremos la fascinante conexión entre la Luna y el cerebro humano. Mientras tanto Festina lente! O, en palabras de Mark: "mantengan sus sentidos afilados y sus ondas suaves".

Lee segunda parte

Soma-Space (sitio de Mark Filippi)

 

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Jasun Horsley, detective liminal, investiga los límites, las zonas grises de nuestra cultura, donde el tiempo se suspende y es posible transformar las estructuras que controlan nuestra percepción

 

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Parte uno: La insoportable levedad de la liminalidad

 

Los límites externos (¿Qué es liminalidad?)

La liminalidad se puede entender mediante cuatro contextos diferentes: espiritual o religioso, social, político y psicológico.

1. Originalmente, la palabra fue acuñada por antropólogos para referir a practicas religiosas ceremoniales durante las cuales los participantes eran guiados por maestros de ceremonias de un estado (y estatus) a otro, por ejemplo el ritual de mayoría de edad. El estado liminal es el intermediario en el cual el iniciado está en el umbral (līmen) entre su estatus anterior y uno nuevo que aún le es desconocido.

2. En el ámbito social, la liminalidad refiere a períodos de caos en los que viejas estructuras, instituciones o tradiciones han sido derrocadas o destruidas, y en los que aún no se han establecido nuevas. Las personas atrapadas en una situación liminal no pueden actuar racionalmente porque han desaparecido las estructuras en las que su racionalidad está basada. Estar en un estado liminal significa crisis para la mayoría de las personas; las emociones se desatan y hacen que sea difícil pensar claramente. Esto lleva a aquellos que están atrapados a un comportamiento “mimético” (imitativo). Las situaciones de liminalidad permanente son conocidas como schismogenesis. Cuando la unidad previa está rota pero los varios aún inconclusos elementos se ven forzados a permanecer juntos; las sociedades pueden estar atoradas en este estado por mucho tiempo.

3. En la política de la liminalidad, el futuro es desconocido. Esto significa que puede no haber maestros de ceremonia porque nadie ha atravesado antes por el proceso, así que no hay nadie que guíe a la gente fuera de él. Esto permite la emergencia de falsos maestros de ceremonia que llenan el vacío creado por la necesidad de la gente de ser guiada. Estos líderes autoimpuestos perpetúan la liminalidad porque su poder y autoridad dependen de la desorientación e impotencia de los otros. 

4. En psicoterapia, la liminalidad es un estado en el camino de individualización cuando la antigua personalidad (ego) de alguien, y las creencias, valores y criterios que la acompañan han comenzado a desmoronarse, pero en el que de estas “ruinas” no ha emergido un nuevo yo coherente. En este proceso, el psicoterapeuta actúa como un maestro de ceremonias. Él o ella está allí para guiar al paciente hacia un estado de ser más individualizado. Sin embargo, existen dos problemas en este arreglo. Primero, que el terapeuta puede actuar como maestro de ceremonias sólo en tanto que él o ella haya pasado por el estado liminal de individualización (un logro extremadamente raro). Y segundo, aún más problemático, la naturaleza de la individualización requiere un nuevo y autónomo estado de ser, lo cual significa que la persona debe recorrer el camino sola, y eventualmente rechazar todas las formas externas de guía, incluyendo –especialmente– la del maestro de ceremonias (terapeuta). En un sentido, dejar el estado liminal a un nivel individual significa volverse productivo dentro de él, aceptar la liminalidad como la condición humana, no como un medio para un fin sino como el fin mismo.

¿Son estos cuatro contextos cuatro maneras de ver una sola “cosa”?

 

Neti Neti: el medio aún es el mensaje, así que ¿cuál es el mensaje?

pijama-6La liminalidad es un concepto inherentemente “espiritual” porque se relaciona con el famoso principio de Neti Neti: “ni esto ni aquello”. Neti  Neti se refiere a cómo, en su camino a la verdad (con “V” mayúscula), el aspirante debe inspeccionar cuidadosamente cada experiencia que llega a su camino y luego rechazarla. Como Buda bajo el árbol frente a Maya, excepto que al final el Buda también debe ser rechazado como Maya.

El problema al escribir sobre liminalidad es que la escritura en sí es antiliminal. El lenguaje es un sistema de símbolos que crea la ilusión de una progresión lineal de principio a fin (cada enunciado y cada palabra, esta pieza, etc.). El lenguaje y el tiempo son similares en este aspecto, y la liminalidad, como el limbo, implica un espacio en el cual el tiempo mismo está suspendido. No hay nada que pueda decirse acerca de la liminalidad que no, de alguna manera, la enflaquezca. No hay nada…

He intentado abordar esto escribiendo sobre el acto mismo de escribir, como lo estoy haciendo. Esto genera un sentimiento de liminalidad para mí, el autor, y por ende también para el lector. ¿Es esto un ensayo sobre la liminalidad o es el “comentario del DVD” acerca de cómo se escribió el ensayo? ¿Ninguno? ¿Ambos? Liminal, liminal, liminal.

Intenté armar este ensayo al estilo no-liminal para ser más informativo y menos subjetivo o “creativo”, pero no funcionó. Tú el lector debes experimentar la liminalidad de otra manera; al pensar que entiendes lo que es sólo estás impidiendo que te ocurra una experiencia de liminalidad. Juntos conspiramos para que así sea. Toda la sociedad es una suerte de defensa colectiva contra la liminalidad. 

La liminalidad es como una liberación: nos gusta la idea pero hacemos todo lo que podemos para impedir que suceda. Si no lo hiciéramos, ya hubiera pasado, porque la liberación, como la liminalidad, es el natural e inevitable estado de la existencia. ¿Por qué? Porque la existencia no es nada salvo percepción, y la percepción no puede ser nada más que liminal y libre.

Con ello en mente, continuaré con este ensayo pero ejerceré mi derecho a hacer asociaciones libres que podrían parecer infundadas, azarosas, absurdas ––porque eso es lo que es estar en un estado liminal, porque la liminalidad significa pérdida de contexto. Y el contexto lo es todo. Así que quizás la liminalidad significa despojarnos de nuestra experiencia hasta el mismo contexto, y cuando todo es contexto, nada es. O más bien, ¿qué queda para ser contextualizado? 

La respuesta es simplemente: tú (es decir, percepción).

Todo esto es para ti.

 

“Thou Art That”: identidad institucional

Regresando a los cuatro modos, no hay una clara división entre religión, sociedad y política. Es más un continuum de “costumbres” o modos de comportamiento. Debajo de los valores religio-socio-político-culturales –y de las instituciones que las sostienen y las promueven– está la psicología. La psicología explora las experiencias formativas que dan lugar a los valores que llevan a las costumbres que crean las instituciones y sistemas sociales, políticos, religiosos y demás.  

De lo que realmente quiero hablar ahora es de las instituciones. Qué son, cómo surgen, si realmente las necesitamos y, de ser así, por qué… Y de cuándo es que una institución sana y necesaria se vuelve innecesaria y maligna. 

Conozco a alguien que maneja una librería de viejo local. Él cuida su imagen pública en el pueblo porque eso es bueno para el negocio. Al mismo tiempo, está consiente que tener un negocio local ayuda a cuidar su imagen porque lo hace parecer respetable. Tener una librería le da un sentido de quién es y le proporciona ciertos límites y claves de comportamiento. Le dice “cómo ser”. Ya que representa a su negocio (el cual también es una institución, aunque privada), su personalidad pública está al servicio de su negocio. De manera similar, las instituciones nos protegen de nosotros mismos y en cambio nos enganchamos a ellas y las protegemos de nosotros.

La idea de valores universales (la moral) es común a prácticamente todos los sistemas sociales. Para poder proveer guía, soporte y la reafirmación necesaria para crear cohesión y estabilidad social, las instituciones deben dar la impresión de ser solidas y fundamentales. No pueden ser vistas meramente como productos de la mente humana que busca la mejor manera de generar cohesión social. La librería de mi amigo funciona bajo ciertas reglas que él no creo pero que adoptó y adaptó de un consenso más amplio sobre cómo funcionan las librerías. Puede implementar algo propio, pero no demasiado: los clientes deben sentirse seguros del lugar al que están entrando. Una librería es una suerte de espacio liminal (cualquier tipo de negocio lo es) porque es un espacio para atravesar, no para quedarse. El hecho de que entremos o no a una librería, o a cualquier negocio, depende no sólo de si queremos comprar algo, sino de qué tan cómodos nos sintamos al hacerlo, y también, qué tan cómodos nos sintamos al no comprar. Las reglas de una librería de viejo son simples y universales: entra, mira, compra si quieres, retírate sin comprar si no encuentras nada de tu agrado, no te lleves nada sin pagarlo. Existen variables, tales como si los clientes pueden usar el baño o qué tan serviciales son los empleados, pero estas pueden ser cómodamente negociadas si el contexto principal ha sido honrado y establecido de manera segura. Ninguna de estas reglas (salvo quizás la de robar) necesita estar por escrito o ser expresada a los clientes en ningún momento, porque todos saben el “quehacer” de las librerías.

Las instituciones son como quehaceres concretizados, y los quehaceres son las expresiones personificadas de instituciones e ideologías internas que dan lugar a las instituciones y son sostenidas por ellas.

Aquí hay otro ejemplo. Uno de los libros en la librería de viejo de mi amigo es, por supuesto, la Biblia. La Biblia es un libro, pero a diferencia de otros libros no puede ser vista como otro libro más. No puede ser vista meramente como el producto de mentes humanas porque hacerlo la pondría en competencia con miles de otros libros. Debe ser presentada como la palabra de Dios. Es un artículo de fe. No hay prueba de que sea la palabra de Dios; por el contrario, es demostrablemente un libro escrito por seres humanos. Sin embargo, la idea de que esos seres humanos estaban divinamente inspirados (que Dios intervino en asuntos humanos para asegurarse de que el Libro llegara a tener existencia física en la manera precisa que él disponía), aunque esta también sea una idea humana, es suficiente para proporcionar cohesión y estabilidad a la institución colectiva del cristianismo. Lo mismo aplica al Corán y al islam, al judaísmo y al Talmud.

Ahora que lo pienso, el lenguaje parecería ser una llave hacia cómo se crean los consensos, lo cual quizás se relacione a cómo el lenguaje es inherentemente antiliminal. 

 

El problema con los problemas

Ya sean políticos o religiosos (usualmente una mezcla de ambos), las ideologías son sistemas de valores diseñados para crear y mantener instituciones que generan cohesión social. Esto es quizá la razón por la cual la psicología está generalmente fuera de la ecuación cuando se trata de formar tales ideologías.[1] (Y también puede ser la razón por la que estoy casi neuróticamente atraído a incluir mi propia psicología en todo lo que escribo). Dicho simplemente: la diferencia del punto de vista psicológico de la liminalidad es que la psicología tiende a considerar que todas las ideologías están arraigadas en varios niveles de patología. Pero incluso si la psicología reconoce a la ideología –y a la identidad social que construye– como una forma de patología, también admite que puede no haber una manera realista de existir sin ella. Al menos ninguna manera que se pueda describir o proscribir, ya que hacerlo sería reducirla a una ideología y experiencia grupal (al igual que escribir sobre la liminalidad la despoja de su liminalidad).

La función de la ceremonia religiosa, creencias espirituales, instituciones sociales e ideologías políticas, y en gran medida el tratamiento psicológico también, no es ayudar a que nos ajustemos a la liminalidad y hagamos nuestro hogar allí, sino redefinirla como un medio para un fin. Una parte necesaria de esa redefinición conlleva crear un estado nuevo y arbitrario de los elementos del estado anterior y perdido para que el individuo pueda mudarse de manera “segura”. Un ejemplo obvio serían las elecciones políticas: cada vez que llega un nuevo período de elecciones, los candidatos enfatizan en todos los problemas (el caos social, lo cual es liminalidad) actuales para ofrecer soluciones. Luego, los candidatos hacen promesas que sumariamente olvidan tan pronto como ganan el suficiente poder para mantenerlas. Estos son los falsos maestros de ceremonia que, al representar erróneamente la naturaleza de la liminalidad, pretenden saber cómo guiar a la gente fuera de allí; por ejemplo, al omitir mencionar que los problemas que prometen resolver son problemas que ellos, o personas como ellos, generaron (ejemplo tópico: los terroristas de ISIS que, siendo el resultado de las reservas secretas para entrenamiento y fondeo estadounidense, luego forman ISIS).

Los falsos maestros de ceremonia (i.e. los políticos) perpetúan la liminalidad mientras al mismo tiempo ofrecen soluciones fantasma o caminos fuera de la liminalidad. Esto significa que la liminalidad debe ser entregada en anticipo (vista sólo como una serie de problemas en vez de algo inherente a las estructuras sociales, ideologías e instituciones) y luego liquidada; convertida en una serie de problemas que, al introducir nuevos valores, estructuras, políticas, líderes, etcétera (ad nauseaum), debe ser resuelta.

liminalist-0El problema es que los problemas que subyacen a la liminalidad no son problemas sociales sino psicológicos. De ahí que no puedan ser abordados con reformas sociales o ideologías nuevas. De hecho, esas reformas sociales, políticas y “nuevas” ideologías son, como dijo Freud de la religión, síntomas del problema mismo. Tampoco parecen ser síntomas que traen consigo salud, sino síntomas que, al ser malinterpretados y considerados formas viables del tratamiento, desvían nuestra atención fuera del problema y hacia una solución fantasma. (Un ejemplo fácil: la religión institucionalizada ofrece una solución al miedo a la muerte, sin mencionar a la pobreza o a la injusticia social  ­–y a un millón de otras afecciones tangenciales, y ello sólo pospone estos problemas y por lo tanto los exacerba, al menos potencialmente). 

El problema, o bien la realidad psicológica que no abordo aquí es que la mayoría de la gente depende de un grupo de identidad para su supervivencia psicológica. La mayoría de la gente necesita un sentido de identidad nacional, cultural, sexual, etc., para saber cómo comportarse. La vía principal por la que se proporciona esta identidad grupal es por medio de valores institucionales e instituciones fiables; excepto que no lo son. En esta liminalidad perpetua, las mismas estructuras en las que confiamos son por naturaleza poco fiables y hacen que la gente se vuelva extremadamente susceptible a la manipulación. Lo único que se requiere es debilitar a esas instituciones para causar un sentimiento de pánico, y luego, debido a que las personas no están entrenadas a manejar una experiencia de liminalidad, ellas mismas irán en busca de un maestro de ceremonia falso para que los pastoree o los guíe hacia un lugar aparentemente estable. Cualquier cosa para evitar la insoportable levedad de la liminalidad.   

La premisa de esta serie de piezas que escribo para Pijama Surf es que la espiritualidad –que en su forma más verdadera es la búsqueda de ir más allá de la identidad y hacia un estado de perpetua liminalidad– se está convirtiendo en una necesidad social y práctica. La cada vez más engañosa y destructiva marea de liminalidad ilegítimamente perpetuada y de soluciones falsas, identidades de grupo sospechosas, instituciones corruptas, etc., está al alza. Esto genera un clima cada vez más urgente en el cual ninguna opción dentro de los pares de opciones es viable; en el cual todo lleva a un doble filo de disonancia cognitiva potencialmente insoportable, un sentimiento familiar a todos cuando éramos niños: condenados si hacemos algo, condenados si no hacemos nada. La impotencia es la experiencia primaria de estar en un estado de liminalidad. 

La única manera de navegar esta marea alta es desarrollar una capacidad de liminalismo, esto es, de no hacer nada (de no-hacer, si queremos ser zen al respecto): pérdida de poder, control e incluso conocimiento básico acerca de lo que es verdadero o falso, real o irreal, frente a problemas colectivos cada vez más infranqueables y a “soluciones” cada vez más problemáticas.

 

Twitter del autor: @JaKephas 

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[1] La psicología, aunque mantiene ciertas similitudes con la ideología, es distinta de esta porque permite la existencia del inconsciente (en lugar de, digamos, Dios, o la ley natural) como el factor principal determinante de la actividad humana. Como resultado, observa la manera en que los valores (e ideologías) se forman inconscientemente, y encuentra que el factor determinante no está en una verdad empírica o realidad, sino en experiencias subjetivas del individuo (o la sociedad). Para dar un ejemplo, en The Childhood Origins of the Holocaust, Lloyd deMause muestra cómo la ideología nazi (incluido el aparentemente irracional odio a los judíos) puede rastrearse a las tempranas y brutales experiencias de los niños alemanes en las generaciones que crecieron para formar el movimiento nazi.