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Maurice Sinet fue despedido por una columna "antisemita" en Charlie Hebdo, luego de que se negara a disculparse; parece haber una diferencia entre cómo juzgamos las cosas que pueden ofender a una u otra religión o cultura

carlos latuff

En una reciente entrevista, el caricaturista brasileño Carlos Latuff ofrece una interesante reflexión sobre el complicado predicamento en el que nos encontramos, defendiendo la libertad de expresión en medio de un acendrado conflicto religioso:

Es una discusión perpetua, porque qué es libertad de expresión y qué es expresión cáustica. ¿Por que algunos sujetos están protegidos por la libertad y otros no? ¿Por que podemos burlarnos de ciertas cosas pero no de otras? ¿Negar el holocausto, por ejemplo, debería de ser incluido como libertad de expresión o agresión racial? Hay que ver, por ejemplo, el tratamiento que se le da en los medios occidentales a las caricaturas de Mahoma y las caricaturas del Holocausto.

Negar el Holocausto está prohibido en Francia. Esto es una muestra de respeto a los judíos, para quienes el tema es especialmente sensible. El Islam condena la idolatría y para muchos musulmanes las imágenes de Mahoma son la más ofensiva herejía. Podemos decir que los musulmanes son especialmente sensibles a las representaciones visuales de su profeta, pero esto es algo que la sociedad francesa y la sociedad occidental en general no respetan de la misma forma.

Este doble estándar parece también haber existido dentro de Charlie Hebdo. En 2009 la revista despidió al caricaturista Maurice Sinet, quien había trabajado allí 20 años, por mofarse de la relación entre el hijo de Nicolas Sarkozy y una acaudalada mujer judía, sugiriendo que esta relación lo ayudaría a escalar en la sociedad. Se le acusó de "incitar odio racial" y la dirección editorial de Charlie Hebdo le pidió a Sinet que se discuplara. Sinet se negó y fue despedido. Sinet luego ganó una demanda contra Charlie Hebdo y recibió 40 mil euros.

Anteriormente Charlie Hebdo había sido demandado por organizaciones islámicas en Francia por sus caricaturas y se negó a ofrecer una disculpa. Si bien también es cierto que lo mismo ocurrió cuando fue demandado por organizaciones católicas (algo que ha ocurrido en un mayor número de veces).

Sobre el caso de Sinet se dice que la causa del despido fue política y no religiosa --cediendo ante la presión del poder de Sarkozy. Tal vez esto sea cierto, pero el semanario se había burlado de la élite política francesa muchas veces antes. Y en todo caso, el principio fundamental de su discurso era su negativa a toda autocensura --y no a la autocensura sólo en temas políticos comprometedores o "antisemitas". Como señala Henry Roussel, uno de los fundadores de Charlie Hebdo, el editor en jefe Stéphane Charbonnier había tomado partido y estaba envuelto en una desafiante seguidilla de provocaciones con los extremistas islámicos que ya habían bombardeado sus oficinas antes del brutal ataque de este mes. Olivier Cyran, antiguo periodista de Charlie Hebdo, dijo en 2013, que "una neurosis islamofóbica se apoderó poco a poco" de la revista tras el 11-S, que efectivamente respaldó los ataques a "miembros de una religión minoritaria sin influencia en los pasillos del poder" (citado en este lúcido artículo de Mehdi Hasan). 

Para explicar el caso de Sinet seguramente deberíamos de recurrir al antecedente del affaire Dreyfus --el famoso caso del capitán del ejército judío que fue erróneamente acusado de espiar en el siglo XIX, que simboliza el antisemitismo de la sociedad, que debía ser erradicado luego. Como en el caso de la negación del Holocausto, es la historia la que hace que la sociedad francesa tenga un especial reparo ante lo que puede ser considerado como ofensivo o racista para la población judía. La historia de la población musulmana, también tiene muy fresca en la memoria las invasiones militares que han sufrido sus países en los últimos años --y, como explicamos anteriormente, la historia del Islam hace que sus miembros sean especialmente sensibles a la iconografía de Mahoma. Pero esta historia no es incluida dentro de la historia compartida, no es aceptada como parte de la realidad de la sociedad occidental. No se considera necesario tener una atención especial a la susceptibilidad islámica. Esa es la diferencia.

Mehdi Hasan, editor musulmán del Huffington Post en Gran Bretaña, escribe sobre este doble estándar:

¿En vuestra publicación salen dibujos que se burlan, por ejemplo, del Holocausto? ¿No? ¿Y caricaturas sobre las víctimas del 11-S cayendo de las torres gemelas? No creo (y me alegro de que así sea). Piensa en el experimento de pensamiento del filósofo de Oxford Brian Klug. Imagina, escribe, que un hombre hubiera ido a la marcha de la unidad del 11 de enero en París "con una chapa en la que se leyese 'Je suis Chérif'" -el nombre de uno de los asesinos de Charlie Hebdo-. Supón, añade Klug, que lleva un cartel con un dibujo en el que se burla de los periodistas muertos. "¿Cómo reaccionaría la multitud?... ¿Verían a este individuo solitario como un héroe que defiende la libertad y la libre expresión? ¿O estarían profundamente ofendidos?". ¿Entendéis la conclusión de Klug de que el hombre haría mejor en irse para no poner su vida en peligro?

Más sobre este tema y lo que me parece es "la hipocresía y el fundamentalismo secular de Occidente" en este artículo que ha generado mucha polémica. En los siguientes días, para dibujar un cuadro más completo, escribiré algo sobre el problema de las imágenes en el Islam y cómo esto influye en la generación de grupos extremistas (una breve historia de la iconoclastia en el Islam, intentando contextualizar y entender una cierta tendencia a la violencia que existe en algunas facciones islámicas).

Twitter del autor: @alepholo

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Revelan que la operación de la muerte de Osama bin Laden fue un montaje mediático

Política

Por: pijamasurf - 01/20/2015

El supuesto asesinato de Osama bin Laden en una épica operación de los Navy Seals fue un montaje estilo Hollywood

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El periodista Seymour M. Hersh ha creado una pequeña revuelta en Estados Unidos luego de que diera a conocer que la operación que supuestamente encontró y asesino a Osama bin Laden fue un montaje para los medios. Hersh, ganador del Pullitzer, revela que no se produjo ningún tiroteo; el cadáver de Osama no fue arrojado al mar ni hubo una confesión de ningún prisionero. En realidad Estados Unidos se benefició de la revelación de un miembro de ISI que dio a conocer el paradero de bin Laden pidiendo una recompensa. Al parecer, el complejo industrial militar de entretenimiento echo a andar la maquinaria para hacer de los hechos una producción hollywoodesca, siguiendo un arco dramático.

Según la versión de Hersh, el ISI tenía recluido a bin Laden en la ciudad pakistaní de Abbottabad desde 2006; bin Laden estaba enfermo y era mantenido bajo vigilancia médica. Cuando el Ejército de Estados Unidos confirmó la información de la locación se dirigió a ISI para avisarles que sabían la ubicación de bin Laden (en lo que imaginamos fue una conversación muy cándida); aparentemente, ISI no tuvo entonces más remedio que entregar a bin Laden, aunque con la condición de que no saliera vivo de la casa. Esto habría sido una petición regenteada por los altos mandos en Arabia Saudita, quienes querían mantener en secreto sus vínculos con esta organización.

De ser cierta, la investigación de Hersh probaría que Obama mintió a los estadounidenses y que la operación fue una gran ficción más, una fábula con fines políticos, como fue plasmada en la película La noche más oscura, la cual supuestamente se había basado en hechos reales. Y, según este artículo del New York Times, todo indica que la versión de Hersh está más cerca de la verdad, al menos más cerca que la versión oficial. El asesinato de bin Laden fue el clímax del primer turno en la presidencia de Obama y un claro recurso electoral. Aunque ahora las revelaciones de Hersh han provocado fuerte polémica, el episodio seguramente sólo trascenderá como una operación psicológica más en los anales de la historia, que pocas personas revisan y toman en cuenta.