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El calendario es la esfera en que la cultura toma injerencia sobre el paso del tiempo --hay tiempo sin calendario, pero no calendario sin tiempo, nunca hay que confundirlos

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The Ancient Mayans possessed one of the most precise and hermetic control calendars ever used on this planet, a calendar that in effect controlled what the populace did thought and felt on any given day…

William S. Burroughs, The Job

The Usual Suspects es, desde el día en que se estrenó, un clásico y en menos de 1 semana cumplirá nada más y nada menos que 20 años (25 de enero de 1995, Festival de Cine Independiente de Sundance). Bryan Singer, su director, es responsable de una de las mejores escenas que se hayan filmado con una cámara: en poco más de 3 minutos, “Verbal” Kint (Kevin Spacey) le cuenta al detective la historia de Keyser Söze, la leyenda, un mito del mundo criminal. La escena incluye la siguiente frase: “The greatest trick the devil ever pulled was to convince the world he didn't exist” o, en español: “el mejor truco que inventó el Diablo fue convencer al mundo de que no existía”. Cuando algo se hace invisible puede estar a nuestro alrededor y no lo veremos, no nos daremos cuenta de su existencia; y lo que es más, la negaremos. Se convierte en leyenda, como Keyser Söze. Las mejores herramientas de control, en consecuencia, son invisibles --una tecnología transparente que se encuentra en todos lados y que aun así no vemos. Ubicua y, por eso mismo, eficiente como ninguna. Ahora podemos estar frente a ella y no la veremos, no nos daremos cuenta que estamos frente al Diablo, frente a un mito --sólo veremos a “Verbal”.

El calendario es completamente invisible --e inocuo. Como “Verbal”, o como el agua (para un pez, claro); el calendario es un sistema de reglas, un conjunto de normas que permiten ordenar el paso del tiempo. Nada más --el calendario parece inofensivo y necesario; tan necesario que se vuelve invisible y natural. El calendario es la esfera en que la cultura toma injerencia sobre el paso del tiempo --hay tiempo sin calendario, pero no calendario sin tiempo, nunca hay que confundirlos. La historia del calendario, de hecho, nace con la agricultura; el destino del calendario está ligado a la producción. No extraña entonces que con el capitalismo más salvaje el calendario logre una perfección envidiable, aunque no sea la primera vez que ocurra. William S. Burroughs era un experto en los calendarios mayas antes del mito del 2012; los estudió en la Universidad de Harvard, llegando a algunas conclusiones muy interesantes. De acuerdo con Burroughs, el principal motivo de los grados de exactitud de los calendarios mayas, de su pasión por los detalles, de su análisis sistemático del paso del tiempo, era la profecía: y profecía es control. Al establecer un calendario específico y determinado, exacto e inviolable, los Sacerdotes podían “profetizar” lo que ocurriría en un momento determinado.

Al saber lo que ocurriría en el futuro, podían manipularlo; pero ocurre que ellos mismos eran los que manejaban el Calendario, ellos poseían el conocimiento de lo que ocurriría, si sabían leerlo y si tenían las armas para aprovecharlo (y tenían las dos cosas, conocimiento y poder). El calendario es entonces una especie de profecía autocumplida de manera tácita y colectiva. Y profecía es igual a control, porque todos tendremos la capacidad de leer el futuro, pero no de manipularlo; carecemos de poder (o eso solemos creer). Voy a adivinar el futuro: en Navidad estarás reunido con tu familia. Puedo saber mucho más que eso, en realidad. Los patrones de conducta se ven modificados drásticamente durante esos días; lo mismo ocurre con el Día de la Madre, o el Día de Acción de Gracias. Son los días libres, pero no son nuestra elección. Al igual que nuestros trabajos, a menudo. Un porcentaje mínimo de la población trabaja de algo que disfruta; y un porcentaje mayor, que incluye a personas que trabajan de lo que aman, aun así lo hace por más tiempo del que debería; los fines de semana son un momento de descanso profetizado y controlado. Los viernes y sábados a la noche los jóvenes salen --regresan a sus casas al amanecer y la rueda sigue girando.

Y nos vamos de vacaciones entre 1 y 2 semanas al año, si podemos; el tiempo suficiente para no explotar en mil pedazos por el cansancio, la rutina y el estrés, pero tampoco mucho más --sólo lo suficiente, como para que a las semanas estemos de nuevo atrapados en una rutina anticipada, con dolor de cuello y espalda, recordando las fotos en la playa, esos momentos en contacto con una naturaleza prácticamente edénica. Un sueño imposible, el de la riqueza que nos permitirá romper con la rueda del Samsara: sólo las clases muy bajas y las muy altas trascienden (hasta cierto punto) el calendario, aunque sea en su grado más fino –“el trabajo dignifica” es otra de esas frases curiosas, como la del Diablo y Keyser Söze. Nos despertamos a la mañana, todos, más o menos a la misma hora --porque “al que madruga, Dios lo ayuda”. Los refranes como herramientas de control, claro --tecnologías que graban en el inconsciente las normas de una cultura centrada en la eficiencia y la productividad a toda costa. Hasta que te jubiles, si puedes, después de toda una vida dedicado a ellas; si pudiste ahorrar o si fuiste bien recompensado por el trabajo de tu vida podrás vivir una vacación prolongada, finalmente; llega tu momento, un retiro anhelado en el que podrás vivir en una montaña si ese fue tu sueño, sólo que ya no podrás subirla por la artritis.

Un retiro, también, profetizado y controlado --y ese es el mejor de los casos, claro; mejor no hablar de los peores. Y fuera del calendario no hay nada --seguir el calendario hasta los más mínimos detalles confiere una seguridad inexistente en el tiempo desnudo. Seguir el calendario asegura cobrar un sueldo a fin de mes, por más escaso que sea; nos protege de la pobreza y el vacío existencial de no poder comprar un machiatto en Starbucks o un iPod --aunque sea un iPod (no hace falta que sea un iPhone, por lo menos un iPod, por favor). El calendario, invisible y omnipotente, es la gran herramienta de control --en consecuencia, no tenemos poder sobre nuestro tiempo: podemos decidir qué hacer, pero el cuándo es otra cuestión. Debemos hacer malabarismo con las horas del día, sacrificar horas de sueño o atención, una investigación digna de Sherlock Holmes o los algoritmos de la NSA para encontrar algo de tiempo, para liberar al tiempo. El sacrificio, después de todo, es una de las bases de la ética de trabajo y del estilo de vida occidental --debemos sacrificarnos para obtener lo que nos falta y luego sacrificarnos para no perderlo o seguir sacrificándonos para intentar conseguirlo, en esta u otra vida --el único atajo es una tarjeta de crédito y una promoción --algo, lo que sea, al 25% de descuento, en 12 cuotas (nuevo nombre para los antiguos meses del calendario solar) con un interés relativamente bajo: el Nirvana.

El tiempo --breve, preciado, se nos escapa todavía más --de naturaleza líquida y elusivo, lo perdemos de vista --todos, incluso aquellos que saben lo que quieren hacer y pueden hacerlo, los que por haber nacido en una familia determinada pueden darse el lujo (sí, el lujo) de despertarse a la hora que quieren o incluso quienes no tienen motivo para despertarse temprano y buscan desesperadamente uno. Todos iguales ante la gran conspiración perpetrada por todos y cada uno de nosotros, todos profetas y guardianes de un eterno presente lo más predeterminado posible. Pero si somos nosotros los perpetradores de la conspiración, si somos nosotros los profetas y los guardianes del calendario, tenemos entonces en nuestro poder el Verdadero Secreto™ de los sacerdotes mayas; el calendario se vuelve ilusorio (como todo sistema de control y, probablemente como el tiempo mismo). En The Revised Boy Scout Manual, escrito a finales de los 60, Burroughs propone un plan de cinco pasos para la revolución y recuperar (en términos mitológicos) el control de la realidad. El primer paso es “proclamar una nueva era y desarrollar un nuevo calendario”, personal. El propio Burroughs utilizaba su propio Calendario Onírico de 10 meses, que comenzaba con Terre Haute y Marie Celeste y terminaba con los meses de Sweet Meadows y Land’s End.

La creación de un calendario propio es solamente una posibilidad en el camino de la recuperación temporal; el tomar consciencia de la naturaleza del tiempo y de la relación cercana e incestuosa entre profecía, análisis de datos y control, puede ser un inicio --o puede ser más que suficiente. Eso nos permitirá, quizás, ver el tiempo desnudo, en su fragilidad --es decir, la nuestra. El calendario se transforma entonces en una tecnología útil, una herramienta cultural; una guía en lugar de una ley divina. El calendario dejará de tener poder sobre nosotros, aunque sea un poco. Recordar que nuestro tiempo no es eterno también puede ayudar a liberar la atención; la muerte siempre puede ser un aliado y recordarla puede resquebrajar las cadenas temporales más ridículas y cotidianas. Reflexionar sobre la naturaleza del tiempo en términos circulares y rítmicos, adentrarnos en la simultaneidad de todos los tiempos (la teoría según la cual todos los instantes de la historia, absolutamente todos suceden al mismo momento, AHORA), puede abrir una o dos puertas en el camino; imaginar tiempos abrumadores y cósmicos, también: ver un episodio de Cosmos, en cualquiera de sus versiones, con el corazón bien dispuesto, puede ser una experiencia transformadora que revele la arbitrariedad de un sistema de control ubicuo: el del tic tac del reloj y las maneras en que esos segundos son sistematizados y jerarquizados en días, meses y años.

Después de inventar un calendario que utilizaremos a escondidas (porque no lo podemos sincronizar con Google), de ver un maratón de Cosmos y de sentir a la muerte como enseña Don Juan (a nuestra izquierda, a la distancia de un brazo), seguramente sigas teniendo el mismo trabajo y debas tener que tomar un par de jarras de café al día para despertarte y activar algunos centros energéticos inexistentes (y si no tienes el mismo trabajo probablemente sea por causas que poco o nada tienen que ver con Burroughs, Neil deGrasse Tyson o Castaneda). Pero habrás recuperado en cierta medida la responsabilidad sobre tu propio tiempo y los límites entre los días y los meses en tu calendario dejarán de ser líneas rectas. Al hacerlo quizás disfrutes más de esos minutos escuchando jazz en un Starbucks tomando un café (sin culpa, si es que en algún momento la tuviste, porque no es más que otro sistema de control, así que no te preocupes por tu teléfono, sea inteligente o no, tenga Android o iOS o así sea un Nokia 1100) y quizás, ojalá, puedas pensar en formas para recuperar más tiempo y responsabilidad, encontrando maneras para hacer lo que desees (no “invertir” el tiempo, porque no es un bono), aunque sea un poco y de a poco: siempre de a poco. Recuperando y liberando el tiempo, de a unos pocos minutos a la vez. Y quizás puedas caminar como “Verbal” al final de The Usual Suspects, escapándote de lo que te quieras escapar, convirtiéndote en ilusión, convirtiéndote en Keyser Söze: él también podrá perder el tiempo, pero por lo menos es su tiempo. Y si no lo hiciste todavía, mira The Usual Suspects.

Twitter del autor: @ferostabio

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Biblioteca Pijama Surf: "Fuck You", una revista de artes fundada por los beats (PDFs)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/21/2015

13 números de la revista literaria fundada por el poeta, músico y activista radical Ed Sanders en colaboración con Allen Ginsberg, William Burroughs, Antonin Artaud, Peter Orlovsky y Andy Warhol, entre otros más

Fuck You Ed SandersFuck You, a Magazine of the Arts fue una revista fundada por el poeta beatnik Ed Sanders, el activista radical que escribió su primer poema en prisión luego de haber protestado contra la proliferación nuclear en 1961. Además de considerarse uno de los mayores promotores del movimiento hippie auténtico, Sanders fundó una legendaria banda de rock que unió a la literatura y la contracultura de la época con la composición musical: The Fugs. El nombre fue tomado del eufemismo fuck utilizado en la novela de Norman Mailer The Naked And The Dead. Pero así como Ed consiguió unos híbridos impresionantes de música y poesía (como alguna vez lo hicieron con el jazz y el hip hop The Black Poets), también le ocurrió lograr una mixtura extravagante entre beatniks y un par más de artistas visionarios de la época que no precisamente se inmiscuían en la cultura hippie. Fuck You, su revista de artes, resultó ser un valioso compendio que retrata los pensamientos de los años 60 en toda su extensión: Encontramos personajes como Allen Ginsberg, William Burroughs, Antonin Artaud, Gary Snyder, Peter Orlovsky, Andy Warhol, Tuli Kupferberg (también de The Fugs), Diane Di Prima, Carol Bergé, Carl Solomon, Gregory Corso, Robert Duncan, John Wieners, Ray Bremser, Lenore Kandel, Charles Olson, Joel Oppenheimer, Herbert Huncke, Julian Beck, Frank O'Hara, LeRoi Jones, Robert Kelly, Judith Malina, Robert Creeley, Michael McClure, Ted Berrigan, Joe Brainard, Gilbert Sorrentino y muchos otros. La impresión fue hecha en andrajos de papel de construcción; 13 números minimalistas, nada ostentosos, que plasmaron algunos pensamientos sobre los placeres libertinos de la contracultura: la promiscuidad, los psicodélicos, la libre expresión del sexo, todos ellos liderados bajo una moral espiritual heredada a la generación más joven que, como nos dice Mark Dery: "heredaron de Blake la visión de un retorno al Edén, y de Emerson, la idea de una unión trascendente con la Naturaleza".

Sanders y sus colaboradores son los responsables de puentear a la generación beat de los años 50 con la contracultura hippie de finales de los 60; un híbrido especial que marcó las primeras piezas del new age arcaico. El fanzine Fuck You también fue protagonista de la Revolución Mimeo, aquella caracterizada por hacer uso del mimeógrafo para realizar las primeras propagandas en esténcil:

Publiqué Fuck You, a Magazine of the Arts de 1962 a 1965, por un total de 13 números. Además, formé una imprenta con mimeógrafo que emitió un torrente de andanadas y manifiestos durante esos años, incluyendo Roosevelt After Inauguration, de Burroughs, Vancouver Report, Auden's Platonic Blow y The Marijuana Review de Carol Bergé y una colección clandestina de los cantos finales de Ezra Pound.

Ed Sanders

 

 

Fuck You, A Magazine of the Arts Número 1

 

Fuck You, A Magazine of the Arts Número 2

Fuck You, A Magazine of the Arts Número 3

Fuck You, A Magazine of the Arts Número 4

Fuck You, A Magazine of the Arts Número 5, vol. 1

Fuck You, A Magazine of the Arts Número 5, vol. 2

Fuck You, A Magazine of the Arts Número 5, vol. 3

Fuck You, A Magazine of the Arts Número 5, vol. 4

Fuck You, A Magazine of the Arts Número 5, vol. 5

Fuck You, A Magazine of the Arts Número 5, vol. 6

Fuck You, A Magazine of the Arts Número 5, vol. 7

Fuck You, A Magazine of the Arts Número 5, vol. 8

Fuck You, A Magazine of the Arts Número 5, vol. 9