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Carta de Bukowski al bibliotecario que prohibió su libro por racista, sádico y misógino

Por: pijamasurf - 01/22/2015

El viejo indecente se muestra a la vez halagado y triste por el extraño gesto de ser prohibido en una remota comarca holandesa

viejo

Una biblioteca en Holanda prohibió el libro Tales of Ordinary Madness, de Charles Bukowski. Todo lo que es necesario saber es que el librero tuvo la amabilidad de informarle a Bukowski esto a través de una carta, y que Hank le contestó con su estilo usual. Aquí va:

Estimado Hans van den Broek:

Gracias por la carta donde me informa de la remoción de uno de mis libros de la biblioteca de Nijmegen. Y de que lo acusan de discriminación contra la gente negra, homosexuales y mujeres. Y de que es sádico a causa del sadismo.

Lo que temo discriminar es el humor y la verdad.

Si escribo mal sobre negros, homosexuales y mujeres es porque así eran los que conocí. Hay muchos "malos": perros malos, mala censura; incluso existen "malos" hombres blancos. Sólo que cuando uno escribe sobre hombres blancos "malos", no se quejan. ¿Y será necesario decir que existen "buenos" negros, "buenos" homosexuales y "buenas" mujeres?

En mi trabajo como escritor, sólo fotografío en palabras lo que veo. Si escribo sobre "sadismo" es porque existe, yo no lo inventé, y si algo terrible ocurre en mi trabajo es porque esas cosas pasan en nuestras vidas. No estoy del lado de la maldad, si es que abunda algo como el mal. En mi escritura no siempre estoy de acuerdo con lo que ocurre, ni me regodeo en el lodo por puro gusto. También es curioso que la gente que despotrica contra mi trabajo parece no ver las secciones donde trato de la alegría y el amor y la esperanza, y existen tales secciones. Mis días, mis años, mi vida han conocido altas y bajas, luces y sombras. Si escribiera sola y continuamente de la "luz" y nunca mencionara lo otro, entonces, en tanto artista, sería un mentiroso.

La censura es la herramienta de aquellos que tienen la necesidad de esconder realidades de sí mismos frente a los demás. Su miedo no es más que su incapacidad para hacer frente a lo que es real, y yo no puedo ventilar ninguna rabia contra ellos. Sólo me dan esta consternada tristeza. En alguna parte, mientras crecían, los escudaron contra los hechos totales de nuestra existencia. Les fue enseñado mirar de una sola forma aunque existieran muchas.

No me alarmo de que uno de mis libros haya sido cazado y expulsado de los estantes de una librería local. En cierto sentido, me honra haber escrito algo que despertara algo en sus imponderables profundidades. Pero me hiere, es cierto, cuando el libro de alguien más es censurado, pues dicho libro, usualmente es un gran libro y hay muy pocos de esos, y a través de los tiempos ese tipo de libros a menudo se convirtieron en un clásico, y lo que alguna vez se pensó escandaloso e inmoral ahora son lecturas requeridas en muchas de nuestras universidades.

No digo que mi libro sea uno de ellos, pero digo que en nuestros días, en este momento donde cualquier momento podría ser el último para muchos de nosotros, jode sobremanera y es imposiblemente triste que aún tengamos entre nosotros a los pequeños amargados, a los cazadores de brujas y los voceros contra la realidad. Aún y todo, ellos también van aquí con nosotros, son parte del todo, y si no he escrito sobre ellos, debería, tal vez lo haya hecho aquí, y es suficiente.

que seamos mejores juntos,

suyo,

(firma)

Charles Bukowski

***

Carta original aquí.

Traducción de JR.

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Entre los árboles puedes no sólo encontrar ese sentido de protección que necesitas, también puedes recolectar inmejorables estímulos metafísicos

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Quien ha aprendido a escuchar a los árboles, ya no desea ser un árbol.

No desea ser más que lo que es.

Hermann Hesse

Como dice alguien que sabe: "en el fondo lo que todos buscamos es sentirnos a salvo". Y a lo largo de la vida, junto a los ventarrones que acompañan todo recorrido existencial, también brotarán diversos refugios, espacios tan accesibles como protegidos, dispuestos a alojarnos en momentos decisivos.  

Contrario a lo que podríamos suponer, estas guaridas no requieren de contenernos espacialmente. En muchos casos un recuerdo específico, una textura o un determinado paisaje pueden servir como refugio y transmitirnos esa necesaria dosis de protección. 

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En mi experiencia, uno de los lienzos más propensos a cumplir con este papel, el derramar refugios, son los árboles. Las redes de rincones que se forman en sus copas, la elusiva ligereza de su follaje y los insinuantes ritmos que imprimen sus ramas, son configuraciones particularmente fecundas en el arte de abrigarnos. 

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Si a lo anterior añadimos que los árboles son seres que probablemente gustan del misterio, y que en su interacción con otros elementos, por ejemplo los rayos solares, el viento o la lluvia, adquieren un inusual bagaje metafísico, entonces basta dedicar unos instantes a observarlos para ubicar incontables refugios en sus troncos y entre sus ramas. 

Sin descartar que la previa hipótesis esté más cerca del delirio que del lúcido descubrimiento, estas imágenes sugieren, creo, la posibilidad de que en verdad los árboles actúan como refugios brujos, espacios discretos pero afables, que no sólo pueden proveernos con ese “sentirnos a salvo”, sino que también, simultáneamente nos inducen estados de percepción refinada –algo así como los dralas, esos minúsculos estímulos que, como una especie de glitches epifánicos, “nos recuerdan una cualidad extravagante de la realidad”, o el espíritu de las cosas. 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

Imágenes vía Instagram / ParadoxeParadis

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