*

X

Artista forma repugnante cultivo de bacterias en su cajuela y lo convierte en galaxias (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 01/24/2015

Como un Big Bang microscópico, los parásitos de un caldo de cultivo originaron increíbles paisajes estelares

Bacterias de restaurantes, moteles e inodoros, suciedad de los teléfonos, controles remoto y del ombligo son algunos de los materiales de trabajo que el artista Marcus DeSieno utiliza para la creación de sus imágenes. Fascinado por la fusión de la fotografía y la ciencia, a DeSieno se le ocurrió formar un cultivo de bacterias microscópicas en la cajuela de su auto, en el que posteriormente sumergiría sus películas fotográficas. El resultado: un caldo de bacterias hambrientas por desintegrar todo a su paso, provocando una serie de galaxias multicolor y paisajes estelares, algo así como un Big Bang a escala microscópica. Las imágenes finales son impresiones de pigmentos escaneados para su serie Cosmos, que nos muestra una variedad de texturas caóticas diferentes entre sí, dependiendo los parásitos que las carcomieron y la cantidad de tiempo que se empaparon.

Gimnasios, cajeros automáticos, el metro, los glory holes de librerías para adultos, y jacuzzis de moteles de paso fueron algunos de los spots ideales para encontrarse con sus parásitos artistas: "A medida que las bacterias crecen y se multiplican, interactúan con la película, alterándola, quitando capas de color y desintegrando poco a poco los medios de comunicación arcaica en una abstracción impredecible de color y textura", dice DeSieno. No hace falta mencionar que ningún ambientador pudo enmascarar el olor que emana de su cajuela. 

Te podría interesar:

Las delicias descriptivas de un manual de sexo del siglo XVII, "La obra maestra de Aristóteles"

Arte

Por: pijamasurf - 01/24/2015

Subastan una primera edición del lujurioso manual de sexo titulado "La obra maestra de Aristóteles" (aunque no es de Aristóteles)

Aristotle's Masterpiece … offering 'a word of advice to both Sexes in the Act of Copulation'.

Recientemente se subastó una primera edición de un fascinante manual de sexo del siglo XVII que abunda en prácticamente todo lo relacionado a una relación sexual, desde “el uso y función de los genitales” hasta arcaicas pruebas de embarazo o “nacimientos monstruosos y sus razones”. Por alguna extraña razón, el texto se tituló La obra maestra de Aristóteles, aunque no es de Aristóteles ni es precisamente una obra maestra. Pero sí es una joya literaria.

El autor anónimo la publicó en 1684 y hoy quedan sólo tres primeras ediciones completas, de acuerdo al librero Jeremy Norman, quien valuó una de ellas en 65 mil dólares. La obra maestra, sin ningún tipo de pudor, abunda en consejos prácticos para copular, concebir y dar a luz.

“Condúcela hacia el deseo con besos lascivos”, le aconseja el libro al lector masculino. “Con todo tipo de devaneos y 261fdf19-6117-4d91-9078-6d7a1eb7ca2d-2060x1373tentaciones sensuales. Pero si percibes que ella no reacciona y está fría, debes consentirla con todo tipo de delirios, abrazos y cosquillas… entremezclando más besos lascivos con palabras lascivas y discursos, manipulando sus partes secretas y pezones para que ella coja fuego y se conduzca al desenfreno”.

Las mujeres, que “en general están más contentas teniendo algo bien hecho, una vez, que algo mal hecho frecuentemente”, pueden saber si han concebido si, después de dejar su orina 3 días en un vaso, perciben “pequeñas criaturas viviendo ahí”. El hombre, por su parte, puede saber si su mujer está embarazada si la nota con los párpados hinchados y a medio abrir, si ella tiene migrañas o si sus ojos están inyectados de sangre los días siguientes al coito.

El libro también habla de los “nacimientos monstruosos”, que el autor atribuye a “la imaginación maternal, brujería, copulación entre hombres y animales o un desorden en la matriz”. Incluso incluye ilustraciones de posibles monstruos engendrados bajo estas condiciones.

Los libros de este tipo se usaban muchísimo. De hecho, esta obra fue leída hasta su extinción, y por ello sólo sobreviven tres copias de la primera edición. Otro aspecto extraordinario es que se continuó reimprimiendo y leyendo “bajo la mesa” hasta principios del siglo XX. James Joyce, en su Ulises, la cita.

Y aunque el libro no estaba pensado como pornografía, el autor no escatima en los placeres homosexuales, por ejemplo, e instruye a las personas a “hacerlo bien”.