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Retratos de seducción entre el amo y el esclavo: sobre “Las nubes de María” (Olivier Assayas, 2014)

Arte

Por: Psicanzuelo - 12/16/2014

Jugando con el mito del amo y el esclavo, Olivier Assayas profundiza en la manera de cambiar de piel como un ritual de nuestra sociedad de consumo

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Hace 20 años, la prestigiosa actriz internacional María Enders (Juliette Binoche), saltó a la fama con un rol en una obra de teatro. La trama de la misma podría recordarnos el legendario filme Las amargas lágrimas de Petra Von Kant (R. W. Fassbinder, 1972), donde los eternos femeninos del amo y del esclavo encarnan en una versión capitalista de la jefa y su asistente. Obviamente la jefa es exitosa, bella, consolidada, inteligente, aunque este ultimo atributo lo acaba teniendo más acentuado la asistente, por la manera en la que le acaba dando vuelta a la situación; aprovechando la ocasión por medio del deseo ciego de dominio de la otra. A María Enders, tras la muerte del dramaturgo, se le ofrece ser parte de la misma obra en un nuevo montaje, cambiando de rol por su edad madura; ahora será la jefa.

sils_maria_1-620x256La muy lograda cinta de Assayas funciona en tres niveles, y en los tres es exitosa. Un nivel es el pasado que sucedió hace 20 años, siendo la memoria que hace funcionar y reaccionar tan agresivamente a María tras cualquier posible amenaza externa. El segundo es el presente con el montaje donde una polémica actriz del corte Lindsay Lohan, llamada Jo-Ann Ellis (Chloë Grace Moretz), juega con aparente inocencia el juego de transformarse en el personaje que le abrió las puertas de la celebridad a María, amenazando su bienestar ahora. Cabe mencionar que, en el anterior montaje, la actriz que interpretaba a la jefa murió en un accidente, posible final para la actriz madura en el presente, por lo menos en su imaginación. El tercer nivel, que es el más profundo e interesante, se convierte en la trama de la película en realidad. Curiosamente María tiene una asistente americana, Valentine (Kristen Stewart) que para mi gusto se acaba llevando la película. Valentine es el mito hecho espacio y tiempo, la invocación del hechizo, encarnación de la asistente en una realidad inmediata. Mientras María hace mucho que ha ocupado el rol de la jefa en su vida personal, que ahora tiene que representar en una ficción ante un auditorio.

Las secuencias entre Valentine y María destilan una tensión sexual tan primaria y al mismo tiempo tan sofisticada que muchas veces se escabulle ante la cámara que pacientemente las espera, aguardándolas para alcanzarlas súbitamente a media acción o dejarse alcanzar cuando han tomado aliento en su combate, como dos aves dejándose caer en algún acantilado cercano. Una dinámica tan placentera para ver como el mejor espectáculo que las artes puede ofrecer; explorando de esta manera asuntos primarios del ser humano, donde el espíritu se debate con los instintos animales. El fantasma de Fassbinder está presente, más allá de Petra Von Kant. Explotar: controlar a alguien para amarlo de esta manera, ante la seducción de quien aparentemente es forzado a una serie de tareas fuera de sus necesidades propias, quien va ganando más poder pacientemente a medida que el otro, o la otra, se va volviendo invalido.

new-york-film-festival-2014-clouds-of-sils-maria-movie-review-273d3f62-f514-4531-90f0-44e0ad2b040dPresa que es acechada por la fiera y criatura que nace siendo la nueva fiera, una persecución que funciona en pantalla jugando con nuestra percepción de espectadores que buscan en el conflicto de la escena un ganador. Brincamos de estar ensayando líneas entre ellas, Valentine apoyándola más bien en forma de ensayos previos a los verdaderos ensayos. A estar actuando con mentiras manipulando la realidad, apropiándosela como si fueran sus sentimientos reales en la intimidad de vivir juntas en una solitaria cabaña. En ocasiones se vislumbra la posibilidad de que sean ellas mismas o intentándolo dentro de un proceso intelectual, la jefa y la asistente, María y Valentine. Recuerda también ese juego de roles que planteaba Jean Genet en su obra de teatro Las criadas, que no puede dejar de verse como un conflicto de clases. En esta obra de Genet, Claire y Solange son sirvientas que al mismo tiempo sienten admiración que repulsión ante su señora. Así, Valentine se va encontrando en el juego de explotación que le va brindando su propia voz como ser humano, más allá de sus preconcepciones y creencias. Aunque Jean Genet siempre negó que Las criadas se basara en el asesinato que conmocionó a Francia en 1933 (de las hermanas Papin que eran mucamas, sobre su patrona), es evidente que así fue. Una película que articula muy bien éste incidente es la versión de Jean Pierre Denis, Les blessures assassines (2000), con una apabullante Sylvie Testud, que en un microcosmos dentro de la relación patrona-sirvientas, ella es ama de su hermana dentro de su relación, que no acaba respetando otra autoridad. Son relaciones en pareja que no aceptan entrar a un triángulo justamente por eso, por la autoridad en un asunto sexual de doble dominio. Pero Las criadas sería relevante en el caso de Las nubes de María, más allá de sus tensiones lésbicas o sus juegos de poder, en la manera en que Genet entiende el juego en escena entre las dos, parecido a lo que hace Assayas con Binoche y Stewart. Las indicaciones de Genet eran que, antes de que iniciara la obra, las actrices definieran para el público el escenario con los lugares de la alcoba de la señora, ventana, espejo, puerta, etc., creando un mundo imaginario donde se proyectarían en varios personajes que intentan manipular al otro. Aquí sería definiendo la cabaña en las montañas suizas, y sus alrededores como campo de batalla. Sartre llegó a definir la obra como un juego de espejos, naturaleza de la que Assayas parece muy consciente, llevando este tipo de relación a sus últimas consecuencias.   

clouds_of_sils_mariaHay un fenómeno atmosférico en las nubes que circulan la cabaña en Suiza donde están recluidas las dos; son unas nubes que bajan en forma de serpiente y que le dan el titulo a la película, simbolizando la muda de piel, así como va moviéndose el personaje de unos a otros, dejando en su paso la iniciación a la nueva vida como un nuevo personaje. No cabe duda que en un sistema capitalista de la naturaleza como ha adoptado nuestro mundo global, de producción masiva en serie, de explotación y ahora con lo nuevo, que es una total represión que amenaza la expresión personal; no existe más que este tipo de dialécticas destructivas en acción, como la expuesta aquí, para poder existir dentro de él. Ningún rol resulta eterno, y lo que sí es infinito resulta una especie de juego de las sillas, del que la perversidad humana se sigue nutriendo.

Twitter del autor: @psicanzuelo

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El poema "Los Amantes" de Rilke describe con tremenda similitud la visión de interpenetración espiritual erótica que más tarde sería el tema central de la obra del pintor estadounidense Alex Grey

[caption id="attachment_88351" align="aligncenter" width="560"]Alex_Grey-Copulating En las venas se vuelve todo espíritu... todo gira y arde.[/caption]

Leamos el poema "Los Amantes" de Rainer María Rilke bajo el encandilamiento psicodélico de las pinturas de Alex Grey:

 

Mira cómo se cruzan: uno crece hacia el otro

y en sus venas se vuelve todo espíritu.

Las dos figuras vibran como ejes, en torno

a los cuales la rueda irresistiblemente gira y arde.

Tienen sed y reciben la bebida;

mantente alerta y mira: reciben la visión.

Permite que se hunda el uno en el otro,

para que el uno al otro sobrepase.

 

[caption id="attachment_88348" align="aligncenter" width="561"]Alex_Grey_tantra Tantra, de Alex Grey.[/caption]

 

 

Aunque Rilke y el pintor Alex Grey comparten una inclinación hacia el arte visionario, uno no pensaría encontrar una descripción tan parecida de un mismo fenómeno: el acto amoroso que se desborda del cuerpo e inunda el mundo, vuelto ya espíritu. Esa fusión de la otredad que es ciertamente un tema común a la poesía y a la pintura mística de todas las épocas, pero desde una perspectiva claramente cósmica, orgónica incluso, donde alcanzamos a ver la transformación del espíritu en materia fluida a través de la vía regia del amor. Si bien la obra de Rilke es de una enorme sutileza, secretamente encantada con un animismo que encuentra en la naturaleza vibrantes huellas de lo divino, en este caso --con la ayuda de Grey (cuya obra es casi obscenamente espiritual en tanto a que desnuda brutalmente lo invisible)-- podemos ver una visión espiritual que se concreta; lo secreto se hace explícito, pero al encontrar la imagen clara y radiante de su significado cobra un nuevo enigma: el de la precisión visionaria, el de la intuición poética como revelación. El poeta y el pintor cumplen aquí la labor del alma de conectar el mundo espiritual con el mundo terrenal.

[caption id="attachment_88352" align="aligncenter" width="475"]Screen shot 2014-12-19 at 2.31.42 PM "En torno a los cuales la rueda irresistiblemente gira y arde".[/caption]

 

En este ejercicio de contemplar la serendipia chákrica de Grey bajo la lírica de Rilke (o al revés), no sabemos tampoco si estamos presenciando (y co-creando), una écfrasis o una écfrasis al revés (como la que se práctica utilizando pinturas para ilustrar las portadas de libros) o creando un precursor imaginario.

Trazamos un numinoso arco entre artistas visionarios, que parece ser una forma de sincronicidad que atraviesa el tiempo, como si Rilke hubiera descrito un cuadro que iba a pintarse 100 años después (y viceversa). Acaso esta "coincidencia significativa", usando la definición de Jung, puede tejerse como otro argumento más para sostener que el tiempo no existe de manera independiente, es solamente una relación de la mente (una madeja psíquica) y las mismas imágenes arquetípicas --proyecciones de la eternidad-- vuelven a aparecer y a iluminar al hombre en su búsqueda de entrar en contacto con lo sagrado y encender la antigua chispa de la maquinaria celeste.

[caption id="attachment_88350" align="aligncenter" width="600"]Alex_Grey-New_Man_New_Woman La pareja recibe la visión.[/caption]

 

Es cierto que el poema de Rilke, para ser más precisos, no sólo es una descripción o écfrasis en reverso de una pintura de Alex Grey; funciona como el texto que ancla e irradia toda una colección visionaria en la que Grey plasma su entendimiento del tantra y de la física de alta energía del universo, en la que un mar de vibración cuántica subyace al mundo material de las apariencias y entrelaza a todos los seres, pero especialmente a los amantes que en su cópula abren la puerta a la energía misma con la que se creó el universo. Tanto el poeta como el pintor contemplan esta escena primigenia en la que se recrea el mundo y notan que es la visión de los amantes, la comprensión de la unidad, que es un guiño del cosmos que aprueba su acto así, la que les lleva a cumplir el deseo por antonomasia del amor: el transfundimiento (que es un "translumbramiento", como dijera Octavio Paz). En este sentido, los amantes son como los alquimistas cuyo acto de transmutación siempre debe ir acompañado de una elevación espiritual y de un entendimiento de principios astronómicos y astrológicos.

Cada una de estas pinturas parecen estar en sí mismas ilustrando la totalidad de la visión del poema de Rilke (poniendo el foco en un aspecto)... los amantes se cruzan (tocándose pero también mirándose) y crecen en el hálito de su cuerpo el uno en el otro, expandiéndose y participando en el universo entero, entrando a la licuadora cósmica --la revolución de las órbitas celestes, la rueda del firmamento que atraviesa el cuerpo--, esa "rueda que gira irresistiblemente y que arde" que en el arte de Grey se anima como una energía toroidal, un campo de luz espiral que abraza, inmanente y trascendente.

Twitter del autor: @alepholo