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Artista dibuja autorretratos en LSD en un experimento del gobierno de Estados Unidos (FOTOS)

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 12/26/2014

Los dibujos durante trips alucinógenos permiten seguir el desarrollo de la conciencia a través del agujero del conejo: migajas de pan a través del bosque encantado del inconsciente

Durante los años 50 y 60, la investigación psicodélica tenía lugar en laboratorios y no en raves: el auge del LSD-25, ese "niño problema" del doctor Hofmann, prometía ser la cura para la depresión, el estrés postraumático, el bloqueo creativo, la inhibición, el autismo, e incluso para el miedo mismo. Este periodo de experimentación seria respecto al verdadero potencial médico del LSD (así como de otras sustancias enteógenas) fue cortado de tajo por las regulaciones internacionales que criminalizaron las sustancias y dieron inicio a la fallida guerra contra las drogas; pero la experimentación arroja cada tanto evidencias interesantes, como perlas que aparecen en la playa después de un derrame petrolero.

Ignoramos el nombre del artista que realizó estos retratos. Formó parte de un experimento del gobierno de Estados Unidos dirigido por el famoso psiquiatra Oscar Janiger a finales de los 50, y el sujeto de todos los dibujos es el médico que condujo el estudio. Pero sí sabemos que el artista tomó una dosis de 50ug (microgramos) de LSD, y que 20 minutos después realizó este dibujo:

 
El artista tenía a su disposición una caja con diferentes materiales. Su primera elección fue el carboncillo, con el que realizó el primer retrato. El sujeto reporta "condición normal... sin efectos de la droga todavía".

 

 
85 minutos después de la primera dosis y 20 minutos después de una segunda dosis (50ug + 50ug), el paciente luce eufórico y su habilidad verbal comienza a disminuir. "Puedo verte claramente, tan claramente. Este... tú... todo es... Me cuesta trabajo controlar este lápiz. Parece querer seguir por sí solo".
 
 
2 horas y media después de la primera dosis, el sujeto está completamente inmerso en el dibujo. Sigue dibujando en blanco y negro y concentrándose en las líneas de las cosas: "Los contornos parecen normales, pero muy vívidos. Todo cambia de color. Mi mando debe seguir el trazo intenso de las líneas. Siento como si mi conciencia estuviera situada en la parte de mi cuerpo que está activa ahora. Mi mano, mi codo... mi lengua".
 
 
2 horas y 32 minutos. El paciente parece aferrarse a su hoja de papel. "Voy a hacer otro dibujo. Los contornos del modelo son normales, pero los de mi dibujo no lo son. El contorno de mi mano se ve raro también. No es muy buen dibujo, ¿verdad? Me rindo. Lo intentaré de nuevo...".
 
 
2 horas, 35 minutos. El paciente comienza otro dibujo. "¡Voy a hacer un dibujo en un solo ademán... sin parar... una línea!". Luego de realizar el dibujo, el paciente comienza a reírse y se queda mirando algo en el piso.
 
 
2 horas, 45 minutos después de la primera dosis. El paciente trata de escalar cosas, se muestra agitado, responde lentamente a las sugerencias de los médicos para que siga dibujando. El estudio lo describe como "no verbal". Citan: "Soy... todo es... cambiado... llaman... tu rostro... intercalado... quién es...". Luego parece cantar. Su siguiente dibujo es en témpera:
 
 
4 horas, 25 minutos después de la primera dosis. El paciente se retrae y pasa 2 horas tumbado, moviendo sus manos en el aire. Su regreso a la caja de materiales de dibujo es abrupto, pero deliberado. Elige pluma y acuarela. "Este será el mejor dibujo. Como el primero, pero mejor. Si no soy cuidadoso perderé el control de mis movimientos, pero no lo haré, porque yo sé. Yo sé". Esta frase se repite. El paciente-artista realiza media docena de trazos en el dibujo mientras corre de un lado para otro:
 
 
5 horas, 45 minutos después de la primera dosis. El paciente continúa moviéndose por el cuarto, describiendo variaciones complejas pero no del todo azarosas. Pasa hora y media antes de que se quede quieto y vuelva a dibujar (un gentil recordatorio de que el LSD puede producir sensaciones claustrofóbicas). "Ya puedo sentir mis rodillas, creo que se me está pasando. Este es un buen dibujo, este lápiz es difícil de sostener", dice, mientras está sosteniendo un crayón.
 
 
8 horas después de la primera dosis. El paciente está sentado en la cama y reporta que los efectos de la droga han pasado (excepto por la ocasional distorsión de los rostros). Los médicos le solicitan un dibujo final (que aparece sobre estas líneas), que el paciente realiza con desgano: "No tengo nada que decir sobre este dibujo, es malo y sin interés, quiero irme a casa".
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Psiconáutica

Por: pijamasurf - 12/26/2014

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Además de su asociación tradicional con el "mal", la locura y frecuencias similares, perspectiva promovida en la cultura pop por propaganda mainstream, el uso de psicodélicos también se ha conectado con algunas valiosas cualidades. Por ejemplo, la gente que se interesa por este tipo de experiencias psicoactivas quizá es más propensa a innovar, ya que su búsqueda y sus vivencias responden a cuestionar los límites predispuestos de la realidad, o como en el caso de un estudio realizado por un investigador de la London School of Economics, que determinó que la gente más inteligente tiende a sentirse atraída por el tipo de experiencias que estas sustancias proveen.

En todo caso vale la pena enfatizar en que, como prácticamente cualquier otro fenómeno o acción en la vida, el consumo de psicodélicos no es negro ni blanco, absolutamente benéfico o inevitablemente dañino. Lo que parece difícil de cuestionar tras analizar la historia es que su gama de grises sugiere un rol bastante interesante en el desarrollo de la mente colectiva. Aunque es un ejercicio esencialmente especulativo, existen buenas razones para pensar que sin la injerencia de los psicodélicos en la historia humana las cosas no serían lo mismo que hoy, y hay buenas posibilidades de que el panorama sería menos rico que el actual –lo que sea que eso signifique.

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Dejando a un lado ideologías o posturas personales, parece que al hablar de la influencia de los psicoactivos en la sociedad actual es buen recurso detectar algunas de las figuras culturalmente más significativas que no sólo triunfaron en sus respectivos rubros sino que, de acuerdo con ellos mismos, atribuyen una parte importante de su filosofía existencial, y por lo tanto de su éxito, al haberse encontrado con estas sustancias. 

Cary Grant

El hípercarismático actor hollywoodense, que utilizó recurrentemente el LSD con fines terapéuticos, declaró sobre sus encuentros esto: "Al fin estoy cerca de la felicidad. Me quería deshacer de todas mis hipocresías. Quería trabajar los sucesos de mi niñez, la relación con mis padres y mis exmujeres. Y no quería pasar años en análisis".  

Steve Jobs

El arquetipo encarnado del emprendedor ambicioso y creativo, Steve Jobs, cofundador de Apple y una de las mentes más intrigantes de la revolución internetera, encontró en el LSD un buen consejero para desbordar los límites de lo establecido y luego monetizarlo de manera avasalladora: "A lo largo de ese periodo de tiempo (1972-72) usé LSD 10 o 15 veces. Ingería el LSD en un cubo de azúcar o en su modalidad sólida, en forma de gelatina. Generalmente lo tomaba cuando estaba solo. No tengo palabras para explicar su efecto en mí, sin embargo, puedo asegurar que la experiencia cambió mi vida y celebro haberme enfrentado a esa experiencia". 

Jack Nicholson

La sonrisa más perturbadora y mejor lograda de Hollywood también sostuvo encuentros fundamentales con el LSD. Nicholson asegura que la primera vez que vio a Dios fue durante su primer viaje en ácido. Y tras advertir: "No abogo nada por nadie", también ha confesado que sus experiencias con esta sustancia marcaron significativamente su vida.  

Susan Sarandon

Una de las mejore actrices hollywoodenses recurrió a los hongos alucinógenos y, posteriormente, a la ayahuasca, para diseñar su existencia. "He consumido hongos y ayahuasca [...] Estas experiencias te recuerdan tu lugar en el universo y dan una nueva perspectiva a las cosas. Creo que puedes tener experiencias absolutamente profundas".

Francis Crick

Este científico, que junto con otros dos investigadores descubrió el ADN, compartió el hecho de haber experimentado con LSD mientras trabajaba en la develación de la estructura molecular de nuestro código genético. De acuerdo con Alternet Crick le confeso a un amigo cercano, Dick Kemp, que de hecho percibió la estructura de doble hélice (que corresponde a nuestro ADN) mientras viajaba en LSD.