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¿Activismo digital o placebo de sofá? (sobre manifestarte vía tus redes sociales)

Por: Javier Barros Del Villar - 11/16/2014

El hashtag tiene un rol importante en el activismo contemporáneo, pero es importante entender que es un gran complemento y no una herramienta de transformación autónoma

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Hasta hace unos años el activismo requería de un involucramiento dinámico en defensa de una causa especifica o en la denuncia proactiva de una situación. Dicho involucramiento implicaba asistir a manifestaciones públicas, recabar firmas o fondos para la causa, presionar presencialmente a ciertos actores, por ejemplo un determinado empresario o funcionario, y participar constantemente en labores organizacionales.

Con la masificación de las redes sociales en internet, se fueron definiendo prácticas complementarias al activismo tradicional: promover la firma digital de una petición, denunciar un hecho específico en las redes o difundir información alrededor de una causa, entre otras. Como complemento estas prácticas refuerzan la causa, y con frecuencia lo hacen de manera significativa. Pero también muchos advierten, creo que no sin razón, que se trata de una postura cómoda.  

Resulta interesante tratar de entender cómo se perciben estas acciones digitales desde la perspectiva del actor. Es decir, ¿siento que participé activamente en una cierta causa si tuitée consignas apoyándola en, digamos, 11 ocasiones? Un estudio reciente sobre activismo digital, extrañamente realizado por una firma de marketing e investigación, determinó que muchos estadounidenses se consideran activamente involucrados con una causa si se manifiestan a favor de ella vía sus perfiles en redes sociales. No obstante, sólo una tercera parte de ellos llevaron su apoyo un paso más allá, esto incluso tratándose de acciones que se mantienen en el ámbito digital y no exigen cruzar la puerta de su hogar, como firmar una petición en línea (29%) o realizar una donación (35%). De acuerdo a este dato es de suponer que del 100% original, tan sólo una minúscula porción compaginó su postura con una acción más allá de internet.

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Y aquí la siguiente pregunta es: ¿cuántas de las personas que se contentaron con tuitear o manifestarse en Facebook, pero que no participaron más allá del clic, hubieran, por ejemplo, asistido a una manifestación en caso de no haber desahogado su opinión o "contribuido" digitalmente? La respuesta no la sé. Buscando estudios relacionados no logré encontrar alguno que sugiriera el dato, pero sería importante entender si la actividad digital ofrece, para ciertas personas, un sustituto satisfactorio a tomar acción fuera de la red. En este caso evidentemente la participación en línea estaría actuando como un debilitador de la causa, pero podemos también suponer que en la mayoría de las ocasiones la gente que participa exclusivamente vía una red social no está dispuesta a involucrarse presencialmente y, por lo tanto, es un refuerzo a la labor que hacen los activistas tradicionales o los ciudadanos proactivos. 

A manera de conclusión parece que el "activismo" en línea tiene un rol importante para el desdoblamiento de una causa. Sin embargo, en un contexto ideal este debiese ser un complemento a un involucramiento "offline" y no un simple reemplazo. En la historia reciente existen múltiples pruebas de que generar presión digital puede tener repercusiones importantes. Pero también es pertinente enfatizar que la mayoría de estos triunfos van acompañados de labores concretas, extradigitales, que lleva a cabo una organización civil o un reducido grupo.

En pocas palabras no dejes de tuitear o de manifestar tu opinión en las redes, pero idealmente considera que también podrías ir un paso más allá, trascendiendo los límites de Facebook, Twitter y compañía, y que en la medida en que más personas lo hagamos, entonces se estarán acelerando esos procesos sociales, esa transformación que cada vez con mayor urgencia necesitamos consumar. Tal vez la #revolución no será "hashtaggeada" pero seguro que algo habrá de eso..

Twitter del autor: @ParadoxeParadis 

 

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Las inconsistencias en el caso Ayotzinapa (y porqué los padres rechazan las versiones oficiales)

Por: Ana Paula de la Torre - 11/16/2014

Datos que analizados, incluso ligeramente, saltan por su fragilidad en relación con la exasperante desaparición de los estudiantes

cq5dam.thumbnail.624.351Imaginar a decenas de policías municipales disparando contra estudiantes y luego entregándolos a perturbados sicarios es una escena que pareciera de ficción, pero es precisamente lo que ocurrió el 26 de septiembre en el pueblo de Iguala, en México.

En la torpe e insensata guerra contra el narcotráfico emprendida por el gobierno mexicano en 2006 y apoyada por Estados Unidos, algunos acontecimientos han sido particularmente dolorosos (además de las 100 mil muertes y más de 20 mil desaparecidos), por ejemplo la quema de 52 personas al interior de un casino en el estado de Monterrey o las dos granadas detonadas en un acto público en la plaza de Morelia cuando estaban reunidas unas 30 mil personas, con un saldo de siete personas muertas; pero este suceso, los 43 estudiantes desaparecidos y presuntamente muertos a manos del crimen organizado, pareciera destapar una dolor acumulado.

El caso de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa ha despertado no sólo la indignación que parecía dormida en un letargo de la sociedad mexicana; también ha animado la atención de los medios internacionales --aunque la mayoría aplaudieron al presidente por sus "suicidas" reformas, como las calificó Noam Chomsky, ahora cuestionan la realidad de un país rebasado por sus problemas sociales.

Sobre el caso, los padres de los 43 normalistas desaparecidos han mostrado su incredulidad por las inconsistentes investigaciones del gobierno mexicano. Aquí algunos de los cabos más cuestionables sobre las indagaciones (que, naturalmente, no dejan de ser meras deducciones):

Aparentemente, desde un inicio han estado buscando muertos a los estudiantes

El presidente Enrique Peña Nieto tardó al menos 4 días en reaccionar al hecho, haciéndolo sólo cuando medios internacionales ahondaban en el caso. A casi 10 días del crimen fueron halladas fosas en Iguala donde se encontraron hasta 30 cadáveres; de inmediato, el gobierno anunció como posible salida ante la crisis que podrían tratarse de los estudiantes. La pregunta salta oportuna, pues se sabe que desde un inicio comenzaron a buscar en fosas; ¿el gobierno tiene información cuya contundente conclusión es que los estudiantes están muertos?

Fue el Estado (testimonios involucran al gobierno del estado y, por la nula intervención del ejército, el nivel federal también aparece como cómplice)

Uno de los normalistas sobrevivientes, Omar García, cuyo testimonio ha sido validado por Amnistía Internacional, narra cómo algunos estudiantes llamaron a los medios de comunicación locales que decían no poder llegar por prohibición gobierno municipal y estatal: 

“Los medios nos decían que no podían llegar porque se los había prohibido el gobierno estatal y municipal”, acusó con la periodista Carmen Aristegui.

El mismo testigo narró para distintas instancias que después del segundo ataque –y mientras buscaban refugios en las casas que los habitantes de Iguala les ofrecieron--, personal del ejército retuvo a los normalistas, les retiró los celulares y les dijo: “Ustedes se lo buscaron, quisieron meterse con hombrecitos”. Los soldados los acusaron de allanamiento de morada. Después del suceso, hubo un tercer ataque aunque el ejército estaba ya enterado.

El problema de las cenizas y la lluvia 

A través de su procurador, Jesús Murillo Karam, el gobierno mexicano informó, en una peculiar rueda de prensa, que todo apuntaba a que los estudiantes habían sido incinerados en un fuego sostenido durante 14 horas, tras lo cual las cenizas y restos se habían depositado en bolsas de plástico, posteriormente arrojadas al río Cocula.  

Los detenidos dicen que ahí mataron a los sobrevivientes y los echaron a la parte baja del basurero y los quemaron; hicieron guardias para asegurar que el fuego durara horas, le echaron diesel, llantas... (El fuego) duró desde la noche y hasta el 27 de septiembre, pero por el calor no pudieron manipular los restos sino hasta más tarde. Cuando los peritos analizaron el lugar, encontraron restos humanos.

Sin embargo, los reportes del clima documentaron que entre las 11pm del 26 y las 4 de la mañana del 27 cayeron 17.7 mm de lluvia. La pregunta es obvia: ¿cómo ardió una fogata de tal magnitud en esas condiciones y por tantas horas? Para que un solo cuerpo humano sea calcinado, el fuego debe alcanzar los mil grados centígrados; ¿cómo pudieron asegurarse de que la fogata alcanzara esa temperatura por tantas horas? ¿Cómo se conservaron las cenizas para meterlas en bolsas, si estuvo lloviendo?

Se violaron los protocolos internacionales

En casos de desaparición forzada se exige una respuesta por parte de la autoridad en las primeras 72 horas. No obstante, en este caso las investigaciones comenzaron días después del ataque a los estudiantes. 

 Aquí la rueda de prensa que dio el gobierno sobre el caso y que, paradójicamente, ha despertado mayor desconfianza: 

 

Twitter de la autora: @anapauladelatd

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Pijama Surf al respecto.