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A medida que nuestro cerebro madura, nuestra mirada se va desencantando de las cosas del mundo. Estas son algunas de las vías que puedes tomar para volver a ver el mundo con el asombro de un bebé

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Quizá no a todos les sucede, pero hay momentos en la vida en los que uno puede voltear a ver algo como si lo viera por primera vez; con la mirada de un bebé. Es triste, pero también seguramente necesario, que las cosas del mundo se vayan “desencantando” a medida que nuestros cerebros maduran: pierden ese halo de magia, de improbabilidad que pudimos percibir –aunque no lo recordemos– cuando las vimos por primera vez. Ahora vemos un búho, por ejemplo, y por más bello que nos parezca no nos genera el asombro que es el simple hecho de que exista y sea física y metafísicamente tan maravilloso. Nos perdemos de mucho. Pero hay maneras de desfamiliarizar lo conocido para conocerlo de manera distinta, o en otras palabras, de reencantar el mundo.

Una de ellas es por medio de la experiencia visionaria (incluidos la meditación, los sueños y los trances), y otra es mediante el efecto de ciertos estimulantes psicoactivos en la conciencia, que detonan vías para que nuestros cerebros adultos puedan cruzar de regreso a ese momento en el que salimos de la cueva. Las siguientes son vías rápidas (shortcuts) que propone Alison Gopnik, una psicóloga de la Universidad de California, Berkeley, para poder volver a ver el mundo como lo hacen los bebés.

 

1. Viaja a lugares raros que no conozcas

Conocer nuevos lugares, sobre todo si no se parecen mucho a tu país natal, puede ayudar a que enfoquemos nuestra atención, algo que está muy relacionado con la plasticidad de la mente. Experimentos en ratas han demostrado que cuando se les entrena a enfocarse ya sea en la frecuencia o la intensidad de los sonidos, algunos de sus circuitos cerebrales se autoreestructuran y convocan a algunas neuronas para la tarea, dejando a otras atrás. Esta “plasticidad” cerebral es una buena aproximación a lo que vemos en los bebés. Cuando ponemos atención, revertimos partes de nuestro cerebro a su estado infantil.

 

2. Cigarros y café

Los estimulantes como la nicotina o la cafeína provocan cambios similares. La nicotina imita al neurotransmisor llamado acetilcolina, que controla la activación de ciertas partes del cerebro cuando ponemos atención. Al mismo tiempo, otros neurotransmisores inhibidores detienen otras partes del cerebro al unirse a estos. La cafeína, por su parte, hace uso de estos neurotransmisores y nos mantiene más alerta. El cerebro inmaduro de un bebé es más plástico que el de un adulto, así que ser un bebé puede ser similar a prestar atención con una parte más grande del cerebro. El cigarro y el café nos empujan en esa dirección.

 

3. Estimulantes psicodélicos

Los efectos de la psilocibina –el ingrediente activo de los hongos alucinógenos– en la conciencia adulta son aún más extremos y pueden efectivamente revertir núcleos clave en nuestro cerebro hacia un estado infantil.

Los psicodélicos, al igual que la psilocibina, pueden disipar nuestro sentido del yo y darnos acceso a percibirnos como parte del todo. Estudios cerebrales muestran que las partes del cerebro que se desactivan con los psicotrópicos están subdesarrolladas en bebés (comenzamos la vida sin un sentido reconocible del yo). Los psicodélicos abren una ventana hacia el asombro primordial y tienen la capacidad de mostrarnos al mundo de tal manera que se “reencante” permanentemente.

 

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Una mirada meditativa y microscópica al bosque hace que el hombre altere su conciencia y se asuma como parte de un mandala ecológico; esta es la historia del biólogo David Haskell

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La mayor parte de la información de un lugar pasa fuera del rango de nuestros sentidos y nuestra percepción consciente. Esto se multiplica en un área de una densidad biológica como puede ser un bosque, donde conviven miles de millones de seres vivos: una matriz de diferentes phylums en una danza entre la simbiosis y la voraz competencia. No nos detenemos a observar este mundo profuso que habita alrededor nuestro --arriba y abajo, con sus propias historias y dramas, y una enorme belleza si tan sólo somos capaces de poner atención.

El biólogo David Haskell decidió, en vez de abarcar una amplia área de estudio como puede ser todo un bosque, concentrarse en una pequeña parcela de tierra, fundamentalmente un metro cuadrado en una ladera en Shakerag Hollow, Sewanee, Tennessee. Un espacio reducido que se convirtió en un mundo pletórico, un íntimo camposanto o un microcosmos de la complejidad de todo el bosque, de cada organismo e incluso del planeta mismo como una red de vida. Mezclando la observación científica con la meditación zen y la descripción poética, Haskell escribió el libro The Forest Unseen: A Year's Watch In Nature, un zoom de un año a este espacio elegido en la floresta: el bosque no visto. Casi siempre, cuando logramos aguzar la mirada lo suficiente, concentrar nuestra atención, ya sea con un telescopio o un microscopio, pero también con la mente y los sentidos, escuchar el silencio o el viento y respirar y dejar que el pensamiento se detenga en una hoja y absorba su existencia, entonces, el mundo se revela con una encantadora belleza, con una riqueza que llena el espíritu. Esto es lo que este fascinante ejercicio nos demuestra.

Haskell habla del concepto de un lente manual con el cual podemos focalizar una rebanada de la existencia, que a su vez es un puente hacia la totalidad --el lente de mano como una herramienta para percibir "el mundo en el grano de arena", el reino de la cáscara de la nuez. Esta herramienta tiene su paralelo en la meditación: cuando uno se concentra solamente en la siguiente respiración, en un palmo de existencia, podemos acceder a lo infinito. "Al estrechar el foco, las cosas se vuelven más nítidas. Como a través de una cámara estenopeica, de un pequeño agujero. Esa es la paradoja de la existencia contemplativa, al hacer menos y hacerlo más lento, puedes ver más --o al menos ver de una forma distinta. Al ver otras especies en el planeta, nos conocemos mejor a nosotros mismos. Así que realmente es un reflejo", dice Haskell.

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Haskell se describe como un "predicador de ramas" y ahora se inscribe en la tradición de los naturalistas estadounidenses, que incluye lo mismo a científicos y artistas, que han encontrado solaz espiritual en la contemplación de la naturaleza. De hecho, uno de los temas de su libro es la disolución del yo en la red orgánica de seres que forman parte del ecosistema del bosque. "No soy un sujeto observando objetos. Soy parte de este mandala", dice Haskell. La naturaleza se erige no como un lugar para trascender o encontrar un sentido ulterior, sino simplemente para incrustarse en un orden, para activar un sentido de pertenencia y abolir la ilusión de la separación, a la vez que se exalta la belleza de la complejidad y la diversidad.

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Algunas de las impresiones de Haskell después de pasar un año observando este pedazo de bosque: "En la ecología no hay gran diseñador o compositor, el orden va del suelo hacia arriba, de todas las interacciones individuales entre estas especies y estas redes produciendo algo más grande que es como una música sin componer. No hay un gran diseñador dirigiendo el movimiento de cada hormiga. La ecología es interesante porque hay una armonía pero también una gran cantidad de disonancia y caos".

 

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"El bosque es dominado por pequeñas e inconspicuas criaturas. Las aves y los mamíferos llaman más la atención, pero la vasta mayoría de los animales presentes son pequeños insectos, caracoles, gusanos y otros animales invertebrados. Echarme al suelo con un lente era la mejor forma de ver esto", dice Haskell. Es de destacar, en este fascinante libro, la poesía de los líquenes, seres híbridos que llenan de color la superficie mineral del bosque formando una montaña miniatura, y del reino fungi que forma una ciudad constelada de agua:

Y ahí están, debajo de mis pies, todas estas extrañas estructuras. Y podrías imaginarte naves espaciales volando por ahí, y en realidad sí las hay en la forma de jejenes-hongo. Y luego a través del lente viene una enorme babosa. Sabes que sólo mide uno o dos centímetros, pero a través del lente manual se revela como una magnifica criatura cubierta por un vidrio brillante. Soy un gran entusiasta de la legalización de los lentes de mano, porque te llevan a un estado mental alterado. Y no contribuye al tráfico de drogas.

 

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Recomendamos mucho el libro The Forest Unseen: A Year's Watch In Nature y también visitar el blog de Haskell, en el cual tiene numerosas fotografías y grabaciones de audio ambiental, así como una serie de impresiones de filosofía natural.

Twitter del autor: @alepholo