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El silencio es paradójico, ubicuo, originario, arquetípico e impecable; vale la pena practicarlo

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Cuando nos remitimos con franqueza al estado original de las cosas, esa especie de clímax natural siempre apropiado, es probable que durante el ejercicio guardemos silencio. El sonido, la música y la expresión verbal se cuentan entre los recursos más preciados a nuestra disposición, pero la pulcritud del silencio podría bien considerarse impecable. El silencio es un latido ubicuo, originario, un punto de encaje en la realidad y a la vez una especie de acompañante que espera ahí, al final de la fiesta o al fondo de la habitación, imperturbable  y siempre paciente.

El silencio es el lenguaje de lo divino, 
todo lo demás es una traducción pobre.

Rumi

Curiosamente, en casi todas las tradiciones místicas el silencio se concibe como un vehículo fundamental para enlazarnos con lo divino o lo supramundano. Si bien existen los conjuros, los mantras, los cantos chamánicos y demás sonidos o entonaciones rituales, siempre hay un punto del trayecto en el que el silencio debe privilegiarse. Los ascetas, monjes, anacoretas, sadhus y demás 'hombres de espíritu' protagonizan procesos de profunda familiarización con el silencio, no sólo aquel que impera en su ambiente inmediato sino, y sobretodo, el interno, es decir, con la habilidad de frenar el diálogo interno y callar, o al menos no conversar, con la mente.

El silencio es fuente de enorme fortaleza.

Lao-Tsé

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Lo más probable es que tu contexto sociocultural, como el mío, suele emerger en un arrecife de palabras y expresiones que alimentan el 'ruido' –algo así como un anti-lienzo que a veces se jacta de ineludible. Supongo que hoy vivimos el momento menos silencioso en la historia de la humanidad. De hecho, la actualidad está en buena medida definida por ingredientes como comunicación, hiperconectividad o expresión, que al combinarse con trepidantes estilos de vida e infinitos estímulos que claman por nuestra atención dificultan, como nunca antes, el refugiarnos en los silencios (interno y externo).

Pero al navegar el mundo cotidiano, guardar silencio, de manera consiente e intermitente, pudiera ser un gran aliado. Quizá cada vez que guardamos silencio estamos dando vida a un micromanifiesto momentáneo que privilegia la escucha, la concentración y la claridad. Por otro lado, si nuestra vida es aquello que somos capaces de platicarnos sobre ella, entonces silenciarnos unos momentos antes de continuar nuestra auto-narrativa es un ejercicio que seguramente favorecería la lucidez de esa historia.     

Finalmente, y aunque de seguro sobra recalcarlo, también resulta paradójico que durante este breve intento de apología al silencio le mencioné durante unas 10 ocasiones, lo cual nos invita a reflexionar: ¿cómo transmitir la delicia del silencio? Y aunque la respuesta es obvia, lo cierto es que pocas veces se habla de este 'estado' como debiera hacerse: sin hablar.

El silencio es en silencio.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis