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"Somos estrellas muertas mirando de nuevo hacia el cielo"

Por: pijamasurf - 05/29/2014

La astrónoma Michelle Thaller ha realizado en este video en el que retoma la idea de que estamos hechos de materia cósmica estelar y la lleva a otro nivel, uno nostálgico en el que también somos estrellas que, cada noche, llevamos la mirada a nuestro lugar de origen primordial

 

Las explicaciones sobre el origen del universo han transitado de las metáforas más fantásticas a la evidencia no menos increíble. Ahora, posiblemente, ya no creemos que un ser superior “creó” la realidad en la que vivimos y que observamos pero, en cambio, los descubrimientos astronómicos, físicos y de otras ciencias afines igualmente nos asombran y nos sitúan en un estado de estupefacción, de incomprensión por los procesos que ocurren a cada instante frente a nuestros ojos (y también, muy muy lejos de nuestro horizonte inmediato) y de los cuales usualmente no nos damos cuenta.

¿Cómo se originó el universo? Si la ciencia dice la verdad, hubo un momento en el que el cosmos y todo lo que en él existe se encontraba concentrado en una densa esfera de energía, cuya explosión súbita marca el inicio del tiempo y de la materia; una expansión que continúa hasta ahora y de la cual surgieron los planetas, los asteroides, las estrellas, las hormigas, “una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio”, nuestros cuerpos y todo lo que vemos y percibimos, de la partícula más ínfima a la más inconmensurable.

¿Qué implicaciones tiene esto? Por ejemplo, una que el conocido astrofísico y divulgador de la ciencia Carl Sagan popularizó hace unos años y continúa vigente: que, desde cierta perspectiva, todos somos polvo de estrellas, que las estrellas y nosotros, el mundo en el que nos encontramos y que nos rodea, compartimos una especie de hermandad secreta, cósmica, irrevocable.

“La única cosa en el universo que puede hacer más grande un átomo es una estrella”, dice Michelle Thaller en el video que ahora compartimos. Thaller es astrónoma en el Goddard Space Flight Center de la NASA y ha realizado este video para el sitio The Atlantic; una variación del tema propuesto por Sagan, que la científica aborda desde otro punto de vista: si las estrellas que vemos en realidad no están ahí, entonces somos como estrellas muertas que miran de nuevo al cielo en un anhelante gesto de nostalgia por la forma en la que alguna vez fuimos.

Thaller realiza un rápido recorrido por la historia de los elementos, del hidrógeno primordial a todas las transmutaciones que éste tuvo hasta quedar convertido en el hierro de nuestra sangre o el oxígeno en el interior de nuestros pulmones. Una noción que, con todo lo admirable que es, Thaller lleva a un nivel superior.

La astrónoma plantea lo siguiente: llegará un día en el que el hidrógeno se consuma por completo y entonces muera la última estrella. El universo será entonces un lugar frío y oscuro por el resto del tiempo (“lo que sea que eso signifique”, acota Thaller), lo cual, tan solo de imaginarlo, resulta pesaroso. Un sitio sin vida, sumido en las sombras eternas. Y entonces, Thaller concluye que el Sol brilla, el Sol nos ofrece energía que aprovechamos para nuestro desarrollo; el Sol y otros astros están ahí aún, siendo observados por nosotros, y esto “sólo es un pequeña pieza del universo”, el fragmento más bien ínfimo de una historia que continuará por muchos siglos después de que nosotros también desparezcamos: "Eso nos da un sentido de pertenencia sobre lo maravilloso que es este tiempo, cuán maravillosa es nuestra vida ahora, nuestra vida real, y también cuán maravilloso es este tiempo en el universo".

Desafortunadamente para algunos de nuestros lectores, no encontramos una versión subtitulada del video. Pero nos mantenemos al tanto, por si acaso aparece alguna pronto. Mientras tanto, es posible activar la opción CC que ofrece YouTube.

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5 prestigiosos economistas dan 5 razones para terminar la guerra contra las drogas

Por: pijamasurf - 05/29/2014

Reconocidos especialistas en economía y otras materias se reunieron recientemente en la London School of Economics para debatir los efectos de la llamada “guerra contra las drogas”, y concluyeron que es hora de anunciar su fracaso y buscar otras medidas para combatir el narcotráfico

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La “guerra contra las drogas” es un término originado en Estados Unidos para dar nombre a la política militar, económica, de seguridad pública y otros ámbitos gubernamentales afines con los que la administración de Richard Nixon inició el combate al narcotráfico a nivel continental. Desde entonces, esta estrategia ha permitido un control amplio, en muchos momentos intervencionista, al interior de la propia sociedad estadounidense pero, sobre todo, en países de la región, por la vía de cuantiosos presupuestos (como la Iniciativa Mérida) o de presencia militar manifiesta (como es el caso de Colombia).

En este sentido, en años recientes han surgido muchas voces críticas, de reconocido prestigio, que señalan el fracaso evidente esta política en relación con el tráfico y el consumo ilegal de sustancias prohibidas ―marihuana, cocaína, psicoactivos, etc.― y, en cambio, sus efectos negativos en las sociedades en donde sucede esta guerra contra las drogas, la cual se ha llegado a considerar una guerra contra la población, en la medida en que se observa que los grandes intereses y poderes permanecen intactos (digamos, las ganancias económicas que el narcotráfico genera), pero otros indicadores como el número de homicidios, personas desaparecidas, tráfico de seres humanos y otros, aumentan. Dicho de otro modo: la punta de la pirámide continúa disfrutando de los beneficios, mientras que la base asume los costos.

Recientemente, cinco especialistas ganadores del premio Nobel de Economía se reunieron junto con otros académicos para debatir el tema. El encuentro tuvo lugar en la London School of Economics y, en general, se trató de un balance amplio sobre los beneficios y los perjuicios que la guerra contra las drogas ha implicado en Estados Unidos y en países de Asia, África y América Latina. Y la conclusión es clara: “Es tiempo de terminar la ‘guerra contra las drogas’ y redirigir masivamente esos recursos a políticas efectivas de evidencia clara y sostenidas en análisis económicos rigurosos”.

El reporte puede consultarse completo en este enlace (PDF, en inglés), pero aquí compartimos cinco razones puntuales que estos académicos han dado para acabar ya con esta perniciosa política pública.

 

1. El costo social de la adicción a las drogas es desigual

¿Por qué el nivel de violencia asociada con el narcotráfico es tan diferente en Estados Unidos y países como México o Colombia? El consumo de drogas, señalan los académicos, genera costos, pero no son los consumidores quienes los pagan. Costos que, además, aumentan conforme la prohibición y sus sanciones se vuelven más rigurosas.

 

2. La guerra global contra las drogas es notablemente infructuosa

Luego de varias décadas, es posible advertir la pobreza de resultados de esta política. Las drogas continúan transitando por todo el mundo, a pesar del mucho dinero gastado para “impedirlo”. Y esto es evidente.

 

3. La guerra contra las drogas tiene “costos constitucionales” para la democracia

Dado que esta política es esencialmente represiva y persecutoria, otro de sus efectos se encuentra en las relaciones jurídicas entre individuos y gobiernos. En México, por ejemplo, el ataque al ”crimen organizado” ha derivado en leyes que otorgan poderes extraordinarios a las fuerzas policíacas y, por otro lado, minan los derechos más elementales de una persona.

 

4. El problema estadounidense del encarcelamiento masivo podría volverse global

Actualmente Estados Unidos enfrenta un problema en sus cárceles, pues se ha convertido en el país que proporcionalmente tiene a más personas en prisión a causa, sobre de todo, de crímenes relacionados con drogas. Ernest Drucker, epidemiólogo de la Universidad de Columbia, aseguró en el encuentro que el sistema carcelario del país es “socialmente tóxico” pues daña la salud de una población, afecta la vitalidad de una familia y estropea las estructuras sociales, comunitarias y de responsabilidad mutua a escala masiva. Si la guerra contra las drogas persiste y una persona puede ser encerrada incluso por un delito menor como la posesión para consumo individual, este problema podría llegar a otros países.

 

5. Los servicios públicos de salud no reciben los fondos necesarios

En comparación con el presupuesto asociado con el combate a las drogas bajo esta política (en promedio, 100 mil millones de dólares anuales), los servicios públicos de salud palidecen; y esto a pesar de que se ha comprobado la efectividad de las medidas preventivas contra las adicciones.