*

X

7 lecciones después de un año sin beber alcohol

Salud

Por: pijamasurf - 05/25/2014

¿Te gusta beber alcohol?¿Hace cuanto tiempo que no pasas una buena temporada sobrio? Te sorprenderías de lo que puedes aprender de ti mismo cuando pasas un tiempo sin beber

kelly

¿Alguna vez ha pasado por tu cabeza la idea de que tienes que controlar la forma en la que bebes, que el alcohol te tiene tomado al punto de ya no sentirte en control de tu vida? Kelly Fitzgerald es una chica normal que tomó una decisión que le dio un giro radical a su vida: dejó de tomar alcohol. Cada experiencia es diferente; no todos sienten que beber se haya vuelto para ellos una forma de esclavismo voluntario, pero es bueno poder recibir consejos de alguien que está del otro lado.

Kelly lleva un año sobria y ahora escribe un blog llamado sobersenorita.com. He aquí 7 cosas que ha aprendido de sí misma después de dejar de tomar:

1. Estarás usando tus sentidos al 100%

Dejar de beber hace que tus sentidos despierten. Emociones, dolor, olores, sabores, sonidos. Todo es más vivo, aunque también pueda ser más doloroso a veces. Las cosas brillan más; lo más insignificante puede hacerte tremendamente feliz o traerte una inesperada nostalgia. Estás más atento; recuerdas más. La sensación puede ser abrumadora a veces, pero vale la pena sentir que estás vivo.

2. Empezar a entender quién eres realmente

Cuando dejas de beber, al menos por un tiempo, todo se vuelve más claro; te das cuenta de las cosas que crees querer pero realmente no quieres y de cosas que quieres pero no sabías que querías. Puede ser un gran reto aprender a socializar sin tener un trago en la mano, pero cuando lo logres vas a sentirte más en control de ti mismo. Además despertar en las mañanas sin cruda, tomar café e ir a correr puede ser el encuentro perfecto contigo mismo. Se trata de aprender a disfrutar las pequeñas cosas. Quizá empezaste a beber porque la vida te aburría, pero dejar de beber hace que la vida se vuelva algo completamente nuevo.

3. El alcohol ya no era divertido

No es fácil bajar el ritmo con el que bebes, para muchos la decisión tiene que ser de todo o nada. Una copa llama a la siguiente y a la tercera o cuarta ya no eres la misma persona que quería tener una noche tranquila. El problema no es querer divertirte; el problema es no poder parar aunque realmente ya ni siquiera te estés divirtiendo. A veces beber se vuelve simplemente una forma para prolongar la espera, para evadir la pregunta de qué es lo que quieres y hacia dónde quieres encaminar tu vida.

4. Una vida más manejable

Beber puede hacer que tu vida sea un desastre. Los primeros días y meses te acosa terriblemente el fantasma del alcohol, pero ya que pasas esa etapa el estar sobrio puede ser tu estado normal. Entonces quizá te des cuenta de que ya no bebías por gusto sino por la angustia de soportar la vida así, sin filtros. Si algo malo pasa no es el fin del mundo y, por cierto, el alcohol tampoco soluciona problemas realmente, sólo los aplaza un poco.

5. Eres una persona que merece amor

Puede que en un momento te des cuenta de que eres tú quien has estado saboteando tus relaciones amorosas. El alcohol puede ayudarte a justificar malas decisiones de todo tipo, incluyendo tus decisiones amorosas. Sin embargo, aunque no lo creas, tú también puedes tener una relación normal; alguien se puede fijar en ti aunque no estén completamente bebidos. Quién sabe; nadie dicta que no puedas conocer a alguien increíble en las profundidades de la borrachera, pero también vas a querer saber cómo es en la superficie.

6. La gente tóxica es como los malos hábitos

Este punto es importante. Si dejas de beber o usar drogas probablemente tengas que dejar de ver a ciertas personas. Sólo entonces te darás cuenta de a quién conoces realmente y a quién no. Te enfrentarás al hecho de que hay “amigos” de los que no sabes nada, ni te interesa saber nada, porque no tienes nada en común con ellos fuera de la fiesta y de ese continuo actuar como si realmente te estuvieras divirtiendo. Entonces descubrirás a quién aprecias realmente y quién está ahí para ti aunque no bebas. Deshacerte de tus “amigos tóxicos” junto con tu malos hábitos realmente tiene sentido.

7. No eres perfecto, y está bien

Deshacerte de un hábito como beber alcohol puede estar seguido de un periodo de culpa, vergüenza y arrepentimiento. Es una montaña rusa emocional; pasas por todos los estados de ánimo mientras tu cuerpo y tu mente se resisten a dejar la adicción. Pero entonces te darás cuenta de que sientes una gran cantidad de emociones que habían permanecido mucho tiempo adormecidas. Puedes cometer errores, pero son tuyos; el alcohol ya no justifica nada.  

Kelly dice que no se imagina volviendo a ser esa chica parrandera que antes era. Se siente feliz, plena, saludable. Todos los días, cuando despierta, se siente contenta de no estar cruda. El camino de Kelly no tiene por qué ser necesariamente el tuyo, pero si sientes que has perdido las riendas de tu vida, por qué no intentar recordar lo que es sentir ser tú mismo.

Te podría interesar:
El lenguaje muta y con él muta la humanidad.

 

Bosque, Daniel Navas

El lenguaje es el viento en un bosque silencioso; no nos damos cuenta de su presencia aunque se encuentre alrededor nuestro, desplegado en cada punto cardinal hacia otros bosques, arroyos e islas lejanas. El lenguaje es una forma de vida alienígena (como el viento) y la profundidad de la relación simbiótica entre él y nuestro sistema nervioso central hace que sea imposible distinguirlos y determinar con precisión dónde termina uno y dónde comienza el otro. Y el devenir caótico y aleatorio del lenguaje (además de una forma de vida, una tecnología, la tecnología más importante de todas: como el viento) forma culturas, imperios y saltos cualitativos y cuantitativos de conocimiento. La palabra se tornó escrita primero, aunque pocos eran admitidos ante su presencia --luego se masificó (un poco y después un poco más) y finalmente se distribuyó de manera libre bajo una licencia Creative Commons. El lenguaje muta y con él muta la humanidad --y el que conoce las palabras, el que juega con la unión de palabra e imagen, es el mago más poderoso del mundo (sí, más poderoso que Crowley y Dumbledore). El que reconoce al viento aunque no sople, mientras busca las copas de algunos árboles debido a la sospecha de la cercanía de un pájaro carpintero --ese sí que es el mago más poderoso.

Desde el inicio el lenguaje estuvo unido a nosotros y a la magia: algunas palabras se perdieron en el bosque --se sobresaltaron algunas veces, pero finalmente descubrieron que proyectaban sombras de distinto tamaño dependiendo de una compleja ecuación diferencial que contiene al Sol como variable, descubrieron que ellas mismas, palabras (lenguaje), eran imágenes y descubrieron también que generaban efectos distintos en los hombres. Algunas palabras eran comunes, se utilizaban en el mercado y la oficina y la posada y el club nocturno --pero otras no. Algunas de aquellas palabras que se perdieron en otro tiempo en el bosque proyectaban sombras gigantes que quitaban el aliento. Esas palabras eran especiales y formaban un lenguaje dentro del lenguaje, un núcleo duro de conocimiento secreto y transmisión oral y muy cada tanto escrita de manera particularmente oscura para, paradójicamente, iluminar. Las palabras de poder formaron la primera de las magias: el heka egipcio, el mythos griego, el abracadabra y los mantras orientales. Algunas palabras: sus significados, las asociaciones que generan, las imágenes que esconden y las sombras que proyectan, causan terremotos en los corazones. Otras palabras inspiran a recorrer el bosque y a redescubrirlo, a recordarlo y recrearlo con los ojos cerrados mientras escuchamos el viento.

A recrearlo en voz alta, a enumerar sus componentes mientras alguien más escucha, también con los ojos cerrados, atento a nuestra descripción del viento --y nuestro viento, entonces, podrá convertirse por arte de magia en su viento. Un viento, la idea de un viento se termina imponiendo, propagando, recorriendo sistemas nerviosos como el viento recorre cúmulos arbóreos de extensión indefinida. Gracias al lenguaje, al poder invisible del lenguaje, presenciamos brisas y complejos ecosistemas que viven en las bases de los árboles, ecosistemas que dependen de la humedad del ambiente para subsistir, aunque no se encuentren en el mismo bosque que nosotros. Gracias al lenguaje conocemos un bosque que de otro modo no podríamos conocer y conocemos también el bosque en el que respiramos, aunque probablemente sea radicalmente diferente al bosque del lenguaje y al viento de la palabra. El lenguaje hace nudos y separa, como una vidente natural que ofrece sus servicios en una ciudad que tiene mucho de bosque. Y los jugadores estrellas, los míticos 10 --jugadores de clase, "enganches", de los que te definen un partido en una jugada: los chamanes del Amazonas y el Tíbet (que invocan al Yeti en bosques que se encuentran a miles de metros por sobre el nivel del mar), hechiceros de túnica oscura de lino dibujada por cruces/palabras que pocos (en la ciudad o en el bosque) reconocerían, poetas que convierten palabras en epopeyas y leyendas o tweets que sólo leerán algunos ninjas que entrenan en las penumbras digitales.

Todos ellos poseen el conocimiento sobre el impacto del viento y la enorme variedad de relaciones entre los distintos árboles que, entre todos, forman un único organismo (alienígena): el bosque (o el lenguaje). Las palabras, entonces, poseen una vida propia y esa vida tiene ciclos; picos y mesetas, estructuras fractales que se repiten como vocales o consonantes en una keyword producto del análisis de uno de los líderes del departamento de marketing de una startup en Nueva York. Palabras de poder, conjuros de tiempos nuevos, cuyo poder se ve respaldado por la estadística neurológica de Analytics y Big Data --palabras clave, términos que generan respuestas más positivas que otros, palabras que atan, que generan uniones más fuertes, palabras que enamoran y atraen hacia los árboles, células del bosque. Y hay veces en que la invisibilidad del paisaje se transparenta y no hay demonios escondidos entre los árboles usando las hojas como camuflaje ni pequeños poetas sentados con las piernas cruzadas bajo árboles Bodhi como Gautamas felices y enloquecidos --a veces las palabras son veneradas por el viento, por la selección natural del viento, la aleatoriedad del viento transmuta en significado. A veces lo que escuchamos es el viento, no un mago del siglo XIX invocando a Baphomet ni un gerente de relaciones públicas en acción mediante su teléfono celular o un directivo de una señal televisiva que se emite en todos los continentes del planeta Tierra eligiendo meticulosamente la programación del año próximo.

Celular… en Latinoamérica usamos esa palabra para designar a los teléfonos móviles porque en inglés se les llama "cell phones", teléfonos-células. El motivo son las redes telefónicas utilizadas por estos artilugios blakeianos (ya que el poeta anticipó hace más de 100 años que tendrías el mundo entero en la palma de tu mano); en estas redes, cada antena repetidora de señal es una célula. Pero la verdadera célula no se encuentra en esta red técnica que poco importa --la verdadera red la conformamos nosotros (como los árboles) y estos dispositivos fantásticos y abrumadores que llevamos a todos lados en los bolsillos de nuestros pantalones nos convierten a nosotros mismos (por arte de magia) en células de un organismo colectivo y plural. Partiendo del mecanismo que permite que señales de radio sean transmitidas de cierto modo entre dispositivos tecnológicos el lenguaje nos regala un bosque especial, una transformación única y significativa y a fin de cuentas somos nosotros, no las antenas, las células de un bosque. Somos nosotros, mediante los smartphones y tablets y ordenadores cada vez más portátiles que nos hicimos más celulares que antes, partes de un mismo sistema, de una red --de hojas, homúnculos y corazones, de susurros y sonrisas. El lenguaje, viento, en ocasiones juega con las hojas y las palabras se arremolinan en torno a un mismo lugar al punto en que resulta sospechoso hasta para el más escéptico. En ocasiones la repetición de algunas palabras también esconde secretos sospechosos. Y en ocasiones, ciertas palabras demuestran que consecuencias dan significado a causas, que todos formamos redes y que en todos los bosques siempre –siempre--, nos encontramos rodeados por el viento.

Twitter del autor: @ferostabio