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El show mediático del gobierno de Felipe Calderón y la muerte de Nazario Moreno, “El Chayo”

Política

Por: pijamasurf - 03/10/2014

Ante una evidente construcción mediática de la muerte de “El Chayo” por parte del gobierno de Felipe Calderón, los ciudadanos no somos más que víctimas de la manipulación, el abuso y el engaño del poder político

chayo_nazario_la_familiaCon una mentirosa pero exquisita parafernalia y elocuencia discursiva, en diciembre de 2010, el entonces vocero de Seguridad Nacional durante el gobierno de Felipe Calderón, Alejandro Poiré Romero, confirmó que había caído abatido por las fuerzas federales uno de los principales líderes de la organización criminal “La Familia Michoacana”, Nazario Moreno, "El Chayo", después de un enfrentamiento de horas con las autoridades y en donde también habían caído otros delincuentes y algunos civiles víctimas del enfrentamiento. 

Sin embargo, el pasado 9 de marzo, la Agencia de Investigación Criminal de la Procuraduría General de la República (PGR), aseguró haber acabado, ahora sí, con la vida de “El Chayo”. Ante la natural sorpresa de medios, como de los ciudadanos, la PGR mostró las pruebas de la muerte del narcotraficante: huellas dactilares en comparación con registros anteriores de la Cartilla del Servicio Militar y la credencial del IFE.

Ante una evidente construcción mediática de la muerte de “El Chayo”, otra más en la cuenta del gobierno de Felipe Calderón, los ciudadanos no somos más que víctimas de la manipulación, el abuso y el engaño del poder político.  Ahora las preguntas obligadas son: ¿Acaso fue esto un fabricación total por parte del gobierno de Felipe Calderón y su “guerra” contra el narcotráfico que dejó miles de muertes a lo largo del territorio nacional? ¿Quiénes son los responsables del engaño y de qué manera deben rendir cuentas? ¿A quiénes entonces mataron las fuerzas federales en esa ocasión? y ¿a muerte de “delincuentes” y “civiles” fue acaso resultado de una verdadera acción en contra de le delincuencia organizada? ¿Dónde están los cuerpos y dónde están los responsables de ésta acción a la que refiere el señor Poiré? 

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Estudio concluye que Estados Unidos no es una democracia: es una oligarquía

Política

Por: pijamasurf - 03/10/2014

Prestigiosas universidades parecen confirmar lo evidente: Estados Unidos es el gobierno de la élite económica (del llamado 1%). ¿Es la demoracia la gran farsa moderna?

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Prestigiosas universidades concluyen algo que era evidente para cualquier persona con el más mínimo pensamiento crítico: Estados Unidos es una oligarquía: el gobierno representa los intereses de una élite adinerada y no del pueblo.

El estudio realizado por investigadores de Princeton y Northwestern analizó extensivamente información de políticas públicas aprobadas de 1981 a 2001 para determinar el estado del sistema estadounidense. Estas leyes implementadas fueron comparadas con las preferencias de los estadounidenses promedio, las preferencias de los más ricos y las preferencias u opiniones de grupos con intereses especiales. Los resultados muestras que la política estadounidense sirve los intereses del grupo afluente o de la élite económica que despliega una poderosa influencia a través del cabildeo. Lo cual sugiere que la democracia es una gran farsa –una representación teatral que sirve para que el pueblo no reclame el poder y se mantenga relativamente cómodo, y ciertamente inofensivo, observando la televisión, el espectáculo de los republicanos vs. los demócratas.

Los investigadores concluyen que: "El punto central que emerge de nuestra investigación es que las élites económicas y los grupos organizados que representan los intereses de las corporaciones tienen un sustancial impacto independiente en la política del gobierno de Estados Unidos, mientras que los grupos masivos y los ciudadanos promedio tienen poca o nula influencia independiente". Aún cuando estos grupos manifiestan su desacuerdo con la política pública, rara vez ven reflejados sus intereses en cambios puntuales. Otro estudio reciente muestra cómo las protestas y las manifestaciones públicas tienen también poca o nula efectividad para cambiar la política pública.

Ante este estudio, que confirma lo que ya era obvio, lo mismo que argumentaba el movimiento Occupy (y no sólo en Estados Unidos, seguramente en tu país también), resulta pertinente preguntarnos si ¿no es absurdo participar en el teatro de la democracia y perder nuestro tiempo?   No resulta tampoco descabellado preguntarnos sobre la naturaleza ilusoria de la democracia como la vivimos –esta gran superstición propagandística de nuestra era– y si no es mejor desengañarnos y elegir a nuestros gobernantes por lotería.

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