*

X

¿Qué es la empatía, cómo cultivarla y por qué es fundamental practicarla?

Por: pijamasurf - 01/31/2014

El profesor y especialista en empatía, Roman Krznaric, sugiere instrumentos para alimentar esta habilidad, por cierto una de las más hermosas a las que pueda acceder la mente humana.

empathy

En una época donde parece reafirmarse que somos seres esencialmente sociales y que sólo la colaboración nos permitirá superar algunos de los retos más importantes que tenemos delante, parece que el entendimiento del otro en su más profunda acepción, la empatía, es una de las habilidades más importantes a desarrollar. En pocas palabras, la empatía se refiere a esa capacidad de colocarte en el lugar del otro y experimentar la realidad desde esa ubicación.

Ahora bien, si existen múltiples indicadores que sugieren la importancia de la empatía, por cierto una de las habilidades más hermosas de la mente humana, entonces la interrogante sería ¿cómo procurarla o desarrollarla? Partiendo de la premisa bioevolucionista de que somos animales sociales, y luego de que la neurociencia detectara un circuito en nuestro cerebro que permite experimentar este sentimiento –y sentir esta experiencia–, aparentemente los investigadores también han concluido que la empatía no es una cualidad que se desarrolla exclusivamente durante la infancia, sino una habilidad que puede seguirse trabajando a lo largo de la vida. 

En un ejercicio que permite tanto detectar algunas cualidades importantes del acto empático, como determinar los aspectos que deberían trabajarse con la intención de alimentar en nosotros la empatía, Roman Krznaric, exprofesor de sociología y política en la Universidad de Cambridge, y actualmente asesor en cuestiones de empatía para Oxfam y para Naciones Unidas, publicó en el sitio Alternet un artículo en el cual enlista "6 hábitos de personas altamente empáticas". A continuación estas características que bien pueden traducirse como metas.

1. Curiosidad ante los desconocidos

Establecer una relación con las personas desconocidas que en lugar de detonar un juicio genere curiosidad es uno de los elementos que distingue a las personas altamente empáticas. El hecho de que te apasione la posibilidad de entender lo que sucede en la mente del otro facilita que este sentimiento florezca. 

2. Transformar prejuicios en similitudes

Independientemente de los muchos efectos negativos que el acto de prejuzgar puede implicar, de acuerdo con Krznaric los prejuicios obstaculizan la posibilidad de apreciar la individualidad del otro. Al parecer la clave es concentrarte en evaluar las similitudes que mantienes con una persona, desconocida o familiar, y no las diferencias que esperan tu identidad de la suya. 

3. Personificando al otro

Aprovechar la imaginación para estimular la empatía. Si dedicas unos minutos a imaginar que eres el otro, que vives su vida, enfrentas sus problemas, y disfrutas sus placeres, entonces probablemente luego de este ejercicio te será más fácil comprenderlo y respetarlo. Un proverbio de los 'nativos' americanos, dice "Camina una milla en los zapatos de otro hombre antes de criticarlo".

4. La conversación como instrumento de fusión

Charlar con alguien es, además de una de lao principales ritos de interacción social, una oportunidad inmejorable para establecer un conducto empático. Y aquí los dos recursos que sugiere Krznaric son: trata de imaginar lo que tu interlocutor está sintiendo justo en ese momento, y ábrete ante él –eso ayudará a que cultives la humildad y por lo tanto que valores al otro por lo que es. 

5. Empatía masiva

Busca la manera de vincular este sentimiento con movilizaciones colectivas o, incluso, masivas. La empatía como motor de una iniciativa social asegura una sincronía de causas que se traduce en fortaleza plena. 

6. Máximo nivel de empatía

Una vez que eres capaz de desdoblar este manifiesto con relativa habilidad, entonces ha llegado el momento de practicarla en su nivel más complejo: empatiza con tus opuestos y, por qué no, con tus enemigos. 

 

Te podría interesar:

Las frecuencias cerebrales y los estados de conciencia que las caracterizan

Por: Javier Barros Del Villar - 01/31/2014

Las ondas cerebrales representan una especie de metáfora materializada alrededor de diferentes estados de conciencia que experimenta nuestra mente.

1010-brain-waves-630x420

El autoconocimiento podría ser la más lúcida herramienta existencial a nuestra disposición. El famoso adagio de Sócrates, "Conócete a ti mismo", bien podría sintetizar la respuesta a cualquier pregunta posible que surja a lo largo de nuestras vidas. Es por eso que entre más familiarizado estás contigo mismo y con lo que sucede en tu interior dentro de los incontables planos que te conforman, probablemente estarás más cerca de alcanzar tu fin 'máximo' –generalmente asociado a la felicidad, la plenitud, o la paz interior. Y en este sentido, si aún no lo has hecho, tal vez sea buen momento de encontrarte con las frecuencias que oscilan en tu cerebro. 

Las frecuencias cerebrales se refieren a los patrones de oscilaciones neurales que se registran dentro del sistema nervioso central. Las variaciones dentro de estos patrones, que se miden en Hertz de acuerdo a los ciclos que completan por segundo, evidencian distintos niveles de intensidad, que corresponden a diferentes estados de conciencia y por lo tanto pueden indicar el grado de alerta, atención, estrés, etc de una persona. Estas frecuencias básicamente se dividen en cuatro grupos. A continuación una breve descripción de cada una.

Beta (12-30Hz)

Es la frecuencia más común en el cerebro de un adulto promedio mientras está despierto. Manifiesta un estado de alerta, de sensorialidad aguda, y revela procesos mentales asociados al razonamiento. Si bien el estado beta es indispensable para funcionar cotidianamente, lo cierto es que cuando los niveles se mantienen en la región más alta del espectro, entonces producen estrés, ansiedad.

Alpha (7.5-12Hz)

Las frecuencias alpha florecen dentro de estados de relajación profunda, incluidos ciertos momentos en los que 'soñamos despiertos' y ciertos parajes mentales a los que accedemos a través de la meditación. Este estado facilita procesos como la imaginación, la concentración, el aprendizaje y la visualización. Además, aquí se gestan condiciones ideales para reprogramar nuestra mente, por ejemplo, sanando ciertos miedos o experiencias dolorosas, o preparándonos para una misión complicada. Aparentemente el estado alpha es la frontera entre el concsiente y el subconsciente. 

7800977_f260

Theta (4-7.5Hz)

Se refiere a ese estado en el que tu mente se encuentra entre el sueño profundo y la atención despierta –también conocido como duermevela. Se puede alcanzar por medio de prácticas de meditación profunda o en ocasiones se accede a él inesperadamente, justo antes de caer dormidos pero cuando ya notamos que nuestra mente se rige por otros ritmos y otras leyes. También caracteriza los momentos de sueño ligero, incluido cuando estamos en la etapa REM, y se considera un estado propicio para experimentar sensaciones místicas, imágenes mentales de notable riqueza y para desarrollar la intuición.

Delta (0.5-4Hz)

Cuando nuestro cerebro se sintoniza con estas frecuencias, quiere decir que nos encontramos sumergidos en las profundidades del inconsciente –allá a donde ni siquiera los sueños llegan. Al parecer también puede accederse a este estado por medio de prácticas avanzadas de meditación en las que el estado de alerta y la conciencia del entorno se diluyen para dejar paso a un estado de omnipresencia o, mejor dicho, unidad absoluta. Se le relaciona a la regeneración de la energía vital, por lo cual se considera como el estado ideal para sanar y recuperar funciones perdidas o entorpecidas. 

Conociendo las frecuencias

Esta breve introducción debería ser suficiente para incluir en tu mapa referencial la existencia de las cuatro frecuencias y, mediante un poco de auto-observación, detectar en qué frecuencia te encuentras en momentos determinados de tu día. Una vez que logras familiarizarte con ellas, tal vez sea buena idea para propiciarlas a voluntad. Para esto existen distintas técnicas de meditación, así como dispositivos conocidos popularmente como 'máquinas de la mente' que a través de estímulos visuales, por ejemplo luces, o sonoros, como los beats binaurales, pueden facilitar la inducción de un determinado estado. Próximamente compartiremos una selección de estos recursos para manipular nuestras frecuencias cerebrales, mientras tanto lo más apropiado sería jugar con nuestras respectivas mentes. 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis