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Breve teoría del autorretrato en la era de la "selfie"

Por: Javier Raya - 12/07/2013

La selfie no es una imagen de nosotros que compartimos con los demás: es una imagen donde aparecemos reconociéndonos a nosotros mismos

epicse

Hace unos días, Darth Vader publicó su primera selfie en Instagram. Este hecho, en apariencia sólo publicitario (la imagen inaugura la cuenta oficial de Star Wars en dicha red), nos hace pensar que las redes sociales nos están haciendo revisitar el pasado y reconfigurarlo de alguna forma: una foto de Paul McCartney de sí mismo ya no es un autorretrato, sino una selfie

Incluso la palabra selfie tiene implicaciones peculiares: se trata de la contracción de self-portrait, el retrato de sí mismo que los artistas han hecho durante siglos. El autorretrato era no sólo un género en pintura, sino una visión de cómo el artista se veía a sí mismo a través del filtro de su arte.

Epic-Selfie-—-With-Polar-Bear

Un lugar común de la web dice que todo aquel que publica una foto de un atardecer, una hoja en la calle, su comida o una selfie en Instagram cree que es un artista; en cierto modo, el hecho de que selfie haya sido admitida en el Diccionario Oxford en su última edición indica que los hablantes admiten esta significación, entre otras, a saber: que a diferencia de los maestros de la pintura, cualquiera puede crear un autorretrato de cierto gusto estético en apenas unos pocos segundos.

No entraremos a discutir el aura benjamineana perdida o recuperada a través de las selfies (daría para un par de tesis doctorales); en cambio, sería buen momento para reflexionar acerca de un par de elementos que hacen de la selfie una expresión propia de nuestros días en el ecosistema web.

Para la curadora de arte Alicia Eler, el autorretrato es una imagen adolescente, en el sentido de que es producida por alguien "que reconoce la identidad y el ser propio que está siempre en el proceso de convertirse en". Eler define propiamente las selfies como "autorretratos que aparecen en sitios de redes sociales", destacando el entorno propio de estas imágenes. 

Las selfies, como otros contenidos producidos por usuarios (user generated content), forman la mayor parte de lo que vemos en todo momento al entrar a Instagram, Pinterest, Twitter o Facebook. El acto de compartir contenido a través de estos medios puede considerarse otra forma de autoexpresión de los sujetos, en la medida en que desean ser asociados por sus contactos con tales contenidos (desde un libro o una canción hasta los lugares en los que hacen check-in a través de Foursquare). Lo que diferencia y hace interesante a las selfies como contenido, sin embargo, es que llevan la premisa de "contenido generado por el usuario" a un nivel extremo, casi tautológico: el contenido producido por el usuario es la imagen misma del usuario; un espejo público en el cual el usuario comparte su propio reflejo con "el mundo", constreñido por su red de contactos.

Epic-Selfie-—-Eminem-with-Mona-Lisa

La metáfora del espejo es igualmente importante para Eler, en el sentido de que su función es "conectarse con otros a través de procesos de espejo (mirroring processes), no estar solo frente a un espejo estático de un solo sentido". Las selfies, pues, podrían ser una especie de espejos de doble sentido: el de la propia imagen reflejada y el de la colectividad que reacciona a esas fotos a través de likes, favs, comentarios, etc. (Tampoco será posible extendernos lo suficiente como para abordar el condicionamiento de clase y cómo el reconocimiento mediático es un sucedáneo deseable para las clases medias de escalada social, y para las clases altas de perpetuación de ese estatus: selfies en autos, con gente famosa, en eventos exclusivos, buscan hacer creer que la persona es "especial" por el hecho de pertenecer a una clase social, o de dejar de pertenecer, como en el curioso caso de las selfies en funerales).

Es por esto que las selfies pueden calificarse de "egocéntricas", en el sentido formal de que son imágenes que un yo idealizado produce de sí mism@. Una selfie dice "Así me veo" en más de un sentido, simultáneamente: 

-Así es como me veo a mí mism@.

-Así es como quiero que me vean.

-Así es como quisiera verme.

-Con estas personas/cosas quiero que me relacionen.

epicselfie pope

El yo, en tanto proceso de convertirse en, trasciende toda imagen de sí mismo en un proceso continuado. La selfie sería una detención arbitraria del proceso de un yo que se observa a sí mismo, buscando la aprobación de una comunidad a través de la promoción de la imagen. Pero esa imagen del yo también se construye a través de la variación y la recurrencia: como capítulos imaginarios de la novela de uno mismo, la selfie despliega los momentos en que un yo se reconoce y busca reconocimiento de los demás (siguiendo las etapas del estadio del espejo en los niños). 

No nos tomamos fotos a nosotros mismos para que los demás nos vean o para que sepan quiénes somos, sino para crear, a través de la recurrencia, la imagen de nosotros mismos. En forma más sintética: nos hacemos selfies o autofotos para reconocernos a nosotros mismos a través de los demás. 

Pero, en nuestros días, el reconocimiento pasa por el tamiz de la fama: la recurrencia de la imagen, su repetición y reproducción, vuelven a una persona perfectamente anodina como Kim Kardashian una celebridad en la red por la simple repetición de su propia imagen. Parafraseando a Goebbels: si repites una mentira lo suficiente podrías convencerte incluso a ti mism@ de que es verdad.

Sonríe para el espejo.

epicselfiedarth

Twitter del autor: @javier_raya

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They are staring at me from the TV Tower [...] the servants have the power.

-Jim Morrison

Desde la década de los ochenta, cuando Madonna empezaba a usar el símbolo del Ojo en la Pirámide, asociado como el sello de los Illuminati de manera obtusa o taimada por los analistas de las teorías de conspiración, alguien más ducho podría haber previsto que las cosas acabarían con todo tipo de estrellas pop usando tautológicamente esta  imagen, venida a menos como recurso estético de coolness en la confusión semiótica. Bien se sabe que una de las características del capitalismo y del sistema dominante es cooptar todo aquello que en un principio se le parece oponer o amenazar: así, los movimientos de protesta o la rebeldía acaban siendo moda y se venden en el supermercado de manera serializada. Quizás los Illuminati no tengan un destino más significativo que acabar al lado de una persona como Kim Kardashian, maquinación autofantástica por antonomasia del sistema de la realidad simulada de la industria del entretenimiento. Kim, "famosa por ser famosa"  (y no por otra razón su sex tape es el piloto de su reality show) es una especie de hoax que se sabe hoax y se relame a sí misma, refocilándose en los lime-lights, en una encarnación sintomática de la hiperrealidad, que vive solamente para ser vista, máxima (crasitud) seducción del Maia.

Los Illuminati, al menos esa tergiversación memética-mediática de la sociedad secreta bávara que existió hace más de 200 años, no son del todo diferentes a las Kardashian, al menos en cuanto a su función sistémica como parte del virus cultural que promueve (sin necesidad de conspirar) la economía capitalista y su brazo de entretenimiento (que en inglés se conoce como infotainment o también como military entertainment complex). Se puede hacer un Celebrity Death Match entre las Kardashian y los Illuminati (tan verdaderamente cool en los setenta), contra las personas que ven los realities de las jóvenes Kardashian y las personas que creen que los Illuminati controlan la realidad, que las Kardashian son sus esclavas de control mental y creen todo lo que dice Alex Jones y así medir quién está más enajenada: seguramente, las cosas estarán parejas.

 

 

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Cada año la familia Kardashian envía a sus fans o amigos una tarjeta navideña que es, como todo lo que hacen, un elaborado photoshoot. En esta ocasión, tocó al famoso fotógrafo de moda David LaChapelle (fotógrafo de la élite, según Alex Jones) producir esta fantasía de ocultismo pop decadente y autorreferencial. En medio de un claro culto a Mammon, dios del materialismo, las Kardashian desfilan en una especie de cine-salón-de-belleza devastado, con una belleza paradigmática aumentada (como si se alimentaran de la energía de la audiencia, cual brujería de la imagen). Detrás de ellas se pueden observar motivos egipcios y una par de pirámides, al menos una de ellas con un ojo en la punta y un vago vórtice holográfico. Este trasfondo parece ser el contexto simbólico del encantamiento, una semiótica literal en la que ellas son parte de esta cábala de control y poder o que son agentes de lo secreto vuelto obsceno. Ésta, al menos, es la teoría de Alex Jones. Pero pensar que las Kardashian o que David LaChapelle no tienen idea de que están siendo usados para emitir un mensaje (que ciertamente ya no es furtivo ni hermético, un conspicuo guiño) es igual que pensar que no han vistos los videos de Rihanna, Beyonce o Miley Cyrus. Es decir, el símbolo del Ojo en la Pirámide (ligado a la providencia, al tercer ojo, al sol secreto y demás, a través de la historia de la masonería y de las religiones del misterio) ha perdido su significado en cuanto a su transmisión popular y hoy en día significa un símbolo más o menos confuso que supuestamente está ligado a una organización superpoderosa (para unos supercool y para otros el MAL)... pero que sobre todo es una forma de hacer que tus videos sean más vistos. Y las Kardashian (o sus controladores Monarch-MK-ULTRA) al parecer son más listas que los conspiranoicos, y saben que una imagen así hará que reciban mucha más atención mediática, y, como vampiros  que viven de la cobertura mediática, no hay cosa que más deseen.

Según Infowars, el sitio de Alex Jones, "la postal panorámica está llena de referencias que describen de lo que se trata la industria del entretenimiento Illuminati... esparcidos entre la postal yacen maniquíes desmembrados, símbolos del control mental, una práctica rampante en la industria del entretenimiento Illuminati", esto, además de los ojos-que-todo-lo-ven y de un tocado vulviforme usado por Kyle, la cual la "hace una especie de sacerdotisa". Según el LA Times, las Kardashian han llegado a un "nuevo terreno surrealista". The Guardian:"¿La tarjeta navideña tiene un mensaje oculto Illuminati? No lo creo. Pero, claro, si fuera parte de una conspiración mediática, esto es justo lo que diría". Algo similar pasa aquí, decir que los Illuminati no existen y que no existe una conspiración omnipresente que controla el planeta (la mayor conspiración es aquella que busca hacer creer en la existencia de una conspiración con todo el poder) es seguramente lo que diría alguien parte de esta espectral sociedad secreta, el brazo mediático que hace chistes (como el mismo The Guardian, que desde hace años lleva un cómico a cubrir las reuniones Bilderberg).

Pero...

Si los Iluminati existen estoy seguro de que son grandes bromistas (Robert Anton Wilson decía que seguían intentando destronar al Papa, no comían hot dogs, hablaban con los delfines, que eran en realidad tú y tus amigos). Y seguramente se divierten colocando su imagen secretamente en programas de Los Simpson o en videos de Lady Gaga. Los Illuminati en todo caso son los iluminados, difícilmente las personas que minan tus datos en Facebook, explotan el planeta y manipulan la bolsa se reúnen para decidir los próximos presidentes de Estados Unidos y del Banco Mundial en Bilderberg. La exégesis de la imagen de LaChapelle me parece una broma, evidentemente está llena de los símbolos que uno espera encontrar: los comprueba, dice que las Kardashian son una hueste de diosas-esclavas  (de un país de medio oriente que no puedo pronunciar ) del Gran Ojo en la Torre de TV (que todo lo ve, cuando lo ves).

 

En el futuro todos tendremos 15 páginas en los resultados de Google que nos vinculen con los Iluiminati (o no serás nadie)...

Hablando en serio (dentro de lo que cabe), no sé si sea cínica, quizás  una especie de autofelación de LaChapelle, que se quiere pasar de listo, o simplemente un truco de marketing en cahoots (y es que el marketing es la magia ceremonial de nuestra época) THEY ARE ALL WITCHES (lee el anagrama de Rosemary's Baby). En la Antigüedad se decía que una imagen tenía propiedades hechizantes o que con ella se podía hacer brujería: hoy tenemos la publicidad.

Twitter del autor: @alepholo